Enero del 2011

Las horas ambiguas

Por Sacramento - 31 de Enero, 2011, 11:55, Categoría: El Hoyo Negro

Tìtulo: Las horas ambiguas.

Autor: Sacramento.

Tècnica: Tinta papel.

Medidas: 21 x 17 centìmetros.

Año: 2010

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¡Ay dizque poetas, cómo abundan!

Por Alonso Marroquín Ibarra - 27 de Enero, 2011, 23:13, Categoría: Desolladero

Si no me dice nada, si no se entiende,
no sirve, y mucho menos es poesía.

Alejo Morales Parra

Hoy, más que nunca, sobran los que se dicen escritores y, más grave aún, poetas. Me refiero indistintamente a hombres y mujeres.

La mayoría de ellos es incapaz de escribir una cláusula libre de errores de sintaxis o, en casi todos los casos, de ortografía, pensando, muy positivamente, que se entiende lo que han escrito. Los argumentos para tapar su ignorancia son en muchos casos de risa:

"yo no me limito, ni me apego a reglas que son obsoletas";

"escribo con errores a propósito, para que el que me lea reaccione y se dé cuenta de la intención, del contenido que le estoy enviando a su cerebro";

"yo no me fijo en eso; todo está superado; somos los ladrillos para una nueva construcción del idioma";

"es que la k y la q, suenan igual, la c, la ese y la zeta, también… los acentos, con ellos o sin ellos… pues todos saben a qué se refiere uno en su obra, de qué esta uno hablando";

En el fondo (y en lo superficial también), estos mal llamados escritores y poetas (las mujeres ya no utilizan la palabra poetisa, se llaman a sí mismas poetas, tal vez porque piensen que la palabra de suyo es "femenina") son pésimos, aberrantes, ignorantes, profundos desconocedores del idioma y, con sobrada evidencia, se refugian en la construcción ininteligible de frases, metáforas y símiles que no dicen absolutamente nada.

Si hablamos de la rima y la medida, para ellos "eso está pasado de moda", "no tiene gracia, es antiguo"; "lo mejor son los "versos libres"; pero –¡oh, sorpresa!- son incapaces de definir, siquiera, lo que es un verso. En sus trabajos un verso es una línea de palabras que no ocupa el renglón completo y nada más. Ignoran el ritmo, la música,  el canto que es propio de la poesía, su melodía, la cadencia, el tiempo y , para rematar, la profundidad, el tema en sí de sus trabajos, puede ser un intento de alabanza a la mierda, a la procacidad, a lo vacuo, a lo banal.

Cualquier tema es bueno para los dizque poetas -que ¡cómo abundan!- y los títulos son también reflejo de lo mismo.

La cloaca

Me fundo con asco
y quiero más de tus interiores
al meterme entre tus piernas.
Albañal de ilusiones podridas y perdidas.
Ave de rapiña de vuelo al ras y posible metempsicosis.

Eusebio Estévez L.

Alacranes vuelan del vómito

Necesitaba la ofrenda del invierno
y me topo con alucinaciones estridentes
que hacen que me brinquen las tripas.
Una necesidad galopante, de fuego,
como crines de caballo desbocado
que se estrella en las piedras de tu conciencia
y en los minúsculos caminos
hacen que los alacranes de tu amor perdido
me puncen sin remedio.

Eligio Bernal Samudio

Necesidad

Un desdoblamiento tocó ideas
                                       mutiladas:
me la paso haciendo crucigramas,
                                         poesía.

Patricia Lezama Rosas

Lo verdaderamente inverosímil es que instituciones que se suponen serias, universidades incluídas, patrocinen la publicación de esta llamada "poesía" con el argumento y objetivo de atraer a los lectores y "desarrollarles" el gusto por esta especialidad de la literatura. El resultado es obvio: todos se alejan de "eso" que ni siquiera se entiende.

No todos los dizque poetas tienen la suerte de tener algún padrino que les publique sus trabajos y es entonces que recurren a sus propios recursos para hacer su edición. Muchos tienen la habilidad de congregar a los amigos (y a tantos incautos que hay por allí) para la presentación de "su libro" (individual  o colectivo) y los aplausos, las loas, los bocadillos y el café o el vino, le inflan el ego y… ¡Carámbanos!: se animan a seguir produciendo más bodrios. Y ¡vaya! si son prolíficos. Hacen más "poemas" que panes salen del horno de una panadería industrializada.

La auténtica poesía es conocimiento, trabajo, perseverancia, sensibilidad… es la máxima, no la mínima, expresión de la literatura. La poesía no es producto de la chiripada ni de la ocurrencia y está presente hasta en una sencilla copla popular.

No es extraño que las olas
traigan perlas a millares
si a las orillas del mar
te vi llorar la otra tarde.

Copla de La llorona


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El barón rampante.

Por Leócrates - 24 de Enero, 2011, 12:56, Categoría: Lecturas Creativas

El barón rampante.

Italo Calvino (Santiago de Cuba*, 1923- Siena, 1985).

Para el camarada Vander Graf Chávez, terapeuta barritador.

¿Cómo puede enloquecer alguien que ha estado loco siempre?

El barón rampante narra la fabulosa historia de Cósimo Piovasco de Rondó, quien un día (15 de junio de 1767, para ser exactos), negándose a comer los caracoles que había guisado su extravagante hermana Battista, se sube a un árbol contiguo a su casa y jura no bajar jamás. Toda su familia cree que sólo es un berrinche infantil y que después de un rato se le pasará el enojo, pero Cósimo cumple su palabra y no vuelve a caminar sobre tierra firme desde que cuenta con doce años hasta su muerte.

Los habitantes del pueblo, la villa Ombrosa, al principio no comprenden su extraña conducta, pero luego se van acostumbrando a su excéntrico paisano e intercambian con él diversas mercancías: comida, tela, libros, noticias; y al mismo tiempo que lo censuran, también admiran el hecho de que, aún siendo muy irracional su decisión de no bajar nunca de los árboles, la sostiene. Y aquí es dónde se encuentra el núcleo narrativo de esta obra. En voz del propio Calvino, el barón rampante es "una persona [que] se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería él mismo ni para sí ni para los otros".

Poco a poco, Cósimo aprende a desplazarse con agilidad sobre los árboles, a diferenciar la consistencia de las ramas, las formas de las hojas, y el lenguaje cantado de las aves; también aprende a convivir con los seres que ahí habitan, entre ellos una banda de huérfános rapaces a los que ayuda a escapar y que le cuentan de la existencia de una tal "Sinforosa", quien más tarde se convertirá en su pasión principal.

La Sinforosa resulta ser una caprichosa niña rubia –llamada Sofonisba Viola Violante de Ondariva—que pasea por el bosque sobre un caballito blanco y que roba su atención desde el primer momento. Y si la terquedad inicial de Cósimo no implicaba todavía una determinación, tan firme como consciente, su decreto se vuelve absoluto cuando ella se burla de él y lo reta a bajar y desdecirse. Es por aquel entonces cuando el padre de Viola, marqués de Ondariva y vecino de los Rondó, la manda a estudiar lejos y posteriormente la casa con el viejo duque de Tolemaico, con quien no vive más de un año y por quien se convierte en joven y hermosa viuda. Mientras tanto, Cósimo se queda perfeccionando varios inventos para facilitar su existencia arbórea y se convierte en ávido lector y en amante clandestino de varias de las mujeres del pueblo y los alrededores.

Años después, Viola regresa y ambos comienzan un romance desatado que luego se torna tormentoso, pues ella lo busca cuando se le da la gana y lo abandona cuando se le antoja, haciéndolo rabiar de celos con sus arranques y con su séquito de pretendientes, como los dos tenientes (uno inglés y otro italiano) a los que pide constantes "pruebas de amor" para luego ir a provocar al barón rampante y sostener álgidas discusiones sobre los actos o renuncias que él sería capaz de realizar por ella. "El amor se reanudaba con una furia similar a la pelea. Era, en realidad, la misma cosa, pero Cósimo no entendía nada". "– ¿Por qué me haces sufrir?", le pregunta él, "-¿Por qué te amo?", le responde ella, y cada vez lo provoca más cruelmente hasta que, después de uno de tantos pleitos y reconciliaciones intermitentes, rompen definitivamente y jamás vuelven a verse. Viola se va de Ombrosa, se casa de nuevo con un lord comerciante –a quien le interesaba el comercio con las Indias—y termina estableciéndose en Calcuta. Cósimo, entonces, se vuelve completamente loco, aunque, "¿cómo puede enloquecer alguien que ha estado loco siempre?".

Paralelamente al desarrollo de los amores y la demencia del barón, el mundo sigue su curso; son aquellos los tiempos de la Revolución Francesa y llegan hasta aquella provincia piamontesa los ecos de las revueltas sociales. Cósimo es ávido lector de la Enciclopedia y mantiene correspondencia con filósofos famosos como Voltaire y Diderot, a quien le envía un resumen de su Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado sobre los árboles, en el que describe la imaginaria República de Arbórea, habitada por hombres justos. Diderot le contesta brevemente con una carta de agradecimiento.

Capítulo a capítulo de éste libro, va apareciendo una multitud de personajes singulares, de distintas raleas y alcurnias; incluso, en una ocasión, Cósimo conoce en persona al mismísimo Napoleón Bonaparte. Pero si "la juventud se va pronto sobre la tierra, imaginaos sobre los árboles, donde todo está destinado a caer: hojas, frutos"; llega un momento en el que, con el transcurso de los años, el barón rampante ya no sabe ni puede explicarse las razones y causas de los ideales por los que ha luchado toda su vida.

Narrada en tercera persona por el hermano de Cósimo, El barón rampante (1957) es una excelente obra que forma parte de una trilogía de relatos fabulados y fabulosos que componen el ciclo Nuestros antepasados. Cronológicamente fue la segunda que escribió Italo Calvino, la primera de ésta serie fue El vizconde demediado (1952) y la tercera El caballero inexistente (1959); muy buenas obras también, pero coincidiendo con la opinión de varios de sus prologuistas y críticos, El barón rampante es la más lograda de las tres.

"El único camino para estar con los otros de verdad, [es] estar separado de los otros, imponer tercamente a sí y a los otros esa incómoda singularidad y soledad en todas las horas y en todos los momentos de [la] vida, como es la vocación del poeta, del explorador, del revolucionario".

*Según la editorial Bruguera (El barón rampante, Colección Club, 1ª ed., Abril de 1980), Calvino nació en San Remo. Según la editorial Bruguera (El vizconde demediado, Colección Todolibro, 1ª ed., Octubre de 1980), nació en Cuba y fue educado en San Remo. Según Bibliotex, S.L. (Las ciudades invisibles, Colección Millenium: las 100 joyas del milenio, 1999), nació en Santiago de Cuba. Todas estas versiones de sus datos biográficos, aunque no en el lugar,  coinciden en el año de su nacimiento: 1923. Con el año y lugar de su muerte parece que no hay contradicciones (a saber: Siena, Italia, 1985). El hecho es que, de que Calvino nació en algún lugar, nació; y no de probeta, sino todavía a la antigüita, es decir: parido por un organismo con cromosomas XX perteneciente a la especie humana.

Leócrates.

Diciembre de 2010.

Santa Fé, Distrito Federal.

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Flujo de Agua

Por Luis Alejo - 23 de Enero, 2011, 14:29, Categoría: Debrayarte

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Luis Alejo.

Técnica: Acrílico 31 por 23 centímetros.

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Amor-Dolor-Amor

Por Mariana Mejía Elizalde - 20 de Enero, 2011, 19:58, Categoría: Prosa Poética

DIME CÓMO quieres que te quiera, y lo hago. ¿Con eufemismos o con la sangre? ¿Prefieres aire asfixiante, fuego congelado, agua sedienta o tierra infértil?

¿Me dirijo a ti con apagada dulzura? Para que mi garganta sea un pequeño enjambre de abejas que al volar se transformen en miel fundida entre la flama de tu corazón.

Acaso deseas que mi mirada sea distante como un horizonte. Me convierto entonces en la más lejana estrella, para seguir contemplándote sin que tú puedas distinguirme, aunque sepas que sigo ahí.

Tal vez quieres que mi presencia sea leve como las hojas de otoño. Así revivirás las memorias del reciente verano cuando ellas crujan sumisas ante tu callado respiro, ya sin ese sol impetuoso hiriendo tu piel.

Quizá prefieras mi silencio. En ese caso, congelo mi voz y caigo en el mutismo sin queja, como copo de nieve que se desmaya leve entre las agujas de los orgullosos pinos.

Puedo seguir siendo flor del campo para ti, si gustas. Me crecerán las espinas en el tallo algunas veces y puede que me marchite en plena primavera, pero siempre conservaré ese perfume que tú esparciste entre mis pétalos.

¿O acaso has de pedirme que me aleje? Impondría el infinito entre los dos, para que no me halles ni en el olvido.

Si es tu antojo, me vuelvo mariposa diminuta cuyo sutil revoloteo no estorbe tu camino, a la que puedas apresar con delicadeza entre tus alucinantes manos cuando así te lo dicte tu capricho.

Incluso puedo ser nada cuando así lo decidas. Desaparezco de tal modo que no alcance a ser la sombra del más lejano recuerdo, ni siquiera el espectro de alguien que nunca existió.

Hago lo que quieras para hacerte feliz aunque no lo pueda ver, pese a que no verlo me duela y el dolor me mate, y al matarme alimente con carne, con lágrimas, las cenizas de este amor que se yergue, cínico, testarudo, orgulloso, sobre las mías.

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