... dàndonos su bendiciòn.

Por Laranjinha - 8 de Febrero, 2011, 19:01, Categoría: Paquete Cuento

 

Javi.

    El 13 de Julio a las 5:35 de la mañana, Javi yace dormido sobre la calle con un brazo colgando del vallado. Su playera ha dejado de ser blanca desde hace poco más de un día y ahora se debate sobre si quedarse con el rosa del vino o el oscuro de la suciedad callejera.

    Se despierta una hora y 25 minutos después con los gritos de un policía que despeja esa parte del recorrido.

    Javi, aturdido, llega a la conclusion de que sigue pedo y que no sabe dónde están sus compañeros. No le importa tanto dónde está Amaia; la manda a la mierda ante la mirada de las familias que van a la plaza y decide haría bien en quedarse allá (ella, no él, aunque tiene boleto).

    Camina ayudado por la parte consciente de su cerebro en una discutible línea recta. Se acerca a otros borrachos que le dan un bocadillo, cerveza y un abrazo con risas. Se queda con la comida y, emocionalmente, con el abrazo; las risas nada. Al tragar la última parte del bocadillo, se da cuenta que desde que empezó a comer no sabe hacia dónde va, pero ya que la catedral está al fondo, lo toma como una señal.

    No repara en que por la hora, aún está cerrada. Su estado alarma a un guardia lo suficiente como para pedirle que se vaya. Javi no discute. No van hacia el policía sus reclamos. Mejor le grita desde fuera al Santo patrono festejado: dos o tres verdades respecto a sus supuestos milagros.

 

Amaia.

    El 13 de Julio, cinco minutos antes del policía-despertador y cuatro antes de lo que decía el boleto, el autobús donde viaja Amaia entra en la estación de Lleida. Las vacaciones habían terminado y al día siguiente, a trabajar.

    Toma un taxi para llegar más rápido a casa. Le urge dormir y aún más, ducharse. El río Segre le hace sentirse traicionada ya que está muy agitado, muy rápido, y ella, a pesar de lo sucedido, está tranquila.

    Al llegar prende TVE. El encierro. Le apaga. ¿No estabas tranquila? Se mete al agua para relajarse. Estaba tan borracho que seguro no lo hará, piensa. Mañana, lo mismo. ¿Ya qué importa? Cuando sale habla por teléfono, Lorena está despierta.

    ¾Lore.

    ¾¡Amaia! Pero…¿de dónde hablas mujer?

    ¾De casa. Me regresé unas horas antes, ya sabes…

    ¾Javi.

    ¾Sí, el…

    ¾¿Corrió?

    ¾No, no. No fue necesario para llegar a lo mismo.

    ¾Ya. Pues nada si queréis quedamos en Sant Joan para un café.

    ¾Vale, vale.

    ¾¿A las siete?

    ¾Vale.

    ¾Venga, guapa, tranquila, sabes que es para bien.

    ¾Sí… lo sé…

 

Javi.

    Llega a su habitación. La recamarera le pregunta hasta cuándo van a estar hospedados. Pagam…pagué hasta mañana. Ella le dice que qué bien, que espera una muy buena propina por el desorden diario del cuarto. Sí, no se preocupe, hoy habrá menos, se lo aseguro. Ella cierra la puerta diciendo que eso se verá mañana y agradece por dentro que ya solo quede un día de fiestas y de arreglar esta habitación.

    Javi prende la tele. Se queda dormido al segundo cohete pensando en que debería estar ahí, a unas cuadras, y que sigue pedo. Y que extraña a Amaia. Y que no, bien pensado, eso no.

    Despierta bastantes horas después con hambre y con los gritos de Pedro Delgado en la transmisión ante un ataque del favorito en el Tour.

    Sa cambia la playera mas no el pantalón. Tampoco el paleacate al cuello ni la bufanda a la cintura. Sale por un bocadillo y compra el ABC, aunque no le gusta.

   

Amaia.

    Trata de dormir. Se levanta por agua. Trata de dormir. Le da una vuelta a la almohada. Hace calor. No puede abrir más las ventanas ni cerrar más las cortinas (vuelta a la almohada). Se quita la sábana. Un joven en el piso de enfrente mira a la calle, al edificio de Amaia. Quizá intuye algo, pero no puede verla sólo en bragas porque no se pueden cerrar más las cortinas (vuelta a la almohada) así que se va.

    Amaia trata de dormir. Se sueña en las ramblas de Barcelona, desnuda y con la cara pintada de blanco. Hace mímica, nadie le hace caso. No entiende por qué; no se da cuenta de que es porque todos están desnudos de rostro blanco. Hace frío. Se levanta a acomodar un poco la persiana. Si el joven hubiese estado viendo, le habría visto las tetas por dos segundos que las cortinas lo permitieron.

    Trata de dormir. Prende la tele con el volumen bajo. Las noticias. Otra bomba. Trata de dormir. Está con Javi en la azotea de un edificio, pero físicamente no es él; no importa, ella siente que sí es Javi. Están sentados, callados. Se levantan y saltan a la calle. Va tomada de su mano; él ya no está ahí pero lo siente. Tiene calor. Voltea la almohada. Sigue la tele. 23 heridos, dos por asta de toro. Ninguno grave. Todo es negro. Los gritos de Pedro Delgado la despiertan. Se pone unos pants y una blusa. Va a la cocina y se hace un bocadillo, sirve agua y una copa de vino. Mira por la ventana. Un joven allá enfrente parece estar sintiendo lo mismo que ella.

    Como si supiera qué está sintiendo.

 

Javi.

    Baja por la cuesta de Santo Domingo hasta los corrales vacíos. Se dispone a caminar el recorrido del encierro con un bocadillo de chorizo y un kalimotxo. Al pasar ante el Santo de la ciudad, mentalmente dice la oración tan cantada por estos días.

    Frente al ayuntamiento se detiene para escuchar las rondas que canta la banda. A la derecha, por una puerta poco visible tras las guitarras, la policía mete a un joven a empujones. Se pone a pensar en que en el grupo hay desde niños hasta ancianos. Se acuerda de su padre. Hoy es trece, así que marca a casa desde el móvil. Su madre le pregunta cómo está, si ha corrido, saludos a Amaia. Con el padre es lo mismo más las felicitaciones y la broma de que no le vaya a regalar una cornada.

    A medio camino, compra otro kalimotxo que se toma al instante y sale con el tercero y con el segundo bocadillo, a completar la otra mitad. Intenta hacer plática con unas británicas. Otro kalimotxo y les dice que les hablará más tarde. Al pasar por el tramo de Telefónica, ve al toro azul y se aparta de la muchedumbre que busca las fotos y porque siente que la botarga se acordará del tipo que ayer le tiró un trago en la cabeza. Llega hasta la plaza. Adentro hay silbidos y dos trompetas. Se imagina al toro que está a punto de irse vivo.

 

Amaia.

    Se cruza con Lorena una calle antes y aprovechan para entrar a una tienda.

    En el café una pide un exprés y la otra un té. Adivina quién pidió qué. A los pocos minutos ya entraron al tema.

    ¾¿Y habéis hablado con él?

    ¾No, seguirá borracho y aunque estuviese sobrio ya no tengo qué hablar con él.

    ¾¿Discutieron?

    ¾Lo de siempre. Eso y que se lió con una chica. Y yo ahí. Me reclamó lo de no dejarlo correr y que siempre lo estoy asfixiando, que ya no sabe qué hacer y que está harto. No lo sé, no lo sé…

    Lorena abraza a Amaia. Ella, tras las lágrimas, cruza mirada con el joven del piso de enfrente. No se saben vecinos pero sonríen. Él sigue su camino. Ella se tranquiliza y suspira.

    ¾¿Qué sucedió?

    ¾¿Qué sucedió? Nada… sólo lo que necesitaba.

 

Javi y Amaia.

    Sale rumbo a algún bar, metiéndose por las calles más transitadas.

    Sale rumbo a su casa, metiéndose por las calles menos transitadas.

    Brinda en la fiesta callejera con unos alemanes.

    Compra cigarillos y se queda platicando un rato con el vendedor.

    Entra a un bar y la mesera es lo que le hace decidir quedarse junto a la barra.

    Entra a casa y la copa de vino sin terminar es lo que le hace decidir quedarse junto a la mesa de la cocina.

    Le hace la plática a la chica y agradece que responda ya que no quiere hablar, quiere escuchar y no pensar.

    Prende la radio y agradece el locutor de noticias, ya que lo que quiere es escuchar a alguien y no pensar.

    Pasa el tiempo y él sigue ahí, en el bar escuchando a la mesera, sólo cambia la conversación.

    Pasa el tiempo y ella sigue ahí, en la sala escuchando la radio, sólo cambia la programación.

    De madrugada, la chica acaba turno. Llevaba trabajando desde la mañana. Él le dice que a su casa. La chica que no, que a su hotel.

    De madrugada, la programación acaba turno. Llevaba al aire desde la mañana. Ella dice que un disco. Mejor no. Mejor ya al cuarto.

    Junto a la cama, se quitan la ropa, se acuestan, jadean un poco, nada especial. Terminan.

    Junto a la cama, se quita la ropa, se acuesta, jadea un poco, nada especial. Termina.

    Casi se queda dormido pero se levanta a la puerta a despedirla. Regresa y en cuanto siente la cama, duerme.

    Casi se queda dormida pero se levanta por agua. Regresa y en cuanto siente la cama, duerme.

    No recuerda qué sueña. Babea.

    No recuerda qué sueña. Ronca.

    Le llama el despertador de la recepción. Dice que gracias y sigue durmiendo.

    Le llama el despertador del buró. Dice que ahorita y sigue durmiendo.

    Se despierta asustado; es tarde. Se baña y viste en 15 minutos. Sale.

    Se despierta asustada; es tarde. Se baña y viste en 15 minutos. Se maquilla en cinco. Sale.

    Entra al vallado, rumbo a Estafeta.

    Entra al casco antiguo, rumbo al trabajo.

    A las 8:02 lo embiste un toro. Lo mata al instante.

    A las 8:02 a ella también. Casi. Acá es un coche.

 

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Comentarios

Enviado por Agustin Garfias (Contacto, Página)
Fecha: 11 de Febrero, 2011, 17:12

¿Kalimotxo? ¿Es lo mismo que "calimocho" (es decir: vino tinto mezclado con refresco de cola)? Tengo que volver a leer este cuento en otra ocasión, es algo complejo y no entiendo por qué mueren sincrónicamente los protagonistas.

~~~

Enviado por Laranjinha (Contacto, Página)
Fecha: 23 de Febrero, 2011, 13:57

Hola Agustín! Sí, es vino con coca y hielos. Pal calor del verano navarro... Saludos! (Ahí luego me dices qué interpretas de la sincronía)

~~~

Enviado por planchas ghd (Contacto, Página)
Fecha: 23 de Abril, 2012, 3:18

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