Enero del 2018

¿Sigues escribiendo?

Por Leonel Puente - 31 de Enero, 2018, 8:08, Categoría: La Zona Azul

¿Cuántos escritores famosos afirmaron que, aunque no tuviesen lectores o nadie entendiera sus libros, seguirián escribiendo porque para ellos era una necesidad el hecho de escribir?

De pronto me encuentro amigos o familiares que no veía hace tiempo y casi todos me preguntan sobre el asunto de las revistas, de los blogs, de la titulación...

- ¿Sigues escribiendo?- me preguntan.

La última vez estuve a punto de contestar: - ¿Y para qué, si nadie lee lo que escribo? Todos están demasiado ocupados en sus asuntos. ¿Para qué seguir escribiendo si nunca he ganado un centavo por mis cuentos, los artículos o reseñas que escribo?

Hace unos días se me ocurrió leer un artículo en la revista Chilango y tenía faltas de ortografía garrafales y me pregunté: ¿a poco no podría trabajar en algo así y hacerlo mejor? El problema, como diría Bukovski, es que siempre hay alguien controlando las oportunidades. ¿En qué periódico, revista o editorial, ofrecen trabajo a locos desconocidos que escriben sobre asuntos intrascendentes? Y que paguen bien, además.

Durante casi tres años dejé de tener contacto con casi todos mis amigos y con mi familia eran mínimos los encuentros. En casi todos lados hay alcohol y las casas de amigos y familiares no son la excepción. Actualmente ya no tengo la obsesión de beber, pero, como cuando dejé de fumar hace 5 años, me tuve que aislar un tiempo para no recaer, cosa que es muy fácil cuando lleva uno poco tiempo luchando contra una adicción.

El tabaco ya no lo extraño, pero el alcohol sí. De hecho, físicamente resultó mucho más difícil dejar la nicotina, tuve que ir a 5 clínicas y, al final, con un tratamiento combinado de terapia, medicamentos (ansiolíticos) y fuerza de voluntad lo logré.

El alcohol fue otro asunto, físicamente fue menos terrible la abstinencia, sin embargo, "psicológicamente" e, incluso, moral y hasta espiritualmente, aún sigue siendo un problema grave. Hace poco, en una reunión de viejos amigos, con la charla amena y un whisky de excelente marca, se me comenzó a hacer agua la boca y me tuve que retirar temprano.

Cuando dejé el tabaco, anduve muy aceleradísimo, neurótico hasta el extremo y llegué un día hasta a medirme a golpes con un compañero de trabajo en una ocasión en que ni él ni yo tuvimos un gramo de prudencia. Casi no dormía, apenas 2 o 3 horas y a veces nada. De lo neurótico estuve a punto de cruzar la línea de lo psicótico. Me tuvieron que dar un tratamiento de somníferos para poder conciliar el sueño. Besé la cajita de los tafiles después de la primer noche que logré ligar 7 horas de descanso.

Cuando dejé el alcohol, sucedió lo contrario, me asaltó la depresión y hubo días enteros en que no quise salir de casa. Algunos días ni siquiera me quería levantar de la cama para realizar la más simple actividad. La pura terapia no funcionó por mucho tiempo, tuve que recurrir de nuevo a la ayuda de la química y la psiquiatría. Esta vez los antidepresivos. Y tomaba muchísima coca-cola y café. Siempre he sido de "buen comer" y mi organismo tiene buen metabolismo, pero me puse a comer de forma compulsiva. Afortunadamente solamente subí un poco de peso, pero he visto a otras personas, en especial a mujeres, que en un año se desfiguran totalmente por ese desorden alimentario.

Y pues bien, escribo entonces para mí mismo y no debo estar enojado ni con mis amigos ni con mis familiares de que no lean mis textos aunque siempre me pregunten, supongo que "por educación": ¿sigues escribiendo?

Al menos le servirá de calentamiento a mis dedos para comenzar a trabajar en la computadora, cada mañana.

****

¡Enfócate!

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Un mes sin Coca-Cola

Por Leonel Puente - 30 de Enero, 2018, 12:08, Categoría: La Zona Azul

Hace 5 años dejé de fumar.

Hace 3 años dejé de tomar.

Hace 6 meses dejé de utilizar antidepresivos.

Hace un mes dejé de beber Coca-Cola.

¿Y todo eso qué, en qué cambia el mundo con eso?

De lunes a viernes me dedico a vender y comprar libros usados; ya solamente los sábados trabajo como mesero en banquetes elegantes, en mayor parte bodas de la alta sociedad. Muchos años me dediqué a trabajar en restaurantes, luego me pasé a los banquetes y desde hace dos años, combino dos actividades: la venta de libros y las bodas de fin de semana.

En muchas ocasiones, en un solo día como mesero, gano más que toda una semana vendiendo libros, ¿tendrá algo que ver el hecho de que México es un país tercermundista (o, como ahora se dice: "en vías de desarrollo")?

Ayer, en todo el día no vendí un solo libro y me quedé pensando: ¿Ya será tiempo de comprar un galón de gasolina para rociárselo a los anaqueles y arrojarles un cerillo? Ganas no me faltaban, pero decidí "cerrar mi changarro" e irme al cine. Fui a ver la tan aclamada La forma del agua, nóminada a 17 mil Óscares y sumamente recomendada por muchos medios. La verdad, no entendí un carajo. Me divertí un rato y dejé de pensar en el galón de gasolina y el cerillo, pero nada de maravillarme ni salir extasiado, como en aquellos tiempos de mi adolescencia en que el cine era como un universo paralelo al cual podía acudir para enriquecer mi realidad...

Está muy bien divertirse, distraerse, disfrutar de un rato ameno; pero yo necesitaba algo más allá de eso. Salí a la avenida Reforma y me puse a leer en una banca. Hacía mucho frío, más de lo soportable con un solo suéter, pero el final del libro de Heidemarie Schweirmer, Mi vida sin dinero, me hizo olvidar el clima, la mala suerte, la película poco sorprendente y los 48 años que tengo, sin haber todavía hecho nada trascendental.

El Ángel de la Independencia, que no es Ángel sino una Victoria Alada, brillaba imponente y después de finalizar el libro me quedé ahí, cerca de 10 minutos mirándolo...mirándola. La diosa Nike. ¿De verdad se podría vivir sin dinero, especialmente en un mundo capitalista o, peor, tercermundista (con lo peor del dinero sin muchos de sus beneficios)? La señora Schweimer lleva más de veinte años viviendo del trueque, y no es porque sea indigente o algo por el estilo, tiene licenciatura en Pedagogía, otra en Sociológía y en Psicología. A veces da terapia por un boleto de teatro; en otras ocasiones lava trastes a cambio de una comida; fundo un Centro llamado Da y Toma en donde se pueden intercambiar productos o servicios, según las capacidades y necesidades de cada quien...

Y, casi al final, habla de Dios en una carta con un ministro evangelista. ¿Quién más que un gran Poder Superior, si no, para cuidar a una mujer que, a los 52 años, desde 1996, decidió no utilizar dinero para relacionarse con el mundo circundante?

Tengo 48 años y no he realizado aún nada reelevante para el género humano. ¿Me moriré igual que mueren la inmensa mayoría de los más de 7 mil millones de seres humanos que actualmente habitan el Planeta Tierra?

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Eso dice el libro de biología desde la primaria. Los organismos vivos, realmente vivos, deberían, además, trascender de alguna manera.

He dejado de ingerir algunas cosas que dañaban mi organismo; ahora, también, al amanecer me tomaré un vaso de agua simple, veremos qué ocurre...

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