Opiniones de un payaso

Por Leócrates - 13 de Febrero, 2011, 19:11, Categoría: Lecturas Creativas

Opiniones de un payaso.

Heinrich Böll (Colonia, 1917- Lagenbroich,1985).

Para el camarada Ezra Ailec, filósofo loco a quien poco a poco se le van borrando los recuerdos y, no obstante, gracias a las matemáticas y la pintura, conserva lúcidas sus ideas.

"Por felicidad, no alcanzo a entender nada que dure más de un segundo, puede que dos o tres como máximo"

En Opiniones de un payaso, Heinrich Böll nos traslada a la Alemania de los años sesentas del siglo XX y nos relata la cruda historia de Hans Schnier, un payaso talentoso y exitoso que, de pronto, pierde a su mujer, se lastima una rodilla y se queda sin contrato estable.

La novela comienza tiempo después de que Marie Derkum, quien fuera su mujer y fiel compañera durante algunos años, "por miedo metafísico" lo abandona para irse con un consejero católico (él y toda su familia son protestantes). Desde entonces, Hans se tira francamente a la bebida y comete varios errores en escena, el peor de los cuáles –para él y para cualquier payaso de calidad—es reírse de sus propios chistes en plena representación. Luego, para completar el patético cuadro, durante una función ante un grupo de muchachos en la ciudad de Bochum, se cae y se lastima la rodilla derecha mientras realiza una imitación de Chaplin. Los críticos de arte lo hacen trizas con sus comentarios en los periódicos y los empresarios le cancelan varios contratos.

De vuelta a Bonn, en su ahora mísero departamento, se lamenta recordando su última gira fallida: "Transcurridas tres semanas ya no había flores en mi habitación, a mediados del segundo mes se acabaron las habitaciones con baño, y al comenzar el tercer mes la distancia a la estación costó ya siete marcos, mientras que la paga quedó derretida a un tercio. Ya no más coñac, sino aguardiente de trigo, ya no music-halls, sino curiosos públicos que se reunían en oscuras salas, donde yo actuaba en un escenario pobremente iluminado...".

Nuestro protagonista busca entonces su agenda telefónica para hacer varias llamadas de auxilio a sus parientes, amigos y conocidos residentes en la ciudad. Su familia es rica, pero no le ayudan económicamente porque sus escrúpulos burgueses les impiden aceptar que su dinero sea derrochado por un payaso, por un "cómico" que no tiene la menor idea de lo que es la administración de los recursos monetarios. Algunos de sus amigos lo apoyan un poco, pero la mayoría también cruzan por severas crisis. Cada día que pasa se va poniendo más difícil su situación y su representante artístico, Zohnerer, en lugar de levantarle la moral, le anuncia: "Durante medio año le tendremos retirado de la circulación, y después vamos a reconstruirle... hay aún en usted algo aprovechable comercialmente". [Por el momento] "No hay nada que hacer, para el público lo más deprimente es un payaso que inspira lástima. Es como un camarero que viniera en silla de ruedas a servirle a usted cerveza. Usted vive de ilusiones".

Un humor negro envuelve las peculiares conversaciones telefónicas que Hans sostiene con diversos interlocutores, pero si uno trata de introducirse en sus circunstancias y sus sentimientos, se puede soltar la carcajada con sus ocurrencias, pero no burlarse de él: la comida escasea, las cuentas se juntan, el tabaco y las bebidas finas se terminan, la rodilla no mejora y su adorada Marie está a punto de casarse con Züpfner (el consejero cristiano antes mencionado). En la bolsa sólo le resta una moneda de un marco y la arroja por la ventana, acude a reuniones sociales de diversa índole sin importarle mas que los alimentos y la bebida que ahí ofrecen; medio año –incluso un mes—resulta mucho tiempo para un estómago vacío y una garganta seca y, sin embargo, a pesar de todo, Hans trata de conservar el orgullo y, al final, para no seguir mendingando dinero con parientes y amigos, a los veintisiete años de edad descuelga su guitarra para irse a cantar en las afueras de la estación del tren.

Una y otra vez, a lo largo de la historia, Hans rememora los tiempos en que Marie vivía con él; no eran tiempos idílicos y color de rosa, pues deben enfrentarse a los prejuicios sociales y sobreponerse a dos embarazos fallidos, pero las cosas eran muy distintas cuando formaban pareja. Estos reiterativos recuerdos se recrudecen con sus remordimientos por no haber querido casarse con ella formalmente y, lo peor de todo, no es ni la melancolía ni las jaquecas ni su don místico de percibir olores a través del teléfono: "... mi dolencia más atroz—confiesa—es mi inclinación a la monogamia; sólo hay una mujer con la cual puedo hacer todo lo que los hombres hacen con las mujeres: Marie, y, desde que ella me ha abandonado, vivo como debería vivir un monje, sólo que no soy ningún monje".

Según Hans, sus antiguos maestros del colegio, sacerdotes católicos*, defienden con tanto ardor la monogamia porque conciben polígamo al hombre; él, desde ese enfoque, siendo antinaturalmente monógamo les resultaría una especie de monstruo y por eso desiste de su impulso de ir a pedirles consejo en sus momentos más desesperados. Tiene una amiga, Mónica Silvs, con quien juzga que posiblemente podría romper esa barrera de la monogamia, pero desiste de su idea y, más adelante, cuando se queda sin fondos, se le cierran todos los caminos: "... hasta el consuelo del amor mercenario me estaba vedado: no tenía dinero".

Opiniones de un payaso, publicada por primera vez en 1963, es un excelente libro que va más allá de la introspección personal: denota una crítica mordaz a la situación del pueblo alemán durante la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial y también refleja una viva denuncia hacia las posturas acomodaticias de la iglesia católica, especialmente durante la época del nazismo. 

"Un artista tiene siempre la muerte a mano, como un cura su breviario"

*Pareciera esto una contradicción porque el protagonista y su familia son protestantes; pero en la adolescencia, para demostrar un espíritu de tolerancia acorde al ambiente social de la posguerra, sus padres deciden enviarlo a un colegio católico. Tampoco la iglesia luterana le resulta un consuelo pues, de hecho, él no profesa ninguna de las dos doctrinas.

Leócrates.

Febrero de 2011.

Santa Fé, D.F.

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Enviado por bvfdga (Contacto, Página)
Fecha: 21 de Agosto, 2012, 2:07

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