De la soledad al ejercicio de lo diverso.

Por Julio Manzanares Gòmez - 14 de Marzo, 2013, 1:37, Categoría: Sofías y Sofíos

En México los sexenios se suceden como parte de la historia universal; los procesos locales forman parte del engranaje mundial aunque los nacionalismos pretendan negarlo. Los brotes de orgullo local desmesurado, al interior, pretenden la cohesión social; al exterior, proyectar una imagen de legitimidad. El nacionalismo, finalmente, es una frontera.

Del periodo de 1950 a 1968, dice Carlos Monsiváis, el nacionalismo "es el gran escudo de legitimidad del régimen del PRI. Por extraño que perezca, al exaltar la singularidad nativa, avala los proyectos de modernidad. Durante algunos años ser nacionalista es proclamar la calidad de lo hecho en México".

La tendencia de la época es (o sigue siendo) engrandecer el pasado y su heroicidad, pero ese sentimiento expresado en el nacionalismo se ve desmentido, profundamente, por Octavio Paz en El laberinto de la soledad (publicado en 1949 por primera vez y en 59 en su versión definitiva).

Paz confiesa a Alfonso Reyes en una carta (1949) que ya comienza a "cargarle" el tema de México "así, impuesto por decreto de cualquier imbécil convertido en oráculo de la circunstancia y el compromiso". Paz se refiere a las indagatorias del ser del mexicano (y hay que recordar, como mínimo, a Samuel Ramos y su obra El perfil del hombre y la cultura en México).

Para "liberarse de esa enfermedad" Paz escribe El laberinto…, ensayo de interpretación histórica donde el poeta, filósofo, antropólogo y humanista, monitorea y confronta conciencias al proporcionar una visión de conjunto del país. De la obra se realizan distintas lecturas: es la crítica penetrante del mexicano y su historia o es la guía del turista (en el sentido más simple) que puede ser el lector. 

Son los años 50 y en su ensayo Paz proporciona una visión de conjunto de México. Lo percibe como un pueblo en trance de crecimiento, adolescente que, sentimentalmente efusivo, se pregunta: ¿qué somos y cómo realizaremos eso que somos? A medida que crecemos, la sensación de vivir se transforma en sentimiento de soledad y todos nuestros esfuerzos tienden a abolirla.

Más profunda que el sentimiento de inferioridad "yace la soledad", sostiene Paz. "Sentirse solo posee un doble significado: por una parte consiste en tener conciencia de sí, por la otra en un deseo de salir de sí". Por eso los mexicanos, en la Fiesta, borrachera o confidencia nos abrimos, y con tal violencia que nos desgarramos y acabamos por anularnos. La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.

Octavio Paz trastoca las conciencias de la inteligencia mexicana y de la población común, a quienes llega el texto; y éstos reconocen o niegan lugares comunes. Desentraña mitos: los alcances de la Independencia, la Revolución y el "desarrollo" alcanzado por los gobiernos posrevolucionarios.

El autor afirma: "El hombre contemporáneo ha racionalizado los Mitos, pero no ha podio destruirlos. Muchas de nuestras verdades científicas, como la mayor parte de nuestras concepciones morales, políticas y filosóficas, sólo son nuevas expresiones de tendencias que antes encarnaron en formas míticas".

Hijos de una madre mítica, la virgen de Guadalupe también es nuestra madre, la madre virgen, a diferencia de la Malinche, la india violada, seducida por los españoles. México no perdona esa traición: "¡Malinchista!", inculpa. ¿Quiénes son los Malinchistas? Los partidarios de que México se abra al exterior: los verdaderos hijos de la Malinche, que es la Chingada en persona". (Chingada: palabra comodín que, según Paz, sirve para afirmar nuestra mexicanidad).

Para el macho mexicano los que se "abren" son cobardes. El mexicano puede doblarse, humillarse, "agacharse", pero no "rajarse", esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad. "Las mujeres son seres inferiores porque, al entregarse, se abren". Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. ¡Viva México hijos de la chingada!

[Cada 15 de septiembre] nos afirmamos y afirmamos nuestra patria, frente, contra y a pesar de los demás. ¿Y quiénes son los demás? Los demás son los "hijos de la chingada": los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales… ¿Quién es la chingada? ante todo es la madre, —una madre mítica: la llorona o la madre sufrida que festejamos el 10 de mayo—.

Si en los albores del siglo XXI las ideas de Paz no se consideran vigentes, en su momento El Laberinto… se anticipa a un hecho irrefutable: la necesidad de trasladarse de lo singular a lo diverso, de abrirse al mundo porque "La historia universal es ya tarea común. Y nuestro laberinto, el de todos los hombres".

Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa. Y si Paz habla de las muchas máscaras bajo las que se esconde el mexicano, abunda también sobre el cómo arrancárnoslas para abrirnos y afrontarnos, para "empezar a pensar y vivir de verdad".

Al hablar de nuestras singularidades no promueve el culto hacia la nación porque "La mexicanidad será una máscara que, al caer, dejará ver al fin al hombre". Si al hacerlo nos espera la desnudez y el desamparo, "Allí, en la soledad abierta, nos espera también la trascendencia: las manos de otros solitarios. Porque somos, —para Octavio Paz— por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de todos los hombres".

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Bibliografía

  • Stanton, Anthony, Correspondencia Alfonso reyes-Octavio Paz (1939 -1559), México, Fundación Octavio Paz/FCE, 1998.

  • Monsiváis, Carlos, Donde yo soy tú somos nosotros, Octavio Paz: crónica de vida y obra, Raya en el agua, México, 1999.
  • Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, FCE, México, 1994.

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Comentarios

Enviado por Leonel Puente (Contacto, Página)
Fecha: 16 de Marzo, 2013, 9:08

¿Has leìdo a Rubèn Salazar Mallèn? Dicen las malas lenguas que toda la tesis central de El laberinto de la soledad se la fusilò Paz a Mallèn. Yo no sè, pero como dice el dicho: "cuando el rìo suena es que agua lleva".

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