Sofías y Sofíos
Ensayos y artículos filosóficos de fondo.

De la soledad al ejercicio de lo diverso.

Por Julio Manzanares Gòmez - 14 de Marzo, 2013, 1:37, Categoría: Sofías y Sofíos

En México los sexenios se suceden como parte de la historia universal; los procesos locales forman parte del engranaje mundial aunque los nacionalismos pretendan negarlo. Los brotes de orgullo local desmesurado, al interior, pretenden la cohesión social; al exterior, proyectar una imagen de legitimidad. El nacionalismo, finalmente, es una frontera.

Del periodo de 1950 a 1968, dice Carlos Monsiváis, el nacionalismo "es el gran escudo de legitimidad del régimen del PRI. Por extraño que perezca, al exaltar la singularidad nativa, avala los proyectos de modernidad. Durante algunos años ser nacionalista es proclamar la calidad de lo hecho en México".

La tendencia de la época es (o sigue siendo) engrandecer el pasado y su heroicidad, pero ese sentimiento expresado en el nacionalismo se ve desmentido, profundamente, por Octavio Paz en El laberinto de la soledad (publicado en 1949 por primera vez y en 59 en su versión definitiva).

Paz confiesa a Alfonso Reyes en una carta (1949) que ya comienza a "cargarle" el tema de México "así, impuesto por decreto de cualquier imbécil convertido en oráculo de la circunstancia y el compromiso". Paz se refiere a las indagatorias del ser del mexicano (y hay que recordar, como mínimo, a Samuel Ramos y su obra El perfil del hombre y la cultura en México).

Para "liberarse de esa enfermedad" Paz escribe El laberinto…, ensayo de interpretación histórica donde el poeta, filósofo, antropólogo y humanista, monitorea y confronta conciencias al proporcionar una visión de conjunto del país. De la obra se realizan distintas lecturas: es la crítica penetrante del mexicano y su historia o es la guía del turista (en el sentido más simple) que puede ser el lector. 

Son los años 50 y en su ensayo Paz proporciona una visión de conjunto de México. Lo percibe como un pueblo en trance de crecimiento, adolescente que, sentimentalmente efusivo, se pregunta: ¿qué somos y cómo realizaremos eso que somos? A medida que crecemos, la sensación de vivir se transforma en sentimiento de soledad y todos nuestros esfuerzos tienden a abolirla.

Más profunda que el sentimiento de inferioridad "yace la soledad", sostiene Paz. "Sentirse solo posee un doble significado: por una parte consiste en tener conciencia de sí, por la otra en un deseo de salir de sí". Por eso los mexicanos, en la Fiesta, borrachera o confidencia nos abrimos, y con tal violencia que nos desgarramos y acabamos por anularnos. La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.

Octavio Paz trastoca las conciencias de la inteligencia mexicana y de la población común, a quienes llega el texto; y éstos reconocen o niegan lugares comunes. Desentraña mitos: los alcances de la Independencia, la Revolución y el "desarrollo" alcanzado por los gobiernos posrevolucionarios.

El autor afirma: "El hombre contemporáneo ha racionalizado los Mitos, pero no ha podio destruirlos. Muchas de nuestras verdades científicas, como la mayor parte de nuestras concepciones morales, políticas y filosóficas, sólo son nuevas expresiones de tendencias que antes encarnaron en formas míticas".

Hijos de una madre mítica, la virgen de Guadalupe también es nuestra madre, la madre virgen, a diferencia de la Malinche, la india violada, seducida por los españoles. México no perdona esa traición: "¡Malinchista!", inculpa. ¿Quiénes son los Malinchistas? Los partidarios de que México se abra al exterior: los verdaderos hijos de la Malinche, que es la Chingada en persona". (Chingada: palabra comodín que, según Paz, sirve para afirmar nuestra mexicanidad).

Para el macho mexicano los que se "abren" son cobardes. El mexicano puede doblarse, humillarse, "agacharse", pero no "rajarse", esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad. "Las mujeres son seres inferiores porque, al entregarse, se abren". Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. ¡Viva México hijos de la chingada!

[Cada 15 de septiembre] nos afirmamos y afirmamos nuestra patria, frente, contra y a pesar de los demás. ¿Y quiénes son los demás? Los demás son los "hijos de la chingada": los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales… ¿Quién es la chingada? ante todo es la madre, —una madre mítica: la llorona o la madre sufrida que festejamos el 10 de mayo—.

Si en los albores del siglo XXI las ideas de Paz no se consideran vigentes, en su momento El Laberinto… se anticipa a un hecho irrefutable: la necesidad de trasladarse de lo singular a lo diverso, de abrirse al mundo porque "La historia universal es ya tarea común. Y nuestro laberinto, el de todos los hombres".

Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa. Y si Paz habla de las muchas máscaras bajo las que se esconde el mexicano, abunda también sobre el cómo arrancárnoslas para abrirnos y afrontarnos, para "empezar a pensar y vivir de verdad".

Al hablar de nuestras singularidades no promueve el culto hacia la nación porque "La mexicanidad será una máscara que, al caer, dejará ver al fin al hombre". Si al hacerlo nos espera la desnudez y el desamparo, "Allí, en la soledad abierta, nos espera también la trascendencia: las manos de otros solitarios. Porque somos, —para Octavio Paz— por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de todos los hombres".

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Bibliografía

  • Stanton, Anthony, Correspondencia Alfonso reyes-Octavio Paz (1939 -1559), México, Fundación Octavio Paz/FCE, 1998.

  • Monsiváis, Carlos, Donde yo soy tú somos nosotros, Octavio Paz: crónica de vida y obra, Raya en el agua, México, 1999.
  • Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, FCE, México, 1994.

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La mujer: sus limitaciones y potencialidades.

Por Marie Langer - 1 de Agosto, 2011, 20:16, Categoría: Sofías y Sofíos

Marie Langer (1979)


"..para el campo psíquico el territorio bioló­gico desempeña en realidad la parte de la ro­ca viva subyacente. La repudiación de la femineidad (por la mujer) puede ser otra cosa que un hecho biológico, una parte del gran enigma de la sexualidad.
Freud, Análisis terminable e intermi­nable.

La mujer no sería psicológicamente un hom­bre castrado, sino que ya habría nacido como hembra.
Ernest Jones, resumiendo los aportes de Melanie Klein.

Tomar como axiomática a la envidia del pene en la mujer es antibiológico, ya que eso pre­supone que la mitad de la raza humana esta­ría disconforme con su sexo.
Karen Horney, Sobre la génesis del com­plejo de castración femenino.

Si las mujeres creen que su situación dentro de la sociedad es una situación óptima, si las mujeres creen que la función revolucionaria dentro de la sociedad se ha cumplido estarían cometiendo un grave error. A nosotros nos pa­rece que las mujeres tienen que esforzarse mu­cho para alcanzar el lugar que realmente de­ben ocupar dentro de la sociedad.
Fidel Castro, Discurso, 1966.

La mujer es el producto más deformado de la sociedad de clases.
Isabel Larguía, "Contra el trabajo invi­sible".




IEstas citas, tan polémicas y contrapuestas, resumen, por un lado, la historia tumultuosa del concepto psicoana­lítico de Freud de la supremacía del hombre y de la en­vidia del pene de la mujer, y sintetizan, por el otro, el criterio cubano con respecto a ella. Los cubanos son, des­de Lenin, los primeros que replantean específica y cientí­ficamente este problema, tratado con anterioridad por Marx y especialmente por Engels. Reunidas, nos colocan en otra vuelta de espiral frente a la vieja problemática de la igualdad y diferencia de los sexos, como también frente al viejo dilema de prioridades, causas, efectos e interrelaciones entre los factores biológicos y socioeconó­micos que forman la psicología del ser humano y deter­minan sus capacidades.


Intentaré una confrontación, para ver dónde estas lí­neas de pensamiento que, obviamente, se contradicen también concuerdan o se complementan, aunque esto ocurra en diferentes niveles.


Empecemos desde el lado psicoanalítico con una bre­ve reseña de los criterios de Freud, de Horney y de Me­lanie Klein. Freud estudió, primero y principalmente, el desarrollo de la sexualidad infantil en el varón. Para él, el sexo "estándar" era el masculino. Después atribuyó a la mujer el mismo desarrollo hasta el momento en que la niña se da cuenta por primera vez de la diferencia ana­tómica entre los sexos, reconocimiento que, según él, ge­neralmente ocurre a los tres o cuatro años de edad.


Dice que la niña reacciona siempre frente a este descubrimiento, con un sentimiento inmediato de envidia, deseando tener ella misma un genital masculino, sintiéndose inferior y despreciando a su propio sexo. La inter­pretación que ella encuentra a su falta de pene es la de haber sido castrada. Este proceso psicológico sería inde­pendiente del ambiente social de la niña. Pasada la pri­mera desilusión, la niña llega solo paulatinamente y a través de muchos conflictos, a reconciliarse con su propio sexo, pero generalmente subsiste durante toda su vida cierto resentimiento por su femineidad. Además, su fal­ta de pene, que considera casi un defecto orgánico, tiene como consecuencia indirecta una inferioridad en el plano psicológico, cultural y moral.


Freud explica esta inferioridad por el diferente des­tino del complejo edípico en ambos sexos. Mientras que en el varón el temor a la castración lleva a una renuncia total al amor incestuoso hacia la madre y, de esta ma­nera, a la disolución (Untergang en alemán) del comple­jo, la niña, que no teme un ataque físico, por sentirse ya castrada, primeramente espera recibir el pene del padre, para transformar luego este anhelo en el deseo de tener un hijo con él. La ecuación pene-niño queda vigente en el inconciente de ella porque no ha sido destruido, sino únicamente reprimido su amor sexual hacia el padre. Por eso su superyó y conciencia moral se constituyen de una manera menos tajante que en el varón. Suponemos que esta sería la aportación psicoanalítica para entender el espíritu menos revolucionario y más reformista de la mu­jer, como también su capacidad para la espera y la ensoñación, representada con maestría en la Odisea por Penélope.


En el camino de su maduración la niña sufre un pro­ceso arduo y penoso que a menudo no llega a un final feliz, ya que debe trocar su actividad primitiva en pasi­vidad, abandonar a su primer objeto de amor -la ma­dre- por el padre, y desplazar su zona de placer sexual de su pene diminuto, es decir de su clítoris, a la vagina. Si no logra eso, no habrá alcanzado su femineidad, en la cual el hijo simboliza un sustituto del pene.


El concepto según el cual la envidia del pene es el eje de la psicología femenina fue aceptada por todos los primeros colaboradores de Freud y sigue, para la gran ma­yoría de los psicoanalistas, aún hoy en vigencia. Sin em­bargo, no es casual que hayan sido principalmente psico­analistas mujeres, en primer lugar Karen Horney luego Melanie Klein, quienes hayan cuestionado este enfoque y descubierto el carácter eminentemente defensivo de la en­vidia del pene.


Según Karen Horney la niña envidia al varón por­que él posee un órgano genital visible, que puede mostrar y tocar, lo que implica también que él sí puede cerciorarse, cuando quiere, de que está intacto y no ha sufrido la castración, es decir, un daño genital. K. Horney cri­tica como antibiológica la posición psicoanalítica de tomar como axiomática la envidia fálica y ver en el hijo principalmente un sustituto del pene anhelado. Es bioló­gicamente absurdo suponer que la mitad de la raza hu­mana esté disconforme con su sexo. Si concordamos con Fidel Castro en que "las mujeres tienen que esforzarse mucho para llegar a alcanzar el lugar que realmente de­ben ocupar dentro de la sociedad", admitimos que efec­tivamente la mitad del género humano debería estar in­satisfecha con su sexo. Pero creemos que en la actualidad esto ya no es un hecho biológicamente determinado, sino que se debe a otras causas, aunque en una época lejana la distribución de papeles entre los sexos, tan desfavora­ble a la mujer, se haya basado en la mayor fuerza varonil y la posesión del pene.


Los conceptos de Freud sobre la psicología de la mu­jer fueron duramente criticados por marxistas y femi­nistas como desligados del proceso histórico y tendientes a considerar la familia patriarcal y capitalista como ina­movible, es decir, en último término, como reaccionarios. Basándose en este criterio rechazaron, a menudo, todo el psicoanálisis. Sin embargo, por desconocimiento, nunca entraron a la discusión las investigaciones de Melanie Klein.


Menos en Buenos Aires, tal vez. Dentro y fuera de la Asociación Psicoanalítica Argentina fueron considera­das, durante mucho tiempo, como básicas. Pero con cier­to tinte de moda, lo que hace que actualmente sean su­plantadas, a menudo, por "la vuelta a Freud" o por Lacan, quien no se preocupó mayormente por el problema feme­nino 1. Personalmente creí que la vuelta a Freud es ne­cesaria. A mí también, y especialmente a nivel técnico, me ha dado mucho. Admito también que hubo exagera­ción en el seguimiento de los kleinianos. Pero no debe­ríamos prescindir de ciertos conceptos de Melanie Klein que son fundamentales e indudablemente operativos, es­pecialmente en lo que concierne a la sexualidad femenina. Me refiero a la reparación, la fantasía inconciente y la castración femenina. Freud, maestro en descubrir lo la­tente, se quedó frente a la genitalidad femenina y la en­vidia del pene en lo manifiesto, y dejó de lado lo imagi­nario.


Para Melanie Klein la envidia del pene y la frecuen­cia de una actitud viril en la mujer, sería defensiva. La niña pequeña, simultáneamente con su amor por la ma­dre, también la odió por las frustraciones tempranas, sen­tidas durante la lactancia, y por sus celos del padre y su envidia por todo lo que imagina que la madre tiene adentro. Porque ésta, en las fantasías inconcientes de la niña, no tiene solamente los pechos llenos de leche de­seada, sino también la panza llena de niños que el pene de papá le da. Ataca y destroza en estas mismas fanta­sías a los contenidos de la barriga de mamá (no sola­mente en fantasías, ¿vieron cómo los niños pequeños pa­talean la panza de mamá, y especialmente cuando ésta está embarazada?) pero teme por eso mismo la venganza de su madre y que ésta la haya destruido internamente. Cla­ro, lo mismo podría temer el varón, ya que él también odia y patalea. Pero él puede cerciorarse (Karen Hor­ney) de que está intacto. Su genital no es invisible. Ve, toca y usa a su pene y lo admira en su funcionamiento. La niña le envidia esta misma ventaja y defensivamente, por temor de haber sufrido ya la castración retaliativa en su interior, lo que equivale a nunca poder llegar a ser mujer (temor a la castración femenina), se imagina, de­seando siempre de nuevo, que ella también tiene pene, hasta convencerse, reiteradamente también y con dolor, de que nunca lo tuvo o que ya lo ha perdido.


Así se enfrentan, en el terreno psicoanalítico, tres tesis radicalmente diferentes : la mujer se siente por cau­sas biológicas, es decir por su falta de pene, inferior y como un varón castrado (Freud) ; la mujer acepta su sexo, aunque frente a las ansiedades tempranas, debidas a su configuración anatómica, pasa por una etapa durante la cual, defensivamente y por su temor de no ser intacta internamente, anhela poseer un pene (Melanie Klein) ; y la mujer, en su primera infancia, envidia al varón por­que dispone de un órgano sexual visible y tocable, el pene (Karen Horney).


Del lado marxista, Castro afirma, lisa y llanamente, que aun en Cuba, donde tienen pleno acceso a cualquier profesión y actividad, las mujeres deberían estar discon­formes con su situación y Larguía nos habla de la mu­jer como "del producto más deformado de la sociedad de clases".


Su primer trabajo sobre el tema publicado junto con Dumoulín en 1972, por la Casa de las Américas (Cuba), ya es clásico y fundamental para nuestra discusión. Por oso citaré literalmente algunas partes y resumiré otras despreocupándome por el espacio que utilice. Aprendí mucho a través de la lectura de este artículo 2.


Empecemos : "La familia, en su forma conocida por nosotros, surge con la disolución de la comunidad primi­tiva ... La `casa' surge como primera forma de empresa privada, propiedad del jefe de la familia, para la produc­ción, el intercambio y la competencia con las demás casas y para la acumulación del plusproducto 3  (... ) No había sido siempre así. En la comunidad primitiva, el trabajo y las demás actividades sociales se realizaban en común, y tanto la propiedad como las relaciones de parentesco reforzaban estos lazos colectivos.


"Fue solo con el surgimiento de la familia patriarcal que la vida social quedó dividida en dos esferas: la esfera pública y la esfera doméstica.


"Estas dos esferas tuvieron una evolución desigual: mientras en la primera se producían grandes transfor­maciones históricas, la segunda, que evolucionaba más lentamente, operaba como freno de la primera 4.


"Con el desarrollo del intercambio mercantil y de la división de la sociedad en clases, todos los cambios eco­nómicos, políticos y culturales tuvieron su centro en la esfera pública, mientras que en el hogar solo se conso­lidó la familia individual como actualmente la conocemos.


"La mujer fue relegada a la esfera doméstica por la división del trabajo entre los sexos, al tiempo que se de­sarrollaba a través de milenios una poderosísima ideolo­gía que aún determina la imagen de la mujer y su papel en la vida social."


Hasta aquí se trata de un resumen inteligente de conceptos elaborados por Marx y Engels en común (Ideo­logía alemana) y posteriormente por Engels (El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado). Pero lo que sigue es, que yo sepa, el aporte original, suma­mente esclarecedor, de Larguía y Dumoulín. Antes de ci­tarlo, una breve aclaración: mientras que Freud nos ha­bla de lo biológico como la "roca viva", base de las tan diferentes características de ambos sexos, obviamente los autores marxistas también consideran lo biológico como básico, pero lo toman estrictamente dentro de sus límites funcionales. Engels adjudica a las diferentes funciones de hombre y mujer, en el proceso procreativo, la primera división de trabajo, y Larguía Dumoulín destacan que, de las tareas que clásicamente se adjudican a la mujer, solo la reproducción y la lactancia son determinadas biológicamente, mientras que la educación y el cuidado de los hijos, como la labor en la casa, de por sí no son traba­jos fijados al sexo. Pero tienen una característica muy especial: son "trabajo invisible". ¿Qué quiere decir? Ci­to: "A partir de la disolución de las estructuras comuni­tarias y de su reemplazo por la familia patriarcal, el tra­bajo de la mujer se individualizó progresivamente y fue limitado a la elaboración de valores de uso para el con­sumo directo y privado. Segregada del mundo del plus­producto, la mujer se constituyó en el cimiento económico invisible de la sociedad de clases. Por el contrario, el tra­bajo del hombre se cristalizó, a través de diferentes mo­dos de producción, en objetos económicamente visibles, destinados a crear riqueza al entrar en el proceso de intercambio. En el capitalismo, ya sea como propietario de los medios de producción o como operador de los mismos, por medio de la venta de su fuerza de trabajo, el hombre se define esencialmente como productor de mercancías. Su posición social se categoriza gracias a esta actividad y su pertenencia a una u otra clase se determina según la situación que ocupe dentro del mundo creado por la pro­ducción de bienes para el intercambio.


"La mujer, expulsada del universo económico crea­dor de plusproducto, cumplió, no obstante, una función económica fundamental. La división del trabajo le asignó la tarea de reponer la mayor parte de la fuerza de traba­jo que mueve la economía, transformando materias pri­mas en valores de uso para el consumo directo. Provee de este modo a la alimentación, al vestido, al manteni­miento de la vivienda, así como a la educación de los hi­jos."


O dicho de otra manera : si el obrero tuviera que pa­gar, fuera de su hogar, por su comida, la limpieza de su ropa y la crianza de sus hijos, necesitaría, para su sub­sistencia, un sueldo mucho mayor, y la plusvalía, o sea el beneficio, la ganancia de su patrón, sería mucho menor. De esta manera, nuestro mundo capitalista basa su sub­sistencia y rentabilidad en el trabajo invisible da la mu­jer, ama de casa, independientemente de que ella trabaje, además, fuera del hogar. En este caso, el trabajo invisi­ble se transforma en su segunda jornada de trabajo, que se agrega a su otra labor. La familia patriarcal es sagra­da y considerada como biológicamente predeterminada e inamovible por el sostén que la mujer en su hogar da al sistema. Es por eso también que la derecha suele unir en un solo lema "patria, familia y propiedad".


La primera división de trabajo se implantaba, pues, sobre las diferencias anatómicas de los sexos. Las fun­ciones procreativas de la mujer se ligaban al hogar y de­terminaban su mayor debilidad física y su dependencia de la protección del hombre para la crianza de los niños. Esta necesidad facilitaba, a su vez, la perpetuación de su sumisión económica. Todo esto es archisabido. Pero se suelen dejar de lado en este análisis dos hechos funda­mentales. 1) Solo en nuestro siglo el sexo se independiza de la procreación y la mujer asume en general el control de su fertilidad. Por otra parte, 2) la diferencia de fuer­za física relativa y parcialmente producto de una educa­ción diferente, se vuelve solamente absoluta en las mar­cas máximas de rendimiento de las olimpíadas, pero ya no cuenta en la vida diaria altamente mecanizada.




I I




Tanto para los marxistas como para los psicoanalis­tas la evolución psicosocial tan distinta de la mujer y del hombre arranca desde las diferencias sexuales. Pero ob­viamente analizan las consecuencias de esta situación de manera diferente. Precisamente por eso me parece inte­resante que puedan descubrirse analogías e interrelacio­nes. Veámoslo con respecto a las consecuencias de lo "in­visible", característica que se refiere tanto al trabajo de la mujer, como a sus genitales.


Concretamente: ¿cómo influye psicológicamente el trabajo invisible en la mentalidad de la mujer que lo rea­liza? Supongo que todos tenemos claro a que se refiere Larguía, cuando lo define así: El ama de casa, por ejem­plo, cocina durante horas. Produce algo, importante y necesario: la comida. Pero, ¿cuál es el destino de este "producto"? Su consumo inmediato transcurre general­mente sin pena ni gloria o con pena, a través de comenta­rios típicos: "No me gusta eso" (los niños). "¿Por qué, si ya sabes que quiero el bife bien cocido o bien crudo, nunca aprenderás a hacerlo así? ¿Es pedir tanto por par­te de un hombre que viene cansado del trabajo?" (el ma­rido). 0 con gloria : "Realmente excelente. ¡Dame la re­ceta!" Con estos comentarios nos movemos ya en la clase media y quien habló en último término es la visita. Después se levanta la mesa, se lavan los platos y cuando todo esté finalmente limpio y ordenado como había estado an­tes, el trabajo realizado durante horas efectivamente, se ha vuelto invisible. Lo mismo podríamos decir de la lim­pieza, de la manutención de la ropa, etcétera. Pero lo que aquí nos interesa es cómo influye esta situación concien­te o inconcientemente en la "disconformidad de la mu­jer con su sexo" y en su carácter y destino.


De hecho, el trabajo invisible aísla y deprime. Care­ce de estímulos, de prestigio y de remuneración económi­ca directa. Ataca la autoestima. Por todos estos factores "promueve y mantiene una mentalidad burguesa" 5. Y a veces llega a enfermar. Además, efectivamente, ínfantíliza. Todo eso se sabe. Pero, a menudo, sin saberlo real­mente, no es fácil medir el grado de aislamiento y regre­sión que provoca.


Freud nos asegura 6 que la mujer, preocupada por su familia y poco capacitada para la sublimación, cela con hostilidad al varón que, se brinda a la sociedad y al pro­greso cultural.


Muchos sociólogos y políticos han señalado que la mujer de clase obrera vota generalmente por la derecha, es decir, por el antícambío y en contra de su propio por­venir.


Las últimas elecciones chilenas demostraron de nue­vo que gran parte de las mujeres de clase obrera votan contra los partidos marxistas, y de este modo contra sus propios intereses. Para Wilhelm Reich 7 la inclinación de la mujer de votar por la familia, la propiedad privada y la patria, proviene de haber ínternalízado como único pa­pel femenino posible el que le impone la sociedad capita­lista, es decir, el de la madre desexualízada. Este voto es consecuencia de la represión sexual que ella sufre, y sir­ve, simultáneamente, para perpetuarla. Hoy en día diría­mos que la mujer está colonizada desde adentro.


Es cierto que en la semana siguiente a las elecciones chilenas muchas mujeres argentinas vílleras y de clase obrera votaron contra la dictadura militar y por el pero­nismo. Pero no todas ellas lo hicieron por la "patria so­cialista". Sin embargo, todas votaron a Perón, porque ha­bían quedado fíeles a Evita a pesar de todas las prome­sas y toda la represión de 18 largos años. Evita había lo­grado movilizar a las masas femeninas de bajo nivel eco­nómico y ganarlas para el cambio. Al romper el esquema psicosocial vigente para la mujer argentina en general, y para una primera dama muy especialmente, había creado un liderazgo femenino, único en la historia. Desde ya que su figura merecería un estudio aparte y a fondo. Quisie­ra destacar aquí solo algunos elementos aislados: el poder de Evita no radicaba únicamente en la ayuda concreta que daba a las masas femeninas, ni en haberles brindado la oportunidad de tener voz y voto y una dignidad que antes nunca habían conocido, sino que les hablaba en su idioma y despertaba y respondía a sus sentimientos. Cuan­do habla Evita, generalmente no es un discurso lógico, ni se dirige a una conciencia de clase abstracta, sino a la mujer tal cual es, con todas sus fuerzas frenadas y con todas las limitaciones que le impone el papel al cual la so­ciedad de clases la limitó.


Además, en sus discursos se alternan dos figuras muy diferentes: la compañera Evita a menudo es el "go­rrión humilde" que vale solamente por su amor al Gene­ral, para convertirse de golpe en otra lúcida y reivindicadora de su sexo: "Ha llegado la hora de la mujer redi­mida del tutelaje social y ha muerto la hora de la mujer relegada a la tangencia más ínfima con el verdadero mun­do dinámico y moderno." (Eva Perón: 1949, Mensaje a las mujeres.)


Sin embargo, no fueron todas estas reflexiones, sino una observación concreta en el hospital la que hizo que Sylvia Bermann, otros compañeros del servicio y yo em­pezáramos una investigación al respecto, a través de una encuesta 8. Nos llamó la atención el gran número de amas de casa de clase media baja o clase obrera que concurrían al servicio de psicopatología con cuadros depresivos. Ci­to: "En la gran mayoría de las pacientes que interroga­mos, el cuadro por el que habían consultado puede defi­nirse como una depresión reactiva en una personalidad inmadura. El resto sufre de estados depresivos poco de­finidos. En su sintomatología se observa la presencia de angustia vaga, deseos de llorar, labilidad, falta de madu­rez afectiva y frigidez. Alrededor de la mitad sufre de algias hipocondríacas." Estas mujeres no siempre habían sido así. Generalmente se acordaban con nostalgia de la época en la cual salían de su casa para trabajar. Dejaron el trabajo para atender a los niños que, ahora, ya habían crecido. Generalmente los esposos eran buenos y la situa­ción económica no demasiado abrumadora. Pero la vida sexual les interesaba poco. Sus diversiones -salidas ­se limitaban al núcleo familiar, como, regresivamente, to­das sus alegrías y penas. En la mayoría de los casos la de­presión que durante largo tiempo fue mero aburrimiento, se desencadenó abiertamente por la pérdida de uno de los padres o un disgusto con la madre o con uno de los hijos. Vivían apegadas a mamá. Estaban llenas de tabúes y miedos al "qué dirán". El mundo entraba en su casa casi exclusivamente a través de los vecinos. Cocinaban, fre­gaban, atendían al marido, a los padres, a los hijos y ne­cesitaban enfermarse, para recibir algo de mimos y estí­mulos. La catástrofe mayor podía darse en un conflicto de lealtad típico. ¿Si mamá y el esposo se llevan mal, a quién hay que hacer caso?


Incluimos en nuestra encuesta, en contraste con in­vestigaciones hechas por otros autores que ya demuestran lo neurotizante de la vida del ama de casa, dos factores que nos parecían fundamentales: la vida sexual marital que se había vuelto muy pobre y la carencia de toda ideo­logía activa. Y llegamos a plantearnos si en la psicotera­pia a seguir deberíamos aconsejar alguna actividad comu­nal o ideológica. No nos animamos a sugerir que vuelvan al trabajo, por dos causas obvias: 1) la desocupación ac­tualmente imperante en nuestro país y 2) lo agotador de la segunda jornada de trabajo que tiene que cumplir la mujer de clase obrera, cuando vuelve de la fábrica.


Una pequeña observación al margen: en nuestros paí­ses subdesarrollados la mujer de clase media puede traba­jar profesionalmente y evitar así tanto la segunda jorna­da como el tedio del confinamiento al trabajo invisible, ya que dispone de servicio doméstico barato. O, como antes la mujer de la burguesía podía mantener su "pureza" fí­sica y virginidad, virtudes dudosas, pero entonces muy apreciadas, a costa de las prostitutas, ahora la mujer de clase media mantiene su hogar y su mente a costa de la chica del interior y sin formación que se le ofrece como sirvienta.


A esta altura de nuestras reflexiones lo característi­co de la mujer podría condensarse en la palabra "invisi­ble". Tanto para marxistas, como para psicoanalistas su anatomía define su destino. Para los marxistas, ello ocu­rre casi en los albores de la humanidad ; al llegar el hom­bre al poder crear instrumentos de trabajo que le permi­tieron producir más de lo necesario para su subsistencia, limita a la mujer al hogar y a las tareas ligadas a la crianza de los hijos y al mantenimiento de la fuerza de trabajo. Esta situación la condena al trabajo "invisible" y persiste hasta ahora, determinando toda su caracterología específica. Para la gran mayoría de los psicoanalistas su genital "invisible" y su desconocimiento consecutivo de su capacidad procreativa y de goce la inferioriza y la conflictúa, para confinarla posteriormente en el hogar. La familia  su función en ella son la meta de su evolución "normal'.


Esta familia, cimiento de la sociedad de clases, pro­duce una superestructura ideológica que dificulta recono­cerla como elemento histórico pasajero y que hasta casi impide pensar con claridad sobre la mujer.


Supongo que es por eso que recién con Larguía y Du­moulín, se haya descubierto el valor económico y el freno revolucionario que implica el trabajo invisible de la mu­jer. Hay más analogías entre lo biológico y lo social. Co­mo cada comida, preparada con esmero, desaparece en po­cos minutos, cada menstruación responde a un trabajo biológico invisible que fue inútil, ya que no dio fruto. Hasta el mismo orgasmo femenino -objeto de discusiones aca­loradas entre psicoanalistas y feministas- recién gracias a la tecnología moderna y al ingenio de Masters y Johnson, pudo perder su carácter de misterio e invisibilidad y fue estudiado y verificado objetivamente.


El único producto visible y duradero que logra la mu­jer dentro de su vida hogareña, es el hijo. Y a su amor y atadura por este hijo se agrega, posesivamente, su ne­cesidad de mostrarlo a los demás y de educarlo de manera que testimonie su propio valor, frente al terror creciente de perderlo, cuando él sea adulto y se independice, robado por otra mujer.


Todos somos cómplices de la limitación de la mujer al trabajo invisible. Hasta Juan XXIII cuando dice que "Dios y la naturaleza dieron a la mujer diversas labores que perfeccionan y complementan la obra encargada a los hombres" y, desde ya, hasta los psicoanalistas. Según Ka­te Millet: "La psicología ha reemplazado a la religión co­mo fuerza conformista del comportamiento social, de mo­do que se puede catalogar a cualquier actividad que vaya contra el statu quo, considerado norma, como conducta desarreglada, lamentable o peligrosa." 9


Traeré un ejemplo al respecto: analizo, actualmente, en el hospital, a un grupo de mujeres. Tengo a dos jóve­nes psicólogas como observadoras participantes. Profe­sionalmente están bien formadas. 0 deformadas, como decía mi amiga Diana, del Centro de Docencia e Investi­gación, cuando hablamos de la dificultad de enseñar y, por eso, de aprender un psicoanálisis distinto. Mis obser­vadoras dicen exactamente lo que yo hubiera dicho tiem­po atrás. Veamos: una mujer joven de clase obrera y precaria situación económica, que espera su primer hijo, cuenta cómo intenta estudiar, para evitar en el futuro la vida mezquina que lleva su madre. "Usted quiere supe­rar a su mamá", le dice una de las psicólogas. Esta es una interpretación "correcta" y aparentemente nada más.



Ya que la joven quiere estudiar medicina, todavía podría haberse agregado algo al respecto de su rivalidad transferencial. Pero latentemente -y somos especialistas de lo latente- es una intervención ideológica y culpógena, por­que implica que eso -querer superar a mamá- está mal. Pero, ¿por qué está mal, querer superar a la madre de una? ¿Y por qué da culpa? Porque así nos lo enseñaron. Este es nuestro superyó que sirve para que uno no "supe­re" a los padres y para que la familia y el mundo queden tal cual es 10. La chica que quiere estudiar y que además ¡oh escándalo! no está feliz con su embarazo, sigue ha­blando: "Usted rivaliza con su marido", acota la otra psi­cóloga. Este trabaja y estudia. Lo mismo hace ella, pero cuando tenga el niño le será casi imposible seguir su ca­rrera. Sin duda la observadora tiene razón. ¿Pero, en sí, está mal rivalizar en un ambiente donde el hombre tiene poco y la mujer nada? Bueno, ella tiene su embarazo, co­mo le recalca una integrante del grupo. Mientras que el esposo tiene, como el padre también, pene, aclara otra, con cierta experiencia previa de psicoterapia analítica hospitalaria. Es cierto, estamos hechas así. ¿Pero impli­ca esta diferencia biológica que no se debe pretender cam­biar de destino? ¿Cambiar cómo? ¿Individualmente? Yo, sabiendo que el marido de la chica embarazada, además de trabajar y estudiar, milita en la izquierda, resumo: "Es cierto que usted pretende llegar a más que su madre y tener la misma oportunidad que su marido. ¿Y por qué no? Está en su derecho. Pero hay dos caminos para lo­grarlo: luchar únicamente para salir una misma o luchar, simultáneamente, para que todos salgan y la vina deje de ser mezquina."


Tal vez valga la pena detenernos acá para analizar en detalle tres intervenciones terapéuticas. Interpretar sig­nifica verbalizar explícita -o implícitamente- lo la­tente que la otra persona expresa a través de muchas se­ñales, pero especialmente de su discurso. Se interpreta usando un esquema referencial -el psicoanalítico-, un instrumento -el propio inconciente-, y además inter­viene en el proceso toda la personalidad del que interpre­ta, es decir, también su concepción del mundo.


Al decir: "Usted quiere superar a mamá" se inter­preta estrictamente en un nivel edípico, dirigiéndose a la niña dentro de la mujer adulta que sigue compitiendo con su madre por papá. La segunda interpretación (us­ted rivaliza con su marido) apunta a la envidia fálica, es decir, al complejo edípico negativo y tiene la finalidad im­plícita que la paciente asuma esta envidia, la descarte pos­teriormente y adopte una actitud "femenina" hacia el ma­rido-padre, aceptando al niño como sustituto del pene an­helado. Curiosamente, en nuestra paciente esto equival­dría a que renunciara primero a sus estudios para des­pués, cuando la situación económica, gracias al esfuerzo conjunto de la pareja, lo permita, renunciar también a su trabajo. Dicho más concretamente: las dos interpretacio­nes estrictamente edípicas tienden a transformar a una mujer "rebelde" en sumisa ama de casa y paciente futura de nuestra encuesta antes mencionada. Dedicada plena­mente al trabajo invisible del hogar, vivirá "como mamá" en dependencia emocional total de su marido-padre y de su hijo, único producto visible y sustituto del pene. Será más infantil que el hombre con menos capacidad de su­blimación, ya que también ahora cela, como Freud lo des­cribe, de la actividad política de su marido. Pero, ¿la mu­jer es así, o la sociedad la moldea de esta manera?


Sin embargo, las dos psicoterapeutas habían inter­pretado de buena fe y sin ninguna intención conciente de apoyar a esta sociedad, al poner de modelo a la familia patriarcal. En ellas lo latente era su ideología en favor de la sociedad de clases.


Tomemos ahora mi interpretación. La primera par­te retoma el nivel edípico, pero intenta implícitamente que la paciente discrimine entre sus deseos infantiles y sus derechos de mujer adulta. Pero la segunda parte (`'Pero hay dos caminos, para lograrlo: luchar únicamente para salir una misma o luchar simultáneamente para que todos salgan y la vida deje de ser mezquina") apunta a otra parte del drama edípico y de la historia humana y alude no al marido-padre, sino al marido hermano.


Tótem y Tabú es un elemento importante en la teo­ría de Freud. Plantearé después una duda que tengo al respecto que, sin embargo, no anula lo que quiero decir ahora. Según Freud, la horda de los hermanos se alió pa­ra matar al padre tirano que los explotaba y que, para conservar su posesión sobre las mujeres de la horda, los expulsaba cuando llegaban a la madurez sexual. Una vez que lo mataron, lo devoraron en comida totémica, lo en­diosaron y lo introyectaron como superyó. Después, obe­deciendo ya a este superyó y para que la tragedia no se repitiese, renunciaban al incesto con las madres y herma­nas de la horda. Al hablar del complejo edípico que, indi­vidualmente y como fantasma repite este acontecimiento histórico, nos referimos casi siempre a la prohibición pa­ra el varón del amor incestuoso hacia su madre y del ata­que celoso contra el padre. Pero dejamos de lado otra si­tuación igualmente prohibida y reprimida por el superyó que es previa al crimen edípico: la alianza entre los her­manos. Podemos deducir que, según esta hipótesis, lo más "criminal", y por eso lo más prohibido y reprimido por este superyó paterno, es vencer los celos mutuos en­tre hermanos para destronar al padre o, ampliado a la sociedad, anteponer la solidaridad entre compañeros al bienestar individual y familiar y al respeto por la autori­dad instituida.


Al hablarle a la paciente del "segundo camino" le se­ñalo implícitamente que no confunda a su marido con su padre, sino que lo equipare simbólicamente con su herma­no, para aliarse con él y con otros compañeros contra el sistema, como lo puede haber hecho en su infancia contra los padres, pero ahora de manera adulta y con una meta en común.




III




Es difícil tomar distancia para descubrir cómo la ideología imperante se filtra en la ciencia, y cómo, en la nuestra, mezclamos criterios biológicos, psicológicos y culturales, para mantener a la familia. Tomemos como ejemplo a la lactancia, función biológica de la mujer que está en un paulatino proceso de desaparición. Yo, como otros psicoanalistas, estaba hasta hace poco convencida de la importancia del amamantamiento y del valor fun­damental de una relación madre-hijo intensa para la sa­lud mental de ambos.


¿Pero realmente importa tanto la alternativa pecho o mamadera? O, para dar un paso más (y creo, el decisi­vo), ¿realmente está mal que en los países socialistas mu­chos niños se críen desde la segunda semana de vida en guarderías? Creo que está bien. Creo que una jardinera con vocación, que dispone además de todos los medios ne­cesarios y trabaja un solo turno al día, está mucho más preparada que una madre, generalmente nerviosa, cansa­da y a menudo exasperada, para criar a un niño. Supon­go, además, que es esta crianza colectiva la que atenta real­mente contra la propiedad privada. Y vi, además, niños llamativamente sanos, alegres, seguros, en estas guarde­rías del Este. Pero inclusive allí les cuesta pensar que eso está bien. Porque el superyó, según Freud, o la fuer­za de las costumbres, según Lenin, son difícilmente mo­dificables. Por eso las directoras de las guarderías casi se disculpaban, al informarnos que muchos de los niños estaban desde muy chiquitos con ellas. Una jardinera en Berlín Este explicó cómo se cuidaba para que los niños no la quisieran más que a mamá.


¿Pero está mal que un niño quiera más a su jardine­ra que a mamá? Todavía eso no está demostrado. Ade­más, el amor no se mide. Tiene cualidades diferentes se­gún el vínculo que se establezca. Un niño que no depen­da totalmente de la madre, como una madre que no nece­site totalmente al niño, ni le sacrifique otros intereses y necesidades, aprenderán desde el principio una relación más equilibrada e igualitaria.


¿Y el padre? Para que un niño desarrolle bien su identidad sexual en este mundo de dos sexos, necesita de un contacto temprano con ambos y el padre le falla a me­nudo, tanto en la sociedad capitalista, como en la socia­lista. Aquí, entre nosotros, los padres separados a menu­do son los que mejor cumplen con su papel, al dedicarse al niño unas cuantas horas por semana, intensa y seria­mente, como si fuera una profesión. Pero en la sociedad socialista, como lo sugiere Margaret Randall 11 para Cu­ba, debería haber jóvenes que colaborasen en los círculos infantiles. El niño necesita el contacto físico con un hom­bre. Estudiantes, maestros y psicólogos debieran dedi­carse a atender y jugar con los chicos y a enseñarles, ju­gando, a adquirir su identidad física y a las niñas su es­quema corporal complementario. No hace falta que un varón juegue con armas, ni una niña con muñecas, para que cada uno pertenezca realmente a su sexo. Pero nece­sitan de presencias y vínculos tempranos con ambos se­xos, para identificarse con uno y diferenciarse de otro, sin que eso determine una ideología.


Hay que investigar mucho con respecto a todo eso. Afortunadamente en Cuba se realizan ahora estudios muy serios que comparan la evolución psicosocial de niños cria­dos en guarderías y círculos infantiles con otros que re­cién entran a la sociedad cuando asisten a la escuela.


Corremos el riesgo de romper la familia. ¿Pero es generalmente una institución tan sana? Nosotros, los psi­coanalistas, que vivimos de los errores cometidos por la familia en la infancia de nuestros pacientes, deberíamos haber sabido cuestionarla tiempo atrás. De todos modos, desde hace unos cuantos años, Laing, Cooper y otros lo hicieron con inteligencia y lucidez. Pero, ¿por qué tarda­mos tanto? Porque cuestionar el vínculo madre-hijo no implica únicamente un ataque a la familia actual, cimien­to de la sociedad de clases, sino a nuestra propiedad pri­vada más íntima y absoluta, al vínculo tal vez más pose­sivo existente, donde los hijos pertenecen a los padres y aprenden de ellos una identidad, basada en la posesión.


Cuando la mujer pueda ser realmente creativa en un trabajo visible, ¿seguirá necesitando tanto de su hijo como único producto suyo y mejor que el de los demás? y ¿seguirá delegando sus deseos, ambiciones y ansias del futuro en él?


¿Pero las mujeres seguirán dispuestas para el emba­razo y el parto si el Estado se encarga del cuidado y la crianza de los hijos y éstos ya no serán posesión de la ma­dre, porque además tendrá otras gratificaciones? ¿Si no hubiese más sacrificios, primero de la madre y luego del hijo, si ya no se desarrollara el amor culposo y culpógeno que conocemos, sino un vínculo nuevo, las mujeres acep­tarían ser madres? Seguro, y por dos causas fundamen­tales: seguirá existiendo en la pareja que se ama el anhe­lo de concretar y perpetuar este amor a través de un hijo, y seguirá existiendo en la mujer el deseo de realizarse en toda su capacidad biológica. Pero, sin duda, habrá tam­bién parejas que renunciarán al propio hijo, porque pre­tenderán realizarse de otra manera y se negarán a querer menos a los hijos ajenos que a un hijo propio.


Pero volvamos a la mujer que conocemos. Si su ca­pacidad de procreación, que se desarrolla largamente de manera invisible, la recluyó en el hogar y favoreció, has­ta ahora, la perpetuación del papel que le asigna la socie­dad de clases, lo biológico y lo económico configuran su psique y se expresan en un mismo simbolismo. La casa que alberga a ella y a su familia se convirtió en imagen y símbolo de lo femenino. Una mujer embarazada con­tiene, alimenta y cría con su cuerpo, como lo hace en el hogar. Y, además, la mujer espera. De niña espera la transformación futura de su cuerpo, mucho más especta­cular que la del varón. Después espera a cada menstrua­ción como señal del trabajo invisible que se opera dentro de ella. Embarazada, espera durante nueve largos meses con miedo y deseo al niño que lleva adentro. Y mientras espera, cada día, al marido que vuelve a casa, fantasea con el amor o con las futuras hazañas de sus hijos.


Esta fantasía la llena y la absorbe. De esta manera logra conformarse con su papel, ya que "estar enamorada puede ser un trabajo full-time para una mujer, como lo es una profesión para el hombre" 12. Ya más que medio siglo atrás Alexandra Kollontai 13, mujer inteligente y hermosa y única integrante femenina del primer comité central del victorioso partido bolchevique en 1917, aboga por la igualdad de derecho sexual y de trabajo de la mu­jer y la insta a combatir su tendencia al enamoramiento romántico que la limita en la lucha y en el trabajo. Por toda esta modalidad Madame Bovary fue representante típica de la mujer burguesa del siglo pasado. También actualmente la mayoría de las mujeres dedican gran par­te de su tiempo y de sus afectos al adulterio romántico real o fantaseado o lo viven, por delegación, a través de lecturas como Radiolandia o el Para Tí. Su enorme ca­pacidad de fantasear y esperar, sea o no consecuencia del destino edípico femenino, frena a la mujer de muchos mo­dos y sirve y es fomentado por el sistema.


En su capacidad y vicio de esperar siempre, sigue además al modelo primario de su femineidad: el óvulo, la célula más grande del organismo humano, espera inmóvil la llegada y el embate del ejército de espermatozoides, de las células más movedizas y aventureras, para dar entra­da a uno solo. Uno solo ganará y dará al óvulo el premio de la supervivencia.


¿Pero qué estamos cuestionando si, tomada de esta manera, toda nuestra conducta sexual y social parece bio­lógicamente predeterminada? ¿Pero realmente lo está? ¿O se trata de una "analogía grosera" como lo llama La­can? El homo sapiens superó lo estrictamente biológico hace mucho. ¿Y la fragilidad del embarazo? ¿Pero real­mente es tal? ¿Cuántas de las muchachas que en estos años argentinos difíciles cayeron presas como guerrille­ras estaban embarazadas? Y Frantz Fanon relata en la Sociología de una revolución 14 que bastaron unos pocos años para que la mujer argelina, invisible durante siglos detrás de los muros del harén y de su velo, expusiera su rostro limpio y orgulloso, como su cuerpo entero, para lu­char junto con sus compañeros.




IV




En la primera parte de este trabajo contrapuse los conceptos psicoanalíticos y marxistas sobre la mujer, que convergían en una característica particular de ella, y aje­na al hombre: en lo "invisible".


Intenté demostrar en la segunda parte cómo esta "in­visibilidad" de su sexo y de su trabajo, que es causa y consecuencia de factores biológicos y socioeconómicos, le marcó los límites de su papel social y configuró nuestra ideología, para cuestionar en la tercera parte la fatalidad de su destino.


Hasta ahora me sentí segura, porque todo lo dicho es observable en nuestra realidad y pertenece a la mujer que conocemos. Pero en esta última parte de mi exposi­ción quisiera adentrarme, confrontando de nuevo lo es­crito por Freud y Engels, en un futuro que creo posible.


Espero no caer, por eso, en la ciencia ficción, ni en el pecado intelectual del idealismo. Creo que, si seguimos consecuentemente las líneas ya trazadas del pasado que observamos en el presente, la predicción de lo vislumbrable para el futuro se vuelve legítima.


Tengo, sin embargo, plena conciencia de que la lucha política diaria exige jugarse, en un trabajo de hormiga, en las circunstancias existentes, con todas sus contradic­ciones, pretendiendo en el nivel ideológico ampliar pau­latinamente dentro de uno y de los demás el campo de la conciencia posible. Es necesario tener presente esta limi­tación, ya que cualquier exigencia superpurista y superradicalizada se vuelve, en la práctica, contrarrevolucio­naria.


Freud, en "El malestar en la cultura", al referirse a la Unión Soviética, sostiene que abolir la propiedad privada quita a la agresión humana uno de sus más po­derosos instrumentos, pero no el más fundamental. Este está en el campo de las relaciones sexuales, donde los ce­los, la envidia y la necesidad de posesión del objeto ama­do, provocan los sentimientos de hostilidad más violentos del hombre. Si se eliminara también esta fuente de odio, dando completa libertad sexual, sucumbiría la familia, célula germinal de la civilización. Sería difícil prever qué evolución ulterior tomaría esta última, pero puede prede­cirse -dice Freud- que las inagotables tendencias in­trínsecas de la naturaleza humana seguirían existiendo.


Hace 43 años * que Freud escribió este trabajo. Bastó este tiempo transcurrido, para que la libertad sexual ya sea casi un hecho y la transformación radical de la fami­lia se está volviendo previsible. Tal vez no interesa tanto, en este contexto, el destino futuro de la agresividad. Se resolverá sobre la marcha. Además, recién entonces po­drán determinarse qué parte de ésta pertenece a "inago­tables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana" y cuánta agresión está provocada por la injusticia social. Pero voy a otra cosa.


En este siglo nuestro, en el cual se decidió la marcha definitiva hacia el socialismo 15 ocurre un fenómeno muy especial: en los países capitalistas y altamente industria­lizados surgen como islas los intentos de una nueva con­vivencia fraternal. Mientras en los países socialistas se tiende, sobre la base económica de la socialización de los medios de producción y a través de la educación comu­nitaria (condición previa indispensable para que la mu­jer pueda integrarse de lleno en el proceso), a crear un vínculo nuevo e igualitario entre hombre y mujer, entre padres e hijos.


Lo que Freud describe en Tótem y tabú como hipó­tesis del crimen edípico y germen de toda civilización, pa­rece pertenecer mucho más a los albores de la familia pa­triarcal (cuyas características nos llegaron a través del Viejo Testamento y de otros escritos) que a la horda pri­mitiva. En esta regía, según Engels, una forma de unión sexual que dejaba muy poco margen para los celos. "La tolerancia recíproca entre los machos adultos y la ausen­cia de celos constituyeron la primera condición para que pudieran formarse esos grupos extensos y duraderos en cuyo seno únicamente podía operarse la transformación del animal en hombre." 16




I. Larguía sostiene en su estudio sobre el trabajo in­visible 17 que "quien lo realizaba fue, a causa de ello, se­parado de la economía de la sociedad y de la historia". ¿O de la prehistoria, como Marx denominó a todas las épocas humanas hasta que lleguemos a abolir la explota­ción del hombre por el hombre?


Yo soy del siglo veinte. Siento orgullo de serlo. Yo me alegro de estar donde estoy: En medio de los nuestros y luchando por un mundo mejor... -"Para de aquí a cien años, amor mío..." -No: mucho antes y a pesar de todo. Mi siglo cuyos últimos días serán bellos, Mi siglo agonizante y renaciente. Esta terrible noche que desgarran alaridos de aurora, Mi siglo estallará de sol, querida, Lo mismo que tus ojos.


Pero no basta, para eso, con la socialización de los instrumentos de trabajo. "La edificación de la sociedad socialista no comenzará más que en el momento en el cual obtengamos la igualdad de la mujer", decía Lenin en el año 1917 y además, "la igualdad ante la ley no es aún la igualdad en la vida" 18.


Si, según Engels, el hombre pudo salir de su anima­lidad recién al renunciar a sus celos y unirse fraternal­mente en su lucha contra la naturaleza y por la vida, tal vez, en otra vuelta de la espiral, para que el hombre sal­ga de la prehistoria y entre de lleno en su historia, hom­bre, mujer e hijos necesitarán renunciar a la mutua po­sesión.


Buenos Aires, abril de 1973




NOTAS




1 Pero finaliza una breve aportación al tema: "Propuestas destinadas a un Congreso sobre Sexualidad Femenina", con el si­guiente párrafo que si lo entendí bien, contribuye a nuestro plan­teo: "¿Por qué en fin la instancia social de la mujer permanece trascendente con relación al contrato que propaga el trabajo?; y especialmente ¿es por su efecto que se mantiene el estatuto del ma­trimonio en la decadencia del paternalismo?"


2 Isabel Larguía y John Dumoulin, "Hacia una ciencia de la li­beración de la mujer".


3 Es decir en el momento en el cual el hombre aprende a pro­ducir más de lo que consume.


4 Mientras que los hombres ya llegan a la huna, el hogar y lu­gar de trabajo de las mujeres sigue siendo "un miserable taller individual".


5 Cate Randall, "La conciencia es una prioridad", en Para la liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1972.


6 Freud, Sigmund, "El malestar en la cultura", Obras  completas.


7 Wilhelm Reich, Psicología de masas del fascismo, Buenos Ai­res, Editora Latina, 1972.


8 Sylvia Bermann, Marie Langer, Horacio Mazzini, Francisco Ortega y Sonia Zanatti, Patología femenina y condiciones de vida, trabajo presentado en el V Congreso Nacional de Psiquiatría, Cór­doba, 1972.


9 Kate Millet, "Política sexual", en Para la liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1972.


10 Discutiendo este ejemplo con una amiga mía que aprecio también como colega, ella sostuvo que no era cierto que, años atrás, hubiera interpretado así. Ni muchos otros analistas tampoco. Que además, "usted quiere superar a su mamá" no era una interpreta­ción, sino un señalamiento. Es cierto que sobresimplifico. Ocurre porque estoy polemizando. Es cierto también que Freud, cuando afirma que superar al propio padre genera culpa, se refiere justo a una culpa irracional que el análisis debiera poder disolver. Pero es cierto también que a menudo se interpreta culpógenamente por la inconciente contaminación ideológica que sufre nuestro instru­mento.


11 Margaret Randall, "La conciencia es una prioridad", en Para la liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1972.


12 Shulamith Firestone, "El amor", en Para la liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1972.


13 Alexandra Kollontai, Autobiographic einer sexuell enanzi­pierten Kommnunistin (Autobiografía de una comunista emancipada sexualmente), Munich, Rogner & Bernhard, 1970.


14 Frantz Fanon, Sociología de una revolución, México, Era, 1968.


15 No quiero resistir a la tentación de citar al poeta Nazini Hikmet (Antología poética, Buenos Aires, Quetzal, 1968, para que él nos hable de nuestro siglo El siglo veinte:


-"Poder dormirse ahora Y despertarse dentro de cien años, querido..." No querida, eso no:

Yo no soy un desertor, Ni me asusta mi siglo, Mi siglo miserable, escandaloso.
Mi siglo corajudo, grande, heroico.
Yo nunca me quejé de haber nacido demasiado pronto.

16 La bastardilla es mía.


17 J. Larguía, "Contra el trabajo invisible", en La liberación de la mujer: año 0, Buenos Aires, Granica Editor, 1972.


18 Cita tomada de Mirta Henaut. "La mujer y los cambos sociales" en Las mujeres dicen basta, Buenos Aires, Ediciones Nueva Mujer, 1972.


 * N. del E.: En el momento de aparecer esta 2a edición de Cuestionamos hace casi 6 décadas que Freud escribió el trabajo de referencia.

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El viñedo rojo

Por Laranjinha - 28 de Diciembre, 2010, 13:19, Categoría: Sofías y Sofíos

Veinte mujeres se encuentran en un viñedo único. Es rojo. La tarde está cayendo y será esto lo que le da esas tonalidades a los campos de uvas recogidos por ellas. En la esquina superior izquierda, surge una hilera de árboles frondosos que se pierden hacia el centro de la vista, cuando un granero irrumpe, escondiéndolos.

En el margen derecho corre un riachuelo reflejando las tonalidades rojizas y amarillentas del sol. Las mujeres ya casi acaban el trabajo del día, el sol está por irse. La sección principal del viñedo, la inferior, ya está libre de uvas, mañana terminarán.

Van Gogh pintó esta escena en Arles, al sur de Francia, en noviembre de 1888[1] El Viñedo Rojo. La pintura no es famosa por su contenido, sino por ser la única que pudo vender en vida. Recibió 5 francos[2] por ella.

Vincent Van Gogh nació un 30 de marzo de 1853 en Zundert[3], provincia holandesa, siendo el mayor de 6 hermanos. Tuvo una vida áspera durante su niñez y juventud. Trabajaba en galerías de arte, un negocio familiar, hasta que una gran decepción amorosa cuando él contaba con 21 años, cambió súbitamente su forma de pensar; inició estudios en teología y se refugió en la religión, incluso durante un tiempo –ya en 1877- vivió duramente como evangelizador en la Borínage, un territorio minero al sur de Bruselas, donde deseoso de sentirse útil, ayudó en todo lo que pudo a los trabajadores[4]. Su afán por rechazar las cosas materiales molestó a los dueños quienes no entendían su deseo de compartir el precario estilo de vida de los locales. Una tragedia minera[5] y el no sentir realizado su fin de predicar y enseñar el cristianismo, reforzaron sus depresiones, inseguridades y espíritu solitario.

Sin rumbo fijo en un futuro cercano, Vincent se dedicó a pasar el tiempo dibujando, primero a carboncillo y lápiz. Dibujaba cualquier objeto; uno de los primeros fue una jarra, mejor dicho, un estudio de una jarra a lápiz donde en cada sección vertical de ella, se ven las diferentes tonalidades de la luz conforme el diámetro avanza.

Su carrera artística es corta, abarca de 1881 a su muerte en 1890. Su primer pintura que se tiene registrada es un muchacho en cuclillas cortando el pasto, pantalón y chaleco marrón, camisa y calcetines azul celeste Niño Cortando El Pasto Con Una Hoz[6], un cuadro intrascendente, casi un dibujo, pero que denota una facilidad para la pintura; no cualquiera lo realiza. Van Gogh poco a poco descubría su verdadera pasión.

Los primeros cuatro años de su carrera se dedicó a pintar en Neuen, campesinos, chozas, cabras, ovejas, pequeñas iglesias provincianas y mucha naturaleza muerta. Si uno mira cronológicamente su obra, sin duda éste es un periodo de aprendizaje, donde se ceñía a las formas y técnicas establecidas para la pintura: las formas, los colores opacos, los usos de luz, la profundidad… todo ello era perfeccionado por Van Gogh en cada pintura conforme avanzaban estos años. La que es considerada su primer gran obra maestra la realizó en 1885, Los Comedores De Patatas, "Creo que la pintura de los campesinos comiendo patatas es el mejor trabajo que hice en Neuen"[7] le decía en una carta a su hermano Theo[8] tiempo después. Vincent en ese momento supo que su periodo de aprendizaje había terminado. Tras una breve escala en Amberes, llegó a Paris.

Los pintores y escultores principalmente, por siglos habían acudida a Italia como centro artístico por excelencia, sin embargo, a finales del siglo XIX la modernidad no estaba en Italia, sino en París, donde la Revolución, un siglo antes, había colocado la ciudad en la vanguardia europea.

El cambio en la pintura de Vincent fue radical, comenzó a realizar más retratos, de cualquier persona conocida, sus pinturas antes opacas donde predominaban el marrón, negro y rojo oscuro, ahora eran remplazadas por colores más vivos. Empezaron sus famosos autorretratos, donde explotaba el colorido de su físico pelirrojo con fondos de múltiples tonalidades que se acentuaban cuando se agregaba algún sombrero o corbata. En Celebraciones Del 14 de Julio En París[9] del verano de 1886, es probablemente la primera vez donde se observan sus famosas plastas de pintura sobre el óleo, signo inequívoco de Van Gogh, y como muchos mencionan, también de su tormentosa personalidad.

París ayudó mucho a Vincent ya que encontró uno de los círculos de pintores más reconocidos en la historia; se codeaba con desconocidos que a la larga serían maestros como Cézanne, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Pissarro, Seurat, Degas, Monet, Manet, etc[10]; no se ceñía a un solo estilo, probaba diferentes métodos, aunque ya en este periodo parisino es clara la seguridad de Van Gogh en su pintura. "Una pintura con alma es superior a su realidad en la naturaleza"[11] le escribía a su hermano, "mi gran deseo es aprender a hacer deformaciones o inexactitudes o mutaciones de lo verdadero; mi gran deseo es que salgan, si es necesario, hasta mentiras, pero mentiras que sean más verdaderas que la verdad literal".[12] Sus lienzos ya tenían alma, faltaba un comprador.

Theo, en atención a la precaria situación económica de Vincent, compartió su piso con él. Esto le permitió al hermano mayor poder gastar el poco dinero con el que contaba en pinturas, óleos y de vez en cuando en comida. Su salud física no era la mejor, sus depresiones eran constantes, sin embargo, a partir de París, la productividad de Van Gogh fue impresionante, pintaba prácticamente sin descanso, y más y más pinturas se acumulaban en casa de Theo[13], quien trataba, al ser un comerciante de arte, de vender las pinturas de su hermano y así ayudarlo. No lo lograba; la gente todavía quería ver pintura hecha como los grandes maestros de los siglos XVI y XVII, con tonos serios, figuras bien delineadas, mensajes bíblicos o de la realeza. No estaban preparados para ver colgadas en sus casas o negocios pinturas con esos colores hirientes, esas formas diluidas, con gente, calles y paisajes del día a día como temas. París no lograba entender en ese entonces a uno de los mejores pintores de todos los tiempos.

Van Gogh prolonga su estadía en la capital francesa hasta 1888; decide entonces buscar nuevos aires y mucho sol. Arles era el lugar indicado.

Alcanzó su cenit aquí. La madurez del artista se ve en cada óleo realizado en este periodo; una gran rapidez y eficacia de trabajo se une a su seguridad en la pintura, sin duda sobre técnicas, sin duda sobre sujetos, sin dudas sobre su arte.

"El calor es glorioso e inmenso, sin viento, que así me gusta. El sol, una luz, que en mejores términos sólo puedo llamarlo Amarillo…. Ah! Es hermoso el amarillo!"[14] Gran cantidad de pinturas de Van Gogh se vuelcan a este color, la ciudad ofrece un radiante sol que es complementado con los mares de girasoles que la pequeña provincia ofrece en sus fronteras[15]. Los óleos más memorables de Arles son aquellos con esta flor como tema, o su casa que, casualidades, es de este color que ahora obsesiona a Vincent, sin olvidar la que muchos consideramos su mejor obra: Terraza de Café en la Plaza del Fórum en Arles[16], un marco azul a la izquierda abre la vista hacia un café amarillo-naranja, tonos que surgen de un candelabro. Un café de mesas en la calle, atendido por una alta mesera vestida de blanco, con las seis mesas del fondo ocupadas dejando espacio en otras cuatro para quizá algunos de los transeúntes que caminan por el empedrado a la derecha del cuadro. Una figura que entra o sale a escena por una de las puertas laterales del café, toda de negro, como los edificios del fondo con algunas ventanas iluminadas, siendo aquellos estorbados en nuestra visión por un árbol que cubre la parte más oriental del lienzo. Todo esto adornado con un cielo estrellado que incluso lo sentimos arriba de nosotros.

¿Acaso era necesario un toque de locura por vivir para ser inmortal? Vincent no vendía, era nadie en el mundo de la pintura, un holandés pelirrojo que se dedicaba a ser pintor; ni en sueños imaginaría el reconocimiento mundial del que goza ahora. Después de una fuerte discusión con Gauguin que lo visita en su casa amarilla, el 23 de diciembre de 1888, de buscarlo por las calles de Arles, encontrarlo, y salir corriendo con un cuchillo en mano a su casa, se corta la oreja derecha. El testimonio es su autorretrato con gorro azul, vendaje, pipa y fondo naranja.

En carta a Theo, reconoce su "naturaleza dual"[17][18], y acepta ingresar al asilo de Saint Remy. Al estar confinado al asilo, Van Gogh aprovecha el tiempo pintando los paisajes en los alrededores, utiliza en gran parte de sus pinturas en este periodo los tonos azules y verdes, de distintas tonalidades, lo cual denota amén de mucho campo, un cielo siempre azul acechado de nubes. Adiós al amarillo.

En julio y septiembre de ese año, pinta lo que serían unos de sus últimos cuadros más reconocidos, La Noche Estrellada y su Habitación En Arles respectivamente.

Theo logra para marzo del siguiente año, en 1890 y en vísperas de su cumpleaños 37, una exhibición en el Salón des Indépendants. Theo escribe a Van Gogh "tus pinturas han tenido mucho éxito. Monet dice que tus pinturas fueron las mejores en toda la exhibición. Muchos otros artistas me han hablado de ellas también"[19]. Van Gogh deja de ser un desconocido para el mundo artístico.

¿Está contento Vincent con ello? ¿Pintaba para obtener fama y reconocimiento? No, para Vincent la pintura iba más allá, pintaba para sí mismo, por una gran pasión por su arte; en el fondo no importaba que nadie lo comprendiera, él lo entendía y con ello bastaba. Tal estado de ánimo quedó manifiesto en una carta a su madre "Cuando escuché que mi trabajó tenía cierto éxito, tuve miedo….en la vida de un pintor es muy común que el éxito es lo peor que te pueda suceder"[20][21].

En aras de cercanía con Theo, Van Gogh se traslada, en mayo de 1890, a la provincia de Auvers, ligeramente al norte de París, donde encuentra al Dr. Paul Gachet, médico de enfermedades mentales, en especial la melancolía y depresión, sobre las cuales hizo su tesis.[22] "Encontré en el Dr. Gachet a un amigo…y algo como un nuevo hermano, así de parecidos somos física y moralmente también… él es muy nervioso y también muy extraño…"[23] Vincent lo conoce un 20 de mayo que es cuando llega a Auvers, y casi exactamente un siglo después, el 15 de mayo de 1990, el Retrato del Dr. Paul Gachet se convertía en la pintura más cara jamás vendida hasta esa fecha[24]; en subasta de Christie´s en Nueva York, donde por 82.5 millones de dólares, Ryoei Saito[25] compraba uno de los dos cuadros que del Dr. Gachet, Vincent realizó. Su última obra maestra.

Van Gogh se disparó en el pecho el 27 de julio de 1890 para morir dos días después en compañía de Theo; sus ultimas palabras a su hermano al parecer fueron "me gustaría que ya todo hubiese acabado"[26]. Vincent muere en el anonimato artístico salpicado con breves reconocimientos de sus colegas; el público en general tardaría muchos años y una paciente labor de la esposa de Theo[27] para reconocer y entender sus pinturas. Su legado no lo pudo disfrutar en vida, siempre fue un adelantado a su época sin ánimos inmortales; Vincent simplemente era un apasionado de la pintura.

En su última carta a Theo, que sostenía ya moribundo, se podía leer: "…la verdad es que sólo podemos hacer que sean nuestros cuadros los que hablen…"[28], Vincent será, por siempre, una de las voces más reconocidas y escuchadas en la pintura mundial.

Se lo debemos a él y a Theo.

Gauguin dice[29] que los 5 francos recibidos por El Viñedo Rojo los regaló Vincent a una prostituta. Y siguió rumbo a casa, con el estómago vacío.

Laranjinha. Creaciòn literaria Casa Lamm.


Laranjinha. Creaciòn literaria Casa Lamm.


[1] WALTHER, Ingo. METZGER, Rainer. Van Gogh The Complete Paintings. Taschen. Slovenia. 2001

[2] No hay unanimidad al respecto, se habla de 5 francos, 200 ó 400.

[3] AUTORES VARIOS. Enciclopedia Británica. University of Chicago. Tomo 5. 15ª Edición. Estados Unidos. 1992

[4] STONE, Irving. Lujuria de Vivir. Emecé. 1ª Edición. Buenos Aires. 2001

[5] En donde mueren 56 personas (mujeres, niños y los trabajadores), que trabajaban en condiciones deplorables, con jornadas laborales de 13 horas, con una paga de 50 céntimos al día

[6] WALTHER, Ingo. METZGER, Rainer. Van Gogh The Complete Paintings. Taschen. Slovenia. 2001

[7] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998

[8] Vincent a lo largo de su vida mantuvo asidua correspondencia con su hermano Theo, fundamental apoyo moral y económico para que la pintura de Vincent se desarrollara

[9] WALTHER, Ingo. METZGER, Rainer. Van Gogh The Complete Paintings. Taschen. Slovenia. 2001

[10] BAYLE, Francoise. Orsay. Artlys. París. 2001

[11] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998

[12] STONE, Irving. Lujuria de Vivir. Emecé. 1ª Edición. Buenos Aires. 2001

[13] En 10 años de carrera, Van Gogh pintó alrededor de 870 cuadros

[14] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998.

[15] Estudios sicológicos han tratado de demostrar el estado mental esquizofrénico de Van Gogh a través de sus pinturas, siendo sus plastas de pintura y, en especial el uso del amarillo, sus principales argumentos.

[16] WALTHER, Ingo. METZGER, Rainer. Van Gogh The Complete Paintings. Taschen. Slovenia. 2001

[17] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998

[18] Bipolar, en términos médicos actuales

[19] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998

[20] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998

[21] Nombre de soltera de su madre: Anna Cornelia neé Carbentus

[22] BAYLE, Francoise. Orsay. Artlys. París. 2001

[23] Idem.

[24] Fue superada, años después, por Picasso

[25] http://www.vggallery.com/misc/faq.htm

[26] WALTHER, Ingo. METZGER, Rainer. Van Gogh The Complete Paintings. Taschen. Slovenia. 2001

[27] Theo moriría en enero del siguiente año a causa de una infección en el riñón, aunque la verdadera causa se dice que fue el no poder soportar la tristeza de haber perdido a su hermano.

[28] VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Idea Universitaria. Barcelona. 1998

[29] WALTHER, Ingo. METZGER, Rainer. Van Gogh The Complete Paintings. Taschen. Slovenia. 2001

* La imagen ha sido tomada de historiadeunsecuestrocontinuacion.blogspot.com

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Ayocuan Cuetzpaltzin, el poeta

Por Juan Cervera Sanchìs - 15 de Noviembre, 2010, 15:43, Categoría: Sofías y Sofíos

Ayocuan Cuetzpaltzin, el poeta*

Por Juan Cervera Sanchís**

 

Se sabe que Ayocuan Cuetzpaltzin, llamado "El Sabio Águila Blanca de Tecamachalco", nació en la segunda mitad del siglo XV de nuestra era y murió a principios del siglo XVI.

Fue admirado y elogiado por sus contemporáneos. Incluso otros poetas de su tiempo le dedicaron algunos de sus cantares.

Ayocuan fue chichimeca y su padre, entre otros pequeños reinos, gobernó el señorío de Tecamachalco. Pero de un poeta, por sobre todo, lo que nos importa es su poesía. Y nos importa principalmente por su contenido esencial, por su claridad y por su perfección formal. Triángulo imprescindible. Ayocuan fue un cantor preocupado en extremo por la fugacidad de la vida y por el constante y continuo cambio del entorno humano. Ante ello solía cantar para sí mismo:

"Que se repartan/ flores de maíz tostado, flores de cacao. / ¡Que permanezca la tierra!"

Frente a los hechos cambiantes, Ayocuan, manifiesta a grito desgarrado que la tierra, por lo menos la tierra, permanezca.

Hoy, nosotros, sabemos que ni siquiera la tierra permanecerá y, sin embargo, parecemos resignados a aceptar lo efímero de nuestras vidas y la muerte, por igual, de nuestro planeta y el hermoso sol que lo ilumina.

Ayocuan no quería resignarse y de ese no querer aceptar lo transitorio de la vida nace su poesía, su canto, su asombro ante la belleza y la crueldad del mundo y sus coloridos y descoloridos espejismos.

Poesía bellísima y sentida la suya, que pone su fe en la amistad:

"La amistad es lluvia de flores preciosas".

Maravilloso verso este, sin duda. En mitad de todas las incertidumbres del ser que somos, esclavo del segundo fugaz, Ayocuan Cuetzpaltzin, creía en la amistad y la cultivaba con el mayor de los esmeros, como cultiva el delicado y amante jardinero la flor de su predilección.

Sí, por este sólo verso, este hondo poeta chichimeca, merece nuestro [respeto] y nuestra admiración, junto con nuestra gratitud.

"La amistad es lluvia de flores".

¿No es hermosísimo? ¿No es en sí mismo un universo de poesía este verso-poema que nos ilumina y reconforta?

Genial poeta Ayocuan, amante de las flores, de las aves y amigo de sus amigos. Hombre-poeta que se estremece ante la sospecha del olvido, sediento de amor y de memoria, y aunque no imaginó que tu y yo, en esta primera década del siglo XXI lo recordaríamos aquí y ahora, Ayocuan, ahora y aquí, habita con nosotros en el círculo de los inolvidables afectos. Él, temeroso y dolorido, se preguntaba:

"¿Nada de mi fama aquí en la tierra?"

Sentía y pensaba que nada de su fama, ni una pizca, quedaría aquí en la tierra. El pensar esto lo angustiaba y, herido por el temor de ser olvidado por completo, se entregaba al canto y la contemplación de las flores, preguntándose:

"¿Al menos cantos, al menos flores?"

Ansias de ebriedad, de apurar el néctar de la belleza y perder los sentidos todos hasta obtener la luminosidad del éxtasis.

Ayocuan cantaba y cantaba con ese frenético propósito:

"Gocemos, oh amigos, / haya abrazos aquí. / Ahora andamos sobre la tierra florida. / Nadie hará terminar aquí / las flores y los cantos, / ellos perdurarán en la casa de Dador de la Vida".

Y añadía, pienso yo que con lágrimas en los ojos:

"Aquí en la tierra es la región del momento fugaz".

La tierra, lugar, según Ayocuan, "donde venimos a conocer nuestro rostro".

Al menos eso era lo que se preguntaba el atormentado poeta chichimeca quien, como más tarde Antonio Machado, vivía preocupado y pensando en la posibilidad de hablar con Dios, el Dador de la Vida, es decir, ansioso de encontrar una respuesta satisfactoria que le despejara el enigma de la existencia, aunque ninguno de los dos pudo evitar quedarse colgado de la frágil rama de la duda. El misterio de la vida, una y otra vez permanece intacto. El hombre, el poeta, seguía y sigue siendo una interrogación en busca de una respuesta, una respuesta que por más y más que busca, no acaba de encontrar.

Cantemos, proclamaba Ayocuan Cuetzpaltzin, y su voz se levantaba de la tierra hacia los cósmicos misterios descubriendo la proximidad de la belleza como una posible respuesta, tal vez más imaginaria que real, pero eso sí, bellísima:

"Un dorado pájaro cascabel".

Y el ave que eleva su canto rodeado de flores:

"Sobre las ramas floridas cantáis".

¿Acaso la tierra es una rama de un gran árbol sideral y el poeta un pájaro cascabel que canta?

¿Quién pues lo escucha desde otra dimensión sin que él lo advierta?

La poesía de Ayocuan, bella a morir de viva y colorida emoción, está superpoblada de aves canoras, de interrogantes canciones en busca de respuestas, quizás, imposibles de hallar, como la misma vida... que se nos va a todos sin darnos cuenta, mientras que de repente descubrimos, con estremecido asombro, que apenas ayer éramos niños y hoy ya somos ancianos.

¿Qué podemos hacer? La respuesta nos la da Ayocuan Cuetzpaltzin:

Cantar, cantar y cantar, porque el canto es salvador, y rendir culto a la belleza.

 

*Este artículo ha sido publicado en este blog con la autorización personal de Don Juan Cervera Sanchís (dicha autorización fue otorgada el sábado 13-Nov-2010, durante una reunión choboja en el Museo Franz Mayer).

Original y recientemente fue publicado en el semanario La Voz del Norte, periódico cultural de Sinaloa (En primera plana y página 2). Mocorito, Sinaloa, 31 de Octubre de 2010/ No. 23/ Nueva Época/ José Ley Domínguez, A.C. / Director: Juan Salvador Avilés Ochoa.

 

**Conoce más del trabajo de este extraordinario poeta y periodista visitando http://vidasinfin.zoomblog.com que es uno de los principales blogs que integran el extenso universo del Proyecto Cultural Chobojos. Encontrarás excelentes letras—en su mayoría versadas y siempre llenas de sensibilidad—escritas por este hombre que se considera producto de dos mundos culturales y a sí mismo se denomina "trasterrado andaluz" o "mestizo cultural".

Atte. Leonel Puente.   


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Biografía familiar de Marie Langer

Por José Luis González Fernández & Verónica Langer - 17 de Octubre, 2010, 18:50, Categoría: Sofías y Sofíos


Marie Lizbeth Glas Hauser, nace en Viena, Austria, el 31 de agosto de 1910. Hija segunda y menor de una familia de la alta burguesía judía dedicada a los hilados y tejidos y al comercio de caballos. A los 4 años de edad, estalla la Primera Guerra Mundial y su padre parte al frente. Marie contaba que "Hubiera querido acompañarlo, pero ya sabía que eso no era posible, no solamente porque era pequeña, sino también porque era mujer. Las únicas mujeres que iban a la guerra eran las enfermeras. Desde entonces supe que tendría una profesión: sería enfermera". Ingresa a la Schwartzwaldschule, un liceo que posibilitaba la entrada a la Universidad, y al terminar el bachillerato, ingresa a la escuela de medicina.

Cerca de Hamburgo, asiste a un mitin imponente en el que se oye hablar a Hitler: Esta experiencia marca un cambio en su vida. De regreso a Viena, ingresa al Partido Comunista. De esto señala que "Sería el partido quien me iba a liberar del aislamiento y el malestar confuso de ser una muchacha, ya no rica, pero que vivía del dinero que le enviaban sus padres, y me encontré en un ambiente nuevo en donde la solidaridad era una práctica cotidiana. Mi vida había adquirido un sentido más allá de lo personal, de lo individual". En 1935 Marie Langer termina la carrera de medicina, pero no logra trabajar en Viena, ya que, desde el encumbramiento del austro-fascismo, ningún hospital contrata a médicos de origen judío. Es entonces que prosigue su formación en la cátedra de Psiquiatría del Heinz Hartman. Casi en forma simultánea, comienza su formación psicoanalítica en el Instituto de Psicoanálisis de Viena, entrevistada por la propia Anna Freud, y comienza su análisis didáctico con Richard Sterba. -Creo que elegí bien- decía, "El psicoanálisis es un instrumento valioso, no tanto para curarse, sino para manejar mejor la propia locura y no mentirse más. Al poco tiempo, Marie cae presa junto con un grupo de médicos pacifistas, entre los que estaban el Dr. Max Langer, su futuro marido. A los pocos días, el director del instituto la llama para amonestarla por contravenir las normas establecidas.

Es el tiempo de partida para España, y como ella decía "La izquierda me salvó la vida. Sino hubiera sido por la izquierda, me habría quedado en Viena y me hubieran matado por judía". En España, los Langer se integran a las Brigadas Internacionales, Max como médico y ella, "Mimi" como nombre de lucha, como su asistente. Trabajan en Colmenar y luego en Murcia, en donde Max dirige el servicio ortopédico. Al caer derrotada la República española por el fascismo internacional, los Langer emigran a América, con la idea de establecerse en México, sin embargo, la visa nunca llegó y encontraron la oportunidad de establecerse en el Uruguay. Allí nace sus dos primeros hijos, Tomás y Nicolás. Fueron años duros en los que los dos tienen que abandonar su profesión de médicos.

Pocos años después, en busca de mejores oportunidades, los Langer deciden probar suerte en Buenos Aires, Argentina. Al llegar, por consejo de Max, Mimi establece relación con el grupo psicoanalítico argentino. Así es como Garma, Cárcamo, Ferrary Hardoy, Pichon Riviere, Rascowsky y la propia Marie Langer, fundan la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) en el año de 1943. Una vez terminada la guerra, la dedicación y lealtad que dedicó durante muchos años a la militancia política, la sustituía por una militancia institucional analítica. En ese periodo, ocupa cargos como la presidencia de la APA, de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, de la Confederación Psicoanalítica Latinoamericana, entre otros, nacen sus otros tres hijos, se dedica por más de 10 horas al día a la práctica psicoanalítica, y su investigación, estaba enfocada a la problemática de la mujer, en concreto, a la sexualidad y las perturbaciones de origen psicosomático, publicando entonces "Maternidad y Sexo", y poco después, junto con León Grinberg y Emilio Rodrigué, "Psicoterapia de Grupo" (1957).

En 1965, muere su compañero Max, y es un factor que la hace decidir reintegrarse a la actividad política, decía "ya somos muchos los que llegamos a la conclusión de que psicoanálisis, marxismo y revolución no son excluyentes, y perdimos la fobia al mundo de fuera de nuestra institución". En 1969 se efectúa el famoso Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional en Roma. Ahí, un grupo de analistas europeos y argentinos, plantean la formación del movimiento Plataforma. Dicho movimiento intentaba transformar las rígidas estructuras de la Asociación Psicoanalítica Internacional. De vuelta a la Argentina, a los dos años y junto con el grupo "Documento", llegan a la ruptura definitiva con la APA. Marie Langer encabezaba este grupo y a partir de ese momento, sus actividades adquieren un giro diferente, combinando la política y el psicoanálisis. Lo gremial cobra cada día más importancia en ella, ingresa a la Federación Argentina de Psiquiatras, de la que poco después, será su presidenta. Participa en la creación del Centro de Docencia e Investigación que representa una alternativa de formación para los jóvenes, fuera de las instituciones tradicionales, ingresa a la cátedra de Psicología Médica de la Facultad de Medicina, y regresa a la actividad psiquiátrica en el Hospital de Avellaneda.

Por esa época, en la Argentina, la dictadura de Lanusse se tambalea, y una comisión de la Federación Argentina de Psiquiatría, en la que se encuentra mimi, logra visitar a los presos políticos en la cárcel. En 1973, se convocan elecciones libres y gana Cámpora, quien renuncia para dar paso a la fórmula Perón-Isabelita. A finales del año 1974, hace su aparición la Alianza Anticomunista Argentina, tristemente conocida como la Triple A, cuyo objetivo era el exterminio de militantes políticos y gremiales, obreros, intelectuales, estudiantes y cualquier ciudadano progresista,consiguiendo su objetivo con impunidad cobijada por Isabel Perón a la sombra de López Rega. Marie Langer, es notificada de la intención de la Triple A de exterminarla, y con el tiempo justo y 200 dólares en la bolsa, parte para México, en un nuevo exilio.

Bibliografía
-Perrés José. González Fernández José Luis. Marie Langer, una bibliografía en proceso. México. Universidad Autónoma Metropolitana. 1997.
-Langer, Guinsberg, Del Palacio. Memoria, Historia y Diálogo Psicoanalítico. México. Folios Ediciones. 1980
-Langer Verónica. "Entrevista a Marie Langer" en grabación magnetofónica. 1976.
-González Fernández José Luis y Langer Verónica. "Marie Langer: un esbozo biográfico". Conferencia. Homenaje a Marie Langer. 1997.

*Extraído de http://www.marielanger.com/ con la amable autorización de Verónica Langer.

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