La Plegaria de las Esferas.

Por Agustín Garfias. - 14 de Julio, 2009, 18:18, Categoría: La Armada Invencible

Ardemos por encontrar terreno sólido y un fundamento último para construir los cimientos de un edificio que llegue hasta el firmamento, pero el suelo se resquebraja bajo nuestros pies y la tierra se hunde en los abismos.

Los dos infinitos.

Blaise Pascal.

Un Par. Merma y Entusiasmo. Dos Pares.

Hace algunos meses, con un cubilete que me regaló mi hermano, lancé los dados y salió 9.9.J.Q.K. Anoté en la pared esos signos y me olvidé del asunto. Hace poco menos de un mes, tirando las monedas del I-Ching en la casa de una amiga gitana, hice dos preguntas. Para la primera, la respuesta fue MERMA; para la segunda, ENTUSIASMO. Hoy, después de un día denso, al llegar a casa agité de nuevo el cubilete y los dados marcaron lo siguiente: 9.9.Q.Q.K.

Debajo de la primera serie anoté la segunda (muy parecida, por cierto).

No sé qué signifique exactamente todo esto, creía que eran simples juegos que se juegan por jugar, y ya... Sin embargo, en medio de las dos series resultantes de los dados, me pareció adecuado escribir las palabras latinas Alea iacta est... La suerte está echada...

Vagamente recuerdo lo que significaban tanto la MERMA como el ENTUSIASMO en el libro del I-Ching, mi amiga gitana me lo explicó, pero andaba yo en otro planeta, mi cerebro estaba sumergido en un océano de pensamientos extraños provocados por la fiebre que esa noche me invadió debido al cambio drástico de clima: después de un calor insoportable, llovió a raudales y me mojé hasta el tuétano camino a su casa. Un día de estos conseguiré aquel texto y lo leeré a conciencia.

Sería mejor preguntarle a tal amiga, pero, como buena peregrina, se ha mudado de nuevo y pueden pasar años para que dé señales de vida y vuelva a verla. Además, probablemente está enojada conmigo porque llevaba puesto el anillo de bodas: ya no estoy casado, pero sigo usándolo por pura inercia. ¿Qué iba yo a saber que le gustaba a la gitana desde antes de casarme por primera vez? Nunca, hasta esa noche, me lo había dicho con palabras tan claras. Mi parco y cuadrado entendimiento necesitaba una definición operacional y explícita de sus apetitos carnales.

 

Aquella última noche que la ví, como no paraba de hablar acerca de cuanto extrañaba a mi tercera mujer, de pronto me hizo que callara y me dijo:

- Si tú quieres, puedo traértela, pero el precio será muy alto.

[Respondí:] - Los negocios han estado muy mal, no traigo mucho dine...

[Me interrumpió:] - ¡No seas tonto! Me refiero a otro tipo de precio... ¿Estás dispuesto a pagarlo?

- ¡Sí, claro! ¡Lo que sea!

- ¡Mira nomás! Un verdadero enamorado. ¡Qué diera yo porque alguien me quisiera así! ¿Acaso soy tan fea o tan vieja para no provocar deseos tan intensos en un hombre? ¿Algo tiene de superior la piel blanca de tus adoradas ingratas? [La ironía en su voz era más que evidente].

- ¡No, claro que no...! -dije después de mirarla con detenimiento. [Y lo decía sinceramente. Muy sinceramente].

- Dame ese anillo que traes en la mano. El anillo y un mechón de tus cabellos, ese es el precio. ¡Dámelos y te la traeré al instante!

El anillo sigue inútilmente en mi dedo. La gitana, esa bella morena de corazón indomable, se ha ido. Conozco su nuevo domicilio, podría conseguir su teléfono y llamarla, también podría escribirle una carta o visitarla, pero de nada serviría: en el plano físico me pudo pertenecer desde hace mucho y sin complicación alguna; ahora, por imbécil, somos dos esferas que giran en distintos espacios siderales. Podríamos incluso ser vecinos, o hasta vivir en la misma casa, y eso no cambiaría nada la situación presente.

Cualquier tercia mata dos pares. MERMA y ENTUSIASMO son asuntos evidentemente contradictorios. ¿Qué clase de suerte tan endeble me ha tocado? ¿Qué clase de respuestas tan equidistantes me han sido reveladas?

Hace una década, con una baraja española, mi suerte fue muy otra: tres caballos y dos sotas, es decir: un full. Sabía de la existencia del I-Ching, precisamente ella me había hablado de él desde hacía tiempo, pero nunca me habían dado ganas de preguntarle cosa alguna ni hubiese creído ciertas sus respuestas.

Un par es mejor que nada. Dos pares mejor que uno solo. Pero la tercia más baja vale más que ambos pares. Muy limitada es mi actual suerte.

MERMA y ENTUSIASMO... ¡Qué locura! ¡Verdaderamente qué locura! La primera pregunta fue una vulgaridad, una simpleza pasajera; la segunda era para saber si algún día llegaría a amarme una de las mujeres que más he admirado en mi vida. Ambas preguntas y ambas respuestas ya no tienen el mismo sentido, el eje de mi existencia ha dado un giro radical.

Es casi medianoche y está haciendo mucho frío, debo irme a dormir aunque no tenga sueño, no puedo seguir desvelándome sin sentido como lo he estado haciendo desde hace años. ¡Qué me importa ya si los planetas se salen de sus órbitas o los átomos no son como imaginábamos que eran!

El silencio y la soledad de esta casa son abrumadores, por eso es que, todas las mañanas, antes de salir rumbo al trabajo, tocaré mi vieja guitarra hasta que me sangren los dedos y cantaré, aunque mi canto parezca un graznido de cuervo herido. Quizá, algún día, después de tanto intentarlo, encontraré la manera de componer una canción y el graznido tendrá cierto parecido con la voz humana. Entonces dirigiré las vibraciones hacia las faldas del bosque poniente en las noches de luna, especialmente cuando esté llena.

Si mal no recuerdo, hace algunos años, escribí una especie de poema titulado La Plegaria de las Esferas y metí la hoja en un tubo de ensaye esterilizado, de esos que se usan en los laboratorios para hacer experimentos racionales y replicables. Se lo regalé a la gitana algunos días antes de que cumpliéramos 22. Me temblaba la mano cuando se lo entregué, más por pena que por miedo.

¿Meras coincidencias sin concatenación?: cumplimos años casi el mismo día, escuchamos música muy parecida y, desde distintos enfoques, yo con mis fórmulas analíticas y ella con sus poderes de adivinación, siempre hemos creído que vale la pena luchar por un mundo mejor para todos.

¿Qué decían aquellos irracionales versos? ¿Existirán todavía? No recuerdo casi nada. Siempre que escribía algún poema me sentía avergonzado y lo rompía, lo consideraba tontería, debilidad, tiempo perdido ajeno a la ciencia y a la verdad. Aquellos versos los guardé, no sé por qué. Estaba a punto de arrojarlos al fuego, pero no tenía nada más que darle cuando me la encontré "casualmente" por aquellos tiempos. Me invitó a su fiesta de cumpleaños, pero no asistí porque, según yo, me reclamaban "asuntos importantes".

Siendo sincero, la verdadera razón de no haber ido fue que no sabía bailar. Ahora sé que saber bailar es tanto o más importante que memorizar infinidad de teoremas matemáticos. Sigo sin saber bailar bien, tengo dos pies izquierdos, pero lo intento por las noches antes de acostarme. A veces hasta me relajo y el insomnio se desvanece.

¡Qué locura! ¡Verdaderamente qué locura! Habiendo papel y lápices, teléfonos y computadoras; pudiendo subirse uno a una bicicleta, a un autobús o a un taxi. ¡Tener que recurrir a tan oscuros sortilegios para comunicar los sentimientos más sencillos y básicos! ¡Tener ahora que juntar un ejército completo y acorazado, cuando lo único que necesitaba era ver y no sólo mirar, sentir sin condenar, fluir sin razonar!

En alguna parte, guardo una pequeña réplica de La Victoria Alada; la desempolvaré y la pondré sobre mi escritorio. Tiraré al cesto de la basura todo cuanto esté encima y ni siquiera lo revisaré. ¡Cálculos y más cálculos insensatos! Necias notaciones desquiciadas de mundos fugaces; ambiguas quimeras que jamás han logrado unificar las energías de mi espíritu.

¿Qué demonios andaba buscando en pos de las albinas minifaldas de las caprichosas mariposas descarriadas si tenía enfrente a una reina con sangre iluminada?

Sólo hay una vida y uno elige a cada instante. Hay que elegir bien, pues puede ser muy tarde cuando uno se da cuenta de quiénes son los seres que verdaderamente nos importan y a quienes les importamos. Pensar es bueno, pero sentir lo es mucho más. Ya lo dijo Violeta: "Lo que puede el sentimiento, no lo ha podido el saber".

¡Ay, querida gitana! ¡Qué tarde me doy cuenta de lo que realmente es esencial en la vida! Duros pero merecidos son mis castigos: confusión y hastío.

Morena de mi alma, ni siquiera tengo palabras propias para expresarte lo que siento y se las tengo que robar a don Juan Cervera:

"Sin capa y sin escudo, era tan tuyo".

Agustín Garfias.

13 de Julio de 2009.

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