Septiembre del 2009

Las Entrañas de la Melancolía*

Por Leonel Puente - 29 de Septiembre, 2009, 16:57, Categoría: Paquete Cuento

Ellos vendrán al sonar la medianoche. Nunca fallan. Salen de los espejos que hay en todas las paredes de ésta enorme mansión. No dicen nada, no responden a mis preguntas. Son idénticos a mí y, sin embargo, NO SON YO.

Siempre me arrancan de mis sueños, me atan las manos, me vendan los ojos y me llevan caminando hasta un extraño claro de bosque. Allí me destapan los ojos y, aunque el espectáculo que contemplo siempre es el mismo, jamás podría acostumbrarme a él porque cada vez podría ser la última... Incendiadas por una azulada luz mortecina, hay cientos de tumbas con mi nombre grabado sobre sus cruces de madera y, lo peor, es que siempre hay una fosa recién abierta en donde me arrojan por más esfuerzos que haga por escapar.

Al caer dentro de aquella odiosa cavidad, sería una bendición que simplemente me enterrarán, pero mis crueles verdugos arrojan sobre mi una infinidad de cuerpecitos rojos que se mueven enfurecidos a mí alrededor. ¡Y si hay algo que aborrezco en éste mundo son las malditas cucarachas!.

Es apenas un instante pues, casi de inmediato, quedo totalmente cubierto y asfixiado por esas repugnantes criaturas y pierdo toda conciencia de realidad, ¡pero es infernal ese instante!. Ni a quien más odiase le desearía una suerte parecida.

Por alguna razón incomprensible, no muero allí, sino que despierto de nuevo dentro del castillo y, mientras recobró la lucidez de mis sentidos, ellos se vuelven a meter dentro de los espejos y se van perdiendo poco a poco en su fría inmensidad.

Cuando me restablezco por completo, busco en el armario una de mis velas azules y la enciendo en medio de la oscura madrugada. Perdido en la contemplación de esa pequeña luz, que caprichosamente se mueve sin cesar, espero el amanecer y siento un poco de paz.

Todos los días, al salir el sol, me salgo a caminar por los alrededores del castillo con la esperanza de encontrar ese sitio que es tan terrible por las noches, pero sólo encuentro hermosos jardines cubiertos por una gran variedad de flores.

Siempre he querido huir, pero cuando empieza a anochecer, un poderoso imán me arrastra  de nuevo al sufrimiento. ¿Quién decide mis pasos? ¿Porque no puedo desobedecer aunque quiera hacerlo?

Así cómo la llama de una vela se defiende contra una ráfaga de viento, así se defiende mi espíritu contra su extraño  Destino.


*Borrador incompleto fechado el 15/Feb/91.

Encontrado junto a una versión casi jeroglifica de La Mujer de las Sombras Largas.

Reconstrución retrospectiva del texto 29-Sep-2009.



 

 


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Ensamble poético en el zócalo capitalino

Por Jegomros - 28 de Septiembre, 2009, 15:47, Categoría: Prosa Poética

El amor en todos los tiempos con sabor agridulce.

Así como una guayaba,
que ha brotado de campos y espacios tan naturales como la tierra,
concebimos al amor.
A aquella palabra cotidiana y tan vieja como la misma creación.
No hemos sabido del todo de donde viene la guayaba,
cuál fue su antecedente y cómo llegamos a concebirle
con el nombre del amor

Así como una guayaba,
al amor hay que comerlo en primera instancia, por la superficie
con su peculiar suavidad de la corteza,
con calma, hasta llegar al centro, a lo más profundo;
con pulpa dulce y armoniosa, acompañada plácida y cotidianamente
por sus compañeros de espacio y existencia:
las semillas, los huesos, las piedas;
ésas a las cuales estamos acostumbrados
ya que son parte de la guayaba
desde que tenemos uso de razón.

Para comer la guayaba,
sin embargo, en cambio y como otra alternativa,
hay quienes deciden colarlos o sacarlos de la pulpa mientras se deleitan
para no sentir esas cosas un poco duras,
molestas o simplemente raras para las muelas.
Son poco digeribles y seguramente si los amorosos les comen en exceso
se romperían las adarajas

Así entonces,
teniendo tan presentes a las semillas o huesos o piedras del amor,
decidiremos si comemos a la guayaba como creemos que nos han enseñado,
como nos apetezca, o totalmente alejados de la pequeñísima posibilidad
de rompernos los dientes.

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Acercàndose a la Mùsica Clàsica

Por Àngel Augusto Ramìrez Zarco - 24 de Septiembre, 2009, 20:51, Categoría: Acercàndose a la Mùsica Clàsica

EN NUESTRO MUNDO, DONDE TAN FÀCIL ES ACCESAR A TANTA INFORMACION, AUNQUE NO NOS DEMOS CUENTA, NUESTRO CONTACTO CON LA MÙSICA CLÂSICA ES MUY AMPLIO: DESDE SERIES DE TELEVISIÒN, PELÌCULAS, ANUNCIOS, FIESTAS SOCIALES (LO QUE ALGUNOS DESIGNAN 15 AÑOS O BODAS, POR EJEMPLO),  CARICATURAS, Y HASTA EN TONOS DE CELULARES, ESTÀ PRESENTE ALGUNA PIEZA DE MÙSICA CLÀSICA. TAL VEZ  LA MELODÌA NOS HA ENVUELTO Y SIN SABERLO TRATAMOS DE SILBARLA O TARAREARLA.
EN ESTE ESPACIO TRATAREMOS SIEMPRE DE SER EXACTOS Y DE ENCONTRAR DIFERENTES SITUACIONES DE LA VIDA COTIDIANA DONDE EL LECTOR, AUNQUE NO SEPA QUE SE TRATA DE ESTE GÈNERO ¡LE HA AGRADADO!
NO SOY EXPERTO, NI SIQUIERA MUSICÒLOGO O ESTUDIANTE DEL CONSERVATORIO, PERO CON TANTOS AÑOS DE ESCUCHARLA E INVESTIGAR, UNO APRENDE ALGO, AUNQUE TENGA CEREBRO DE TEFLÒN.

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Esqueleto

Por Leonel Puente - 21 de Septiembre, 2009, 19:35, Categoría: Poesía Experimental

Este cuerpo sin alma.

Se agota en maquinal danza.

Estos huesos sin calma.

Dejaron la piel en tus ansias.

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Heridas Mortales

Por Agustín Garfías - 19 de Septiembre, 2009, 18:47, Categoría: Choritos

Existen trofeos que aniquilan el espíritu creativo; hay medallas que aniquilan al valiente guerrero.

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Millón

Por Chobojo Master - 18 de Septiembre, 2009, 16:14, Categoría: General

El segundo grito: ¡Un millón de páginas vistas en Chobojos!

Por Chobojo Master - 17 de Septiembre, 2009, 3:01, Categoría: General

El segundo grito no tiene que ver con la historia patria, pero sí con el regocijo que invade a este Chobojo Mayor y al chobojal asociado (al menos eso espero) al haber alcanzado una meta que parecía demasiado lejana: llegar al primer millón de páginas vistas por ustedes, nuestros asiduos internautas.

Se escribe rápido, se dice fácil, incluso, tratándose de Internet, se pensaría que el número es pequeño. Sin embargo, ya que la cultura no tiene tantos fanáticos como las páginas pornográficas, las noticias sobre tecnología informática, los juegos o los escándalos de los artistas, es indiscutible que el número reviste para nosotros su importancia.

Es un verdadero aliciente saber que ustedes están ahí, leyendo; es un compromiso, también, seguir con la labor, poniendo los granitos de arena, que van formando, poco a poco, dunas y, después, montañas; es una promesa también, seguir cometiendo cultura en este Blog, a través de nuestros impresos y, en la medida de lo posible, participando personalmente donde seamos requeridos.

¡Un millón de páginas!, un melón, como decimos acá en México, un mil de miles o lo que es lo mismo: una milanesa de milanesas… Se siente bien, Chobojos y sólo puedo decirles: ¡Gracias por seguirnos!

¡Vivan las ideas! ¡Viva la palabra! ¡Vivan los Chobojos!

Con música, pozole, beberecua y satisfacción, en este septiembre: Chobojo Master

 


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Anacronismo

Por Leonel Puente - 18 de Septiembre, 2009, 15:42, Categoría: Poesía Experimental

El presente se fuga.
Lo asfixia la duda.
Huye al pasado con la añoranza.
Huye al futuro con la esperanza.
Nunca se detiene, nunca descansa.

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Palimpsesto

Por Jesús Leonel Puente Colin - 16 de Septiembre, 2009, 14:21, Categoría: Poesía Experimental

Por más que borro las huellas.
Por más que disfrazo las letras.
Sigues estando en ellas.

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TDAH: Transtorno de Déficit de Atención (Estimación por delegaciones)

Por Jesús Leonel Puente Colin - 12 de Septiembre, 2009, 12:57, Categoría: General

Niños entre 5 y 14 años  por Delegación  de acuerdo al censo de Población y Vivienda INEGI 2005

Prevalencia del TDAH  (3 al 5%)  según la Asociación Psiquiátrica Americana

Álvaro Obregón                                       103,974

Entre 3,119 y 4,158

Azcapotzalco                                        61,722

Entre 1,851 y 3,086

Benito Juárez                                             35,241

Entre 1,057 y 1,762

Coyoacán                                                   84,852

Entre 2,545 y 4,242

Cuajimalpa de Morelos                           31,021

                            Entre    930 y 1,551

Cuauhtémoc                                              67,774

Entre 2,033 y 3,388

Gustavo A. Madero                                188,599

Entre 5,656 y 9427

Iztacalco                                                     59,955

Entre 1,798 y 2,997

Iztapalapa                                                324,687

Entre 9,740 y 16,234

Magdalena Contreras                             39,563

Entre 1,186 y 1,978

Miguel Hidalgo                                         43,618

Entre 1,308 y 2,180

Milpa Alta                                                  32,719

Entre 711 y 1,185

Tláhuac                                                      67,101

Entre 2,013 y 3,355

Venustiano Carranza                               66,629

Entre 1,998 y 3,331

Tlalpan                                                       97,442       

Entre 2,923 y 4,872

Xochimilco                                                70,715

Entre 2,121 y 3,535

Distrito Federal               1,376,529

Entre 41,295 y 68,826

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Depredador del mundo al acecho

Por Guillermo Gómez Icazbalceta - 9 de Septiembre, 2009, 15:08, Categoría: Fotos, fotitos, fotazas.

Guillermo Gómez Icazbalceta

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La Mujer de las Sombras Largas

Por Jesùs Leonel Puente Colin - 8 de Septiembre, 2009, 12:57, Categoría: Paquete Cuento



 En uno de esos días en que los rayos del sol recorren el cuerpo cual remotos recuerdos de un glorioso ayer, salieron del horizonte dos destellos: esos ojos, y más que esos ojos, esa mirada, nunca olvidaré aunque quisiera.

 Desde un principio sospeché algo turbio en esa deslumbrante mujer, pero no fue sino hasta que desapareció un viejo amigo, cuando empecé a seguir cada uno de sus pasos.

 Vive en el bosque que está a las afueras del pueblo;  su casa es extraña, pero muy hermosa: es una especie de cabaña que tiene muros de un cristal muy resistente y sólo el techo y las esquinas, donde se juntan las transparentes paredes, son de madera. ¿Quién la construyó y cuándo? Sólo ella lo sabe.

Se levanta con la aurora, e inmediatamente se baña mezclándole al agua una esencia de rosas que puedo respirar hasta el lugar donde me escondo para observarla. Sus movimientos son tan sensuales y sutiles que se necesita mucha voluntad para no quedar fascinado y atraído hacia ella.

Invariablemente se viste de negro y sale a pasear todos los días alrededor del bosque hasta que (supongo) se cansa o se aburre. Entonces regresa a su casa y toma sus pinceles para pintar un mar. Siempre pinta mares, tiene decenas de cuadros regados por toda su casa. La primera vez que pude entrar y los vi, sentí una desazón inefable porque todos ellos poseen un encanto sin par, pero también vida propia:  cambian de color y sus olas realmente se mueven y adquieren formas humanas o monstruosas. Instantes después, las aguas se calman y, sin embargo, el conjunto original se ha transformado.

Creí que todo era causado por mi enfebrecido cerebro y por el temor que le tengo desde que encontré, sobre un caballete, el medallón de oro que mi amigo llevaba puesto el día que desapareció; pero, una noche, sucedió algo que me convenció de que no estaba alucinando sino que, en verdad, esos mares pintados tienen una tenebrosa vitalidad: ella llegó acompañada de un hombre que reía y vociferaba, que la besaba locamente sin comprender que no era correspondida su pasión; de pronto, el cuerpo de aquel desconocido quedó paralizado y, a través de los labios, ella le extrajo una especie de humo azulado hasta que lo dejó inerte.

Una vez concluida aquella macabra acción, arrastró los restos, ya sin alma, hasta un pozo ubicado a un costado de la cabaña y sin ceremonia alguna ahí los arrojó. Ella parecía no sentir frío, aunque soplaba un viento helado, y  la expresión de su rostro era serena, como la de las vírgenes de la iglesia. Lentamente regresó, dio los toques finales a una de sus pinturas y desnuda durmió sin sobresaltos.

Cuando despertó, al día siguiente, no cesó de llorar. Al atardecer, cubrió su cuerpo con una túnica de inusual blancura y salió a caminar dando pasos rápidos y ansiosos. Poco antes del crepúsculo, cuando las sombras son más largas, se detuvo en un desolado claro del bosque y,  entonces, desató su frágil vestido para que, de su piel de espuma, pudiera brotar una multitud de espectros conformada por todos los amantes fugaces con los que se había cruzado a lo largo de su existencia.

Espero que no acabe con todos los habitantes de este remoto pueblo minero. Por mi parte, no sé si deseo matarla o amarla: si fallo en el intento de matarla, no imagino qué pueda llegar a hacer conmigo; si la busco para amarla, puede ocurrir que lo único que logre sea convertirme en una sombra más.

No sé quién o qué es, pero no puedo evadir su imagen ni esos intrigantes ojos color esmeralda. Quizá ya no tarda en irse, pues ya casi no queda espacio en su hogar para colocar una más de sus insondables creaciones y, últimamente, sus actividades son escasas y monótonas. Además, antes de dormir (cosa que antes no hacía), enciende una vela y no quita la vista de la flama hasta que la cera se consume, mientras que su rostro adquiere una expresión de profunda pena. Al verla así, me pregunto si es preferible un dolor elevado a una felicidad común y corriente, pero no logro responderme; sólo sé que nunca he conocido una soledad más absoluta que la suya.

 

Ultima y definitiva versión. Madrugada del Viernes 13 = Julio = 2007.

También dedicada a Mayra, por su piel de espuma, como bien dice y ratifica ésta otra historia.

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El Cerro de las Campanas

Por Adriana Echánove - 7 de Septiembre, 2009, 16:16, Categoría: Paquete Cuento

Eran las 12:34a.m. Me encontraba paseando frente a la que antes fue la casa de la Corregidora. Ese hombre me había vuelto a dejar esperando, pero esta vez sería la última. Dejé atrás la fuente donde se mantiene erguido el Marqués, entre sus cuatro perros cazadores escupiendo agua. Me dirigía lentamente al Jardín Senea cuando oí unos chasquidos secos, similares a los que emite una fogata cuando la leña se encuentra algo húmeda. Parecían venir de arriba de mi cabeza. Levanté la mirada intentando discernir de dónde provenía aquel ruido; sólo la luna llena se observaba suspendida en las alturas. Qué extraño, pensé mientras cambiaba de dirección. Al Cerro de las Campanas, me dije sin meditarlo demasiado, siempre me ha gustado ir ahí cuando me siento triste. El ruido volvió a presentarse, haciéndose más y más frecuente a cada paso.

Tras varios minutos de caminata acelerada —el crujido me había puesto nerviosa—, alcancé la reja que delimita el cerro. Apoyé un pie apresuradamente en la barda de la que nacen los ya conocidos tubos verdes y, con la facilidad que otorga la costumbre, salté la reja. Ascendía por la escalera que lleva hasta la capilla aquella en la que Maximiliano, Mejía y Miramón fueron fusilados 140 años antes—, cuando percibí un sombra recortada contra la luz de uno de los faroles del centro religioso. Agachada, fui acercándome a una de las cuevas laterales. No recordaba haber visto nunca un velador.

Desde mi escondite traté de ver con mayor claridad aquella sombra y encontré otras dos siluetas. No pueden ser veladores, a lo más puede haber sólo uno, pensaba cuando uno de los contornos movió el brazo, dejándome ver con la luz que bañaba el fondo, una especie de túnica colgando de él. Murmuraban. Las voces parecían femeninas.Una de ellas se sobaba las manos, extraño, puesto que no hacía frío. Otra figura levantó los brazos y, de atrás de la capilla, aparecieron pequeñas figuras que cargaban a un niño. Decidí acercarme.

Corrí, lo más encogida que pude, hasta una gran piedra más arriba. Desde ahí pude ver con facilidad que eran tres mujeres, con oscuras túnicas mal cuidadas, como si se hubiesen pasado sobre las llamas, dejando hoyos en algunas partes y una desagradable firmeza en la tela que aún permanecía. Parecen... no, no pueden ser eso. Y los otros seres, son como... enanos, o gnomos. Qué diablos está pasando, me pregunté mientras una de ellas sujetó al niño. No tendría más de siete años y estaba amarrado de pies y manos, en la boca parecía traer un suéter amarrado. La mujer puso al chiquillo en el piso y se agacho sobre él. Cuando se levantó pude ver que había mordido su cuello puesto que alcanzaba a ver la mancha líquida, que manaba de él, avanzando con frialdad por el suelo. Apenas ví la sangre, otra arpía le sacó los ojos al niño que, pese a la inusual mordaza, alcanzó a emitir un agudo lamento. Introdujo uno de los ojos en su boca y lo masticó, ofreciéndole el restante a la que aún no había lacerado al indefenso infante. No sé si fue la impresión la que me mantuvo observando hasta ese punto, pero era el miedo quien ahora me decía que corriera. No podía hacer nada por salvar al pequeño. Gateé lo más rápido que pude hacía la reja verde, tratando de utilizar las cuevas y piedras como amparo. Brinqué la barda más rápido que nunca, mi pantalón se atoró con uno de los picos, cuando caí al otro lado corrí con pierna y pantalón desgarrados.

Me encontraba a unas cuadras de mi casa cuando escuché de nuevo el chasquido, miré el cielo y esta vez descubrí qué lo causaba: tres enormes bolas de fuego volaban en dirección contraria a la mía. Recordé la historia que me contaba mi madre cuando no quería obedecer: Son las 11:30p.m., si no te duermes, las brujas van a venir por ti y se comerán tus ojos en el Cerro de las Campanas.

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Prefiero morir

Por Miss Tutsie Pop - 6 de Septiembre, 2009, 15:48, Categoría: Sueños y Realidades

Anoche mi mamá y Yo estábamos sentadas en la sala hablando de las muchas cosas de la vida.... entre otras... estábamos hablando de la idea de vivir o morir. Le dije: 'Nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen viva, prefiero morir.
Entonces, mi mamá se levantó con una cara de admiración... !!!!!!!!!!!!!!!!!!!

............Y me desenchufó el televisor, el cable, el sky, el DVD, la computadora, el cel, el ipod, el stereo, el mini split, el Xbox y me tiró todas las cervezas!!

....CASI ME MUERO!!!

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Percepciones de Madrugada

Por Adriana Echánove - 6 de Septiembre, 2009, 15:28, Categoría: Sueños y Realidades

Cuatro de la mañana. No puedo dormir. Sólo la noche ensordecida y un denso aire de cigarro me hacen compañía. Pienso en mis vampiros, esos monstruos internos que no me permiten dejar de pensar en ti. Me veo actuando de la misma manera que prometí no volver a vivir. La atracción: esa maldita sensación que no me deja en paz; la curiosidad: aquella viuda solitaria que me carcome partiendo del corazón usado, dentro, en el pecho; para desde ese núcleo pulsante, bañar todo escondite de mi cuerpo. Y son la esperanza y el sueño, los que en verdad me pesan.

Me doy cuenta que muchos aspectos han cambiado, no soy la misma, pero en cuanto a ciertas premisas quisiera serlo. Mi carácter se macera y, a cada instante, mi voluntad pierde más batallas ¿Cómo puedo darle vida a mis personajes si ni siquiera soy capaz de animar pensamientos que no me lleven a errores y sentimientos de opresión a los que, inexorable, estoy condenada a volver?

Son las cinco ya y mis pensamientos aún giran en torno a ti.

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