Junio del 2010

De Bixley a Quixley

Por Jorge Mondragòn Alanìs - 29 de Junio, 2010, 12:03, Categoría: Acertijos, Adivinanzas y Trivias

Este un acertijo de Sam Loyd, uno de los más grandes creadores de enigmas y acertijos.
 
He aquí una breve semblanza:
 
"Samuel Loyd, el más grande creador de acertijos de los Estados Unidos, nació en Filadelfia el 30 de enero de 1841. Tres años más tarde su padre, un acomodado agente inmobiliario, se estableció en Nueva York, donde Sam asistió a la escuela hasta los diecisiete años. Era un joven alto, delgado, silencioso e individualista, hábil en artes tan curiosas como los conjuros, la mímica, el ventrilocuismo, el ajedrez y el recorte rápido de siluetas en hojas de papel negro. Los propósitos de cursar la carrera de ingeniería civil se evaporaron a medida que crecía su interés en el ajedrez.
Bertrand Russell señaló en una oportunidad que a los dieciocho años estaba tan apasionado por el ajedrez que se obligó a abandonarlo, pues, de otro modo, jamás haría ninguna otra cosa. Si Loyd hubiera tomado una decisión similar, tal vez hubiese sido un eminente ingeniero, pero en ese caso el mundo se habría empobrecido en otro aspecto, ya que la matemática recreativa (de la que se puede decir que incluye el ajedrez y también los acertijos matemáticos) es una forma de juego intelectual, ¿y quién se atrevería a afirmar que el juego es menos esencial a la vida que los misiles dirigidos o la bomba atómica? ..."

 
DE BIXLEY A QUIXLEY
Este problema se me ocurrió durante un viaje de Bixley a Quixley, que hice a lomos de mula. Le pregunté a don Pedro mi guía que si mi mula podía avanzar a otro paso. Me dijo que sí, que tenía que andar mucho más lento, por lo que proseguí mi viaje a velocidad uniforme. Para estimular a don Pedro, responsable de mi único poder impulsor, le dije que entraríamos en Pixley para tomar algún refresco, y a partir de ese momento él no pudo pensar en otra cosa más que en Pixley.


Cuando llevábamos cuarenta minutos de viaje le pregunté cuánto camino habíamos recorrido, Don Pedro replicó: "La mitad de la distancia que hay hasta Pixley".

Cuando habíamos cubierto siete millas más, pregunté: "¿Qué distancia hay hasta Quixley?". Me contestó, como antes: "La mitad de la distancia que hay hasta Pixley".

Llegamos a Quixley en otra hora de viaje, lo que me induce a pedirles que determinen la distancia que hay entre Bixley y Quixley.

*Este nuevo acertijo ha sido amablemente proporcionado por Jorge Mondragòn Alanìs, quien es un excelente maestro de matemàticas. 

** La primera persona, perteneciente a la especie Homo Sapiens y que conteste correctamente, ganarà el libro titulado La Pìldora, los chimpancès pigmeos y el caballo de Degas, de Carl Djerassi. Esta obra autobiogràfica, escrita por el cientifico de origen austriaco creador de la primera pìldora anticonceptiva, nos narra, entre muchas otras cosas, su huida de Europa debido a la persecusiòn nazi; tambièn explica la forma en que, junto a un equipo de colaboradores, logrò sintetizar la tan famosa pìldora anticonceptiva en un modesto laboratorio de la Ciudad de Mèxico (Sintex, Cuajimalpa, D.F.,1951); un par de capìtulos estàn dedicados a reflexiones sobre la repercusiòn social de la pìldora despuès de 20 y 40 años de su creaciòn y comercializaciòn. Actualmente, Djerassi està al frente de varias instituciones filantròpicas que promueven la educaciòn y el arte; en algunos capìtulos de este libro, nos narra que uno de los motivos màs fuertes de esta actitud de Mecenas, fue el suicidio de su hija, quien, tras varios periodos de depresiòn recurrente, aùn con un futuro prometedor y rodeada de seres queridos, decidiò irse un dìa de esta vida contando apenas con 28 años.

*** El ganador del mes pasado fue Marco Antonio Bonaparte Madrigal. Esperamos que mucho disfrute su Canasta de cuentos mexicanos, escrita por B. Traven.

Hasta pronto camaradas.

Suerte a todos.









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see me-touch me-see me

Por Mariana Mejía - 25 de Junio, 2010, 13:53, Categoría: Prosa Poética

Dime con tus manos lo que callan tus ojos.

No necesitas hablar. Con tu mirada puedes, si deseas, lograr que suceda todo.

Ella bastaría para saber a dónde quieres llegar, me revelaría lo que tus manos quieren.

Me doy cuenta: te gusta verme.

Teje con tus manos la trama de miradas que te lleven, nos lleven al borde.

Por qué no intentas observarme con tus manos. Posa tus ojos en mí con tu aliento, tus labios…

Después, tus ojos me devolverán cada caricia.

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Silencio

Por Marco Antonio Bonaparte Madrigal - 25 de Junio, 2010, 13:44, Categoría: Sueños y Realidades

En el silencio esta todo: Dios, la Muerte o el Amor… todo menos el silencio, todo excepto tú.

Porque es en él donde puedes hablar sin ser oído, pensar sin escuchar lo que piensas, sentir sin por ello estar desnudo, morir sin dejar de existir y quizá nacer, porque de allí, justo del silencio, surge lo que aun nadie ha escrito.

 

 

México, D.F., a 9 de marzo de 1997.

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La balada fantasma

Por Leonel Puente & Ruy Amp - 13 de Junio, 2010, 12:08, Categoría: Canciones


"Nadie crea nada si no es para salir de su propio infierno"
Arthur Rimbaud.

Estigma de mi corazón,
El tiempo se convirtió,
En una canción.

Quiero saber la razón,
De ésta terrible obsesión,
Que no me deja en paz.

El sol se aleja en el mar,
La noche me viene a buscar,
Ya no sé a dónde voy.

Dicen que muerto estoy...

Dicen que muerto estoy...

Puede ser cierto,
Pues ya nada siento en mí.

Miro hacia el cielo,
Y me pregunto que hago aquí.

Miro hacia el cielo,
Y me pregunto
Que es lo que yo hago aquí...

A.m-C.M-D.m-F.M-E.m
A.m-E.m
C.M.-D.m-F.M
*Tablatura y punteos en proceso de elaboración.

L. Puente-R.Amp.
R. Amp-L. Puente.
Fines de Mayo, Principios de Junio. 2010.
Taller creativo de guitarra.

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Robert Oppenheimer o La supremacía de lo absoluto

Por Óscar Zamora Arévalo - 9 de Junio, 2010, 11:02, Categoría: Sofías y Sofíos

Robert Oppenheimer o la supremacía de lo absoluto[1]

J. Robert Oppenheimer (1904-1967) murió el mismo año en el que un servidor nacía (aunque, evidentemente, no tendría que ser conocido por eso). Hasta finales de los ochentas, según Jeremy Bernstein, científico y divulgador, no se conocía ninguna biografía sobre Oppie—como lo llamaban sus alumnos—; fue hasta casi 20 años después de su muerte que el mismo Bernstein escribió una: Oppenheimer, Portrait of an enigma (Retrato de un enigma).
Por lo que sí es mundial y ampliamente conocido Oppie es por ser el padre de la bomba atómica y porque a menudo se cita, equivocadamente, que mientras presenciaba la explosión de la bomba en el desierto de los Álamos, pensó en un verso del texto hindú Bhagavad-Guitá:
"Si el esplendor de un millar de soles brillasen al unísono en el cielo, sería como el esplendor de la creación..."
Sin embargo, otro verso que recordó se le atravesó en la mente:
"Ahora me he convertido en La Muerte, Destructora de Mundos."
Aunque correctamente traducido, más dramáticamente tendría que haber dicho:
"Yo soy la muerte que todo lo consume, el verdadero destructor de los mundos"
Según su hermano, al momento exclamó simplemente: —It worked. (Funcionó)
A la par de todo esto, Enrico Fermi realizó un pequeño experimento en el búnker. Cuando las ondas del impacto alcanzaron el refugio, después de haber recorrido aproximadamente 30 kilómetros a lo largo del desierto, Fermi dejó caer pedazos de papel al suelo. La onda expansiva llevó esos pedazos a una enorme distancia, entonces Fermi hizo un cálculo aproximado. Se trataba de una explosión de 20 mil toneladas de TNT, cuatro veces más de lo que Hans Bethe había pronosticado. La era atómica había comenzado.
Puede uno adentrase en los avatares académico-administrativos por los que transcurrió la vida de Oppie, sin embargo, fuera del ámbito científico fue más conocido en su papel como consejero político, y es ahí donde Oppenheimer se ganó muchos enemigos. El FBI dirigido por J. Edgar Hoover y azuzado por una administración encarnizadamente anticomunista (nada más baste recordar al senador Joseph Mcarty), había estado siguiendo sus actividades desde antes de la guerra; cuando mostró simpatías comunistas como profesor radical, además de oponerse rotundamente a la creación de la bomba H.
Aquellos enemigos políticos y profesionales de Oppenheimer, secundados por  Edward Teller (físico y participante del Proyecto Manhattan y a la larga creador de la Bomba H y del Proyecto Guerra de las Galaxias, apoyado por la administración de Reagan), fueron quienes formularon la acusación (que impulsó al presidente Eisenhower a revocar la credencial de seguridad de Oppenheimer), mostrando pruebas incriminatorias sobre vínculos comunistas. Estas pruebas se fundamentaban en una relación, a principios de 1936, cuando Oppie se enamoró con la pasión de un adolescente de la psicóloga Jean Tatlock; una mujer fuera de lo común, de pelo oscuro y ojos verdes, miembro activo del Partido Comunista de Estados Unidos; una militante contra la voluntad de su padre, un reconocido profesor de Berkeley, conservador y anticomunista de profesión.
Para quien quiera seguir más a fondo los circunstancias de esta relación, a largo plazo catastrófica para los intereses y la salud de Oppie, el que suscribe les recomienda una serie de artículos escritos por José María Pérez Gay, aparecidos en la Jornada en 2004, cuando se festejaron los 100 años del natalicio de Oppie. No obstante, fue tal vez la arrogancia intelectual de Oppenheimer lo que enfermaba a muchos; no lo soportaban, les resultaban fastidiosas sus constantes citas eruditas, sus referencias secretas, sus lecturas escogidas (aprendió el sánscrito para leer directamente el Bhagavad-Guitá). Quien no participaba de su pasión intelectual era lanzado fuera del camino, y, en la academia, la arrogancia y la falta de humildad en muchas ocasiones no se perdonan pues, a fin de cuentas, como en cualquier grupo social, los científicos también están sometidos a una constante competencia personal o de grupo, intencional o incidental, razonada o a la ligera, y pueden ser victimas de sus pasiones.
Vale la pena preguntarse porqué, un hombre como Julius Robert Oppenheimer, sobresalía como el símbolo central de que lo que podría haber sido el acontecimiento individual más importante del siglo XX. Alto, guapo, inteligente, compasivo y desprendido, Oppenheimer nunca pudo decidirse por una identidad—dice un ganador del Pulitzer—y es esta ambigüedad materia prima para la creación del mito. Al igual que Thomas Jefferson o Arthur Rimbaud, quienes tuvieron y traficaron con esclavos, Oppenheimer tuvo su Hiroshima. Los estadounidenses siguen debatiendo sobre la crucial decisión de soltar la bomba, y se mantiene vivo el incómodo y problemático legado.
Una vida, donde la cultura y la ciencia convergen en decisiones que supuestamente parecen llevar a la barbarie, pero que lo único que intentan—en palabras del propio Oppie--, es justificar porque "un científico tiene la libertad, y debe tomársela, de plantear cualquier cuestión, de dudar de cualquier afirmación, de buscar cualquier evidencia, de corregir errores", siempre valdrá la pena ser revisada.
Controversias aparte, es importante seguir hablando de Oppenheimer para comprender lo que ocurrió y en que medida su visión del mundo cambió al mundo. En 1931 Oppie escribió lo siguiente a su hermano Frank: "Pienso que este mundo en el que habré de vivir los próximos treinta años va a ser un lugar muy agitado y tormentoso; no creo que llegue a haber un término medio entre formar parte de él y no hacerlo". Vaya que tuvo razón.

Desde las faldas del Ajusco Medio.

Óscar Zamora Arévalo
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