8 de Junio, 2010

El Poder de la Censura

Por Leonel Puente - 8 de Junio, 2010, 15:57, Categoría: Sofías y Sofíos

La censura libera otras formas de comunicación y de pensamiento, lo que ejerce una influencia subterránea, incluso inconsciente.

La influencia social inconsciente.

Sergei Moscovici/Gabriel Mugny/Juan Antonio Pérez (Eds.) (1)

Introducción.

Es sabido que, durante siglos, quizá desde que la humanidad se autonombra humanidad, la posibilidad de ejercer influencia y cambio social estuvo supeditada a las clases o grupos en el poder. Todo cambio venía "desde arriba", toda ley o norma debía estar primero legitimada por los intereses de las cúpulas de la sociedad. Este tipo de relaciones asimétricas, en donde unos pocos ordenan y todos los demás deben obedecer, siempre fue, e incluso continúa siendo en muchos casos, la dinámica de la convivencia humana en casi todos los territorios del planeta. Sin embargo, tarde o temprano dicha dinámica imperante entra en crisis porque sus paradigmas resultan insuficientes o ineficaces. Es en estos periodos, en "esos extraños intermedios que a veces se insertan en el curso histórico, cuando no sólo los últimos historiadores sino los actores y testigos, las propias personas vivas, se dan cuenta de que hay en el tiempo un interregno enteramente determinado por cosas que ya no existen y por cosas que aún no existen. En la historia, esos interregnos han dejado ver más de una vez que pueden contener el momento de la verdad" (2).

Es entonces cuando los que no alzaban la voz sienten ganas de hablar o los desposeídos demandan un sitio propio en donde pisar firme.

Las clases en el poder instituyen mecanismos de control, mayor o menormente represivos para mantener el equilibrio social, pero siempre surge algún individuo o grupo que no acaba por adaptarse satisfactoriamente. Ese individuo o grupo, distinto al resto, se convierte en un peligro que es necesario erradicar, aislar, expulsar, desacreditar o eliminar. Aparentemente, una vez "solucionado el problema", las cosas vuelven a su curso normal; no obstante, algo se resquebraja en el orden general, una impronta queda marcada en la memoria colectiva. El disidente, aunque sea en una ínfima parte, ha modificado la estructura social. A nivel público y consciente, puede no existir, incluso puede ya no estar presente físicamente, más a nivel privado e inconsciente ejerce una influencia indirecta probablemente más fuerte y profunda de lo que se puede sospechar o calcular en primera instancia.

II. Diferencias entre influencia mayoritaria y minoritaria.

Las mayorías influyen más a nivel público. Las minorías influyen más a nivel privado. Las concepciones mayoritarias buscan el control, la conformidad, la estabilidad y la convergencia. Las concepciones minoritarias tienden a la disidencia, hacia la búsqueda de soluciones nuevas, a generar conflictos y a la divergencia.

Las concepciones mayoritarias no cruzan generalmente por un proceso de crítica profunda, producen una aceptación gregaria y superficial. Las concepciones minoritarias implican mayor compromiso y un proceso de reajuste interior intenso, pues los costos sociales son directamente proporcionales a la distancia en que se coloca el grupo disidente con respecto a las normas oficiales.

El mecanismo principal para aceptar un concepto por parte de una mayoría es la comparación, por ejemplo: "... el 90% de los votantes eligió al partido XXX, deben tener la razón porque son muchos...yo también voy a votar por el partido XXX…". Por su parte, una minoría se centra en un mecanismo de validación y desencadena una serie de procesos cognitivos mediante los cuáles analiza varios argumentos y contra argumentos, por ejemplo: "... la Constitución dice que todos los ciudadanos tenemos iguales derechos... yo soy ciudadano... ¿entonces por qué me dejaron entrar a la escuela por ser zurdo... ¿es ilegal ser zurdo?... preguntaré a filósofos, médicos e incluso maestros si en alguna parte de la Constitución se dice algo contra los zurdos..."

En el proceso de la influencia mayoritaria la atención se centra en los otros miembros del grupo: unos y otros se comparan y se uniforman lo mejor posible; el contenido de los mensajes que se intercambian no importa, lo que interesa es mantener el equilibrio y el consenso general. En el proceso de la influencia minoritaria, la atención se concentra en la tarea o el estímulo: unos y otros se cuestionan la validez de su postura; los mensajes que se intercambian deben contener un mínimo de razón aunque choquen con lo establecido (y, de hecho, generalmente así ocurre).

Una minoría carece, en su origen, de poder público, manifiesto, directo y consciente, pero si su comportamiento es coherente y consistente va adquiriendo la capacidad de influir y cambiar los tejidos de la interacción social. Cuando una minoría se ha vuelto activa y visible, cuando sus conceptos y objetivos gozan de cierta aceptación y credibilidad, la sociedad necesita reestructurarse y generar nuevos pactos de convivencia.

Y aún se puede decir más sobre la capacidad de influencia de las minorías activas: en el periodo intermedio entre su origen sin poder ni aceptación y el punto de su visibilidad interactiva, es decir, en el transcurso de su trayectoria, van horadando la psique de los individuos y ejercen una fuerza latente que se traduce, tarde o temprano, en la capacidad de transformar los conceptos y la conducta de los demás. Las minorías activas crean un conflicto interno sin que necesariamente las personas o la sociedad en conjunto sean conscientes de dicho conflicto. Así como toda semilla tiene vida latente, las minorías activas poseen la capacidad de provocar cambios y conversiones de diversas magnitudes aunque no existan indicios manifiestos de su influencia.

Las élites saben muy bien que, en algún momento, tendrán que pactar con los intereses o necesidades de los grupos demandantes, pero retrasarán al máximo ese momento y buscarán siempre la manera de ceder lo menos posible. Una de sus artimañas más antiguas y recurrentes es la de incorporar, a sus propios argumentos anquilosados, los argumentos emergentes como si fuese suyos. Y en realidad nunca "pactan", sino que "negocian", es decir, aplican y seguirán aplicando maquillaje acomodaticio y consensual a lo largo de los siglos. En el caso de este posmodernista siglo XXI, cosmética light* para la política, la moral y las finanzas mundiales del actual mundo globalizado.

III. La Conversión.

¿Cómo es que una persona cambia de opinión? ¿Cómo es qué alguien modifica su comportamiento habitual por otro que le resultaba inaceptable? ¿Por qué un ortodoxo de pronto agrega las palabras "diversidad" y "pluralidad" a su diccionario o un fundamentalista debe, contra su voluntad, tolerar la tolerancia?

"A todos nos sucede que llegamos a cambiar de opiniones y de comportamientos por vías sombrías, que escapan a la razón. El fenómeno de conversión se refiere a todos aquellos cambios que, una vez acontecidos, uno sólo se percata de ellos posteriormente, después de haber sido influido. Un ejemplo de esto lo encontramos en lo que los psicopatólogos denominan criptomnesia. En ese estado, el individuo olvida el origen de una idea, aún cuando sigue recordando su contenido. Piensa que ha nacido de su propio cerebro aquella idea que, empero, le había sido sugerida por alguna otra persona o la había encontrado en algún libro. En otras palabras se copia de manera involuntaria y se hace propio algo que pertenece a otro. El robo de ideas constituye aquí la propiedad" (3). La conversión es una forma de influencia indirecta mediante la cual las personas aceptan cierto mensaje aunque públicamente actúen de forma contraria. La conversión constituye un sutil proceso de modificación cognitiva o perceptiva por el cual las personas continúan dando sus respuestas usuales mientras que, implícitamente, adoptan los puntos de vista o las respuestas del otro (4).

IV. El poder de la censura.

Para no ser quemado en la hoguera, Galileo Galilei tuvo que retractarse ante sus jueces. Su famosa frase eppur si mouve (y sin embargo se mueve…) ilustra muy bien lo paradójica que puede ser la censura: niega la posibilidad de mostrar o plantear una visión nueva del mundo, pero, para un grupo activo (en este caso la comunidad científica) este hecho provoca una radicalización en el interior de sus miembros. Tarde o temprano, la coherencia de los conceptos negados mediante principios de autoridad, ajenos a la lógica, resurgen para ser tomados en cuenta. Además, mientras tanto, como ya decía en la introducción de este trabajo, una impronta queda marcada en la memoria colectiva.

Alguien que, como Galileo, es capaz de arriesgarse tanto para defender una postura, provoca por lo menos el inicio de una acción reflexiva en algunos cuantos. Alguien irreductible, como Alexander Solschenizyn o como Ernesto Guevara, grupos valerosos como el ejército sandinista de Nicaragua o el EZLN de Chiapas, los estudiantes de Mayo del 68 en Francia o los de Octubre del mismo año en México, dejan claro el mensaje de ¡Ya basta! aunque terminen derrotados. 

Desde el mítico Prometeo hasta Giordano Bruno, muy pocos antes de Galileo y Lutero salvaron la vida con sólo retractarse o defender impecablemente sus ideas. La censura tenía el poder de convertir en héroes o mártires a quienes atacaba. Sin embargo, en los días actuales,  ocurre algo muy curioso, o más bien preocupante: las románticas aventuras en pos del conocimiento, la justicia y la igualdad, ya no existen más que en los libros de Historia (que a casi nadie le interesa leer), en las novelas antiguas (transformadas en Best Sellers) y en los escasísimos estudios científicos que no están avocados al mejoramiento del armamento o del entretenimiento.

A Solshenizyn le otorgaron el Premio Nobel en 1970, más por su trayectoria de vida a favor de los presos políticos que por sus dotes literarias; pero aún existe una razón de más peso: el bloque capitalista utilizó su obra para desacreditar al gobierno soviético, no tanto para honrarlo a él. Existen trofeos que aniquilan el espíritu creativo; hay medallas que aniquilan al valiente guerrero.

Actualmente, las playeras con la efigie del Che son un producto de consumo de alta demanda aunque el precio que se paga por ellas no incluye necesariamente un gramito de dignidad para quien la porta. Al EZLN le han dejado tan sólo una autonomía local, allá en la selva lacandona. ¿Todos somos Marcos todavía? ¿2 de Octubre no se olvida si cae en Domingo y hay partido de fútbol?

Con los numerosos y desaforados medios de comunicación, la censura ha cambiado de rostro: además de paradójica, también es cínica y contradictoria, ahora se puede hacer y decir casi todo lo que se desee (no recuerdo el nombre del escritor que dijo que ya no era emocionante redactar nada pues, aunque fuese literalmente herético, nadie te excomulgaría de manera decente). Puede uno hablar, incluso gritar, marchar, manifestarse u obsesionarse buscando un cambio con tintes revolucionarios. Y no pasa nada.

Al inicio del siglo XXI, vivimos en "una aldea global que cabe toda en internet" (5) y por todos lados nos vemos atacados por Mc Noticias e Infoentretenimiento. "Los grandes grupos mediáticos tienen mucho en común: todos defienden una agenda conservadora en lo moral, neoliberal en lo económico, y mercantilizan y santifican el rating. La creatividad y la credibilidad no son valores para ellos. Por lo contrario, han infantilizado a las audiencias regionales y han sobreexpuesto sus intereses, poniendo en riesgo su credibilidad" (6).

En los tiempos de la Enciclopedia y la Ilustración, se soñaba con recopilar un acervo cultural que abarcara todo el conocimiento humano, considerándolo como un tesoro y un oasis en el inmenso desierto de la ignorancia; ahora sólo vale la pena aquello que se considera popular. Jimmy Wales, el creador de Wikipedia ha llegado a declarar "si no está en Google, no existe". Wikipedia (en 2007) ocupó el lugar #17 de los sitios más buscados en internet; la Enciclopedia Británica, con sus cien Premios Nobel y sus 4 000 expertos sólo llegó a la posición 5 128 (7), lo cual refleja la gran confusión que existe entre conocimiento y popularidad, entendida esta última como "notabilidad", como "inteligencia de la multitud", de esa masa inconsciente, amaestrable y ataráxica en que ha devenido la humanidad.

Los mecanismos de la censura consistían, principalmente, en hacer callar a puño limpio o a punta de clavos en una cruz; en destruir bibliotecas enteras o derrumbar los ídolos de los pueblos vencidos; en ocultar códices para borrar la historia ancestral y la identidad de alguna una raza. A veces todavía son usadas esas viejas técnicas, pero ya no son tan "populares", ahora es más eficaz saturar de información a quien pide datos, programar las manifestaciones e incluso incitarlas, crear héroes fugaces o autárquicos, permitir que 2 x 2 sean 5, o 4, o 3, o mil, según el cliente apático o revoltoso de que se trate. La censura se ha convertido en permisibilidad paternalista. Ya no es tan sanguinaria, pero es más terrible que nunca.

V. Epílogo.

En su libro Apocalípticos e integrados, Umberto Eco habla acerca de aquellos que ya no le encuentran salvación a la humanidad por ninguna vía y, también, de aquellos que creen que la catastofre se puede evitar. Me pregunto: ¿En qué momento un ser humano, una sociedad, una raza completa o la humanidad que habita un planeta debe actuar o reaccionar? ¿Cuánto hay que esperar? ¿Es cómo un dolor de muelas que sólo se atiende cuando es insoportable y mientras tanto se usan paliativos para olvidar el problema?

A muchos ya les llegó "el agua a los aparejos", a otros les está llegando. A los demás parece no importarnos. Será interesante saber de que está hecho cada quien cuando le llegue su turno.

La palabra "Revolución" está cada vez más devaluada, de hecho es probable que solo exista como un concepto teórico y jamás se haya dado tal cosa en época ni país alguno. A lo más, desde que la civilización se nombra Civilización, han existido revueltas y más revueltas desesperadas por todas partes con banderas de distintos colores. Civilización es una palabra que corre paralela con esclavitud.

En todo caso, las condiciones necesarias para que una minoría  pueda ejercer influencia quedan invariadas: hay que existir y ser activo. (8)

Bibliografía.

(1)        La influencia social inconsciente, Sergei Moscovici, Gabriel Mugny y Juan Antonio Pérez (Eds.). Prólogo, págs. 11-23, editorial Anthropos, Barcelona, 1991.

(2)        Entre el pasado y el futuro: Ocho ejercicios sobre la reflexión política, Hannah Arendt, Prefacio: La brecha entre el pasado y el futuro, págs. 9-21, Editorial Península, Barcelona, 1996.

(3)        La influencia social inconsciente, Sergei Moscovici, Gabriel Mugny y Juan Antonio Pérez (Eds.). Prólogo, Págs. 11-23, Editorial Anthropos, Barcelona, 1991.

(4)        La influencia social inconsciente, Sergei Moscovici, Gabriel Mugny y Juan Antonio Pérez (Eds), Capítulo 11: Poder, conversión y cambio social, por Tomás Ibáñez, págs. 263-285, Editorial Anthropos, Barcelona, 1991.

(5)        Aldea Global. Álvaro Avitia. (Canción no tan popular)

(6)        Concentración mediática y lavado de cerebros en América Latina. Entre telenovelas, "Mc Noticias" e "Infoentretenimiento", por Jenaro Villamil, Le Monde Diplomatique, México, E.U. y Centroamérica, No. 9, Págs. 6-10, Mayo 2009.

(7)        Wikipedia o el fin del expertise (Cambios en la cultura de masas), por Mathieu O´Neil, Le Monde Diplomatique, México, EU y Centroamérica, No. 8, Págs. 33-35, Abril 2009.

(8)        Psicología de las minorías activas, Sergei Moscovici, Primera parte, pág. 121, Editorial Morata, Barcelona, 1996.

* Cosmética light es un término acuñado por el economista  Laurent Cordonnier.

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