OITHONA. Ricardo Castro y la Arqueología.

Por Ängel Augusto Ramirez Zarco - 19 de Enero, 2010, 9:03, Categoría: Acercàndose a la Mùsica Clàsica

En la historia moderna se ha tenido noticia de varios descubrimientos arqueológicos, como las antiguas ciudades de Ur, la de Nínive, o las ruinas del Templo Mayor. Curiosamente, en la música llegan a pasar cosas parecidas. Bach (1685-1750), por ejemplo, estuvo envuelto en la obscuridad cerca de un siglo hasta que lo desempolvó Félix Mendelssohn (1809-1847). La obra de Ricardo Castro (1864-1907), que es nuestro principal compositor romántico, estuvo casi en el anonimato durante muchas décadas y es una lástima pues su producción es abundante y variada. Él fue quien compuso la primera Sinfonía mexicana en 1883, dedicándosela a Alfonso Bablot, quien en aquel entonces fungía como director del Conservatorio.

En la actualidad, parte de su hermoso repertorio ya se interpreta con cierta frecuencia: el integral de valses, su concierto para piano, el de chelo, sus melodías francesas y, afortunadamente, su poema sinfónico OITHOMA, está próximo a estrenarse en la Ciudad de México.

Tristemente, muchas piezas compuestas por Castro para piano, cuyas partituras están disponibles, siguen relegadas; por ejemplo, los preludios del Opus 15, dedicados a la gran compositora Chaminade, o la balada Opus 5 dedicada al importante pianista Eugéne D´Albert. Pero más triste aún es el destino de obras cuyas partituras están perdidas. ¡Perdidas!

  • Los tres actos de la ópera ATZIMBA (interpretada por última vez en 1952).

  • La Leyenda de Rudel (el mismo año que la anterior) que, aunque se tocó recientemente en 2007, es la reducción para piano lo único que subsistió.

  • El Himno a Vasco da Gama.

No entiendo cómo es que puedan perderse tales documentos. ¿Perderse así nomás como así? Si fueran unos zapatos o una camisa, se entiende hasta cierto punto, ¡pero perder partituras de obras maestras mexicanas!

Ahora bien, dentro de estas calamidades, también hay buenas noticias. Aquí es donde, su servidor, tuvo el gusto de participar y aportar un pequeño granito de arena: "OITHONA", ¡el primer poema sinfónico mexicano! Escrito por Ricardo Castro, y dedicado al compositor y amigo suyo, Gustavo  E. Campa (igualmente triste el destino de las obras orquestales de éste último, habrá que buscarlas).

OITHONA data del año de 1885 y, al parecer, nunca se interpretó. No existe constancia escrita de su ejecución en México (me lo refiere el maestro Emilio Díaz Cervantes, experto en Castro). Es para gran orquesta pero, por las corrientes opositoras a su genio, hasta la partitura se daba por perdida en nuestro país, según me comenta el doctor Nelson Hurtado del CENIDIM.

Lo bueno es que la encontré gracias a que se dio una armoniosa combinación entre curiosidad, trabajo y suerte. Estaba en una colección del vecino país del norte: la Colección Fleisher.

El hallazgo sucedió de la siguiente manera: alguna vez, hace pocos años, adquirí la Segunda Sinfonía de Karl Goldmark, húngaro como Liszt, conocido principalmente por la ópera "La Reina de Saba", la Sinfonía Rústica y su hermoso concierto para violín. Revisando los datos, me encontré con que la partitura había sido prestada, por la colección antes mencionada, y me di a la tarea de entrar en contacto con ellos e investigar qué obras tenían de nuestros importantes compositores románticos (Castro y Campa en particular). ¡Oh, sorpresa! ¡Tenían OITHONA!

Me comentan mis estimados curadores de la Colección, Kile Smith y Stewart Serio, que fue incorporada a su vasto conjunto de partituras, allá por el año 1941. En una visita de Edwin Fleisher por Sudamérica, la compró junto con otro lote de piezas a un coleccionista de nombre desconocido.

¡Qué alegría que apareció y que la podremos escuchar próximamente! ¡Hay tantas obras maestras que sus autores no pudieron disfrutar en el transcurso de su vida! Mencionaré el caso de la 3ª Sinfonía del compositor sueco Franz Berwald, que tuvo que esperar cerca de 60 años para ser tocada y, créanme, es una hermosísima obra. En el caso de Castro y su OITHONA, estamos hablando de 125 años de espera. Mucho más tiempo tuvo que esperar está obra mexicana, que aquella húngara. ¡Justicia es que ahora esté disponible para nuestro país y para todo el mundo! Aquí la similitud con la arqueología, pues hay que estar buscando aquí y por allá. Muchas veces, no aparece nada y, sin embargo, hay que continuar con la búsqueda, ¿quién te dice que no podrías toparte con una joya?

Espero pronto descubrir más cosas; deseo también, por este medio, agradecer a Eusebio Ruvalcaba, crítico musical de Milenio, por su encomio para motivarme a aportar una pequeña gota en este vasto mar que es la música. A Meiner Freunde e Iván Riquelme por compartir gustosos este hallazgo conmigo. A Liliana Cuevas, por su amabilidad y aliento para descubrir obras que bien valen la pena escuchar. A Flavie Boeda, por escucharme y soportarme con paciencia después de tantas cosas que le propongo para la Filarmónica. Muy en especial a Rodrigo Macías, director adjunto de la OFUNAM, quien tuvo la convicción de presentar el poema sinfónico como propuesta a la Filarmónica y tendrá el orgulloso privilegio de interpretarlo por primera vez en nuestro país.

Gracias a todos ellos y a quienes se me hayan escapado.

Actualmente ando investigando que puede significar OITHONA. No he encontrado referencia alguna en la historia. Tal vez tampoco sea algún término en alguna lengua materna. Lo único que hallé parecido a "Oithona", ¡es una variedad de zooplancton! Tal vez el Maestro Castro se llegó a enterar de este descubrimiento, avalado por los avances científicos de la época, y se sintió cautivado por tal forma de vida, tan importante para sustentar la vida acuática y la inmensidad del mar. No lo sé. Es sólo una hipótesis arriesgada que, por el momento, mantiene ocupada mi mente. Ojalá un día se sepa que quiere decir ésta palabra. Mientras tanto, se agradecerá cualquier información o comentario acerca del tema.

* En otra ocasión darè una descripción de lo que es una Sinfonía y lo que es un Poema Sinfónico.

Hasta pronto.

ANGEL AUGUSTO RAMIREZ ZARCO (ramiarz@hotmail.com)

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