Taller de guitarra en el Pozzol Inn (colonia Nápoles).
Profesor: Ruy Amp.
Día: Miércoles (Mercurio).
Horario: 7-8 P.M.
Duración: Indefinida.
Inicio: 1-Julio-2009.
Precio: Trueque de clases por libros (especialmente los crisolines rojos).
Requisitos: Verdaderas ganas de aprender (se dice fácil, pero no lo es, y, de hecho, casi todo depende de eso: de que las ganas sean verdaderas aunque las habilidades sean casi nulas).
Pronóstico: Favorable si el esfuerzo es permanente.
Ruy Amp, más que teórico, es muy habilidoso; no sé si incluso podría calificársele de virtuoso, pues esas son palabras mayores, sin embargo, el hecho de que sea esencialmente autodidacta no excluye esa posibilidad. Alex Garrido, guitarrista de los Esquizitos, así comenzó y ya era un adolescente; Vangelis también fue autodidacta, ¡y que música son capaces de tocar y componer!
Igual y uno de estos días visito al Alex, ya tiene tiempo que no lo veo y no pude ir al Vive Latino. La última vez que lo ví, me ayudó a ponerle las cuerdas nuevas a la “Gabina” y me dejó anonadado con su “Concierto a una Cuerda” que inventó sobre la marcha y nomás con la sexta.
A Vangelis si que estaría complicado verlo: aparte de que no lo conozco, vive muy, pero muy lejos.
La facilidad con la que toca y compone Ruy Amp, algún día quizá lo lleve a presentarse en grandes escenarios. Ahorita que es joven puede aceptar a un alumno como yo y con las condiciones del trato que hicimos. Más adelante podría llegar a ser imposible tenerlo de maestro, incluso pagando caro. Habrá que aprovechar esta oportunidad al máximo mientras dure.
No sé cual guitarra llevarme. Tengo dos disponibles:
- La Valenciana, que es una especie de guitarra resiliente que resucitó casi de la basura; fina tercerola, fabricada en los 70´s para la casa Veerkamp, que, sin embargo, resulta muy pequeña para mis manos y está plagada de recuerdos contradictorios del CLETA, de la Nacional y de la neurosis de mi padre, empeñado en que fuera yo perfecto (eso también cuenta a la hora de aprender: los recuerdos o valores, las expectativas o limitaciones que uno le asigna a los instrumentos pueden pesar más que su finura o sus dimensiones físicas).
- La Michoacana, marca “Gabino”, de potente sonido y tamaño estandar para adulto. Es la guitarra que me prestó el Perro del Mal, hace varios meses, mientras resucitaban a la Valenciana. Mecanotécnicamente sería mejor tocar en una de este tamaño, pero está combada en el centro (no la usaban y se les olvidó destensar las cuerdas por años). También está torcido el brazo, y quien la haya barnizado en esa parte, antes de que me la prestaran, mejor debió dedicarse a manejar microbuses. Están durísimas las cuerdas; incluso uno de mis tíos que es medio salvaje para tocar, dice que está “brava”. Además, “miente” mucho. Le cambié toda la maquinaria hace tiempo porque estaba barrida la segunda y casi la quinta también, pero sigue mintiendo. También tenía una rajadura en uno de los costados, que ya fue curada por un laudero, pero por fuerza que eso influye mucho, en este caso, afecta el sonido final.
¿Cuál entonces? ¿La melancólica Valenciana o la rencorosa Gabina? Ta´ difícil la elección... De hecho, si tuviera dinero disponible me compraría una nueva. Y no compraría una que fuera tan exquisita, tampoco una de las que ofrecen en las ferias populares “garantizando” su extraordinaria calidad nomás con palabras. Compraría una de las que hace el Sr. Orozco, que trabajó décadas en la Veerkamp del Centro y ahora, ya jubilado, fabrica las propias (sería muy hollywoodense creer que él mismo estuvo implicado en la elaboración de mi Valenciana, cosa probable, pero difícilmente posible). Toqué un rato una de la suyas en su casa y se escuchaba muy bien. Nomás hace un modelo, pero te la pinta del color que gustes. Me parece acertada esa estandarización productiva mezclada con tinturas flexibles, y no son tan caras, pero ahorita la crisis económica está canija. Algún día será que pueda comprarle una. Le pediré una negra negra o una roja tirándole a púrpura.
¿Y bien: la Gabina o la Valenciana?... Sea cual fuere, la cosa es no faltar a la cita el día indicado, a la hora indicada, en la dirección indicada, en el planeta indicado: más que una clase es un reencuentro con el Destino. Veremos si es verdad que se puede refutar el libro de Biología: “un organismo nace, crece, se reproduce y muere”. A mí, en ese sentido, ya sólo me queda morir. Pero en la esfera de lo humano, existe un proceso más que desborda lo meramente biológico: la Trascendencia.
Veremos... Y ya no faltan más que unas horas para empezar a comprobar todo eso.
En la Primavera del 2008, un día muy caluroso (no recuerdo bien si era fines de Abril o principios de Mayo), Constantino Pol y Leócrates estuvieron revisando el estilo de un texto hasta el cansancio. No quedaba y no quedaba, pero al fin quedó: así tenía que ser porque, esos papeles con letras, por muy complicados que estuviesen de entenderse y corregirse, no se les iban a escapar a ese par de obsesivos nomás porque sí.
Mientras eso ocurría, por un lado, Marroquín y yo hacíamos la "talacha", el "trabajo sucio". Imprimir, doblar, cortar, armar y engrapar la última de las publicaciones del Proyecto. También, simultáneamente, teclear en la computadora las entrevistas de Juan Cervera, los versos tormentosos de la Srta. Wusterhaus, escanear los extravagantes dibujos de Ruber León y los nuevos de Karin. Ruy Amp amenizaba todo con su guitarra, pues estaba "sacando" las tablaturas del "Romance Anónimo", pero como tiene mucha facilidad para aprender, se lo aprendió en un rato; luego agarró una hoja y un plumón, y en un par de minutos hizo algunos trazos finos y precisos, nos entregó el dibujo y dio por terminadas sus aportaciones de ese día para irse a jugar "tochito" con sus cuates.
Una vez terminada la corrección de estilo de "Las Profecías del Polvo", Constantino y Leócrates se pusieron a criticar la impresión de "Imágenes en la Luna". Que si estaba chueco, que si la imagen de la portada estaba feo, que si mejor no hubiese sido bueno usar papel reciclado para no contaminar el ambiente, que cuanto podríamos ganar si lográramos venderlo, que estábamos muy lentos... No les rebatíamos mucho porque ese día estábamos más atareados de lo normal, sin embargo, para las pulgas de Marroquín, ya se estaban pasando de listos y los mando de paseo. Una vez que se fueron nuestro par de "intelectuales", le dije a Marroquín:
- ¿Podría hacerme un favor muy grande?
- Si se puede, claro, porque no.
Fui por la guitarra que Ruy Amp había dejado botada en la sala y se la puse en las manos.
- Sé que está usted muy cansado y que este par de cabrones lo hicieron enojar, pero por favor, por favor, tóqueme la Zamba de mi Esperanza... la necesito.
Se me quedó mirando fijamente y luego me preguntó:
- ¿A que se refiere exactamente con eso de que la "necesita"?
- Pues a eso, que la necesito... y mucho, pero si no la quiere tocar, otro día será.
La guitarra estaba bien afinada, pero le dio todavía una pasadita a los armónicos. Luego se arrancó. No sé si fue por el cansancio, no sé si fue porque la interpretó algo mejor que otras veces o, simple y sencillamente, porque de verdad necesitaba escuchar esa canción; el caso es se me salieron un par de lágrimas mientras miraba el horizonte por la ventana. Años tenían mis ojos sin derramar nada. Siendo niño, en la escuela militarizada sólo me enseñaron que llorar es de cobardes y que 2 más 2 son 4. Nunca me enseñaron otra cosa más interesante. Todo lo demás, lo poco que sé de la vida, lo he tenido que aprender por mi cuenta o con la ayuda de alguno que otro maestro o maestra de los que no están cercenados por la ortodoxia.
Aquella noche no dormimos hasta que acabamos las impresiones. Serían las 4 o 5 de la madrugada cuando paramos de trabajar. Un último café y un último cigarro. Entonces Marroquín me dijo:
- Oiga, mi amigo, no es que me quiera meter en lo que no me importa, pero ¿qué diablos piensa usted hacer con su vida? Participa usted en muchas cosas con entusiasmo, pero no veo que tenga una línea precisa, un proyecto personal de vida.
- Pues no sé...
- ¿Cómo qué no sabe? No me venga con chingaderas. Casi cuarenta años, dos divorcios, una carrera sin terminar... y no es que le falte capacidad, pero es usted muy desidioso. ¿A poco no se le ocurre algo que hacer con su vida? Piénselo bien porque el Proyecto Cultural puede llegar a ser remunerativo, pero se puede también uno morir sin un peso en la bolsa. El próximo año ya no lo van a contratar en la mayoría de las empresas; después del cuarentón ya somos inservibles, inexplotables en el mal sentido de la palabra.
No le contesté nada, estaba más que agotado y los ojos me ardían por tanta letra transcribida del papel a la computadora. Fui por las cobijas que me fueron asignadas para los días en que me tuviera que quedar en la chobo-cueva, pero no me acosté en la sala, sino en el suelo para aliviar el dolor de espalda (en la mayoría de camas y salas no quepo, y esa incomodidad no me deja dormir bien, traigo un insomnio de años).
- ¿Se está rajando, mi estimado?
- Por hoy, que ya es mañana, sí.
- ¿Pues cómo ve que no? Venga para acá. Lo voy a poner a hacer un ejercicio que le va a ser muy útil.
Por poco le aviento un zapato en la cara de lo alterado que me sentía y por lo absurdo que me parecía a esas horas andar haciendo todavía un "ejercicio" del tipo que fuese; pero terminé obedeciendo. Me paré de malas y fui hasta la mesa de trabajo de nuevo. Otro cigarrito, otro cafecito para despertar estando despierto más de la cuenta.
Marroquín me dio una hoja y me dijo:
- Escriba lo qué le gustaría hacer con su vida de aquí en adelante. Olvidese de lo pasado. Pregúntese, ¿qué pienso hacer con mi vida, de aquí en adelante? Y luego escribalo en esa hoja, ese es todo el ejercicio, no está tan difícil.
- ¿Es en serio? ¿Nomás para eso me levantó?
- Sí, es en serio, muy en serio. ¡Hágalo! No lo piense tanto. ¡Hágalo! Es bueno pensar, pero muchas veces es más importante hacer. ¡Hacer! ¡Hacer! ¡Hacer!
No sabía que poner en la hoja, y no por el famoso "bloqueó" ante la hoja en blanco que a todo escritor le llega a paralizar. Si me hubiese puesto a escribir un cuento, la cosa hubiese sido más fácil, pero se trataba de algo muy distinto.
Después de unos minutos puse lo siguiente:
- Soy un buen escritor de cuentos, especializado en Terapia Narrativa y publico regularmente en periódicos y revistas.
- Sé tocar la guitarra y compongo canciones que me dan satisfacción y gusto.
- Dirijo un Centro de Desarrollo Humano a través de las Artes que me hace sentir realizado y útil a la sociedad.
Pensé en borrar lo segundo, lo de tocar la guitarra y componer canciones me pareció totalmente fuera de posibilidad. Pero así lo dejé y le entregué la hoja.
- ¿Eso es todo? ¿No se le ocurre nada más? ¿No pensó en alguna fémina? ¿O qué, ya se va a volver "puñal"?
- ¿Qué pasó con ese respeto?... No, puñal no... Sí pensé en una mujer, en una compañera... sería maravilloso, pero está cabrón encontrar una que no sea volátil o celosa. A mí me tocan así, o demasiado independientes o que no me dejan respirar, nunca he encontrado una en el punto medio y no sé si la voy a encontrar. Mejor solo que andar persiguiendo quimeras o que me persigan a mí.
- ¿Le "tocan" así, o usted se las busca así?
- ¿Ya me puedo ir a dormir?
- Pues sí, si así lo quiere, pero pienso que no estaría nada, pero nada mal que incluyera a una fémina en su plan. ¿Quién quita y sí encuentra a una que al menos se parezca a lo que busca?
Agarré de nuevo la hoja y escribí lo siguiente:
- Comparto con mi compañera una vida plena. Somos vitales, activos y emprendedores.
Y ya encarrerado también agregué:
- Crezco permanentemente como individuo, llevo una vida sana, soy apto y siempre realizo lo que me propongo.
Le entregué la hoja a Marroquín y me dispuse a dormir. ¡Ahora sí ya era más que justo y necesario!
- Una última cosa, mi estimado León.
- ¡Ay no! ¡Con todo respeto, ya no me chingue más por hoy!
- Léalo en voz alta.
- ¡Qué! ¡Qué lo lea! ¡Para qué!
- ¡Léalo!
Lo leí, y, al terminar, Marroquín me miró fijamente y me dijo:
- Lo crea o no, así será.
No sonrió con su clásica ironía. No dijo más... hasta hace unos días en que me entregó esa hoja de la cual ya no me acordaba siquiera.
- Ha llegado el momento: al cachorro de León le tiene que crecer la melena.
Temblé al mirar sus ojos. No me había dado cuenta que su pelo ya es absolutamente blanco y su andar cansado.Todavía no me siento completamente preparado, ni siquiera soy la sombra de lo que él fuera a mi edad; pero ya se fue Catani; Don Juan, aunque está muy sano, ya se acerca a los ochenta; nuestro as, anda en el tochito; nuestras estrellitas, chateando; y, Marroquín, mi querido Maestro, ha peleado en más de mil batallas sin rendirse, pero el Tiempo no perdona a nadie. A nadie.
Hace poco más de veinte meses, uno de esos tantos días en que no tolero a la gente ni a mí mismo, falté a trabajar y fui mejor a recoger una bicicleta. Para no hacer el cuento largo de todo lo que hice ese día, me centraré en un episodio que es el que me motivó a redactar éstas líneas.
Fui pedaleando hasta la entrada de la sala Nezahualcoyotl porque quería cerciorarme, in situ, deun poema del legendario texcocano.
QUIN OC CA TLAMATI NOYOLLO:
YEGUA NICCAQUI IN CUICATL,
NIC CA IN XOCHITLI:
MA CA CUETLAUIYA
"Por fin lo comprende mi corazón:
Escucho un canto
Contemplo una flor:
¡Ojalá no se marchiten!"
Unas horas más tarde, mientras descansaba de aquella desquiciada travesía en bicicleta por toda Ciudad Universitaria. Escribí algo parecido a esto:
"El camino de regreso, el de la calma y la contemplación, el que exorciza a todos los demonios y ángeles de la desolación, es el más difícil de todos. Pero hay que recorrerlo, y cuanto antes mejor".
En ese estado de agotamiento físico, que a veces me provoco para poder erradicar el insomnio, mi lucidez no era la óptima y luego le tuve que dar un retoque a esas líneas.
Quedaron así:
"El camino del retorno,
el de la calma y la contemplación,
el que disipa los demonios de la duda,
y a los ángeles de la desolación,
es el más arduo de todos;
pero es necesario recorrerlo
y cuanto antes mejor".
Por aquellos días, me agradó el resultado, pero, hace un rato, mientras escuchaba La Danza Macabra de Camile Saint-Saenz, sentí una especie de adormecimiento que me recorría la columna vertebral. Paralelamente, en mi mente se repetía una y otra vez la palabra contemplación. Contemplación... Contemplación... Contemplación...
A cada repetición, se me hacía más molesta tanto la palabra como la sensación de adormecimiento. Me tendí en el suelo, en posición de Cristo invertido, que es una forma en que me tranquilizo cuando estoy muy tenso o desesperado por algo. El suelo estaba frío, pero era soportable.
Hice todo lo posible por poner mi mente en blanco, pero no pude; sin embargo sucedió algo que creo que podría resultar positivo: la palabra contemplación cambió por comprensión. Giré 180 grados la posición de mi cuerpo y, entonces, sentí un calambre doloroso en la columna vertebral. Pensé que era efecto del frío en mi espalda, pero no: en breve, cesó el dolor y cambió por una sensación casi placentera.
Mentalmente me dije a mí mismo: "Nunca estás en paz, ni de día ni de noche, ni solo ni acompañado, ni sano ni enfermo, ni desnudo ni vestido, ni limpio ni sucio, ¿cómo puedes contemplar nada si nunca estás en paz?"... "En esta vida, difícilmente vas a poder contemplar profundamente algo o a alguien, mínimo vas a necesitar un par de reencarnaciones más para lograrlo. Y eso si reencarnas. Olvídate de contemplar: ese es un nivel superior muy lejano para ti. Mejor trata de comprender, eso quizá si lo puedas lograr. Y no es que sea fácil comprender, o tratar de entender al menos, pero contemplar es para seres que ya han roto las cadenas de la necesidad".
No sé si me equivoco, no sé si sólo son juegos de palabras, pero voy a cambiar la palabra contemplación por comprensión en aquellos versos.
Quedarán así:
"El camino del retorno,
el de la calma y la comprensión,
el que disipa los demonios de la duda,
y a los ángeles de la desolación,
es el más arduo de todos;
pero es necesario recorrerlo
y cuanto antes mejor".
Veremos que pasa. Total que: ya más ignorante no puedo ser. Y aunque me cueste aceptarlo, aunque se retuerza mi vanidad, tengo que reconocer que la principal causa de mis males es que nunca he sabido amar. A nada ni a nadie he aprendido a amar, es decir: soy un pobre miserable. Y nada más.
“Había decidido cuál sería el grito de guerra que pronto proferirían más de veinte mil gargantas. El grito era *Venus Victrix*, pues Venus es, si hemos de creer en los dioses, la guardiana de mi familia. Sabía que tanto Sila como el propio Pompeyo habían usado el nombre de la diosa en órdenes de batalla. Ahora ella y el ejército de las Galias deberían desempeñar los papeles que yo necesitaba que desempeñaran. Me adelanté a caballo y recorrí las filas de la décima legión que, como de costumbre, ocupaban el ala derecha. En cualquier momento los trompeteros harían sonar la señal de ataque, pues la caballería de Pompeyo ya avanzaba, y yo no iba a postergar el encuentro general hasta que aquella hubiera desplegado sus escuadrones a su satisfacción. Cuando miré los rostros de los hombres advertí que compartían la avidez que yo mismo sentía. Entre ellos distinguí al veteranoCayo Crastino. Era centurión mayor de la décima legión cuando el año anterior había abandonado el servicio, pero pronto había vuelto a alistarse y ahora exhortaba a sus viejos camaradas y a los hombres más jóvenes, todos los cuales lo conocían y conocían asimismo su reputación de ser uno de los mejores y más valientes soldados del ejército. Le grité: “Y bien, Cayo Crastino, ¿qué piensas de nuestras posibilidades?”. Y él me respondió, a grandes voces: “Venceremos César, y venceremos gloriosamente. Y al terminar este día estarás orgulloso de mí, vivo o muerto”. Amé a aquel hombre cuando le oí decir estas palabras. En ese momento sonaron las trompetas, y Cayo Crastino se adelantó para dirigir el ataque del ala derecha”.
Ayer, por la tarde, hizo un calor casi insoportable. Por la mañana, me he despertado a la seis y he visto que ya entraba luz en la habitación; he pensado para mí que este raro acontecimiento de despertarse temprano debería aprovecharse para algo útil; he llamado a la puerta de Marie, pidiéndole me que preparara el baño, y después me he acostado de nuevo. Media hora más tarde volví a despertarme; hallé la habitación tan oscura, que ni siquiera pude ver la hora, deseché la idea de que quizá me hubiera quedado ciego, me acerque a la ventana y vi un retazo de ennegrecido firmamento. Minutos después se oía el resonar del trueno. A poco, la calle estaba completamente blanca; los caballos se desbocaban, y grandes granizos, de fantástico tamaño, comenzaron a arremeter contra las ventanas. Fui corriendo a la parte posterior de la casa y encontré la ventana del despacho ya rota en tres lugares, con mi mesa de escribir cubierta de agua y, como es lógico, las contraventanas abiertas de par en par. La terraza tenía un aspecto que casi pudiéramos denominar grandioso. Las puertas se habían abierto también, impulsadas por el vendaval, y había entrado el granizo, llegando hasta el aparador. La tormenta duró media hora. Los estragos que ha producido en la ciudad son espantosos. En una de las fachadas de casi todas las calles (la de enfrente, en Berggasse) la mayoría de los cristales está rota, especialmente en los pisos superiores. Hay casas enteras en las que no ha quedado un solo cristal sano, como si los niños se hubieran dedicado a apedrearlos. En las esquinas y en los lugares donde las ventanas no habían sido protegidas con molduras, el espectáculo resulta formidable. Una mujer que vino a la consulta esta mañana tenía razón al afirmar que las ventanas parecían arcos circenses después de haber saltado los perros a través de ellos. En otras calles se ven menos destrozos. Los que más han salido perdiendo son los árboles. En nuestro jardín hay más hojas sobre el suelo que sobre las ramas, y el pobre árbol ha quedado desnudo y zurrado. Parece que le han flagelado con látigos y que los gusanos han devorado luego lo que quedaba. Todo lo que se pareciera a un jardín debe estar ahora en un estado lamentable. Me han dicho que el arreglo de las ventanas--en nuestro caso, sólo una—corre de cuenta del casero. Estoy deseando saber si también hubo tormenta donde tu estás, pues hubiera sido horroroso. Espero que no y que se haya limitado a descargar sobre esta ciudad.
No tengo más noticias que darte. Ayer te escribí, por la tarde, y hoy espero hacerlo otra vez. Hablando de negocios, hoy hubiera sido más provechoso ser cristalero que médico.
Empieza a escasear el trabajo y los ahorros son mínimos. ¿Qué tal te estará yendo a ti? Espero que bien. ¿El taller para "niños problema" ya comenzó o no le importó a nadie? Mañana iré a cambiar las Obras Completas de Freud por canicas (¡y todavía me regatearon para darme menos!: o de veras no saben de qué y de quién se trata, o no estoy negociando con traicioneros coyotes, sino con tiranosaurios depredadores)... ¿Ya qué importa? Di mi palabra y eso sella todo: un pequeño tesoro a cambio de un puñadito de monedas. Seguramente te habrías indignado si supieras de esta injusta transacción.
Freud... ¡Ojalá no tuvieses razón al decir que la infancia es destino! Ojalá fuese al contrario o, por lo menos, que las experiencias de la niñez no tuvieran tanto peso, que no gravitaran en mayor medida que las demás etapas de la vida; que sólo fueran eso: experiencias infantiles, que luego se agregasen a las de la adolescencia y a las edades posteriores y sucesivas; así, llanamente, en sumatoria y complementariedad abstracta.
Freud... Mañana te vas, ¡cómo te voy a extrañar! Y, no obstante, con todo el respeto que te mereces, para ese proyecto, para ese sueño que no se me quita de la cabeza de iniciar un Centro de Desarrollo Humano a través de las Artes, Wilhelm Reich puede ser que me ayude más con sus análisis de carácter.
Mis monstruos más profundos son muy peligrosos y, probablemente, debo empezar por quitarme la armadura que me fabriqué, pues además de que se oxidaría al contacto con la sangre, pesaría mucho y, en vez de protegerme, me estorbaría. La coraza sirvió muy bien contra los dragones voladores, pero, llegado el momento, y a riesgo de perecer definitivamente, tendré que pelear a puño limpio contra esos infames monstruos marinos que habitan dentro de mi retorcido corazón.
Regreso por aquellas calles que caminamos buscando "un lugar tranquilo". Tan tranquila estaba ese jueves la Hostería del Bohemio que no había un solo comensal y ningún trovador cantaba sobre el escenario. Ya nos íbamos cuando salió un anciano para invitarnos a pasar. Nos animamos a entrar y minutos después comenzó a tocar un muchacho. Durante una hora estuvimos nomás nosotros, el trovador y aquel anciano, también cantador, que esa noche fungía como mesero. Pediste una cerveza oscura, de las Victrix; yo un brandy Torre X (antes, esa cerveza era mi favorita, pero tomé tanta que ahora es la bebida alcohólica que más daño me causa; dijera Cioran: una obsesión vivida hasta la saciedad se anula en sus propios excesos).
- ¿Cuál quieren?-, nos preguntó aquel primer trovador para concluir su intervención. Se me vino de inmediato una: Volver a los 17, de Violeta Parra, pero te dejé a ti la elección. Escogiste Quien Fuera, de Silvio Rodríguez (no sé por qué, pero yo creía que se titulaba "Corazón en Fuga"). Una frase de esta canción siempre me resultó ininteligible y oscura (valga la redundancia): "... quien fuera el batiscafo de tu abismo...". Alguna vez, incluso, busqué el significado de "batiscafo", sin embargo, en esos momentos no recordaba en absoluto que quería decir...
Según mi viejo Pequeño Larousse Ilustrado, que además de "tumbaburros", también sirve de almohada para echar una siesta. Batiscafo m. -del gr. bathus, hondo, y skaphé, barco. Aparato para exploraciones a gran profundidad, inventado por Piccard.
En la extremadamente mercenaria, posmodernista y oportunista Wikipedia, aclaran que es un pequeño vehículo de inmersión profunda, DSV: Deep Sumergence Vehicle, por su acrónimo en inglés, especialmente diseñado para llegar a grandes profundidades bajo el océano, soportando la enorme presión del agua.
Así pues, entre batiscafos caracterológicos, cerveza y brandy, las notas melodiosas tocadas por aquel solitario guitarrista impregnaron de "buena vibra" el ambiente. Un rato después llegaron un par de parejas y dos músicos nuevos que, junto al que ya estaba, comenzaron con la tanda de las viejas canciones latinoamericanas, entre ellas, la hermosa aunque melancólica Zamba de mi Esperanza (que tocaron bien, aunque jamás como la interpretaba mi Master cuando traía "buena vena").
De esto han pasado siglos aunque apenas en los calendarios hayan transcurrido algunas semanas. Los días felices de mi vida los cuento con mis manos y me sobran dedos. Pronto, muy pronto "volviste al torbellino del mundo". De nada sirvió implorar como Fausto: ¡Oh instante, detente: eres tan bello! El instante, insensible y ajeno, obedeció a su inexorable curso, no a palabras humanas, que le resultan tan insulsas.
En fin. ¡Qué lástima de veras! ¡Pudo ser tan diferente! Me echo yo toda la culpa, total que: una raya más al tigre (aunque esta vez ha sido una rayototota). Absolutamente inútil confesar cuanto te extraño. ¿Y sabes qué es lo peor?: que todos los médicos se equivocaron. Quien realizó el diagnóstico más certero fue aquella vieja gitana, que sin necesidad de leer sus cartas, nomás de verme me dijo: "Usted está sano, lo que necesita es cerrar sus libritos y arrancarse unas cuantas canitas de un sólo jalón". También tú estabas en lo correcto al decirme que no me preocupara tanto, que más bien me ocupara con pasión en algo, que así como las estaciones cambian, hay que aprender a vivir cuando hace mucho frío y también cuando hace calor. Ahora tengo que limpiar mi cuerpo de tanta medicina y nunca se me borrarán las cicatrices de la operación. Tengo que curarme de tanta curación, cuando lo único que necesitaba era encontrar la manera, la mejor forma de hacerte sonreír. No necesitaba milagros paranormales ni extrasensoriales, sino lograr que no se alejara de mí tu linda voz.
LLEVABA CERCA DE UN MES SUMIDO EN MI CAVERNA OSCURA SIN GANAS DE SALIR A LA SUPERFICIE PORQUE NO ENCONTRABA NADA QUE VALIERA LA PENA ANTE MIS OJOS. NO HALLABA MOTIVO ALGUNO PARA EMPRENDER UNA NUEVA BATALLA. ME DABA LO MISMO INICIAR LA MARCHA EN CUALQUIER DIRECCIÓN Y BAJO CUALQUIER CALENDARIO; LAS REGLAS DE CUALQUIER RELIGIÓN ME DABAN IGUAL.
DE HECHO, UNA NAVAJA ESPERABA DEBAJO DE UNA PIEDRA Y, AL MÁS PURO ESTILO DE LOS LOBOS ESTEPARIOS, YA ESTABA HARTO DE LA EXISTENCIA ABSURDA. SÓLO FALTABA SACARLE UN BUEN FILO A LA HOJA...
SOMBRAS Y POLVO POR DOQUIER: NOTICIAS NEGRAS DEL NORTE, NOTICIAS ROJAS DESDE EL SUR, DEL ESTE SOPLABA UN VIENTO TRAICIONERO Y, DEL OESTE, UNA SEQUÍA TERRIBLE ASOLABA SIN PIEDAD. EN EL CENTRO, UN SILENCIO DENSO Y OPACO.
SOMBRAS Y POLVO POR DOQUIER: NOTICIAS NEGRAS DEL NORTE, NOTICIAS ROJAS DESDE EL SUR, DEL ESTE SOPLABA UN VIENTO TRAICIONERO Y, DEL OESTE, UNA SEQUÍA TERRIBLE ASOLABA SIN PIEDAD. EN EL CENTRO, UN SILENCIO DENSO Y OPACO.
DE PRONTO, YA CON LA DESEPERANZA METIDA HASTA EL TUÉTANO, A PUNTO DE SOLTAR DEFINITIVAMENTE LAS RIENDAS DE LA VOLUNTAD Y EL DESEO, UNA LLAMADA DE ULTRATUMBA SACUDIÓ TODO MI SER.
LA REINA NEGRA, PERDIDA Y DESAPARECIDA DESDE HACÍA SIGLOS, HABÍA RESUCITADO. REGRESARON MUCHOS RECUERDOS Y MI CUERPO ATARÁXICO COMENZÓ A ROMPER, POCO A POCO, LAS CADENAS DE LA INERCIA. LAS GANAS DE VIVIR, DE LUCHAR POR UNA CAUSA, RESURGIERON CON VIOLENCIA.
LA REINA NEGRA, PERDIDA Y DESAPARECIDA DESDE HACÍA SIGLOS, HABÍA RESUCITADO. REGRESARON MUCHOS RECUERDOS Y MI CUERPO ATARÁXICO COMENZÓ A ROMPER, POCO A POCO, LAS CADENAS DE LA INERCIA. LAS GANAS DE VIVIR, DE LUCHAR POR UNA CAUSA, RESURGIERON CON VIOLENCIA.
HERIDO EN LO MÁS SENSIBLE, FASTIDIADO POR HABER BUSCADO SIN ENCONTRAR UNA POSIBLE SALIDA DEL LABERINTO; EN UN GIRO DEL DESTINO ME UBIQUÉ POR ENÉSIMA VEZ EN EL FRAGOR DE OTRA PELEA. UN GUERRERO NACIÓ PARA ESO: PARA PELEAR, NO TANTO NI NECESARIAMENTE PARA FILOSOFAR.
HERIDO EN LO MÁS SENSIBLE, FASTIDIADO POR HABER BUSCADO SIN ENCONTRAR UNA POSIBLE SALIDA DEL LABERINTO; EN UN GIRO DEL DESTINO ME UBIQUÉ POR ENÉSIMA VEZ EN EL FRAGOR DE OTRA PELEA. UN GUERRERO NACIÓ PARA ESO: PARA PELEAR, NO TANTO NI NECESARIAMENTE PARA FILOSOFAR.
LA REINA NEGRA ME HALLÓ EN UN ESTADO LAMENTABLE, MERMADO AL EXTREMO, Y, SIN EMBARGO, PUSO SU MANO SOBRE MI FRENTE Y ME SEÑALÓ EL CAMINO DE SALIDA. ME ACOMPAÑÓ POR UNOS MOMENTOS, UNOS CUANTOS PASOS CAMINÓ CONMIGO Y LUEGO, AL RITMO DE UNA ANCESTRAL DANZA, SE DISOLVIÓ EN LA ARENA DEL DESIERTO. ESTA VEZ QUIZÁ SÍ PARA SIEMPRE...
LA REINA NEGRA ME HALLÓ EN UN ESTADO LAMENTABLE, MERMADO AL EXTREMO, Y, SIN EMBARGO, PUSO SU MANO SOBRE MI FRENTE Y ME SEÑALÓ EL CAMINO DE SALIDA. ME ACOMPAÑÓ POR UNOS MOMENTOS, UNOS CUANTOS PASOS CAMINÓ CONMIGO Y LUEGO, AL RITMO DE UNA ANCESTRAL DANZA, SE DISOLVIÓ EN LA ARENA DEL DESIERTO. ESTA VEZ QUIZÁ SÍ PARA SIEMPRE...
DE NADA HUBIESE SERVIDO ROGARLE QUE SE QUEDARÁ. EL NIÑO NECESITA UNA MADRE, EL GUERRERO UNA COMPAÑERA. SI EL GUERRERO REGRESA A SU INFANCIA, NI COMPAÑERA NI MADRE ENCUENTRA JAMÁS YA.
SOLITARIO Y DÉBIL AÚN, COMENCÉ A VAGAR POR EL DESIERTO INMENSO, PERO COMPRENDÍ QUE ASÍ DEBÍA SER, QUE ASÍ ESTABA BIEN QUE FUERA: MEJOR VAGAR POR LAS LLANURAS DESOLADAS QUE PERMANECER ENCERRADO EN UN INSOLUBLE, AUTÁRQUICO E INÚTIL LABERINTO.
LA PODEROSAREINA NEGRA POSIBLEMENTE LLEGÓ NADA MÁS PARA DARME UNA SEÑAL DE VIDA, A ROMPER EL NUDO GORDIANO, Y SU CAPRICHOSA DANZA DE DESPEDIDA, QUE HA QUEDADO GRABADA A FUEGO EN MI MENTE, NO ME ABANDONARÁ HASTA LLEGAR A LA PRÓXIMA ESTACIÓN, AL PRÓXIMO ESCAQUE DE ESTA AVENTURA LLAMADA VIDA.
ALEA IACTA EST...
ALEA IACTA EST...
LA SUERTE ESTÁ ECHADA SOBRE EL TABLERO: DEBO REVITALIZAR LAS VENAS DE MI ESPÍRITU PARA IR A FORMAR FILAS CON ENTUSIASMO EN LA BATALLA DECISIVA... ESTA VEZ DE MENOS COMO COMANDANTE DE UNA CENTURIA, QUIZÁ HASTA DE UNA COHORTE... YA FUE DEMASIADO TIEMPO COMO SIMPLE PEÓN DE REY.