El Camino del Retorno
Remembranzas existenciales.

Una Biblia cualquiera...

Por Leócrates - 31 de Diciembre, 2015, 13:38, Categoría: El Camino del Retorno

(31/XII/2015) Hoy no se iba a abrir la librería; sólo vine a trabajar unas horas, pero ni siquiera me interesa si me pagan o si se vende algo, más que nada lo tomo como una forma de terapia ocupacional. Mi padre murió hace 4 años, mi hermano está de luto por un amigo, mi hermana está enojada con su marido, mi madre quiere ir a Querétaro y yo tengo ganas de estar solo, hoy amanecí demasiado neurótico.

Abro maquinalmente las cortinas de metal y me dispongo a mirar a través del cristal los escasos carros que pasan (escasos en relación a la fecha, en realidad, si los contase, serían muchos, la ciudad está más hecha para que circulen carros que para que vivan en ellas las personas).

La voz de la locutora de la estación de jazz me pone de buen humor, siento ganas de llamar y pedir Equinox, de Jhon Coltrane, pero me contengo, luego ni contestan y no tengo ganas de ningún tipo de contradicción: ya es demasiada la contradicción y ambiguedad internas que este día me cargo. Aniceto Aramoni dice que no hay peligro de suicidio si el individuo aún alberga dudas sobre la existencia. El verdadero suicida está ya en otra dimensión, su alma es presa de la desesperación total y de la absoluta negación por la vida. 

Dejo que fluya la mañana y que llegue el mediodía. Pienso en Baudelaire, en Maupassant, en Manuel Acuña, en Artaud, en O´Gorman, en Hemingway, en Quiroga, en Mishima, en Alfonsina Storni, en Virginia Woolf, en Chaikovski...No todos lo lograron, algunos nomás lo intentaron.

En una famosa casa de subastas, la nota del intento fallido de Charles Baudelaire alcanzó una suma extraordinaria. Hasta la desesperación tiene un precio para el homo sapiens. "Me mato porque ya no puedo vivir más. Me resultan insoportables el cansancio de dormirme y despertarme. Me mato porque soy inútil para los demás y peligroso para mí mismo. Me mato porque me creo inmortal y espero."

Llega un cliente femenino. Hasta donde recuerdo, decir "clienta" o "águilo" (para águila macho) no es correcto; pero debo atender el negocio en lugar de volarme con mis disertaciones gramaticales mentales.

- "Tiene una Biblia".

- ¿Alguna en especial?

- No, quiero una Biblia cualquiera; pero si tiene una de Valera, mejor...

- Buena elección, a mí también es la versión que más me gusta...(iba a decir "me gustaba", cuando acostumbraba leer ese interesantísimo libro de política porque sus propuestas de dominio global son muy viables, pero desde el boom de la internet, otro es el dios que controla al mundo).

Existe un libro del Libro que nunca deja de gustarme, especialmente un versículo y en la traducción de Cipriano de Valera, revisada por Casiodoro de Reyna: "Si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador". Eclesiastés 10:11.

Con esa advertencia y los cuentos de Kalimán, ya tiene uno ciertas armas para defenderse en la vida y tratar de no ser tan infeliz: "Quien domina la mente lo domina todo...Quien domina a otros es poderoso, pero quien se domina a sí mismo es invensible".





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La literatura como mercancía

Por Leócrates - 30 de Diciembre, 2015, 13:03, Categoría: El Camino del Retorno

(30/XII/2015) Hoy si ha estado muy mal la venta: tan solo un libro y muy barato. De repente decido a darle rienda suelta a una idea que ya traía y me pongo a buscar varios libros con precios entre 45 y 75 pesos. Dicen que no hay cosa peor que un idiota con iniciativa, pero hoy amanecí con algunos gramos de autoestima. Una vez que tengo tres docenas los amontono cerca del aparador con un letrero que dice $50 pesos. Para no verme gandalla con mi empleador, "dono" tres libros míos algo maltratados, uno de Eco y dos de García Márquez (para también correr riesgos y pagar mi parte de responsabilidad). En menos de lo que aletea un colibrí, El nombre de la rosa pasa a otro dueño. El nuevo dueño, en cuestión, es un muchacho de unos 20 años que venía buscando "algo que leer". Le platico someramente la trama de la famosísima novela de Eco y le brillan los ojos, saca su billete y sale disparado; conozco ese comportamiento, hace tiempo yo era así y me devoraba los libros con un hambre de niño de hospicio intelectual.

Viene un señor de edad y me pide algo de algún ganador del Nobel, le ofrezco los de García Márquez y me dice que no, que ya le perdió el gusto, no el respeto pero sí el gusto. Me viene a la mente Solschenitzin para recomendárselo, pero no digo nada. Entre el montón de libros de 50 pesos encuentra uno que se títula Cinco novelas clave de la literatura hispanoamericana de un tal Antonio Sacoto, lo hojea un poco, ve el índice y me dice: -"Este". -"Las he leído todas, sabe usted...creo que va a ser interesante conocer la opinión de otra persona sobre estas maravillosas obras". Le respondo que sí, que seguramente va a ser muy interesante porque "no sólo son cinco novelas clave de la literatura hispanoamericana sino de la literatura universal". Entablamos charla entonces sobre las exquisiteses de las letras y terminamos hablando sobre El Quijote. Me dice:-"Nunca he podido pasar de los molinos de viento". -"Yo sí, pero nunca he llegado al final...¿Sabía usted que en este año se cumplen 400 años de la publicación de la Segunda Parte del Quijote?...¡No! Pues así es, en un inicio, El Quijote no era tan largo como lo fue después y, de hecho, es posible que sea la primera novela propiamente dicha en donde los personajes principales tienen un desarrollo psicológico complejo, antes de eso, los Míos Cid y los Roldanes eran cantares de gestas, siempre de los personajes de la nobleza y siempre de los vencedores...a Don Quijote y a Sancho Panza, el choque con la realidad los va moldeando, los va transformando a lo largo de la trama de sus singulares aventuras, no terminan siendo como eran...".

La presencia de un nuevo cliente me detiene de mis desquiciadas disertaciones y me tengo que despedir del cliente anterior. No me molesto, al fin de cuentas mis esquizofrénicas opiniones no deben ser fomentadas por más de algunos minutos. Me dispongo a atender a otra persona con no sé qué gustos, intereses o manías. Y resulta ser un individuo muy chistoso y muy grosero; me pregunta por un título que no está y luego me pide que le recomiende algo "interesante de a de veras". A todo lo que le sugiero dice que no de forma tajante y altanera. La neurosis ajena me divierte mucho, por eso digo que es muy chistoso, pero después de un rato de intentar atenderlo me comienzo a impacientar tratando de que no lo note. Casi a punto de sacarme de quicio, abruptamente decide irse y yo vuelvo a respirar a todo pulmón. ¿Y esos corajes quién me los paga?

Llega una señora, pone dos bolsas llenas de libros sobre aparador y me pregunta a quemarropa: -"¿Cuánto me da...? Y tenga en cuenta que ya soy clienta...". Reviso el material. Nada extraordinario, sólo una que otra cosa de interés general. De hecho, le devuelvo más de una tercera parte porque son libros de texto escolar, carísimos en su temporada, pero comercialmente insignificantes después de su uso. Hasta abajo encuentro Caballo de Troya 1 y 2 junto con Azteca de Gary Jennings (que se lee en México más que La visión de los vencidos de León Portilla). No es literatura que me atraiga, pero esos tres títulos están en la lista de "cotizados". Le digo: -"Le doy $50"-"No; quiero $100 de menos, fíjese que vienen dos caballos de Troya y un Azteca...". No sé porque carambas, pero me surge un impulso que no puedo detener y con toda la intención de hacerla enojar le pregunto irónicamente: "¿Están buenos? ¿De qué se tratan?". Se me queda viendo como si yo fuera marciano. Me carcajeo para mis adentros, pero no se lo hago notar...-"Le doy 60". -"70 y órale!". -"Va que va". Le pago y me dice: -"El otro señor me daba más". No le creo en lo absoluto, yo apenas soy aprendiz en esto de comerciar con libros y sé que precisamente ese es el negocio de los libros usados: comprar lo más barato posible y vender lo más caro que la demanda de los clientes y la moda lo permita. Pero total, no lo hice tan mal para ser la primera vez.

Llevo los libros al área de nuevas adquisiciones, anoto el gasto y una brevísima descripción del lote comprado; acto seguido, pongo el Caballo de Troya I en el aparador y casi me lo arrebata un cliente. Como está muy maltratado, se me ocurre decirle: -"$70". El individuo saca el dinero y paga sin chistar y se va. ¡Ver para creer!

¿Y yo de qué me quejo si, hace algunos años, para conquistar a una ladie pseudointelectual me tuve que echar tres libros de Coelho al hilo y decirle que eran una maravilla? Además me la pasé muy bien con ella y los libros los canjeé después con un amigo por Las variedades de expériencias religiosas de William James. La vida es muy corta como para asesinar a todo aquel que no haya leído a Nietzsche.

Hablando al chile, también hay veces en que me la creo que el universo entero conspira para que yo logre mi leyenda personal. Nomás que en mi caso, el azotón con la vida real cada vez es peor. Lo que sí es indiscutible es que existe una enorme demanda de literatura como moda, como mercancía en el mercado de las personalidades. Aquí no estoy para juzgar las lecturas de nadie, cada quien puede tener las patologías literarias que le vengan en gana y la simple estrategia de venta dio resultado y salvo el día. Mañana otro día será.

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Polvo, papel y jazz

Por Leócrates - 28 de Diciembre, 2015, 13:22, Categoría: El Camino del Retorno

Alguna vez había entrado ya a esta librería y, por alguna extraña razón, sabía que algún día trabajaría yo aquí. Se combinaron ciertas cosas, se concatenaron los tiempos y, hoy, Día de los Inocentes 2015, comencé a laborar a las 11am. Han venido unas diez personas a preguntar por tal o cual libro de moda y no estaba ninguno (¿qué no ven el letrero que dice: "libros usados"?); también han venido tres personas a preguntar por el anterior encargado de la librería y me han pedido que, si lo llego a ver, le haga patentes sus efusivos saludos y buenos deseos de Año Nuevo. Dos señoras me han pedido que las oriente sobre determinada dirección.

Son las 2pm y sólo he vendido un libro de adivinanzas para niños y he reacomodado un poco el escritorio donde se archivan los materiales. Sintonicé la estación de jazz que suelo escuchar y puse manos a la obra para conocer un poco más acerca de la ubicación de los libros. Tiré a la basura varios periódicos empolvados y algunos pedazos de plástico...¿por qué molesta tanto el polvo ajeno y el propio lo pasa uno a menudo por alto? 

Apenas llevaba unos cuántos minutos revisando los anaqueles y de pronto mi mirada se quedó trabada en un nombre: Jacobo Grinberg-Zylberbaum...Meditación Autoalusiva...Jamás fue mi profesor en la facultad, pero tuve el gusto de tomar alguno de sus cursos extracurriculares hace 26 años...No entendí casi nada, para ser sincero, mi mente era demasiado cuadrada para poder comprender su conocimiento, mis oídos no estaban preparados para escuchar sus enseñanzas más allá de las meras palabras...Vuelvo a colocar el ejemplar en su anaquel, quizá después le daré una revisada; por el momento, acciones mucho más prácticas e inmediatas me reclaman.

Suena la campana. Un cliente. Quería Moby Dick, de Herman Melville. Busqué la obra y nada más estaba el tomo 2, el tomo 1 no se encontraba en su sitio. "No va a ser tan simple trabajar aquí"-me digo. El malogrado cliente es un joven de unos 20 años, muy amable; platicamos unos minutos sobre este libro, escencial para la literatura norteamericana y para la literatura universal; conversamos también un poco sobre una película que actualmente se exhibe en los cines titulada En el corazón del mar, que según cuenta la historia real en la que Melville se basó para escribir su inmortal novela. El muchacho me platica que en el noticiero miró un reportaje sobre una ballena blanca que habían detectado en el océano recientemente y por eso se animó a buscar el texto.

Viene otro cliente y compra Los tipos duros no bailan, de Norman Mailer. Me pregunta si tengo algún otro título de este autor y busco en el sitio correspondiente, pero no, no encuentro más material. El comprador se va y yo me dispongo entonces a dar de baja del archivo los libros vendidos y me topo con que sí había otro libro de Mailer, Crónicas presidenciales. Entonces me doy cuenta que hay dos clasificaciones en la librería: un orden alfabético de novelas y otro orden, también alfabético, pero por temas generales. Me digo: "Eres un inepto, estás despedido"-pero luego me perdono y prosigo con mi día, con mi primer día de trabajo en esta librería de viejo, cuyo interior es un pequeño laberinto ordenado. Sigue sonando el jazz en la radio, siento que ya es la hora de comer y también siento un poco de frío. Por hoy, ya no moveré más cosas de su lugar ni investigaré más; al terminar mi comida continuaré, si se me permite, con la lectura de El día que Nietzsche lloró y a ver que me depara el destino.

 

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Tres señales

Por Leócrates - 11 de Abril, 2013, 1:04, Categoría: El Camino del Retorno

Necesito tres señales:

Una que venga del cielo.

Otra que se encuentre a ras de suelo.

Y, la última, la más importante, que llegue desde el mismísimo infierno.

*

Wednesday, 10th, April, 2013. Monumento a la Madre, Sullivan, D.F., 09:09 pm.

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PASIÖN

Por Jesús Leonel Puente Colin - 14 de Julio, 2010, 13:55, Categoría: El Camino del Retorno

Elí, Elí, ¿lama sabactni?

Mateo 27:46

En toda la semana en curso no he dormido más que algunas horas y, si bien desde los últimos años cruzo por periodos de insomnio de forma constante, en esta ocasión ha sido más crónico e insidioso tal fenómeno.

¿Qué hacer durante horas y horas sin poder conciliar el sueño? Las primeras noches se puede leer, escuchar música, navegar introspectivamente o volar con la imaginación; puede uno escuchar el retumbe del corazón o concentrar la mirada en la luz de la Luna, pero después de casi una semana en tal estado el organismo ya no quieren responder: todo el sistema nervioso central se encuentra al borde del colapso y, en ocasiones, el malestar físico se entremezcla con el terror metafísico de poder perder la razón en cualquier momento.

¿Qué hacer? ¿Embrutecerse con alcohol hasta caer vencido por el efecto de la saturación en la sangre producida por tantos gliceraldehídos? ¿Rezar acaso? ¿A cuál Dios de los tantos que existen? ¿Llorar? ¿Cómo derramar lágrimas si la educación básica fue recibida en un sistema militarizado en donde llorar es declararse vencido?

En el transcurso de la séptima noche bajo este tenor, a eso de la 1:00 A.M., me concentré en la observación de un dibujo: una espiral verde trazada sobre una cartulina blanca. Buscando un poco de calma, "me clave en su textura", como dicen los aguerridos camaradas de Filosofía con los que juego ajedrez los lunes en C.U.

El diseño del dibujo es simple, pero su significado es profundo. Además, el color verde me gusta porque está ligado a la salud y muchos pueblos ancestrales lo relacionan con la naturaleza, la vida y la esperanza. Así pues, concentrado en aquella imagen, clavado en su textura pasé cerca de una hora mientras escuchaba el irregular latido de mi corazón y mi respiración entrecortada.

Hacía tiempo que no tomaba la pluma literalmente. Antes escribía todo primero a mano y luego lo transcribía a la máquina de escribir (ahora a la computadora), pero sucumbí ante los recursos de la posmodernidad y el papel y la tinta lo dejé sólo para las ocasiones muy especiales. También llegué a tener una de esas elegantes plumas chapadas en oro y con un casquillo blanco, regalo que me hiciera mi primera esposa en uno de mis cumpleaños. Ella se la llevó cuando nos divorciamos, supongo porque sabía lo mucho que para mí significaba.

Redacté varias líneas con una pluma común y, cuando se terminó la hoja, recordé que, en alguna parte de mi closet había guardado un paquete de papel de alta calidad. Sólo quedaban siete hojas que aún conservaban su blancura, aunque no inmaculada. Hurgando más en aquel compartimiento, de pronto me salió al paso un paquete tamaño esquela sellado con cinta de aislar. Me entró duda y curiosidad por su contenido y el hecho de que la hubiese clausurado de aquella manera.

Había varios programas de mano relativos a conciertos, obras de teatro o de funciones de cine; recordé escenas o pasajes de la mayoría y experimenté gratos momentos, pero, entonces, casi al final del recuento, hallé uno de color naranja (¿o marrón?) con un solitario atril en la portada. Nomás de verlo me alteró todo el organismo.

"OFUNAM. Orquesta Filarmónica de la UNAM. I Temporada 1979. La Pasión según San Mateo de Juan Sebastián Bach (Versión en español)..."

En Marzo del 2007 la montaron y tenía toda la intención de asistir, pero me enteré muy tarde y todos los boletos ya estaban vendidos pues era presentación única. Me dio coraje y, no obstante, dejé pasar el asunto tratando de convencerme de que es mejor no remover el pasado. Al día siguiente de la función fui a recorrer el Centro Cultural Universitario y me acerqué a la Sala Nezahualcoyotl. Me senté frente a ella un rato y luego anduve vagando por ahí, entonces encontré pegado en la pared uno de los carteles publicitarios de la tan mentada obra y, sin pensarlo siquiera, lo despegué, lo enrollé y salí corriendo. Casi de inmediato lo mandé a enmarcar y cubrir de poliéster para que no se deteriorara...

"Héctor Quintanar, Director titular. Director huésped: Enrique Ribo. Junio 29, Julio 1...Pontífice I: Antonio Armenta...Arias de soprano: Guadalupe Campos...Coro de la UNAM...Coros de niños de la Escuela Nacional de Música...".

Coros de niños de la ENM [uno de ellos yo] ¿Qué fue lo que cantamos, como era el texto, cuál era la letra de nuestra intervención? No lo recuerdo en absoluto. Recuerdo, eso si, que momentos antes de comenzar uno de los conciertos, mientras vocalizábamos el maestro Armenta nos dividió en dos grupos. Alguien estaba desafinando y era en la mitad en donde estaba yo. ¿Seré el desafinado?-me pregunté con suma angustia. No, no era yo, era un niño a la izquierda de mí que posiblemente venía resfriado pero no quería perderse la participación.

¿Qué fue lo que cantamos, como era el texto, cuál era la letra de nuestra intervención? No lo recuerdo en absoluto. Recuerdo, eso si, que momentos antes de comenzar uno de los conciertos, mientras vocalizábamos el maestro Armenta nos dividió en dos grupos. Alguien estaba desafinando y era en la mitad en donde estaba yo. ¿Seré el desafinado?-me pregunté con suma angustia. No, no era yo, era un niño a la izquierda de mí que posiblemente venía resfriado pero no quería perderse la participación.

¿Y si hubiera sido yo el desafinado? ¿Cómo mirar a mis padres que tan ilusionados iban a escucharme? Pocas veces en la vida he experimentado una desesperación tal, ¿o será que, más bien, desde aquella primera sensación extrema, la angustia ya no le permitió sonreir a mi corazón?

Cuento si sentido, nudo gordiano sin solución es el hecho de querer dilucidar qué hubiese sido de la existencia si otras circunstancias se hubiesen concatenado. El caso es que aquello ya pasó y, ahora, a mis cuarenta años, con dos divorcios, dos operaciones, el cuerpo muy castigado y con un extenso lodazal en el cerebro que aletarga mis neuronas, no me puedo seguir dando el lujo de seguir fracasando a placer. De alguna manera tengo que inyectarle adrenalina a mis venas: aparte de un proyecto de vida, necesito una verdadera y sublime pasión. ¡Debe quedar al menos un gramo de voluntad, voluntad de vida y no de muerte en mi interior!

L´amour est un oiseau rebelle

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10,000 horas de vuelo.

Por Leonel Puente - 6 de Julio, 2010, 18:03, Categoría: El Camino del Retorno

"Con un determinado esfuerzo, algo tiene que salir bien"

Johan Huizinga

Homo Ludens

A punto está de cumplirse un año de que tomo lecciones de guitarra con Ruy Amp. Sólo voy un día (los miércoles) y he tenido ganas de abandonar—como es mi costumbre cuando ya no puedo, ya no quiero o ya no me entusiasma realizar cierta tarea o proyecto—pero no he faltado a la clase a no ser por causas de fuerza mayor. Ni en cierto periodo de depresión deje de asistir.

Ha habido ocasiones en que en toda la semana practico poco o no practico nada de plano. Otras veces, practico poco y, antes de ir a la clase, vanamente toco 2 o 3 horas provocando que me duelan los dedos o las muñecas. Hay semanas en que, posesionado como un loco, toco la guitarra obsesionado con grabarme una pieza, como cuando conseguí una copia de la partitura de Lágrima de Francisco Tàrrega; sucede entonces que aprendo cierto ejercicio o cierta pieza, pero la ejecución dista mucho de ser óptima. Luego de un periodo de exaltación, viendo los parcos resultados me desespero o me deprimo; incluso he tenido un par de arranques en los que he estado a punto de reventar el instrumento contra el suelo o la pared.

Por otro lado, siguen los problemas con la afinación. En algo, aunque sea ínfimo, se ha entrenado mi oído; pero siempre queda alguna cuerda sin tensarse lo suficiente o más tensa que las otras. En algo sirve el silbato que da el tono de La, también sirve el diapasón, pero en primera o ultima instancia tengo que recurrir al afinador electrónico para tener cierto grado de certeza en cuanto a la exactitud de los rangos de frecuencia de las notas que emite la guitarra al ser pulsada.

Lo peor es no practicar en absoluto o practicar enfebrecido. Tanto el ánimo pusilánime como el exaltado no sirven de mucho. Habría que encontrar un punto óptimo de ejercicio y descanso, de sonido y silencio. La palabra clave para eso se llama disciplina. El problema a ese respecto—y al menos en mí caso--, es el siguiente: considero la disciplina como una esclavitud y alguien debe ejercer el papel de amo para que me dé órdenes. Cuando no está ese amo, llámese padre, madre, maestro, patrón, instinto, amor de mi vida, conciencia culpable o dios; sea este hombre o mujer, institución o creencia; sea impuesto o autoaceptado el esclavo no sabe como darse órdenes a sí mismo: En el mejor de los casos se consiente en exceso y, en el peor, se autoflagela con la convicción de que con el castigo se autodisciplina y se mejora. Evolucionar es un asunto muy distinto: se requiere de muchos elementos y no sòlo consiste en cambiar la situación de forma momentánea para salvar algún obstáculo particular y aislado.

Este año ha sido más extraño de lo normal: de Julio del año pasado, a Julio del año en curso, mi cuerpo y mi alma han sufrido una metamorfosis irreversible en varios aspectos. Lo que no sé es si estoy evolucionando o involucionando.

Hace unos meses, el mismo Ruy Amp, en el transcurso de una clase, me dio un dato que no se me ha olvidado y que he encontrado ratificado en un libro que me prestó el doctor Zamora. El asunto es que, en términos generales, para dominar cualquier cosa se deben practicar aproximadamente 10,000 horas. Ya se trate de un albañil que pega tabiques, un mesero sirviendo mesas, un serigrafista o un músico realizando sus actividades correspondientes; esta es una medida que debe ser considerada no sólo como interesante sino como válida en cuanto al estándar de la conducta y las capacidades humanas. Los casos excepcionales de genios superdotados o de, por el otro lado, completos inútiles, obedecen a otras reglas. Para la masa humana es más que válido el conocido refrán: "la practica hace al maestro". Agustín Garfias diría con su retórica tautológica: Tus miedos son tus prohibiciones, tus prohibiciones son tus miedos. Cada quien se prohíbe lo que sus propios miedos le indican.

Me he permitido atreverme a tocar como un animal la Lágrima de Tàrrega; no estaría nada mal ahora permitirme tocarla bien.

El Capricho Árabe y llegar a cantar de nuevo siguen siendo metas lejanas, pero ahora sé que no son imposibles. Lo mas difícil será desazolvar mis neuronas, tanto las motoras como las de la corteza superior. 

*"Es imposible ser feliz sin desarrollar una perspectiva positiva y una sensación intima de poseer un espacio que en última instancia es impermeable a los acontecimientos exteriores. Son palabras fáciles de decir, pero sumamente difíciles de llevar a la práctica para la mayoría de la gente a no ser que disponga de alguna disciplina que le ayude. Por suerte, tales disciplinas existen, como existen los métodos para aprender a tocar el violín. Para ser violinista de primera, hay que practicar durante unas diez mil horas antes de cumplir los dieciocho años y contar con un profesor competente. Quien haga esto habrá cambiado radicalmente su cerebro, al aumentar el número de conexiones neuronales entre sus neuronas relevantes".

*Elbert et al. (1995). Asimismo los taxistas refuerzan la parte del cerebro conectada con la navegación espacial (Maguire et al. 2000)

Citado en el libro La felicidad, lecciones de una nueva ciencia de Richard Layard (Capítulo 12, ¿Puede la mente controlar el humor?). Editorial Alfaguara. Primera Edición en México, Julio de 2005.

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POLACAS

Por j.Leonel Puente Colin - 5 de Julio, 2009, 14:54, Categoría: El Camino del Retorno

En Febrero del 2008, comenzó un curso de guitarra en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. El maestro era Luis Gerardo Reyes, salido de las canteras de Fermatta, que, al margen de las escuelas “duras” --la Escuela Nacional de Música, el Conservatorio, la Libre de Música y la Superior del INBA-- es la de mejor calidad.

El curso constaba de dos horas: una práctica y, la segunda, teórica. Eran doce clases en total en las que se perseguían objetivos ambiciosos. Sin embargo, para obtener los resultados deseados, era indispensable el interés constante y la disciplina de los participantes. La clase era el eje conductor, pero la práctica a lo largo de la semana, entre sesión y sesión, era fundamental.

Yo era el más viejo de todos, incluyendo al profesor, pero asistí con ánimo entusiasta. Todavía me ayuda un poco mi aspecto físico pues, aunque ya estoy algo “traqueteado”, no represento, exteriormente, mi edad. Bien dormido y alimentado, en mi juicio y de buen humor, puedo llegar a parecer (y a sentirme) de 5 ó 6 años menos.

El único problema que tenía el curso para mí, era que estaba programado en Viernes y, dado que mis horarios de trabajo a veces variaban drásticamente ese día, tarde o temprano se me iba a complicar la asistencia. Tuve que faltar a 4 clases. Tuve que pedir permiso en el trabajo para no faltar a otras dos (obviamente sin goce de sueldo). Tuve que salir antes de terminar la instrucción en dos ocasiones. Eso sí: nunca llegaba tarde cuando iba.

Las primeras clases me supieron literalmente a gloria. A mitad del curso, comencé a darme cuenta de que iba a hacerme falta algo más que “entusiasmo” para aprender (o más exactamente dicho en mi caso, reaprender) a tocar la guitarra. Al final, me invadió un sentimiento de impotencia porque mis torpes manos, mis rígidos dedos no lograban ejecutar decentemente los ejercicios.

Una de las clases a la que falté fue precisamente la última. Ni siquiera pude despedirme del maestro y de los siete compañeros, cuatro hombres y tres mujeres.

Durante un tiempo seguí practicando por mi cuenta, pero no obtuve resultados satisfactorios. Como tantos otros que “intentan” hacer algo, aprender algo o retomar el camino perdido, pero que nada más lo intentan sin proponérselo ni disciplinarse verdaderamente, abandoné. Boté el instrumento un día en que sentí mucho coraje por no poder interpretar una canción popular muy sencilla.

 

¡Y yo que pensé que podría llegar a interpretar el Capricho Árabe de Tarrega! ¡Ja, ja. ja! ¡Sí, cómo no!

 

Supe después que algunos le dieron seguimiento al curso. Hace como medio año me encontré a Emmanuel en Insurgentes y traía su guitarra colgada a la espalda. Me dio su teléfono y el del maestro y me dijo que se sentía muy contento con los progresos que había realizado. Me intentó convencer para que me integrara de nuevo, pero en Sábado para mí es imposible. Nos despedimos cordialmente y ahí quedó la cosa.

 

¿De verdad quedó ahí la cosa? ¿A poco a mí infame orgullo, a mi ego superlativo no le dio ni tantita vergüenza tener que aceptar que había sido vencido definitivamente?

 

29-Junio-2009

Medianoche.

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¿La Gabina o La Valenciana?

Por J. Leonel Puente Colin - 3 de Julio, 2009, 13:11, Categoría: El Camino del Retorno

Taller de guitarra en el Pozzol Inn (colonia Nápoles).

Profesor: Ruy Amp.

Día: Miércoles (Mercurio).

Horario: 7-8 P.M.

Duración: Indefinida.

Inicio: 1-Julio-2009.

Precio: Trueque de clases por libros (especialmente los crisolines rojos).

Requisitos: Verdaderas ganas de aprender (se dice fácil, pero no lo es, y, de hecho, casi todo depende de eso: de que las ganas sean verdaderas aunque las habilidades sean casi nulas).

Pronóstico: Favorable si el esfuerzo es permanente.

 

Ruy Amp, más que teórico, es muy habilidoso; no sé si incluso podría calificársele de virtuoso, pues esas son palabras mayores, sin embargo, el hecho de que sea esencialmente autodidacta no excluye esa posibilidad. Alex Garrido, guitarrista de los Esquizitos, así comenzó y ya era un adolescente; Vangelis también fue autodidacta, ¡y que música son capaces de tocar y componer!

Igual y uno de estos días visito al Alex, ya tiene tiempo que no lo veo y no pude ir al Vive Latino. La última vez que lo ví, me ayudó a ponerle las cuerdas nuevas a la “Gabina” y me dejó anonadado con su “Concierto a una Cuerda” que inventó sobre la marcha y nomás con la sexta.

A Vangelis si que estaría complicado verlo: aparte de que no lo conozco, vive muy, pero muy lejos.

 

La facilidad con la que toca y compone Ruy Amp, algún día quizá lo lleve a presentarse en grandes escenarios. Ahorita que es joven puede aceptar a un alumno como yo y con las condiciones del trato que hicimos. Más adelante podría llegar a ser imposible tenerlo de maestro, incluso pagando caro. Habrá que aprovechar esta oportunidad al máximo mientras dure.

 

No sé cual guitarra llevarme. Tengo dos disponibles:

- La Valenciana, que es una especie de guitarra resiliente que resucitó casi de la basura; fina tercerola, fabricada en los 70´s para la casa Veerkamp, que, sin embargo, resulta muy pequeña para mis manos y está plagada de recuerdos contradictorios del CLETA, de la Nacional y de la neurosis de mi padre, empeñado en que fuera yo perfecto (eso también cuenta a la hora de aprender: los recuerdos o valores, las expectativas o limitaciones que uno le asigna a los instrumentos pueden pesar más que su finura o sus dimensiones físicas).

- La Michoacana, marca “Gabino”, de potente sonido y tamaño estandar para adulto. Es la guitarra que me prestó el Perro del Mal, hace varios meses, mientras resucitaban a la Valenciana. Mecanotécnicamente sería mejor tocar en una de este tamaño, pero está combada en el centro (no la usaban y se les olvidó destensar las cuerdas por años). También está torcido el brazo, y quien la haya barnizado en esa parte, antes de que me la prestaran, mejor debió dedicarse a manejar microbuses. Están durísimas las cuerdas; incluso uno de mis tíos que es medio salvaje para tocar, dice que está “brava”. Además, “miente” mucho. Le cambié toda la maquinaria hace tiempo porque estaba barrida la segunda y casi la quinta también, pero sigue mintiendo. También tenía una rajadura en uno de los costados, que ya fue curada por un laudero, pero por fuerza que eso influye mucho, en este caso, afecta el sonido final.

¿Cuál entonces? ¿La melancólica Valenciana o la rencorosa Gabina? Ta´ difícil la elección... De hecho, si tuviera dinero disponible me compraría una nueva. Y no compraría una que fuera tan exquisita, tampoco una de las que ofrecen en las ferias populares “garantizando” su extraordinaria calidad nomás con palabras. Compraría una de las que hace el Sr. Orozco, que trabajó décadas en la Veerkamp del Centro y ahora, ya jubilado, fabrica las propias (sería muy hollywoodense creer que él mismo estuvo implicado en la elaboración de mi Valenciana, cosa probable, pero difícilmente posible). Toqué un rato una de la suyas en su casa y se escuchaba muy bien. Nomás hace un modelo, pero te la pinta del color que gustes. Me parece acertada esa estandarización productiva mezclada con tinturas flexibles, y no son tan caras, pero ahorita la crisis económica está canija. Algún día será que pueda comprarle una. Le pediré una negra negra o una roja tirándole a púrpura.

 

¿Y bien: la Gabina o la Valenciana?... Sea cual fuere, la cosa es no faltar a la cita el día indicado, a la hora indicada, en la dirección indicada, en el planeta indicado: más que una clase es un reencuentro con el Destino. Veremos si es verdad que se puede refutar el libro de Biología: “un organismo nace, crece, se reproduce y muere”. A mí, en ese sentido, ya sólo me queda morir. Pero en la esfera de lo humano, existe un proceso más que desborda lo meramente biológico: la Trascendencia.

Veremos... Y ya no faltan más que unas horas para empezar a comprobar todo eso.

 

1-Julio-2009.

6:06 A.M.

Amanece lloviendo.

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