6 de Julio, 2010

10,000 horas de vuelo.

Por Leonel Puente - 6 de Julio, 2010, 18:03, Categoría: El Camino del Retorno

"Con un determinado esfuerzo, algo tiene que salir bien"

Johan Huizinga

Homo Ludens

A punto está de cumplirse un año de que tomo lecciones de guitarra con Ruy Amp. Sólo voy un día (los miércoles) y he tenido ganas de abandonar—como es mi costumbre cuando ya no puedo, ya no quiero o ya no me entusiasma realizar cierta tarea o proyecto—pero no he faltado a la clase a no ser por causas de fuerza mayor. Ni en cierto periodo de depresión deje de asistir.

Ha habido ocasiones en que en toda la semana practico poco o no practico nada de plano. Otras veces, practico poco y, antes de ir a la clase, vanamente toco 2 o 3 horas provocando que me duelan los dedos o las muñecas. Hay semanas en que, posesionado como un loco, toco la guitarra obsesionado con grabarme una pieza, como cuando conseguí una copia de la partitura de Lágrima de Francisco Tàrrega; sucede entonces que aprendo cierto ejercicio o cierta pieza, pero la ejecución dista mucho de ser óptima. Luego de un periodo de exaltación, viendo los parcos resultados me desespero o me deprimo; incluso he tenido un par de arranques en los que he estado a punto de reventar el instrumento contra el suelo o la pared.

Por otro lado, siguen los problemas con la afinación. En algo, aunque sea ínfimo, se ha entrenado mi oído; pero siempre queda alguna cuerda sin tensarse lo suficiente o más tensa que las otras. En algo sirve el silbato que da el tono de La, también sirve el diapasón, pero en primera o ultima instancia tengo que recurrir al afinador electrónico para tener cierto grado de certeza en cuanto a la exactitud de los rangos de frecuencia de las notas que emite la guitarra al ser pulsada.

Lo peor es no practicar en absoluto o practicar enfebrecido. Tanto el ánimo pusilánime como el exaltado no sirven de mucho. Habría que encontrar un punto óptimo de ejercicio y descanso, de sonido y silencio. La palabra clave para eso se llama disciplina. El problema a ese respecto—y al menos en mí caso--, es el siguiente: considero la disciplina como una esclavitud y alguien debe ejercer el papel de amo para que me dé órdenes. Cuando no está ese amo, llámese padre, madre, maestro, patrón, instinto, amor de mi vida, conciencia culpable o dios; sea este hombre o mujer, institución o creencia; sea impuesto o autoaceptado el esclavo no sabe como darse órdenes a sí mismo: En el mejor de los casos se consiente en exceso y, en el peor, se autoflagela con la convicción de que con el castigo se autodisciplina y se mejora. Evolucionar es un asunto muy distinto: se requiere de muchos elementos y no sòlo consiste en cambiar la situación de forma momentánea para salvar algún obstáculo particular y aislado.

Este año ha sido más extraño de lo normal: de Julio del año pasado, a Julio del año en curso, mi cuerpo y mi alma han sufrido una metamorfosis irreversible en varios aspectos. Lo que no sé es si estoy evolucionando o involucionando.

Hace unos meses, el mismo Ruy Amp, en el transcurso de una clase, me dio un dato que no se me ha olvidado y que he encontrado ratificado en un libro que me prestó el doctor Zamora. El asunto es que, en términos generales, para dominar cualquier cosa se deben practicar aproximadamente 10,000 horas. Ya se trate de un albañil que pega tabiques, un mesero sirviendo mesas, un serigrafista o un músico realizando sus actividades correspondientes; esta es una medida que debe ser considerada no sólo como interesante sino como válida en cuanto al estándar de la conducta y las capacidades humanas. Los casos excepcionales de genios superdotados o de, por el otro lado, completos inútiles, obedecen a otras reglas. Para la masa humana es más que válido el conocido refrán: "la practica hace al maestro". Agustín Garfias diría con su retórica tautológica: Tus miedos son tus prohibiciones, tus prohibiciones son tus miedos. Cada quien se prohíbe lo que sus propios miedos le indican.

Me he permitido atreverme a tocar como un animal la Lágrima de Tàrrega; no estaría nada mal ahora permitirme tocarla bien.

El Capricho Árabe y llegar a cantar de nuevo siguen siendo metas lejanas, pero ahora sé que no son imposibles. Lo mas difícil será desazolvar mis neuronas, tanto las motoras como las de la corteza superior. 

*"Es imposible ser feliz sin desarrollar una perspectiva positiva y una sensación intima de poseer un espacio que en última instancia es impermeable a los acontecimientos exteriores. Son palabras fáciles de decir, pero sumamente difíciles de llevar a la práctica para la mayoría de la gente a no ser que disponga de alguna disciplina que le ayude. Por suerte, tales disciplinas existen, como existen los métodos para aprender a tocar el violín. Para ser violinista de primera, hay que practicar durante unas diez mil horas antes de cumplir los dieciocho años y contar con un profesor competente. Quien haga esto habrá cambiado radicalmente su cerebro, al aumentar el número de conexiones neuronales entre sus neuronas relevantes".

*Elbert et al. (1995). Asimismo los taxistas refuerzan la parte del cerebro conectada con la navegación espacial (Maguire et al. 2000)

Citado en el libro La felicidad, lecciones de una nueva ciencia de Richard Layard (Capítulo 12, ¿Puede la mente controlar el humor?). Editorial Alfaguara. Primera Edición en México, Julio de 2005.

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