Septiembre del 2013

Che

Por Leonel - 10 de Septiembre, 2013, 12:51, Categoría: Acertijos, Adivinanzas y Trivias

 

¿Qué carrera estudió Ernesto Guevara de la Serna (cuál era su profesión antes de andar de revoltoso)?

1. Química.

2. Psicología..

3. Administración de empresas.

4. Medicina.

Al primer homo sapiens que conteste correctamente se le regalará un libro sorpresa (a elegir entre una lista de cinco posibles). Mucha suerte a todos. Hasta el próximo mes. Por favor tengan la bondad de ser felices mientras tanto.

Atte. Jesús Leonel Puente Colín de Anda y Álvarez.

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Así camino (con posiciones)

Por Ruy Amp - 8 de Septiembre, 2013, 17:15, Categoría: Canciones

 

D                G                 A

Me cubre el polvo de los libros

D                G                  A

ya cuantas veces enfermé

D               G            A

por respirar la madera

D              G             A

que un día se volvió papel.

 

D               G            A

Lijo fuerte pa´ limpiarlos

D              G            A

los dejo listos pa vender

D              G            A

les coloco un buen precio

D                       G    A       D   A

por el que los puedes obteneeer   

                               D

…que los puedes obtener.

 

 

Lo que ignora el que consume

 

es que lo que hay detrás

 

de ese libro del que habla

 

cuesta el sueño de alguien más.

 

A              B G          A

Pero a las 6 de la tarde

  B                 G     A   

se supone salgo hoy

B                G       A

¿qué sucede? me avisan

B              G          A

más trabajo nos llegó.

 

 

Cuando soy libre en la calle

 

y corriendo voy a ti

 

pasamos excelentes tardes

 

te amo por estar aquí.

 

D           G         A

Llega el fin de semana

D             G        A

convivencia familiar

D         G                A

escucha bien pequeña Dana

D                           G  D     A

en verdad me haces volaaaar.

                                    A

en verdad me haces volar.

 

 

Pero aun sigo soñando

 

con la idea musical

 

de que si sigo cantando

 

algo puede mejorar.

 

A               B     G        A

Y me encuentro a un segundo

          B   G             A

que parece piensa igual

B                G         A

¿qué sucede? me parece

B                G             A

que también viene a cantar.

 

Así camino por la vida

 

construyendo un ideal

 

hay dolores y alegrías

 

también tu lo puedes contar.

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Decisiones

Por Martin Bonfil Olivera - 5 de Septiembre, 2013, 20:45, Categoría: Ojo de mosca

Una de las razones por las que la ciencia es valiosa para la sociedad es porque proporciona información para tomar mejores decisiones.

La idea es sencilla: para muchas cuestiones, contar con conocimiento confi able, verifi cable y lógicamente coherente sobre la naturaleza, como el que ofrece la ciencia, nos ayuda a elegir el mejor rumbo de acción ante un problema concreto, a planear mejor nuestras acciones, o incluso a prevenir problemas futuros.

Pero da por hecho algo que no siempre se cumple: que las personas llegan a sus decisiones de manera racional. Que antes de elegir un rumbo de acción, tomarán en cuenta la información científi ca pertinente.

En efecto: muchas veces la gente no decide racionalmente, aunque a veces así lo supongamos. Hay muchos ejemplos en la vida diaria —y también en la historia y en las noticias de todos los días— de los que, a pesar de que se contaba con datos certeros que apuntaban en cierta dirección, se tomó la decisión contraria. Personas que se endeudan más allá de sus posibilidades fi nancieras (y naciones que hacen lo mismo); países que se lanzan a guerras que saben que inevitablemente perderán; una sociedad global que sigue dañando el ambiente y poniendo en riesgo su propia supervivencia a pesar de contar con los medios y el conocimiento para dejar de hacerlo… y muchos otros casos.

¿Por qué ocurre esto? Porque la lógica no es el único factor que determina las decisiones de una persona o una sociedad. Existen otros elementos que intervienen en el proceso de decisión: emociones, prejuicios, intereses políticos o económicos… e incluso factores biológicos, como una adicción.

El caso del tabaquismo es muy claro. De ser un hábito que puede resultar placentero para algunas personas, se ha convertido en una verdadera epidemia mundial. El número de personas que fuman aumentó drásticamente en el mundo en parte gracias a la campaña mundial emprendida por las empresas tabacaleras desde el siglo pasado, que presentaban al cigarro como un elemento de aceptación social, elegancia y disfrute. Incluso cuando quedó clara la relación causal directa entre el consumo de tabaco y padecimientos como el cáncer de pulmón y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la publicidad y la imagen social del tabaco junto con su carácter adictivo, siguen pesando más que la racionalidad, y muchos fumadores siguen siéndolo, a pesar de saber que se causan daño.

A veces la información correcta no basta. Debe estar apoyada en hábitos de pensamiento lógico y crítico. Así los individuos y las sociedades podrán tomar decisiones más basadas en la razón y menos en la costumbre, las emociones o la política.

*¿Cómo ves? Revista de divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Año 15, No. 176. Página #7. Julio de 2013.

*

*Martín Bonfil Olivera mbonfil@unam.mx es colaborador permanente de ¿Cómo ves? Revista de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional de México. Amablemente ha autorizado a El Círculo Azul la publicación de éstas cápsulas de filosofía de la ciencia, que esperamos les resulten útiles y aplicables en su realidad cotidiana.

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La ciencia ajena

Por Martín Bonfil Olivera - 5 de Septiembre, 2013, 20:42, Categoría: Ojo de mosca

Muchos conciben a la ciencia como una actividad especial, única, exclusiva, al alcance de sólo unos cuantos: en una palabra, ajena.

Y en efecto: viendo lo que aparece en la prensa, el cine o la televisión, o incluso en muchas novelas, clásicas o modernas, parecería que la investigación científica es algo que sólo se puede hacer en carísimos y complicados laboratorios (o en castillos tenebrosos), llenos de tubos de vidrio y aparatos ultramodernos. Y que sólo seres geniales (o locos), con cerebros privilegiados, luego de años de estudio —esto último es cierto— y vestidos, obligatoriamente, de bata blanca, pueden aspirar a ser científicos. De preferencia, si tienen cabello blanco y despeinado.

Pero además, parecería que para hacer ciencia se tiene que seguir un método especialísimo, único y muy difícil de aprender. Método que, cuando se domina, garantiza resultados pasmosos: una máquina del tiempo, un suero para volverse gigante o, más realistamente, la cura del cáncer. O, al menos, un auto volador, que seguimos esperando desde el siglo pasado.

Hacer ciencia —producir nuevo conocimiento confiable sobre la naturaleza— sería, entonces, una tarea sólo para privilegiados. Algo así como ser alquimista, sacerdote de una religión esotérica o miembro de un club secreto. Algo desconectado de los problemas, miserias y pequeños placeres de la vida diaria. Algo que, si bien nos dicen que es muy importante, en realidad no tiene nada que ver con el trasiego cotidiano de la familia, la escuela, el trabajo… Algo extraño y prescindible: una curiosidad que sólo le interesa a unos pocos, como la ópera o el coleccionar timbres postales.

La realidad es muy distinta. La ciencia, la verdadera (no la de las novelas o la televisión) es sólo un simple refinamiento del sentido común: de la lógica de todos los días que nos permite funcionar en un mundo complicado… y que ha permitido a nuestra especie sobrevivir a lo largo de su evolución.

Toda persona nace con la capacidad de discriminar datos y seleccionar los más pertinentes para llegar a una conclusión: agachar o no la cabeza ante la piedra que se aproxima, volver o no a comer el alimento que nos enfermó, decidir dónde es más probable que se halle el objeto buscado. Lo único que hace la ciencia es tomar esa lógica y perfeccionarla: buscar maneras de cometer menos equívocos con ella, y de someter sus conclusiones al escrutinio de otros, para reducir todavía más el margen de error.

Al final, la ciencia es sólo la aplicación sistemática —y colectiva— del pensamiento lógico y crítico. Algo que a todos nos es propio. Nada más, pero nada menos.

*

*¿Cómo ves? Revista de divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Año 15, No. 175. Página #7. Junio de 2013.

*

*Martín Bonfil Olivera mbonfil@unam.mx es colaborador permanente de ¿Cómo ves? Revista de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional de México. Amablemente ha autorizado a El Círculo Azul la publicación de éstas cápsulas de filosofía de la ciencia, que esperamos les resulten útiles y aplicables en su realidad cotidiana.

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La superioridad de la ciencia

Por Martin Bonfil Olivera - 5 de Septiembre, 2013, 20:39, Categoría: Ojo de mosca

La ciencia es altamente valorada en toda sociedad actual. No sólo es mencionada en discursos de los políticos, pláticas de café, obras literarias, series de televisión y hasta en anuncios ("este champú está comprobado científicamente") como fuente de conocimiento autorizado. También, en el terreno de los hechos, recibe apoyo con dinero público, se enseña en escuelas y universidades, se desarrolla en instituciones de investigación financiadas por el Estado, está incluida en las leyes y forma parte de las instituciones que asesoran al gobierno.

Aun así, la mera insinuación de que la ciencia pudiera ser superior a otras formas de conocimiento provoca reacciones que van del levantamiento de cejas a la indignación más violenta. ¿Quién pretendería, en el mundo actual de tolerancia, diversidad, multiculturalidad y relativismo, que alguna actividad humana sea superior a cualquier otra? Tal afirmación se considera políticamente incorrecta, insultante, discriminadora y sobre todo, falsa.

Y no les falta razón a quienes hacen tales críticas. A pesar de su indudable valor y su gran éxito, la ciencia no es la verdad absoluta. La idea de que el conocimiento científico es el único válido en cualquier tema, y que sólo el método científico es adecuado para estudiar cualquier problema, descalificando cualquier otra postura como "simples creencias", es conocida como cientificismo. Y es, acertadamente, criticada como un exceso de confianza en la ciencia, y una muestra de ignorancia ante los aportes de otras formas de conocimiento.

La filosofía, las humanidades, las artes y hasta la religión, cada una en sus propios ámbitos, pueden ser formas de enfocar problemas y de hallar soluciones útiles y pertinentes mucho más adecuadas que la ciencia. Pretender, a partir del método científico, resolver un enredo amoroso, crear una obra de arte o proporcionar consuelo a un alma afligida por la muerte de un ser querido resultaría más bien absurdo. Y lo mismo puede decirse, muchas veces, respecto a asuntos históricos, políticos o económicos: todas son áreas en las que la ciencia no tiene la última palabra… muchas veces ni siquiera tiene gran cosa que decir.

Aun así, cuando se trata no del mundo humano, mucho más complejo, sino del mundo natural, la ciencia ha demostrado ser la mejor fuente de conocimiento con que contamos. No porque proporcione verdades absolutas ni eternas —el conocimiento científico se caracteriza por ser cambiante y provisional—, sino porque nos da conocimiento confiable. Confiable porque ha sido sometido a prueba, y porque resulta de descartar las ideas que no han resistido este escrutinio.

Cuando se refiere a la naturaleza, la ciencia es quizá no la "mejor" fuente de conocimiento, pero sí la más honesta.

*

*¿Cómo ves? Revista de divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Año 15, No. 174. Página #7.  Mayo de 2013.

*

*Martín Bonfil Olivera mbonfil@unam.mx es colaborador permanente de ¿Cómo ves? Revista de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional de México. Amablemente ha autorizado a El Círculo Azul la publicación de éstas cápsulas de filosofía de la ciencia, que esperamos les resulten útiles y aplicables en su realidad cotidiana.

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