Febrero del 2011

Lodo

Por Leonel Puente - 20 de Febrero, 2011, 15:01, Categoría: Frases Callejeras

¡Pus si nos conocimos en el lodo!       * Proporcionada por Gabriel Chapa

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La materia prima del escritor y el poeta

Por Alonso Marroquín Ibarra - 20 de Febrero, 2011, 2:10, Categoría: Desolladero

No es de dudarse que muchas personas puedan hacer una mesa, una silla o poner un conjunto de entrepaños entre dos tablas; es innegable también que otros con un cincel y un martillo puedan hacer muescas o darle cierta forma a la piedra así como una buena parte de la población construye su vivienda con los recursos que tiene a la mano, su sentido común y la ayuda de otros que han emprendido con anterioridad ese trabajo.

Con mayores o menores destrezas quien sea puede emprender un objetivo y lograr un resultado, tratándose de cualquiera de las actividades humanas, y ese conjunto de obras o bienes, utilitarios o no, generado por todos los individuos, formará parte de la cultura, imprimiéndole incluso un sello social ya sea por sus similitudes, los colores utilizados, las formas con tendencia preferente, las estructuras más prácticas, fáciles o útiles. Todos los pueblos a lo largo de la historia han dejado vestigios de ello.

Sin embargo en todos los campos del quehacer humano hay diferencias evidentes en lo producido; así, quien se ha especializado en trabajar las maderas sabrá reconocer aquellas que son más nobles para la talla, podrá escoger las mejores vetas para un trabajo ornamental o de chapeado, desarrollará o aprenderá de sus antecesores las técnicas de ensamblado y manejará las curvas, la escuadra y todos los ángulos para crear un mueble mejor en todos los aspectos.

Llegado a este punto es probable que tenga el atrevimiento de crear nuevas formas, de cuidar más la selección de su materia prima, de perfeccionar el pulido, de realizar diseños con incrustaciones incluso de otros materiales, y lograr un acabado con nuevos barnices, ceras o frotamiento.

Un último estadio sería aquel en donde, más allá del valor utilitario que su trabajo significa, este hombre pensara en una creación inimitable, lo que implicaría poner en marcha todos sus recursos para lograrlo: su talento, las habilidades desarrolladas a través de los años, su creatividad y los conocimientos adquiridos. Si pensamos en un librero, el resultado sería extraordinariamente diferente al que haya realiza un paisano que sólo tomó unas tablas, las medio mal corto y a golpe de martillazos las clavó, a ojo, en los largueros, a la distancia que creyó era la correcta. No hay vuelta de hoja: es de mayor valor el librero del primer caso, aunque utilitariamente ambos sirvan para lo mismo.

De manera análoga podemos comparar un jarro hecho con el barro tomado de la barranca de junto con una pieza de porcelana; la herradura de un caballo con una pieza de orfebrería donde convivan los metales preciosos; una casa de barrio con una residencia diseñada por un arquitecto, no digamos con una mezquita o un templo fastuoso de la India; una lapida del cementerio hecha en serie con una escultura de mármol o vaciada en bronce y, por supuesto, podemos comparar también cualquier acomodo de palabras tomadas por ocurrencia o a la buena de Dios, con faltas de ortografía incluídas, con la literatura y dentro de ella con la poesía.

Todos son productos culturales, sin excepción; todos son manifestaciones de la sociedad que los produce. Unos, simplemente, valen más por sus características intrínsecas y otros, por oposición, carecen de valor.

La materia prima, fundamental, del escritor es el idioma; pero, como en el caso del especialista en muebles, no es suficiente utilizarlo sin ton ni son si el objetivo es hacer un escrito con valor. A final de cuentas incluso los analfabetos pueden producir un resultado que puede ser trascrito por un tercero para que prevalezca en papel, pero lo realmente valioso, contiene mucho más que sólo palabras.

El significado, la gramática, el ritmo, la armonía, la observación, el conocimiento, la sensibilidad, la capacidad de síntesis, la investigación misma,  y, por supuesto, la práctica, son elementos vitales, inseparables, para el escritor.

En el caso opuesto se encuentran: la ocurrencia, el desconocimiento del idioma y el significado de las palabras, la utilización por ignorancia de las aberraciones divulgadas por las televisoras y otros medios de comunicación (locaciones por ubicaciones, terapista por terapeuta, promocionar por promover, Telemarketing por telemercadeo, indexar por indicar, aplican por se aplican, etc.), las faltas de ortografía (coser, cocer; casar, cazar; dé, de; éste, este…), el desconocimiento de la sintaxis (no significa lo mismo: "Zapatos para niños importados de España" que Zapatos importados de España para niños"), incluso  el no saber ni siquiera cómo ni cuándo se utiliza la puntuación, que también le da sentido a lo escrito.

Los resultados del oficio en ambos casos serán extraordinariamente diferentes en su valor.

Escribir, sin embargo, no es limitativo ni excluyente y es válido utilizar todos los recursos para transmitir un contenido que se considere de interés para algún receptor. De tal suerte, la palabra escrita tiene que echar mano de recursos, incluso imaginativos, para reproducir un modo de hablar local o de, pongamos por caso, sectores minoritarios o marginales de la sociedad. Aquí caben la jerigonza, el código utilizado en la telefonía celular o en los recursos propios de Internet, los localismos, las palabras caídas en desuso  que prevalecen en algunas regiones (ansinita, ansí), los modismos, neologismos, etc.,  etc., etc.

Los dadaístas "crearon" "poesía" recortando palabras, metiéndolas en un sombrero y sacándolas de manera aleatoria para, después, escribirlas en un papel. El título mismo era "realizado" de manera similar. Como vestigio social de la crisis moral y el desencanto que vivía la sociedad de la época (período posterior a la primera guerra mundial) y como acto de rebeldía contra el arte burgués establecido, el dadaísmo y su producción  es un testimonio que debe considerarse en su justa dimensión, no más.

La decadencia, en cualquier renglón, conlleva el abandono, el desinterés, lo mal hecho, el "a"i se va" tan mexicano, el camino fácil, y si bien es cierto que vivimos en una época de maravillas y, simultáneamente, decadente, no por ello debemos colocarnos en el lado "pinche" de la balanza.

El camino está y la carreta también. Decidamos cómo queremos viajar: ¿como fardos, arrastrados y dando tumbos?, ¿jalando la carreta como los caballos, con sus estrechas viseras?, ¿cómo pasajeros?, ¿cómo polizontes? o ¿cómo conductores?

Juntando las piedritas de ayer,
las que nos estorbaron el camino también,
y las que pulimos con paciencia,
con todas, se harán las Haciendas de las Letras

Alonso Marroquín Ibarra
febrero de 2011 y corriendo

Artículo publicado también en:
 
Chobojos

La palabra y las ideas sin fronteras


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CACAO

Por Ana Isabel Mendoza - 18 de Febrero, 2011, 12:29, Categoría: SOTS´

Cacao. Ana Isabel Mendoza. 2010.

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OREJA

Por Salvador Bretón - 18 de Febrero, 2011, 10:57, Categoría: Sueños y Realidades

Quiso el desempleo llevarlo a compilar en un libro las frases de amor que escuchara en largas e irrepetibles caminatas de un extremo a otro de la ciudad. Seguía a las parejas por los parques, cines y restaurantes, se hospedaba en hoteles de paso y, al atardecer, deambulaba por los corredores tomando nota de cuanto escuchara a través de paredes y puertas.

Al cabo de un año, tuvo material suficiente para editar el primer tomo; en dos, con el material restante y las expresiones dictadas por el amor filial, editó el segundo. Pronto se dio cuenta de que no podría ir más lejos. Decidió entonces ocuparse de las frases de odio y rencor mediante el mismo procedimiento. Está por concluir el tercero de cinco tomos.

* Cuento corto con el que comienza el libro Mientras suenan Los Cadillacs, escrito por este individuo posmoderno y chelero egresado de la SOGEM. Es su segunda colaboración con este blog y probablemente no serà la última. ¡Salud, Bretón (sea cual fuere la cantina en donde ahorita estés libando)!  

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En el mundo de la burocracia,,,

Por Agustín Garfias - 16 de Febrero, 2011, 17:21, Categoría: Choritos

En el mundo de la burocracia, son contraproducentes el éxito y la eficacia.

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El Informe Sábato y San Valentín

Por Leonel Puente Colin - 13 de Febrero, 2011, 19:51, Categoría: Acertijos, Adivinanzas y Trivias

¿Cuál es el nombre real del Informe Sábato? ¿Cuál es -descrito sucintamente- su contenido?

Quien conteste primero y correctamente éste par de preguntas, ganará el libro El túnel (1948), que es la primera de las novelas escritas por Ernesto Sábato, en donde, a partir de una nota roja—un asesinato pasional causado por los celos patológicos del pintor protagonista—el autor argentino crea una de las obras maestras de la literatura latinoamericana del siglo XX y candidata indiscutible para ser considerada ya entre las joyas de la literatura universal. Diría Joaquín Sabina en una de sus canciones: "En éstos tiempos oscuros nacen falsos profetas y el asesino sabe más de amor que el poeta".

Habiéndose formado como físico nuclear, Sábato decidió, alrededor de sus treinta años, dedicarse a la literatura; pero el pensamiento lógico-matemático no influyó negativamente en sus capacidades sensibles, más bien al contrario: precisamente su narrativa es una especie de análisis riguroso hasta grados obsesivos, una vivisección del alma humana sin concesiones ni piedad. A diferencia de Borges—cuya obra monumental no demerita en nada aunque haya permanecido en su palacio de cristal literario sin pronunciarse políticamente por su pueblo –Sábato, además de sus ensayos científicos y sus novelas, en 1983 realizó un trabajo de investigación social por encargo del presidente Alfonsín; precisamente se trata del documento llamado Informe Sábato, pero que en realidad no se titula así.

Post Scriptum: Cupido a veces da cuchilladas reales en lugar de flechazos primorosos; San Valentín puede también un día preparar sus bombones y chocolates con veneno en lugar de azúcar. ¿O qué no? ¡Feliz 14 de Febrero, muñecas y tortolitos!

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Opiniones de un payaso

Por Leócrates - 13 de Febrero, 2011, 19:11, Categoría: Lecturas Creativas

Opiniones de un payaso.

Heinrich Böll (Colonia, 1917- Lagenbroich,1985).

Para el camarada Ezra Ailec, filósofo loco a quien poco a poco se le van borrando los recuerdos y, no obstante, gracias a las matemáticas y la pintura, conserva lúcidas sus ideas.

"Por felicidad, no alcanzo a entender nada que dure más de un segundo, puede que dos o tres como máximo"

En Opiniones de un payaso, Heinrich Böll nos traslada a la Alemania de los años sesentas del siglo XX y nos relata la cruda historia de Hans Schnier, un payaso talentoso y exitoso que, de pronto, pierde a su mujer, se lastima una rodilla y se queda sin contrato estable.

La novela comienza tiempo después de que Marie Derkum, quien fuera su mujer y fiel compañera durante algunos años, "por miedo metafísico" lo abandona para irse con un consejero católico (él y toda su familia son protestantes). Desde entonces, Hans se tira francamente a la bebida y comete varios errores en escena, el peor de los cuáles –para él y para cualquier payaso de calidad—es reírse de sus propios chistes en plena representación. Luego, para completar el patético cuadro, durante una función ante un grupo de muchachos en la ciudad de Bochum, se cae y se lastima la rodilla derecha mientras realiza una imitación de Chaplin. Los críticos de arte lo hacen trizas con sus comentarios en los periódicos y los empresarios le cancelan varios contratos.

De vuelta a Bonn, en su ahora mísero departamento, se lamenta recordando su última gira fallida: "Transcurridas tres semanas ya no había flores en mi habitación, a mediados del segundo mes se acabaron las habitaciones con baño, y al comenzar el tercer mes la distancia a la estación costó ya siete marcos, mientras que la paga quedó derretida a un tercio. Ya no más coñac, sino aguardiente de trigo, ya no music-halls, sino curiosos públicos que se reunían en oscuras salas, donde yo actuaba en un escenario pobremente iluminado...".

Nuestro protagonista busca entonces su agenda telefónica para hacer varias llamadas de auxilio a sus parientes, amigos y conocidos residentes en la ciudad. Su familia es rica, pero no le ayudan económicamente porque sus escrúpulos burgueses les impiden aceptar que su dinero sea derrochado por un payaso, por un "cómico" que no tiene la menor idea de lo que es la administración de los recursos monetarios. Algunos de sus amigos lo apoyan un poco, pero la mayoría también cruzan por severas crisis. Cada día que pasa se va poniendo más difícil su situación y su representante artístico, Zohnerer, en lugar de levantarle la moral, le anuncia: "Durante medio año le tendremos retirado de la circulación, y después vamos a reconstruirle... hay aún en usted algo aprovechable comercialmente". [Por el momento] "No hay nada que hacer, para el público lo más deprimente es un payaso que inspira lástima. Es como un camarero que viniera en silla de ruedas a servirle a usted cerveza. Usted vive de ilusiones".

Un humor negro envuelve las peculiares conversaciones telefónicas que Hans sostiene con diversos interlocutores, pero si uno trata de introducirse en sus circunstancias y sus sentimientos, se puede soltar la carcajada con sus ocurrencias, pero no burlarse de él: la comida escasea, las cuentas se juntan, el tabaco y las bebidas finas se terminan, la rodilla no mejora y su adorada Marie está a punto de casarse con Züpfner (el consejero cristiano antes mencionado). En la bolsa sólo le resta una moneda de un marco y la arroja por la ventana, acude a reuniones sociales de diversa índole sin importarle mas que los alimentos y la bebida que ahí ofrecen; medio año –incluso un mes—resulta mucho tiempo para un estómago vacío y una garganta seca y, sin embargo, a pesar de todo, Hans trata de conservar el orgullo y, al final, para no seguir mendingando dinero con parientes y amigos, a los veintisiete años de edad descuelga su guitarra para irse a cantar en las afueras de la estación del tren.

Una y otra vez, a lo largo de la historia, Hans rememora los tiempos en que Marie vivía con él; no eran tiempos idílicos y color de rosa, pues deben enfrentarse a los prejuicios sociales y sobreponerse a dos embarazos fallidos, pero las cosas eran muy distintas cuando formaban pareja. Estos reiterativos recuerdos se recrudecen con sus remordimientos por no haber querido casarse con ella formalmente y, lo peor de todo, no es ni la melancolía ni las jaquecas ni su don místico de percibir olores a través del teléfono: "... mi dolencia más atroz—confiesa—es mi inclinación a la monogamia; sólo hay una mujer con la cual puedo hacer todo lo que los hombres hacen con las mujeres: Marie, y, desde que ella me ha abandonado, vivo como debería vivir un monje, sólo que no soy ningún monje".

Según Hans, sus antiguos maestros del colegio, sacerdotes católicos*, defienden con tanto ardor la monogamia porque conciben polígamo al hombre; él, desde ese enfoque, siendo antinaturalmente monógamo les resultaría una especie de monstruo y por eso desiste de su impulso de ir a pedirles consejo en sus momentos más desesperados. Tiene una amiga, Mónica Silvs, con quien juzga que posiblemente podría romper esa barrera de la monogamia, pero desiste de su idea y, más adelante, cuando se queda sin fondos, se le cierran todos los caminos: "... hasta el consuelo del amor mercenario me estaba vedado: no tenía dinero".

Opiniones de un payaso, publicada por primera vez en 1963, es un excelente libro que va más allá de la introspección personal: denota una crítica mordaz a la situación del pueblo alemán durante la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial y también refleja una viva denuncia hacia las posturas acomodaticias de la iglesia católica, especialmente durante la época del nazismo. 

"Un artista tiene siempre la muerte a mano, como un cura su breviario"

*Pareciera esto una contradicción porque el protagonista y su familia son protestantes; pero en la adolescencia, para demostrar un espíritu de tolerancia acorde al ambiente social de la posguerra, sus padres deciden enviarlo a un colegio católico. Tampoco la iglesia luterana le resulta un consuelo pues, de hecho, él no profesa ninguna de las dos doctrinas.

Leócrates.

Febrero de 2011.

Santa Fé, D.F.

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Vaniloquio

Por Adriana Tafoya - 11 de Febrero, 2011, 20:40, Categoría: Poesía Experimental

Vaniloquio*

Por Adriana Tafoya.

Para que ella pueda pensar

Tuve que abrirle la cabeza

Un poco de oxígeno clarividente

Por lo menos un poco de coherencia

...................De inteligencia no infectada

al menos.

Tres centímetros de herida grasa

de ese cuero negro y cabelludo

donde trueno diez veces

...................el cristal del vaso

y destrozo el vaniloquio

de ese cabello fatal.

Para eso son las heridas

para que la arrogancia sangre

y un vibrante cerebro, limpio

de sangre vieja, de golpe se pueda

..........en un golpe abrillantar.

                       

*Extraído (con el permiso de la autora) de El Matamoscas de Lesbia y otros poemas maliciosos.

Segunda edición, Colección inteligente, Editorial Verso Destierro, Col. Obrera, México, D.F., 2010.

Primera edición, Editorial Letras de Pasto Verde, Col. El Celta Miserable, Orizaba, Veracruz, 2009.

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CCU Oasis del espíritu

Por Guillermo Gómez Icazbalceta - 11 de Febrero, 2011, 20:23, Categoría: Fotos, fotitos, fotazas.

CCU Oasis del Espíritu. (Centro Cultural Universitario, UNAM).

Guillermo Gómez Icazbalceta.

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Permanencia Involuntaria

Por Julio Manzanares Gòmez - 11 de Febrero, 2011, 13:27, Categoría: Paquete Cuento

- Y la diferencia, quieras o no, entre nosotros y ellos es grande, o más bien significativa porque la madre de mi abuela, o sea mi bisabuela, vivió la guerra de la Revolución. Y la nuestra, o sea nuestra madre, ya vivió, de lejos, el 68. Y es más, el abuelo de mi abuela, que viene siendo mi tatarabuelo se perdió en el monte después de que asesinó, a cabeza de silla, a un general federal. En Zacatecas, un día tranquilo, llegó la noticia: "ahí viene el general tal". Y mi tatarabuelo, dando un paso al frente dijo: "yo lo mato". Y así fue, cuando llegó el general aquél, que decían que era un desgraciado, lo hizo con mucha alharaca, como en desfile, así como diciendo "ya llegué y estas son mis tropas, cuidado conmigo". Pero por otro lado, el imbécil del general pensó que el pueblo lo quería, o al menos que ahí lo respetaban, pero nada de eso, ¿cómo respetar a un asesino?, una cosa es el miedo y otra el respeto. Y es que la verdad de esa historia estuvo en que el pueblo le temía porque la última vez que estuvo ahí, llegó de repente y mató quién sabe a cuántos, nada más porque sí (por eso digo que era un asesino). O bueno, no los mato nada más porque sí, sino por un chisme: dizque los del pueblo apoyaban a Villa. Y cuál, ni lo apoyaban, si el Pancho Villa también tenía fama de maldito.

Pero bueno, cuando llegó el general ese, el otro maldito, el federal, se lo echaron, o más bien mi tatarabuelo. Y es que el pueblo lo odiaba, (al general, no a mi tatarabuelo), le tenían coraje porque esa vez que llegó, así nada más, mató a un montón de hombres y agarraron parejo a las mujeres. Las violaron, el pinche general y sus tropas, y parejo: niñas y ancianas, no les importó. Mi bisabuela se acuerda, y se salvó porque se escondió en la pastura, entre las pacas, yo no sé cómo no la vieron, pero se salvó. Y cuando salió, después de estar un día entero escondida empezó a ver a los del pueblo, muertos, agujerados por las balas, pero más le impactó ver a los ahorcados, colgados en los arboles. Ahí vio a tres de sus parientes colgados, a su tío y a dos de sus primos. Nada más en ese árbol, que era frondoso, había como veinte colgados, me contó mi abuela que le contó su mamá. O sea que yo te cuento lo que me han ido contando de generación en generación, pero yo creo que sí es cierto porque luego los cuentos, o más bien relatos de mi abuela, coinciden con lo que veo en mi clase de Historia.

Y sí, mi bisabuela se espantó porque pensó que su mamá, su papá y sus hermanos estaban muertos, pero resultó que también se salvaron, no porque se escondieran muy bien o algo así, sino porque a la hora de los balazos, ellos estaban trabajando su milpa, que estaba hasta atrás de la casa, y después de una lomita que la ocultaba. Por eso se quedaron ahí hasta que ya no oyeron balazos, o sea hasta el otro día en la madrugada. Ella, o sea mi bisabuela, como era la más chica, tenía seis años, andaba por ahí jugando a recoger los huevos de las gallinas que, esas sí, estaban enfrentito de la casa. Le encantaba jugar en los gallineros, y todavía cuando yo era niño me acuerdo que en la casa de mi bisabuela había un montón de pollitos y gallinas. Es más, luego nos decían: "vayan por unos huevos" y ahí íbamos los bisnietos a recogerlos. Y un día una gallina picó a una de mis primas, muy cerca del ojo, porque ésta le quiso agarrar la cresta. Sí, yo todavía viví algunas cosas así, y eso que vivíamos en la Ciudad, no te estoy hablando de provincia u otro lugar. No, te digo que después mi bisabuela llegó a la Ciudad y ya mis tíos abuelos, la mayoría, nacieron aquí.

Pero regresando a lo del general asesino, cuando mi bisabuela oyó los gritos y balazos, lo que se le ocurrió fue abrazar un pollito y escondérselo entre el vestidito y luego meterse ella entre la pastura. Y sucedió que los federales ni siquiera se llevaron a los animales o la comida, nada más llegaron dizque a advertir que el que se fuera a la Bola se las iba a ver con el gobierno de a de veras. Pero la verdad, para entonces, ya nadie sabía quién era el gobierno de a de veras, como ahora, ¿no? Pero ese no fue el chiste -o más bien el asunto, porque esto no es chistoso-, sino que como empezaron a matar a los animales y a encuerar a las mujeres ahí en el centro del pueblo, que estaba enfrentito de la casa de mis tatarabuelos, pues mi bisabuela protegió al pollito y lloraba y lloraba porque vio y oyó cómo mataron a los animalitos que había en su casa. Mataron vacas, cerdos y gallinas, pero nada más por matarlos. Al otro día en la madrugada, que oye mi bisabuela a sus hermanos cerca de la casa y lo primero que les dijo fue, saliendo del montón de pastura: "hermanos, no mataron al pollito", y se los enseñó. Y uno de sus hermanos, que se pone a gritar: "mamá, mamá, aquí esta Antonia, aquí está Antonia", así como emocionado yo creo ¿no? Y seguía diciendo: "aquí está, aquí está Antonia", así se llamaba mi bisabuela. Y que la mamá de mi bisabuela le dice, como regañándola: "dónde andabas, ahora ven, ¡apúrate!, ayúdame a lavar a tus primos", o sea los ahorcados. Y que los hermanos de mi bisabuela los bajan del árbol. Y luego luego que mi tatarabuela y ella, o sea mi bisabuela, como era la única hija mujer, que se ponen a lavar los cuerpos de los muertos mientras los hombres hacían los hoyos para enterrarlos.

Pero lo que me sorprende es lo seca que era mi tatarabuela que ni siquiera le dijo a su hija: "qué bueno que estás bien" o "gracias a dios", o algo así. No, nada, y al contrario la puso a lavar a los muertos. Yo creo que de ver tanto muerto ya ni les dolía nada o no sé cómo explicar eso que mi bisabuela contaba como si fuera una anécdota divertida. Así, como si fuera un chiste que a tu madre no le dé gusto verte viva o que sea divertido que te pongan a lavar a los muertos que, además, eran sus primos. Yo creo que por eso mi bisabuela era así de regañona, bueno, era muy linda y dicharachera, pero enojada era horrible, decía groserías, pegaba y de todo les hacía a los hijos. A mí me dio bastonazos, pero yo no me acuerdo, sólo me cuentan. Hasta cuando se portaban mal mis tíos se echaban a correr porque ya sabían cómo les iba ir si los alcanzaba su madre. Ella agarraba la reata y, como si fueran yeguas, los lazaba, le atinaba y ahí sí, les iba como en feria, mal. Ahora sí que los madreaba, ¿no? Yo digo que los educó a cabeza de silla. A veces, hasta con la cuarta de los caballos o sea, algo como un fuete, les pegaba. Y yo creo que por eso tuvo ese carácter, por todo lo que vio y vivió. Hablo de mi bisabuela, no de mi tatarabuela que esa sí, estaba más loca, según me cuentan.

Pero aquella vez, después de esa matanza, el pueblo hizo una como tregua. Llegó un representante del gobierno a que la gente firmara un documento con el cual se comprometían a apoyar a los federales y a informarles de cualquier cosa que supieran de los revolucionarios, o más bien de la Bola, como le llamaban a la Revolución al principio. Y así fue, el pueblo por miedo firmó y hasta le mandó unos regalitos de plata al general, de las minas de Zacatecas, pero en verdad lo odiaban. Nada más que les convenía aparentar que lo apoyaban, o más bien querían hacérselo tonto, porque después, ya salió que efectivamente había unos en el pueblo que apoyaban, creo que no a Villa, pero sí a un revolucionario del norte. Y después de un tiempo que anuncia el general, el maldito asesino, que iba a llegar al pueblo, y que la gente le dice que le iban a hacer una comida para recibirlo y todo eso, porque según ya había un pacto con ellos, así como un trato de apoyar a los federales y le iban a demostrar que estaban con él. Entonces fue cuando mi tatarabuelo dijo, "pues yo lo mato, nomás déjenlo que se confíe y que llegue como si nada y en eso yo lo mato". Y el pueblo acordó hacer una exhibición como de charros o algo así, y en eso lo mataron, al pinche general. Mi abuelo pidió que cuidaran a su familia mientras él regresaba y que le ayudaran, después de matar al desgraciado federal, a perderse por el monte. Y total que los habitantes se pusieron de acuerdo y decidieron adornar el pueblo como si fuera un día de feria, con papelitos de color y todo eso, y hasta echaron cohetes cuando llegó el general. Una banda tocaba y unas niñas le entregaron un guajalote y los hombres una pistola con cacha de plata o algo así. Entonces mi tatarabuelo cumplió y todo salió como lo planearon: lo mató.  

Y te digo que es distinto o al menos muy significativo haber vivido en aquellas épocas. Había conciencia, ahora ya no. Mi bisabuela todavía decía, y a mí me lo dijo cuando no quería comer: "te comes esa verdura porque en la guerra vas a comer hasta caca y no te vas quejar". O sea que se aprovechaban las cosas porque no sabías en qué momento la guerra llegaría y… en fin, te quedabas sin nada. Y en verdad mi bisabuela siempre andaba pensando que en cualquier momento la guerra empezaría otra vez, por eso le preocupaba tener siempre comida en casa, por montones, "para cuando llegue la guerra", decía. Luego hasta se echaba a perder la comida, por ejemplo el cereal, ¿el cereal se echa a perder?, bueno, pero siempre había azúcar, arroz, frijol y esas cosas por costales. Y nunca llegó la guerra, aunque en 1968 dijo: "ya ves, ya va a empezar la guerra por esos revoltosos".

Con mi abuela cambió ya el modo de pensar, pero nos decía, cuando no nos acabábamos toda la comida que nos servían: "aquí no hay perros para que se coman tus sobras, así que te comes todo porque la comida no se desperdicia". O sea, ya no se tenía miedo a la guerra o a esas desgracias, sino más bien se cuidaban las cosas porque costaba trabajo obtenerlas. Y ahora oigo que le dicen a mis sobrinos, y a mí también me lo dijeron: "la comida no me la regalan, así que te comes todo, aprovecha porque hay niños que no tienen qué comer". Y sí, ese es nuestro mundo, unos tienen y otros no, pero no por las guerras, sino por otras cosas: no hay trabajo, no alcanzan los sueldos y todo eso de lo que se queja la gente todos los días. Yo no sé que les voy a decir a mis hijos, si tengo, pero les voy a contar, si un día llego a tener aunque sea uno o una hija, todo esto para que sepan un poco la historia de su familia. No sé para qué les pueda servir, pero al menos, como yo, van a saber que el gobierno siempre ha sido un asesino y que hay revolucionarios que quieren cambiar las cosas. Que sepan que mi tatarabuelo fue un personaje valiente y que mató a un federal asesino. Esos héroes, yo no creo que sean revoltosos, pero tampoco creo que de veras lleguen a cambiarlo todo, mucho menos que, como dicen, organicen otra revolución, ¿entonces serán héroes o no?

Bueno, ya ves, decían que para el 2010 se venía la otra revolución y no, al contrario, la gente es bien dejada y se queja y se queja y hasta ahí. Y se les olvida todo, o casi todo, cuando les salen con el festejo del Bicentenario y el Centenario. Creo que no son capaces de matar ni a un pollo, pero menos de salvarlo como hizo mi bisabuela. Ahora, matar a un general como lo hizo mi tatarabuelo, pues menos. Y no es que piense que debamos matar al presidente, aunque me caiga mal y lo deteste por cínico, pero creo que al menos debemos decir que no nos gusta lo que hace. Como por ejemplo, mi mamá, que por estar tan chica en el 68 no supo lo que pasaba, hasta que el hermano de su amiga llegó herido, pues también está segura de que contármelo es importante. Aunque no lo vivió de cerca, después se informó y me lo contó: "porque si se nos olvida o lo desconocemos -me dijo- pensamos que siempre todo está bien o que el gobierno no es un asesino". Y sí, ¿no?, yo a veces dudo que la Historia nos sirva para algo, ya pasó y cómo le hacemos, ¿no?

…Luego, cuando pienso en lo que pasó en Acteal, que está en Chiapas, o por ejemplo en Atenco, que no está en Chiapas, pero creo que sí en el Estado de México, me da miedo porque parece que la Historia se repite. Y al final de cuentas, pues sí pudimos hacer algo para evitarlo. Me pongo a pensar y digo "pues claro, la Historia no la podemos cambiar, pero nuestro presente sí". Y por eso debemos enterarnos de lo que pasa y no dejar de contarlo a todos para que no se les olvide y sepan qué clase de asesinos puede haber en el gobierno. Y es que a veces la Historia se repite. Claro que no es lo mismo, ya no hay ahorcados en los árboles, ni estudiantes asesinados, así, en una plaza pública, pero sí campesinos e indígenas muertos, y también mujeres asesinadas horriblemente y violadas y torturadas como las de Ciudad Juárez, y estudiantes golpeados. Aunque, pensándolo bien, sigue habiendo asesinatos en las plazas públicas y enfrente de la gente y a plena luz del día. Ahora, con eso de los narcotraficantes, pasa todo eso otra vez. Y la historia se repite porque, te digo, siempre el gobierno tiene mucha culpa. Pues porque no hace nada, sólo dice y dice, y no actúa. Y si actúa, no le importa arrasar con los inocentes. Ya ves cuántos han muerto en la Guerra contra el narco, sin tener nada qué ver con los traficantes o con el gobierno.

Y todo lo que te cuento es como antes en el cine ¿no?, parece que hay permanencia voluntaria en la Historia. Si quieres entender la película tienes que verla toda, si te pierdes el principio como que no entiendes, pero luego vuelve a empezar y dices ahora sí ya entendí. O sea, mi comparación es tonta, pero a veces la Historia me parece una película, los mismos abusivos, los mismos pobres, los mismos todos de siempre. Cambia el escenario, el modo de vestir, pero el sentido de la Historia no mucho. Cuando cuento lo de mi tatarabuelo me lo imagino como en blanco y negro, o más bien como en tonos cafés, creo que le dicen sepia a ese color. Y cuando pienso en lo del 68, ya lo imagino en color, o sea que no pasó hace mucho. Pero sí quieres entender muy bien qué onda, hay que ver toda la película, pero sí no la ves, tampoco importa mucho porque luego se va a repetir y vas a llegar a la conclusión de que eso ya había sucedido o que te suena conocido. Pero en fin, o sea que puedes ver la película otra vez. Y por eso insisto en que conocer la Historia no sirve de mucho, quizá para tener miedo, pero bueno, conociéndola o no, tengo miedo y no creo en lo que dicen los políticos. Bueno, al menos me engañan menos porque digo: "eso ya pasó en tal o cual año", "tal presidente hizo lo mismo una vez" o "este maldito va a hacer lo mismo". Pues sí, tal vez sí sirve de algo, o de mucho, conocer la Historia.

Y te decía entonces que mi abuelo, mi tatarabuelo más bien, mató al general. El pueblo organizó la feria falsa que te digo. Lo principal eran las suertes a caballo. Primero que a ver quién agarra más gallinas desde el caballo y luego que a ver quién laza al primer intento a la yegua. Y cuando era el turno de mi abuelo, en lugar de lazar a la yegua que laza al general y que se lo lleva así, lazado del cuello hasta la salida del pueblo, a cabeza de silla. Nada más veían cómo iba rebotando el cuerpo como si fuera un costal de papas, o de huesos, ahí rebotando en la tierra y las piedras. Digo que lo llevaba a "cabeza de silla" porque así se dice cuando un charro laza al ganado y enreda en la cabeza de la silla de montar la reata, y así va jalando al toro o a la yegua del pescuezo, en este caso al general. Entonces los acompañantes del general nada más se quedaron como estatuas, pues ni pistolas ni nada pudieron sacar, cuando reaccionaron, mi tatarabuelo ya estaba lejos y el general ya nada más boqueando como pez o más bien como pescado a la orilla del río. Los otros charros se fueron tras él, como aparentando que lo iban persiguiendo. Él, como lo planeó, se perdió en el monte. Pasó el tiempo, no sé cuánto, y mandó después dos cartas y un poco de dinero para su esposa, o sea mi tatarabuela, pero luego no se supo más del él. Mi bisabuela decía que a lo mejor se fue a la Revolución, pero sus hermanos que a lo mejor lo mataron.

Luego, dicen mis parientes que el pueblo cuidó de mi familia, pues mi tatarabuelo se convirtió en una especie de héroe y hasta le compusieron un corrido que no me acuerdo cómo se llama ni sé cómo va. Yo quiero un día investigar esa historia, cómo se llamó el general que mató, cómo iba el corrido y en qué pueblo de Zacatecas, exactamente, ocurrió todo. Mi abuela dice que más que por ser un héroe mi tatarabuelo, cuidaron a la familia porque antes la gente se ayudaba y era agradecida. Y que el pueblo, que sabía que ese general planeaba algo malo para el pueblo, decidió matarlo antes que éste hiciera otra matanza como aquella. Por eso, por agradecimiento y complicidad ayudaron a la familia. La ayuda que le dieron los del pueblo a mi tatarabuela duró poco porque con el asesinato del general, el pueblo, quizá sin pensarlo, empezó a participar en la Revolución. O sea que en la Historia todo tiene una consecuencia, ¿no? y claro, también una razón.

Y entonces las cosas se pusieron horribles, todavía más, y mi bisabuela huyó a Aguascalientes, pero no por la guerra, sino porque su mamá le pegaba mucho. Quizá por ser la única mujer, le exigían bastante, tanto sus hermanos como su mamá. Cuenta mi bisabuela, o más bien contaba, que hacía el quehacer de la casa, la comida y lavaba y planchaba toda la ropa de los hermanos que trabajaban en el campo. Ahora ves que ya no pasa tanto eso con las mujeres, pero en ese tiempo así eran las cosas y se lavaba en el río, en una roca, y se planchaba con una plancha de carbón que pesaba varios kilos porque era de fiero. O sea, te lo aclaro, las planchas eran de hierro y funcionaban con carbón, se calentaban con este combustible y no con electricidad como ahora. Y al calentarse quemaban y hasta te provocaba dolor en las manos después, durante varios días. El punto es que a mi bisabuela, por todo, le pegaba su mamá y le sacaba sangre de las bofetadas que le daba por jugar con los pollos o muñecas de trapo. Ya muy harta, a los nueve años se escapó a Aguascalientes, creo que con unas tías. Desde entonces no supo mucho de la familia, pero menos del pueblo. Y a los doce años tuvo su primer hijo, porque antes a esa edad ya se casaban. De hecho, imagínate, mi bisabuela le decía a sus nietas, o sea a mis tías, cuando ya tenían como veinte años: "se van a quedar para vestir santos". O sea que como no se casaban parecían monjas que se la pasaban vistiendo santitos. Ahora hay un chiste con el que se defienden las chavas solteras, dicen "me voy a quedar para desvestir santos", y luego yo hasta lo digo y me da pena, pero me causa gracia. La verdad es que no me quiero casar, pero no quiere decir que me vaya a hacer monja.

Y así fue como mi tatarabuelo, del cual ni siquiera recuerdo su nombre, mató al general ese, el asesino. Yo les voy a contar a mis hijos todo esto y otras cosas más porque tú y yo estamos viviendo otras, por ejemplo la delincuencia, que cada vez es más y muy violenta. Claro que luego la gente exagera, y ya ni quiere salir a la calle y hasta dejan de hacer sus cosas preferidas por, según, no arriesgarse. Pero yo no, me cuido mucho, y más como mujer, pero no dejo de salir con mis amigos a fiestas o a centros comerciales. Por ejemplo, a mis hijos, si llego a tener, les voy a contar lo de cuando ya no ganó el PRI y sí el PAN, pero también de cuando, ahora, el PAN hizo cochinadas y fraudes en las elecciones. También les voy a contar -si tengo, porque creo que los hijos quitan el tiempo- lo del narcotráfico, lo que estamos viviendo, porque el gobierno y los narcotraficantes están matando a gente inocente y… Bueno, ojalá no tenga hijos porque este mundo está muy feo, pero bueno, siempre ha sido así, ¿no? Te digo que hay permanencia voluntaria, pero a veces ya no quiero ver la película, me da miedo pensar en qué va a pasar, pero ni modo, no me puedo salir del cine. Creo que más bien es permanencia a fuerza, sí: permanencia involuntaria. ¿O tú cómo ves?

- Pues la verdad a mí no me gusta la Historia, me aburre. Y no me he puesto a preguntar qué pasó con mis abuelos. Aunque un día oí, creo que sí, que mi abuelo, más bien mi bisabuelo, murió en la Guerra de los Cristeros. Y que perteneció a los dos bandos, pero no me queda claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Y es que es difícil saberlo, ¿no? Imagínate, esa guerra fue entre el gobierno y la iglesia católica: ni a quién irle. Y sí es cierto, la Historia se repite. A un tío mío lo mataron, era policía federal, lo balacearon los narcos, según porque los traicionó. O sea que, como mi abuelo, pertenecía a los dos bandos: al gobierno y a los otros. ¿Quiénes son los malos?, sepa. Por cierto, tú que sabes mucho de eso, de la Historia, ¿qué fue primero, el 68 o lo de los cristeros?

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Raíces

Por Jegomros Mixtli - 8 de Febrero, 2011, 19:20, Categoría: Arte Escondido



Título: Raíces (De la serie: Personas, guiar la vista hacia la creación)
Autor: Jegomros Mixtli
Técnica: Digital, sepia
Lugar: Tlacotepec, Puebla

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... dàndonos su bendiciòn.

Por Laranjinha - 8 de Febrero, 2011, 19:01, Categoría: Paquete Cuento

 

Javi.

    El 13 de Julio a las 5:35 de la mañana, Javi yace dormido sobre la calle con un brazo colgando del vallado. Su playera ha dejado de ser blanca desde hace poco más de un día y ahora se debate sobre si quedarse con el rosa del vino o el oscuro de la suciedad callejera.

    Se despierta una hora y 25 minutos después con los gritos de un policía que despeja esa parte del recorrido.

    Javi, aturdido, llega a la conclusion de que sigue pedo y que no sabe dónde están sus compañeros. No le importa tanto dónde está Amaia; la manda a la mierda ante la mirada de las familias que van a la plaza y decide haría bien en quedarse allá (ella, no él, aunque tiene boleto).

    Camina ayudado por la parte consciente de su cerebro en una discutible línea recta. Se acerca a otros borrachos que le dan un bocadillo, cerveza y un abrazo con risas. Se queda con la comida y, emocionalmente, con el abrazo; las risas nada. Al tragar la última parte del bocadillo, se da cuenta que desde que empezó a comer no sabe hacia dónde va, pero ya que la catedral está al fondo, lo toma como una señal.

    No repara en que por la hora, aún está cerrada. Su estado alarma a un guardia lo suficiente como para pedirle que se vaya. Javi no discute. No van hacia el policía sus reclamos. Mejor le grita desde fuera al Santo patrono festejado: dos o tres verdades respecto a sus supuestos milagros.

 

Amaia.

    El 13 de Julio, cinco minutos antes del policía-despertador y cuatro antes de lo que decía el boleto, el autobús donde viaja Amaia entra en la estación de Lleida. Las vacaciones habían terminado y al día siguiente, a trabajar.

    Toma un taxi para llegar más rápido a casa. Le urge dormir y aún más, ducharse. El río Segre le hace sentirse traicionada ya que está muy agitado, muy rápido, y ella, a pesar de lo sucedido, está tranquila.

    Al llegar prende TVE. El encierro. Le apaga. ¿No estabas tranquila? Se mete al agua para relajarse. Estaba tan borracho que seguro no lo hará, piensa. Mañana, lo mismo. ¿Ya qué importa? Cuando sale habla por teléfono, Lorena está despierta.

    ¾Lore.

    ¾¡Amaia! Pero…¿de dónde hablas mujer?

    ¾De casa. Me regresé unas horas antes, ya sabes…

    ¾Javi.

    ¾Sí, el…

    ¾¿Corrió?

    ¾No, no. No fue necesario para llegar a lo mismo.

    ¾Ya. Pues nada si queréis quedamos en Sant Joan para un café.

    ¾Vale, vale.

    ¾¿A las siete?

    ¾Vale.

    ¾Venga, guapa, tranquila, sabes que es para bien.

    ¾Sí… lo sé…

 

Javi.

    Llega a su habitación. La recamarera le pregunta hasta cuándo van a estar hospedados. Pagam…pagué hasta mañana. Ella le dice que qué bien, que espera una muy buena propina por el desorden diario del cuarto. Sí, no se preocupe, hoy habrá menos, se lo aseguro. Ella cierra la puerta diciendo que eso se verá mañana y agradece por dentro que ya solo quede un día de fiestas y de arreglar esta habitación.

    Javi prende la tele. Se queda dormido al segundo cohete pensando en que debería estar ahí, a unas cuadras, y que sigue pedo. Y que extraña a Amaia. Y que no, bien pensado, eso no.

    Despierta bastantes horas después con hambre y con los gritos de Pedro Delgado en la transmisión ante un ataque del favorito en el Tour.

    Sa cambia la playera mas no el pantalón. Tampoco el paleacate al cuello ni la bufanda a la cintura. Sale por un bocadillo y compra el ABC, aunque no le gusta.

   

Amaia.

    Trata de dormir. Se levanta por agua. Trata de dormir. Le da una vuelta a la almohada. Hace calor. No puede abrir más las ventanas ni cerrar más las cortinas (vuelta a la almohada). Se quita la sábana. Un joven en el piso de enfrente mira a la calle, al edificio de Amaia. Quizá intuye algo, pero no puede verla sólo en bragas porque no se pueden cerrar más las cortinas (vuelta a la almohada) así que se va.

    Amaia trata de dormir. Se sueña en las ramblas de Barcelona, desnuda y con la cara pintada de blanco. Hace mímica, nadie le hace caso. No entiende por qué; no se da cuenta de que es porque todos están desnudos de rostro blanco. Hace frío. Se levanta a acomodar un poco la persiana. Si el joven hubiese estado viendo, le habría visto las tetas por dos segundos que las cortinas lo permitieron.

    Trata de dormir. Prende la tele con el volumen bajo. Las noticias. Otra bomba. Trata de dormir. Está con Javi en la azotea de un edificio, pero físicamente no es él; no importa, ella siente que sí es Javi. Están sentados, callados. Se levantan y saltan a la calle. Va tomada de su mano; él ya no está ahí pero lo siente. Tiene calor. Voltea la almohada. Sigue la tele. 23 heridos, dos por asta de toro. Ninguno grave. Todo es negro. Los gritos de Pedro Delgado la despiertan. Se pone unos pants y una blusa. Va a la cocina y se hace un bocadillo, sirve agua y una copa de vino. Mira por la ventana. Un joven allá enfrente parece estar sintiendo lo mismo que ella.

    Como si supiera qué está sintiendo.

 

Javi.

    Baja por la cuesta de Santo Domingo hasta los corrales vacíos. Se dispone a caminar el recorrido del encierro con un bocadillo de chorizo y un kalimotxo. Al pasar ante el Santo de la ciudad, mentalmente dice la oración tan cantada por estos días.

    Frente al ayuntamiento se detiene para escuchar las rondas que canta la banda. A la derecha, por una puerta poco visible tras las guitarras, la policía mete a un joven a empujones. Se pone a pensar en que en el grupo hay desde niños hasta ancianos. Se acuerda de su padre. Hoy es trece, así que marca a casa desde el móvil. Su madre le pregunta cómo está, si ha corrido, saludos a Amaia. Con el padre es lo mismo más las felicitaciones y la broma de que no le vaya a regalar una cornada.

    A medio camino, compra otro kalimotxo que se toma al instante y sale con el tercero y con el segundo bocadillo, a completar la otra mitad. Intenta hacer plática con unas británicas. Otro kalimotxo y les dice que les hablará más tarde. Al pasar por el tramo de Telefónica, ve al toro azul y se aparta de la muchedumbre que busca las fotos y porque siente que la botarga se acordará del tipo que ayer le tiró un trago en la cabeza. Llega hasta la plaza. Adentro hay silbidos y dos trompetas. Se imagina al toro que está a punto de irse vivo.

 

Amaia.

    Se cruza con Lorena una calle antes y aprovechan para entrar a una tienda.

    En el café una pide un exprés y la otra un té. Adivina quién pidió qué. A los pocos minutos ya entraron al tema.

    ¾¿Y habéis hablado con él?

    ¾No, seguirá borracho y aunque estuviese sobrio ya no tengo qué hablar con él.

    ¾¿Discutieron?

    ¾Lo de siempre. Eso y que se lió con una chica. Y yo ahí. Me reclamó lo de no dejarlo correr y que siempre lo estoy asfixiando, que ya no sabe qué hacer y que está harto. No lo sé, no lo sé…

    Lorena abraza a Amaia. Ella, tras las lágrimas, cruza mirada con el joven del piso de enfrente. No se saben vecinos pero sonríen. Él sigue su camino. Ella se tranquiliza y suspira.

    ¾¿Qué sucedió?

    ¾¿Qué sucedió? Nada… sólo lo que necesitaba.

 

Javi y Amaia.

    Sale rumbo a algún bar, metiéndose por las calles más transitadas.

    Sale rumbo a su casa, metiéndose por las calles menos transitadas.

    Brinda en la fiesta callejera con unos alemanes.

    Compra cigarillos y se queda platicando un rato con el vendedor.

    Entra a un bar y la mesera es lo que le hace decidir quedarse junto a la barra.

    Entra a casa y la copa de vino sin terminar es lo que le hace decidir quedarse junto a la mesa de la cocina.

    Le hace la plática a la chica y agradece que responda ya que no quiere hablar, quiere escuchar y no pensar.

    Prende la radio y agradece el locutor de noticias, ya que lo que quiere es escuchar a alguien y no pensar.

    Pasa el tiempo y él sigue ahí, en el bar escuchando a la mesera, sólo cambia la conversación.

    Pasa el tiempo y ella sigue ahí, en la sala escuchando la radio, sólo cambia la programación.

    De madrugada, la chica acaba turno. Llevaba trabajando desde la mañana. Él le dice que a su casa. La chica que no, que a su hotel.

    De madrugada, la programación acaba turno. Llevaba al aire desde la mañana. Ella dice que un disco. Mejor no. Mejor ya al cuarto.

    Junto a la cama, se quitan la ropa, se acuestan, jadean un poco, nada especial. Terminan.

    Junto a la cama, se quita la ropa, se acuesta, jadea un poco, nada especial. Termina.

    Casi se queda dormido pero se levanta a la puerta a despedirla. Regresa y en cuanto siente la cama, duerme.

    Casi se queda dormida pero se levanta por agua. Regresa y en cuanto siente la cama, duerme.

    No recuerda qué sueña. Babea.

    No recuerda qué sueña. Ronca.

    Le llama el despertador de la recepción. Dice que gracias y sigue durmiendo.

    Le llama el despertador del buró. Dice que ahorita y sigue durmiendo.

    Se despierta asustado; es tarde. Se baña y viste en 15 minutos. Sale.

    Se despierta asustada; es tarde. Se baña y viste en 15 minutos. Se maquilla en cinco. Sale.

    Entra al vallado, rumbo a Estafeta.

    Entra al casco antiguo, rumbo al trabajo.

    A las 8:02 lo embiste un toro. Lo mata al instante.

    A las 8:02 a ella también. Casi. Acá es un coche.

 

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