Marzo del 2009

El Demonio Interior

Por Leócrates - 30 de Marzo, 2009, 16:11, Categoría: Lecturas Creativas

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde.

(The strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde). 

Robert Louis Stevenson.

Mi demonio llevaba mucho tiempo enjaulado, y salió rugiendo.

Pocos libros tan perturbadores como éste. El tema de la dualidad interna del ser humano es muy antiguo, pero aquí es tratado de una manera muy original, pues Stevenson, antes que Hesse en El Lobo Estepario, habla no sólo de dualidad, sino de "multiplicidad" del alma, concepto más común y aceptado a finales del siglo XX que en el XIX. La luz y la sombra de los seres humanos se reflejan intensamente en las páginas de esta obra publicada por primera vez en 1886. Se han realizado innumerables representaciones teatrales y cinematográficas; se han hecho infinidad de comentarios y estudios en revistas, periódicos y otros tantos libros. Hasta en las caricaturas infantiles, haciendo alusión a este formidable relato, el canario Piolín se transforma en un terrible monstruo que aterroriza al gato Silvestre.

¿Quién no ha tenido ganas de matar al vecino molesto (o si uno es el vecino molesto, cuantas veces no han deseado nuestros congéneres acabar con nuestra cercana existencia)? ¿Quién, después de una noche de insomnio, no ha tenido ganas de ahorcar al primer inocente transeúnte de camino al trabajo o a la escuela?

El ser humano es capaz tanto de grandes y sublimes acciones como de los más abyectos y ruines actos. Muchos santos fueron seres malvados en su juventud y muchos jóvenes, en apariencia inofensivos y "bien educados", al paso de los años se convierten en unas bestias con forma humana. Muchos casos existen en que la personalidad se polariza y luego de ser partidario de un extremo se pasa al otro. De ángel a demonio sólo hay un paso y, en ocasiones, ni siquiera es necesario dar paso alguno: ángeles y demonios existen desde siempre en el corazón y en el cerebro humano; lo que públicamente se califica como bueno o malo es la conducta visible, pero lo que hay dentro de cada persona no se puede saber por completo a ciencia cierta. Los milagros y los pecados más grandes y profundos muy probablemente son privados, íntimos y personales; únicos e intransmisibles en su escencia.

El respetable Doctor Henry Jekill inventa una pócima fantástica, una droga que al ser bebida lo transforma en el maléfico Mister Edward Hyde. Al principio le resulta muy interesante poder ser durante el día un buen ciudadano y por las noches un sinvergüenza sin escrúpulos, pero llega el momento en que ya no puede controlar esa doble vida; además, cada nueva transformación se vuelve más complicada, pues debe aumentar la dosis de la pócima al doble o al triple para que le haga efecto. Por si eso fuera poco, los ingredientes comienzan a escasear, y más preocupante que los suministros materiales que necesita, la culpa, la angustia y el remordimiento van minando la voluntad y la salud del Doctor.

En la confesión final, que deja por escrito a su amigo, el abogado Utterson, es muy reveladora la reflexión que Jekill hace con respecto a su dinámica interna: "La droga no poseía acción discriminadora; no era diabólica ni divina; simplemente derribaba las puertas de la cárcel de mi constitución; y, como los cautivos de Filipos, salía lo que había dentro".

Salía lo que había dentro... ¿A qué suena esto parecido? ¿Quién no se ha topado con algún amigo, aparentemente pacífico y bondadoso, que tras un par de copas se transforma en un energúmeno? ¿Quién no conoce a un intachable moralista que por las noches visita los antros más desenfrenados? Las sorpresas que uno se lleva en tales ocasiones llegan a ser increíbles; pero las mayores y más angustiantes ocurren cuando, mirando la imagen que refleja el espejo, el rostro propio es tan sólo la máscara de un demonio interno que exige salir de su encierro para satisfacer sus más bajas pasiones.

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Amor artesanal

Por Leonel Puente Colin - 29 de Marzo, 2009, 16:52, Categoría: Lecturas Creativas

EL ARTE DE AMAR.
ERICH FROMM

El arte de amar de Erich Fromm comienza con varias preguntas: ¿Es el amor un arte? ¿Es el amor un don que se recibe o es algo que se consigue mediante un esfuerzo constante? ¿Se puede aprender a amar? ¿Vale la pena amar?

La tesis que sostiene Fromm esta orientada a las opciones propositivas, es decir, que el amor es fruto de un conocimiento y un esfuerzo constante pues, para que cada individuo logre experimentar el amor, debe entenderse a sí mismo y buscar la manera de comprender a sus semejantes. No es cuestión de suerte, implica una orientación general del carácter y de cierta disciplina para cambiar los pensamientos y la conducta. El amor es un proceso de aprendizaje, es todo un arte.

Este libro no es un mero recetario de ingredientes o pasos para conseguir pareja o para aumentar la propia popularidad en el mercado de las personalidades dentro de una sociedad determinada. Quien accede a está obra con un enfoque orientado a buscar la simple enumeración de claves para obtener la máxima cantidad de placer, se lleva un chasco parecido a quien lee el "Diario de un Seductor", de Soren Kierkegaard, con tales fines. Los títulos de ambas obras pueden ser fácilmente tomados a la ligera, pero ambos libros contienen una buena dosis de filosofía acerca de uno de los sentimientos que más interesan e intrigan a la humanidad desde tiempos inmemoriales.

Fromm plantea dos aspectos esenciales para aprender cualquier arte, incluyendo, por supuesto, el arte de amar: los recursos teóricos y los prácticos. Ambos se complementan y retroalimentan tanto cuantitativa como cualitativamente. Si se disocian unos de otros el asunto no funciona.

Más adelante, analiza las diferentes clases de amor pues, generalmente, la mayoría de las personas limita ese concepto y lo circunscribe a la relación sentimental con una pareja. Sin embargo, la capacidad de amar es extensiva a múltiples formas y facetas de la vida.

Tipos de amor que vienen en el texto: amor a sí mismo, sexual, filial, religioso, planetario, cósmico, amor a la abuelita...etcétera; incluidos los cuates y la humanidad en general (no incluye amor al dinero, ni amor a la comodidad, que son los más comunes en el planeta Tierra).

El amor es un afecto activo y productivo, no puede concebirse como un acto meramente contemplativo; incluso hasta los místicos tienen que efectuar algún acto que los acerque a su objetivo. Para poner en práctica el arte de amar es necesario atravesar por todo un proceso. "Nunca los dioses le dieron todo ni a un mismo tiempo a mortal alguno", diría Homero en la Iliada. Así las cosas, esperar a que "llegue el amor" o la "iluminación", es un camino equivocado; es mucho más probable acceder a esas experiencias mediante la voluntad y la actividad creativa.

El amor no es un estado perpetuo de bienestar, es un camino lleno de cambios y altibajos. Además, en las sociedades occidentales, está sumamente prejuiciado por consideraciones utilitarias de costo-beneficio, porque, cada acción, ya viene contaminada por el interés. ¿Cuánto obtengo por esto o aquello que estoy dando? ¿Me conviene o sólo estoy perdiendo mi tiempo?

Más que esperar, más que el deseo de recibir, el arte de amar evoluciona con lo que aporta, se nutre de lo que da. Y todo esto, aunque parezcan lugares comunes y posturas ingenuas, en realidad son valores universales, son concepciones morales orientadas a mejorar la convivencia humana, pero rara vez se ponen en práctica. 

Fromm sostiene que el amor es la solución a la crisis de la condición humana. Sin embargo, amar implica una buena dosis de sensibilidad, es decir, conllevan un gran riesgo.

En un mundo utilitario y personalista, ser sensible se compara con ser vulnerable y débil; pocos estarían dispuestos a correr el riesgo de levantar sus barreras para acceder a una existencia más solidaria, pero esa es la condición primera para lograrlo.

Amar es arriesgarse, pero también significa tener fe en la vida. Una fe racional es la que propone este autor, no aquella que predica la sumisión y la renuncia, sino una que se base en el conocimiento de los límites y los potenciales del propio individuo y de los otros seres con los que se relaciona.

La desesperanza y la angustia también opacan la capacidad de las personas para conocerse y amarse, pero es necesario vencer estos obstáculos para acceder a un nivel espiritual superior. El amor no es perfecto, pero cuando alcanza un nivel adulto, no reprime en exceso como lo hace el amor neurótico. Tampoco solapa negligentemente porque esa es otra forma de causar daño, dependencia y aislamiento.

En este libro, Fromm nos invita a evolucionar mediante el conocimiento y la capacidad de amar. Tareas nada fáciles, pero que vale la pena poner en práctica porque, el ser humano, no estando supeditado al instinto, como los animales, es capaz de reorientarse y reconstruirse a sí mismo. ¿Por qué no correr el riesgo? Ya lo decía Platón: el riesgo es precioso.


P.D. Bonito libro para masturbarse mentalmente durante algunas horas. Especialmente curioso es ese concepto de "fe racional" que plantea Fromm. La fe no es racional. La fe y la razón son enemigos mortales desde hace siglos. Pero bueno: hay días en los que uno amanece de buen humor y 2+2 no son 4. Este es un texto ligero de leer y es una buena opción para regalar, en Navidad o el 14 de febrero, en vez de una simple tarjeta con santos martirizados u ositos cachondos de colores brillantes. 

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Buenos Presagios

Por Mirna Margarita Abraham - 24 de Marzo, 2009, 20:42, Categoría: DÉCIMA LEGIÖN

Que el Camino sea libre, que el buen Viento sople tu espalda, que la Luz del Sol toque tu cara y que la Lluvia caíga suave en tus campos, será hasta la otra vez que la diosa te aguarde en la palma de su mano.

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El tanque vacío.

Por Leonel Puente Colin - 17 de Marzo, 2009, 18:14, Categoría: El Perro del Mal

Ese día el Perro del Mal traìa prisa y, en vez de dejar su vochito negro en un estacionamiento seguro, contra su voluntad y su costumbre, se lo dejó a uno de las miles de hienas "viene viene" que pululan por esta ciudad.

- Son $20 pesos por adelantado, mi jefe. 

Irritado, el Perro del Mal le contestó:

- Te doy cuando regrese.

- Mejor ahorita, luego se les olvida...

- ¿Se les olvida a quiénes? Además la calle no es tuya y está prohibido apartar lugares. Cuando regrese te doy para tu refresco, pero ahorita ya me voy porque se me está haciendo tarde.

La hiena "viene viene" se le quedó viendo con rencor, pero no dijo nada más. El Perro del Mal, muy enojado, se apresuró para llegar a la cita con su novia en un restaurante italiano, famoso por sus exquisitas pastas, especialmente el fetucchini al pesto, incomparable al de otros lugares.

La cena estuvo de maravilla y, después del restaurante italiano, planearon ir a ver la nueva película de "Supercan". Salieron muy contentos y se encaminaron rumbo al coche. Era otra la hiena "viene viene" la que "cuidaba" el auto, por eso, el Perro solamente le dio un par de monedas de baja denominación y comenzó a maniobrar.

A medio camino, el vochito negro se detuvo, ya no pudo avanzar más. Confuso e irritado, el Perro se bajó para revisar el motor (y no es que supiera mucho de mecánica, pero algo tenía que hacer en vez de quedarse ahí quieto como un tonto), pero halló falla alguna por más que removió cables  y revisó todos los componentes.

Después de algunos minutos, subió de nuevo y, de pronto, se dio cuenta de lo que pasaba: el indicador de gasolina estaba en ceros, le habían "ordeñado" todo el tanque (lo cual es especialidad de los mandriles de los estacionamientos públicos del Centro de la Ciudad, no tanto de las hienas "viene viene"). Si hubiera estado solo, habría aullado del coraje, pero como iba con su novia se tuvo que contener. Llamó por teléfono a una grúa para que los auxiliara pero se tardó mucho en llegar y ya no alcanzaron la última función de cine.

Caballeroso, como siempre, el Perro del Mal llevó a su novia hasta su casa y luego regresó a la propia. Ya en su cuarto, a solas, rabió y aulló hasta quedarse dormido. ¡Pero eso no se iba a quedar así!: tarde o temprano iba a encontrar a aquella hiena "viene viene" que le había vaciado el tanque y la iba a hacer pedazos entre sus fauces. Su venganza iba a ser ejemplar, de él no se burlaba nadie impunemente.

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Preguntas a mi padre.

Por Leonel Puente Colin - 10 de Marzo, 2009, 16:04, Categoría: El Camino del Retorno

Le pregunté a mi padre algunas cosas. Dice que sí cursé la materia “Jugando con Música”. Yo no me acuerdo en lo absoluto. ¿Por qué esa negación?...

Insistí diciéndole que no, el ratificó que sí; ya no continué porque el tema de la Música es un punto muy tórrido entre él y yo, De hecho, durante un par de décadas no tocamos el asunto ni de chiste. Ahora que mi padre ya casi no bebe alcohol y que se ha jubilado, ha cambiado su carácter y nos llevamos mejor. Yo también he dejado de ser un bebedor empedernido (o, más bien dicho, ya no consumo alcohol, en cantidades industriales, como antes), me limito a un par de cervezas o copas con vino tinto los fines de semana. A veces no bebo una sola gota etílica en meses y una borrachera es para mí casi un pecado y trato de evitarlas lo más que puedo. No he dejado de fumar y voy a tener que hacerlo para trabajar con la voz. Aunque, ¿cuál voz queda en mi garganta? Ni siquiera lo sé ni podría saberlo por el momento. Quizá ya se dañó para siempre, permanente e irremediablemente. ¡Y pensar que algún día, en la Sala Nezahualcoyotl, cantase yo junto al Coro y la Orquesta de la UNAM (La Pasión de Cristo de Johann Sebastián Bach)! 

“Yo tenía un chorro de voz, era el amó del falsete... y de aquél chorro de voz, nada más me quedó un chisguete” Así dice una cómica canción popular y, cada vez que la oigo, sonrío con amargura porque la ironía que contienen sus palabras me hiere de veras.
 El maestro de coros de aquellos tiempos, el maestro Armenta, en alguna ocasión, clasificando las voces, dijo que la mía podría llegar a ser la de un buen tenor. ¿Cómo podía saber que un niño llegaría a ser tenor, barítono o bajo o un idiota cualquiera? ¿Cómo podía saber si una niña llegaría a ser soprano, mezzosoprano o se desenvolvería mejor en la vida meneando las faldas y sonriendo para seducir con erudición?... Que sé yo que ya ni siquiera recuerdo bien mis recuerdos y no tengo ni la menor idea de cómo se llamaba mi maestro de guitarra (a quién pido disculpas por haber echado en un costal roto todas sus enseñanzas y sus esfuerzos). 

Jueves 11 de Octubre del 2007.

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