¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 4 de 9

Por Leonel Puente - 8 de Febrero, 2010, 15:03, Categoría: La Armada Invencible

IV. Clío mutilada.

¿A quién le importa verdaderamente por qué no tenemos ciencia en Latinoamérica? A los gobiernos parece que no. Y no es cosa nueva. Haciendo un poco de Historia (palabra de mal gusto y que la Real Academia de la Lengua debiera erradicar), nos topamos de frente con el Tratado de Libre Comercio, firmado con E.U. y Canadá; sumamente lesivo a México y cuyos efectos devastadores no paran; existen no obstante, quienes todavía creen que es positivo y que Carlos Salinas de Gortari es un genio.

Otra joya es el oscuro Tratado de Bucarelli, firmado en 1923 por Álvaro Obregón para que los gringos lo ayudaran a legitimaran su gobierno en la inestable época posrevolucionaria. Dado que el gobierno estadounidense estaba ávido de una indemnización, alegando los daños que la revuelta mexicana le había ocasionado, dicho tratado contiene cláusulas en las que se otorgan varias concesiones. La más dañina a mi parecer, es la que obstaculizaba todo tipo de desarrollo industrial, marítimo, aéreo o bélico (supongo que este último para que ningún forajido del tipo Pancho Villa volviera a cruzar sus fronteras). Wikipedia, cuyos parámetros se rigen por la popularidad de los temas, no le concede ni una página entera a esta información y los datos que ofrece no son tan fiables; en cambió sí brinda copiosos detalles sobre Bart Simpson.

 

Podríamos seguirle rascando hasta encontrarnos al famoso "Quince Uñas", Santa Ana, para los cuates; o con "Su Alteza Serenísima", Iturbide. Podríamos irnos con el fundador del Monte de Piedad, Pedro Romero de Terreros, que, mientras explotaba a placer las abundantes minas de la Veta Vizcaína de las tierras hidalguenses, provocó allá entre los años de 1766 y 1775, lo que

podría considerarse como la primera huelga§ en territorios de La Nueva España. "La verdad es que hay un puente que conecta los músculos con la moralidad y no es subintelectual en modo alguno. Se llama aprendizaje. Los trabajadores no necesitaban un maestro, una naturaleza viciosa o innata o instintos de libertad profundamente reprimidos para llevar a cabo su huelga. Aprendieron de la experiencia, aprendieron de un medio social instructivo" (7). Y tómese muy en cuenta que en tales tiempos no existían los sindicatos y Marx todavía no nacía; tampoco el pueblo ruso influyó en modo alguno ni el demonio del mediodía. Tal vez un poco los pulques de Apan, pero sólo en caso de que se los estuvieran dando adulterados, pues eran muy aguantadores aquellos camaradas. En sus años postreros, Romero de Terreros, conmovido y arrepentido, comenzó a otorgar piadosos préstamos a intereses chiquititos. Mínimo se ganó una estrellita en la frente o una llavecita de San Pedro...

Si alguien gusta, podríamos, ya de plano, remontarnos a la controversial Malinche, detestada en palabras, pero imitada en actos, y mentar madres a diestra y siniestra; pero no serviría de mucho porque, en la última edición de los libros de texto gratuitos de educación básica, ya no existe el apartado sobre la Conquista y, los niños, "el futuro de la nación", no entenderían de que les hablamos si tocáramos el tema. Malinchismo es otra palabra, más bien un concepto, que ni los diccionarios deben ya contener: no tiene caso.

 

Cierro este apartado con un comentario del historiador Javier García Diego que me heló la sangre. Palabras más, palabras menos... "En una encuesta reciente, en plenos preparativos de los festejos del Bicentenario de la Independencia, 50% de los encuestados no saben de que país nos independizamos, 20% dijo saberlo (pero dio una respuesta equivocada). Sólo el 30% acertó"

Pronóstico: Se estima que, aproximadamente el 70% de los mexicanos, sabrá la parca que van a festejar en Septiembre (8).



§ El doctor García Diego no es afecto a ese tipo de protagonismos capsularlos, es decir, andar buscando quien fue el primero, el último, el mejor, el familiar o el paisano que logró tal cosa cual cosa. Igual con la obsesión por las fechas cronométricas o el color de calzones que llevaba Carlota cuando entró por primera vez al Castillo de Chapultepec.

Tanto en Ciencias como en Humanidades, andar buscando ese tipo de anécdotas prejuiciadas, y por ende superficiales, dan señal de una mente obtusa más cercana al pensamiento mágico-religioso que al lógico-matemático.

Pido una disculpa. Ojalá me sea concedida.

 

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