La Armada Invencible
Artículos de divulgación científica y humanística.

Nací

Por Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda - 19 de Abril, 2013, 4:50, Categoría: La Armada Invencible

Nací lleno de vida.

Nací lleno de amor.

Nací lleno de luz

y, entre unos y otros,

me llenaron de muerte,

me llenaron de ira,

me llenaron de sombras

y heme aquí todavía, y pese a todo,

creyendo en la poesía,

creyendo en la  belleza

y, al margen de las casas de bolsa

y de los  bancos,

dándole  vuelo al aire de una  vieja,

y a la vez siempre niña,

canción, una canción

donde cabe la vida a plena vida;

donde cabe el amor y la luz cabe

y no hay el menor sitio para el odio.

^^^^^^^

*JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA

AUTOBÚS RUMBO AL ZÓCALO

TRANSITANDO POR LA AVENIDA

DE  REFORMA A LA ALTURA DEL DIARIO

EXCELSIOR.

18 ABRIL 2013. CIUDAD DE  MÉXICO

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 8 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 8 de Marzo, 2010, 22:20, Categoría: La Armada Invencible

VIII. Epílogo

Soy mestizo. Mi alma es una amalgama, más de cobre que de plata u oro. Mi sangre es roja y, que yo sepa, pocos o ninguno de mis antepasados o ancestros son de sangre azul. No debiera, pero no quiero quedarme con las ganas de transcribir un fragmento de una prosa poética que nadie me obligó a memorizar (17):

ÉRAMOS REYES Y NOS VOLVIERON ESCLAVOS.

ËRAMOS HIJOS DEL SOL Y NOS CONSOLARON CON MEDALLAS DE LATA.

ÉRAMOS POETAS Y NOS PUSIERON A RECITAR ORACIONES PORDIOSERAS.

ÉRAMOS FELICES Y NOS CIVILIZARON.

¿QUIÉN REFRESCARÁ LA MEMORIA DE LA TRIBU?

¿QUIÉN REVIVIRÁ NUESTROS DIOSES?

QUE LA SALVAJE ESPERANZA SIEMPRE SEA TUYA, QUERIDA ALMA INAMANSABLE.

Bibliografía.

(1) Marcelino Cereijido, ¿Por qué no tenemos ciencia?, Edit. Siglo XXI, México, D.F., 1997. Primera edición.

(2) Alvin Toffler, El Shock Futuro, Coedición Plaza & Janés, Barcelona, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1972. Edición especial.

(3) Julio Sevares, Mentiras "científicas" del poder. Demoliendo mitos de la ortodoxia económica, Le Monde Diplomatique, Edición México, E.U. y Centroamérica, No. 15, Noviembre de 2009.

(4) Julio Sevares, op. cit.

(5) CONACYT. Indicadores de actividades científicas y tecnológicas, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, 2006. Edición de bolsillo.

(6) Marcelino Cereijido, op. cit.

(7) Doris M. Ladd, Génesis y desarrollo de una huelga. La lucha de los mineros mexicanos de la plata en Real del Monte, 1766-1775, Editorial Patria (bajo el sello de Alianza Editorial), 1992, México, D.F. Primera edición en español.

(8) Programa radiofónico (Sábado 19 de diciembre de 2009): Conversaciones sobre Historia (con el doctor Javier García Diego). IMER (Instituto Mexicano de la Radio), Radio Ciudadana, 660 A. M. Todos los Sábados de 9 a 10 de la mañana.

(9) http://chobojos.zoomblog.com

(10) Serge Halimi, ¿Se puede reformar Estados Unidos? La ilusión de un presidente todopoderoso, Le Monde Diplomatique, Edición México, E.U. y Centroamérica, Num. 17, Enero 2010.

(11) Alberto Clemente de la Torre, Física cuántica para filo-sófos, Edit. Fondo de Cultura Económica de Argentina, 1994, Buenos Aires, Argentina. Primera reimpresión.

(12) René Drucker Colín (La ciencia, una actividad relegada). 1984-2004. La Jornada, el rostro de un país, La Jornada, México, D.F. Septiembre 2004. Edición única.

(13) Galileo Galilei (Conversaciones acerca de una nueva ciencia). Las entrañas de la materia. Antología de relatos científicos. Edit. Alfaguara, 1999, México, D.F. Primera reimpresión

(14) Carl Djerassi, El gambito de Bourbaki, Edit. Fondo de Cultura Económica, 1996, México D.F. Primera edición en español.

(15) Academia de Historia del Plantel Oriente del Colegio de Ciencias y Humanidades De Espartaco al Ché y de Nerón a Nixon. Lecturas de historia universal, Edit. Pueblo Nuevo, 1984, México, D.F. 14ª reimpresión.

(16) Fedro Carlos Guillén, Crónica alfabética del nuevo milenio, Edit. Paidós. 2003, México, D.F. Primera edición.

(17) Gonzalo Arango. Fuego en el altar, Edit. Plaza & Janés, Esplugas de Llobregat, Barcelona, España, 1974. Primera edición.

Santa Fé. Distrito Federal. México. Entre fines de Septiembre 2009 y principios de Enero 2010.

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 7 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 8 de Marzo, 2010, 22:13, Categoría: La Armada Invencible

VII. Egos superlativos: científicos locos, científicos cuerdos; investigadores trasvesti, investigadores heroicos.

Los científicos son humanos, con todo lo positivo y negativo que esa condición implica. No son dioses ni santos, aunque alguien así llegara a creerlo o ellos mismos a promover un culto irracional a la Razón. No todos los científicos están bien de la cabeza. No todos los doctores son eruditos. No todos los maestros son venerables. Lo mismo para los de nivel licenciatura y a todos los estudiantes en curso. Muchos se merecerían la hoguera, pero no por herejes sino por negligentes, inconscientes o corruptos. También por vanidosos. Pocos pueden salir ilesos después de tocar el fuego del conocimiento.

Ahora bien, en las latitudes norte, los científicos también tienen problemas: no tanto de dinero, no tanto de oportunidades, no tanto de necesidades básicas. Sus problemas son de "segundo piso".

  • La edad. Los jóvenes son los que llenan los laboratorios, a los viejos se les dan cargos importantísimos y eméritos, pero de índole administrativa o académica: los erradican de la práctica en cuanto pueden hacerlo. A veces hasta el Nobel sirve para acallar o maniatar a quienes no nacieron en cuna reluciente. Con el millón de dólares se hacen de la vista gorda y se dedican a recorrer el mundo, sin generar más conocimiento mientras explotan su invento "estrella".

  • La discriminación racial, de género o de preferencia sexual, para otorgar o no los subsidios o capitales de inversión.

  • La obsesión por el reconocimiento personal. Y no por cualquiera, sino de sus pares dentro del cuerpo colegiado de la comunidad científica.

  • El prestigio mundial.

  • Los premios, tanto por el dinero como por fama.

  • La tentadora posibilidad de enriquecimiento súbito al aliarse a empresas poco escrupulosas pero con altas ventas.

  • Uno que otro, con remordimientos de conciencia. Igual da si de tipo moral, religioso o metafísico.

Carl Djerassi, multigalardonado por n cantidad de institutos y con once honoris causa, famoso en particular por haber sintetizado el primer anticonceptivo oral, conoce como pocos toda ésta problemática; en especial, la encarnizada lucha por el reconocimiento personal que, en ciertos casos, llega a ser enfermizo entre los integrantes de la comunidad científica. "Es en el acto de la creación donde los egos humanos encuentran su razón de ser, a eso difícilmente se renuncia"— (14) medita a través de uno de los personajes de una de sus tres novelas (este prócer del control natal, aparte tiene dotes literarios nada despreciables).

Si los legendarios alquimistas—Fulcanelli el último de monta en esa lista de hermetistas—pregonaban el silencio y el secreto, pareciera ser que ahora hubiese una epidemia de protagonismo radicalizado. Eso puede resultar muy peligroso y contraproducente dado que, descubrir primero, perfeccionar más rápido, publicar, patentar, y, comercializar lo antes posible, se vuelve una contienda sin tregua. Aún quienes no persiguen la fortuna, compiten para obtener la fama. Obvio que muchos anhelan ambas.

Publicar o perecer. Patentar o ser borrado de los almanaques mundiales. Difundir globalmente el nombre propio para no ser marginado del reconocimiento de alguna institución de alto calibre o del mismísimo Nobel. Aplicar la línea tecnológica aunque su confiabilidad sea limítrofe entre lo saludable y lo dañino, entre lo rigurosamente significativo y los pasajeros fuegos artificiales. Los más de los casos: dinero, dinero, dinero, dinero, dinero... ¿Y la raza humana? ¿Y el planeta?

A través de los siglos, siempre hubo quien, honesta o prejuiciosamente, interpuso objeciones a la aplicación indiscriminada de la ciencia, pero los potenciales hecatombes planetarias que surgieron en el siglo XX rebasaron todo cálculo. Einstein escribió una carta donde renunciaba a ser parte de la raza humana después de ver el poder destructivo desatado por la energía nuclear. Linus Pauling, en 1967 escribió un mensaje a la comunidad científica acerca de la responsabilidad inherente y la conciencia social que todos debían asumir: "NOSOTROS LOS CIENTÍFICOS, nos damos cuenta cada vez más que nuestra responsabilidad en los asuntos del mundo es abrumadora. La época es agitada y no podemos permanecer en nuestro laboratorios, dedicados a nuestras investigaciones, sin atender a la agitación ruidosa en la calle" (15). Entre otras cosas hablaba sobre el enorme monto destinado al armamento, que en aquel 1967, estimaba que ascendía a la mitad de los ingresos de la población subdesarrollada del mundo (no tengo a la mano el dato de la proporción actual, pero, opinando a priori, es muy probable que haya aumentado). También advertía sobre varias substancias nocivas, siendo el C 14 uno de los más insidiosos, pues liberado en el ambiente tarda siglos en degradarse (por eso sirve mucho a los paleontólogos, geólogos, historiadores forenses, y etcétera, para calcular edades y antigüedades). Muy recomendable leer dicho documento de 4 cuartillas, pues la jerga ecologista contemporánea no es muy distinta y, hasta donde sé, Pauling no se proclamó Padre del Ambientalismo o algo así. Algunos científicos del primer mundo no son tan inmorales. Un ínfimo grupo; garbanzos de a libra.

¿Y acá, en la América de abajo, tan abrumadoramente católica, cómo andamos?

Tenemos a Ernesto Sábato, en Argentina, nonagenario, casi ciego, y fuera de su país más recordado por sus novelas que por su trayectoria en Física; valeroso, tomó partido por su pueblo en los 70´ s (cosa que no tiene porque reprochársele a Jorge Luis Borges por no haber bajado de su castillo de cristal literario, aunque ya no me extasían sus cuentos como cuando era adolescente).

También está el médico (y si no me equivoco también biólogo) Marcelino Cereijido, que, aunque argentino, radica en México y continúa dignamente trabajando. Precisamente por su libro, ¿Por qué no tenemos ciencia?, me regresaron las ganas de querer saber las causas de tal rezago aunque mi área es de humanidades.

El biólogo, Fedro Carlos Guillén, máxima autoridad nacional en lo que respecta al cambio de conchas de los cangrejos ermitaños, quien a su pesar tuvo que dejar la investigación. Desde 1992 tira una buena línea en su columna semanal en la sección cultural de El Financiero (que rarísima vez compro). Me conformo con releer uno de sus libros, serio y riguroso cuando es necesario, pero muy divertido a pesar del título tan solemne (16): "Las políticas científicas actuales han convertido a nuestros investigadores en un gremio desarrapado. Por un lado se advierte un creciente perfil empresarial que orienta a los que hacen ciencia por los caminos del mercado. Cada vez hay más empresas reclutadoras de investigadores de excelencia, y es creciente el desagüe intelectual de los que piensan, en busca de mejores salarios, que la academia simplemente no les puede dar mientras que en países como México las políticas científicas tengan la misma prioridad que la enseñanza del latín". Entre líneas, y entre venenosas y brillantes ironías, su pluma destila coraje y amargura.

Personalmente conozco a varios investigadores que no son tan famosos y los veo abrumados de trabajo, sin tiempo para muchas cosas y ganando menos que un taquero. Otros dando clases básicas, que es como poner un Ferrari dentro de un parque de diversiones para que admiren su explendida carrocería mientras su motor le pide carreteras largas y despejadas. Otros ya "se cotizan", como se dice tanto en el caló de las cantinas de mala muerte como en mercadotecnia; para  encontrar a dichos bichos, es necesario contratar a un investigador privado o corromper a su secretaria para que te "agende" entre sus entrevistas con el Presidente de la República y El Papa. Y uno nada más pretende compartir un café y un par cigarros mientras platica sobre la infinita nada...

En un trabajo próximo, tengo el propósito de armar una serie de entrevistas con científicos o investigadores en ejercicio. Me parece que sería muy interesante. Podrían cortarme algunos de ellos la lengua o hasta la cabeza por meterme en un habitat que no me es propio, pero, ¡que caray!, cuando se les da la gana a los de Ciencias, opinan sin más sobre temas de Humanidades creyendo que es "cosa pa´niños" (como si los niños fuesen idiotas). Algunos creen que en psicología todo se limita a Freud o a Pavlov. Otros, que recitando "Ser o no ser, he ahí el dilema", ya definieron a Shakespeare. Y los peores, que son aquellos que consideran que los filósofos, en vez de filosofar, mejor deberían estar analizando con C 14 el papiro inexistente donde Sócrates nunca escribió "sólo sé que no sé nada".    

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en latinoamerica? 6 de 9

Por Leonel Puente - 28 de Febrero, 2010, 21:38, Categoría: La Armada Invencible

VI. IN VITRO

Adentrándome en terreno escabroso, a riesgo de quedarme corto con mi fragmentaria visión, señalaré algunas características de la disciplina científica, del quehacer científico y de los contextos donde operan. Habrá que darles lectura sin detenerse más de la cuenta en definiciones o exquisiteces lingüísticas, pero sí en los contenidos conceptuales. En este apartado, sin ironizar, se abre (me gustaría abrir) un debate de cierto nivel y a ras de tierra.

·         Existe ciencia básica y ciencia aplicada. Los descubrimientos científicos, de cualquier área de estudio, no necesariamente tienen una aplicación inmediata.

·         El financiamiento, empezando por los países desarrollados, se inclina primordialmente hacia los descubrimientos que sí pueden aplicarse y generar riqueza a corto plazo.

·         Los beneficios a la humanidad, o asuntos como el cuidado del medio ambiente, están supeditados a las políticas económicas, no a la ética.

·         La actividad científica, debiendo ser parsimoniosa en sus procesos internos y prudente con sus resultados; es más que nunca una carrera desaforada inmersa en una dinámica productiva y utilitaria.

·         Dentro de la comunidad científica, existen científicos propiamente dichos e investigadores. Un científico también puede ser investigador, si así lo decide, pues tiene un rango de elección más amplio; pero un investigador puede encontrar mayores trabas económicas, administrativas o políticas, para poder fungir como científico de facto, no de nombre, o, en el peor de los escenarios, su formación meramente técnica lo imposibilita para ser tal: su posición será de subordinado (aunque no su naturaleza).

·         Los países de primer mundo poseen estructuras científico-técnico-productivas. Tales estructuras permiten incorporar a sus egresados al campo laboral, ya sea estatal o privado. Los subdesarrollados no las tienen.

·         Para regular razonablemente la generación teórica, el desarrollo creativo y la divulgación responsable de los descubrimientos científicos; es necesario establecer políticas acordes, legislar democráticamente y no implantar modelos administrativos anacrónicos y ortodoxos. De otra manera, es la inmisericorde ley de la selva la que reina. De hecho así es.

·         Los institutos científicos, las universidades, y todos los niveles de los sistemas educativos son importantes, imprescindibles; pero, desvinculados del poder, son como islas sin puentes ni naves que las conecten con tierra firme, con la sociedad a que pertenecen. Divididos o amontonados se deterioran. Colaborando se fortalecen.

·         Las disciplinas científicas y las humanísticas, no necesaria ni convenientemente tiene porqué regirse por la misma metodología. Unas y otras surgen de un tronco común, que es la búsqueda y el afinamiento del conocimiento; enfocadas multidisciplinariamente en la actualidad, pueden nutrirse y converger de forma fructífera aunque sigan senderos paralelos. Subordinada una a otra, se tergiversan ambas.

·         La ciencia es un sistema abierto. Sus principios y leyes no son, o no debieran ser, fundamentalistas, sino racionales por definición.

·         La ciencia se autoanaliza y corrige. Cruzando crisis evoluciona.

·         La ciencia es un sistema complejo, que no complicado si se tiene una buena formación y se realizan los esfuerzos necesarios. Simplificarla en exceso es corromperla; es ciencia recreativa, ni siquiera informativa.

"No se puede justificar la ciencia, porque esta no surge de un acto volitivo en el que se decide crearla, sino que aparece como la manifestación social ineludible de una característica individual del ser humano. Es evidentemente cierto que la ciencia puede ser desarrollada con mayor o menor intensidad mediante la asignación de recursos a la educación e investigación, pero su creación o destrucción requeriría la creación o destrucción de la curiosidad y del pensamiento mismo. El ser humano no tiene la libertad de no pensar, cosa necesaria para que la ciencia no exista. Por esto los múltiples intentos autoritarios de oponerse a la ciencia cuando ésta contradecía al dogma, han fracasado en su meta principal de aniquilar el conocimiento, aunque sí han producido graves daños frenando su desarrollo"  (11)

"La creación del conocimiento, que es lo que hace el científico, es lo que le da a los países la capacidad y la fuente de bienestar económico y social, pero para ello no sólamente se requiere financiamiento creciente y constante; también se precisa una evaluación con datos ciertos, el establecimiento de objetivos y metas bajo un pacto social y estrategias de planeación y organización para alcanzar las metas. El poder legislativo debería de crear impuestos especiales destinados específicamente a incrementar la inversión en ciencia. Se debería crear la figura de profesor-investigador nacional, con un tabulador igualmente nacional para promover la movilidad institucional. Se debería planear el apoyo de áreas estratégicas que lograran fortalecer algunas áreas de la ciencia que pudieran lograr impulsar desarrollos puntuales y, finalmente, se debería de analizar, desarrollar e impulsar la comercialización de nuevas tecnologías nacionales con el sector empresarial  mexicano. Si se lograsen algunas de estas metas, la ciencia seguramente lograría transformar al país" (12).

"Esto, y otras cosas que vale la pena saberse, voy a demostrarlo. Mentes más agudas que la mía penetrarán en regiones más lejanas" (13).

Mentiría si dijera que tengo alguna solución infalible, sin embargo, antes de quemar mis libros para entrar decididamente en el inmenso ciberespacio, quiero sacudir mi memoria, despojada ya de muchos recuerdos y neuronas, pero que de repente funciona cual debiera de hacer de manera habitual y por sistema.

El enemigo más terrible no está en el exterior, se encuentra instalado en el "corazón" mismo del cerebro. Quizás, cerca de la región del tálamo, que es un centro de integración entre las regiones más básicas e instintuales y la corteza cerebral; en donde se realizan las funciones superiores, las más propiamente ligadas a la tan mentada superioridad humana dentro del reino de la naturaleza..

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¿Por qué no tenemos ciencia propía en Latinoamérica? 5 de 9

Por Leonel Puente - 15 de Febrero, 2010, 20:29, Categoría: La Armada Invencible

V. Socios del Centro, Socios del Sur; Vecinos del Norte.

Otro tantos tratados abusivos han sido pactados en toda Latinoamérica, ejemplos sobran y quizás hasta Wikipedia se saturaría si se propusiera antologarlas siquiera. Muchas de esas tranZacciones· limitan, si no prohiben, la producción de ciencia y tecnología a los “socios” del Centro y del Sur. Si acaso se fomenta o promueve alguna patente local, es sólo en aquellas áreas que les conviene a los “vecinos del Norte” para poder sacar su carga o su basura industrial, incluida la nuclear, o para obtener mano de obra barata (léase paupérrima). Digno de lástima es quien considere que los enclaves extranjeros generan riqueza al país anfitrión. Consuelo de tontos pensar que algunos “no estamos tan mal como en otras partes”.

Un póker de infamias, por el momento:

  • La que enajenó el Canal de Panamá y que apenas al empezar el siglo XXI llegó a término.
  • Las posmodernas y elegantes negociaciones brasileñas con la empresa Monsanto para meterle mano a las entrañas del Amazonas, la mayor reserva de biodiversidad del planeta.
  • La que provocó que los mejores plátanos de Honduras, su principal fuente de riqueza, a estupendos precios ya estén apartados aún antes de ser plantados (adivinen para quien).
  • La matanza de indígenas en las carreteras de Bagua, al norte de Perú, quienes cerraban la llamada “Curva del Diablo” defendiendo la parte del Amazonas que les toca.

No estaría nada mal ir armando un “Catálogo de Agravios” (9), pero no limitado a quejas, sino en donde también pudiesen surgir algunas alternativas y propuestas viables. Esperar los próximos milagros o que sean revelados los nuevos designios divinos, es una postura demasiado temeraria porque, aunque existen izquierdas latinoamericanas que hacen algunos esfuerzos para afianzar pactos mínimamente justos, está latente el afán depredador y “el desencanto se instala. Antes de que pase mucho tiempo, el adversario detestado vuelve al poder. Su paso por la oposición no lo hace más amable” (10).



· La Z es voluntaria. En la gloriosa Secundaria Pública #10, Leopoldo Ayala, que el año pasado cumplió 75 años de existencia, me informaron con suficiencia en la materia de Español. No tuve la misma suerte en otra muy importante. Desgraciadamente, un día, por una broma pesada que alguien fraguó al maestro de Matemáticas, y como nadie delató al gracioso, tan enojado estaba que nos castigó no enseñándonos los logaritmos. Por más que le rogamos para que nos impartiera ese tema, después lo tuvimos que mal-aprender solos y llegamos temblando al examen final. Mi primer 7 data de aquellas fechas y, cosa rara, me enorgullece más recordar esa calificación que varios de mis 10. Fue un castigo ejemplar, pues era un excelente maestro y tales conocimientos son escenciales para cualquier cultura académica decente, y, en un mundo tan tecnocratizado, oro puro. Sin logaritmos matemáticos o sin las transformadas de Fourier, las computadoras nomás nos sirven para poco más que chatear. Una vez más, dos maestros de CCH de la tan vilipendiada UNAM vinieron en mi auxilio: uno de Física (a quien alguna virgen mortal acoja amorosamente en su seno); y otro, que ni siquiera era mi maestro oficial ni yo alumno suyo inscrito en la materia de Cálculo Diferencial (elegí Estadística con un nefasto profesor, que también los hay en la Máxima Casa de Estudios, y por poco no llego a la licenciatura), dio un curso extra-semestral, sin paga y por amor al arte; perdón: a la ciencia. Algo entendí, pero el hoyo negro en mi corteza cerebral ya estaba hecho y no pudo él hacer todo lo que tan plausiblemente hubiese querido por mí. De ahí la vieja máxima: “Maestro no es el que sabe, sino el que enseña”. Si existen los dioses, a este último individuo mencionado, que no le nieguen el paso.

 

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 4 de 9

Por Leonel Puente - 8 de Febrero, 2010, 15:03, Categoría: La Armada Invencible

IV. Clío mutilada.

¿A quién le importa verdaderamente por qué no tenemos ciencia en Latinoamérica? A los gobiernos parece que no. Y no es cosa nueva. Haciendo un poco de Historia (palabra de mal gusto y que la Real Academia de la Lengua debiera erradicar), nos topamos de frente con el Tratado de Libre Comercio, firmado con E.U. y Canadá; sumamente lesivo a México y cuyos efectos devastadores no paran; existen no obstante, quienes todavía creen que es positivo y que Carlos Salinas de Gortari es un genio.

Otra joya es el oscuro Tratado de Bucarelli, firmado en 1923 por Álvaro Obregón para que los gringos lo ayudaran a legitimaran su gobierno en la inestable época posrevolucionaria. Dado que el gobierno estadounidense estaba ávido de una indemnización, alegando los daños que la revuelta mexicana le había ocasionado, dicho tratado contiene cláusulas en las que se otorgan varias concesiones. La más dañina a mi parecer, es la que obstaculizaba todo tipo de desarrollo industrial, marítimo, aéreo o bélico (supongo que este último para que ningún forajido del tipo Pancho Villa volviera a cruzar sus fronteras). Wikipedia, cuyos parámetros se rigen por la popularidad de los temas, no le concede ni una página entera a esta información y los datos que ofrece no son tan fiables; en cambió sí brinda copiosos detalles sobre Bart Simpson.

 

Podríamos seguirle rascando hasta encontrarnos al famoso "Quince Uñas", Santa Ana, para los cuates; o con "Su Alteza Serenísima", Iturbide. Podríamos irnos con el fundador del Monte de Piedad, Pedro Romero de Terreros, que, mientras explotaba a placer las abundantes minas de la Veta Vizcaína de las tierras hidalguenses, provocó allá entre los años de 1766 y 1775, lo que

podría considerarse como la primera huelga§ en territorios de La Nueva España. "La verdad es que hay un puente que conecta los músculos con la moralidad y no es subintelectual en modo alguno. Se llama aprendizaje. Los trabajadores no necesitaban un maestro, una naturaleza viciosa o innata o instintos de libertad profundamente reprimidos para llevar a cabo su huelga. Aprendieron de la experiencia, aprendieron de un medio social instructivo" (7). Y tómese muy en cuenta que en tales tiempos no existían los sindicatos y Marx todavía no nacía; tampoco el pueblo ruso influyó en modo alguno ni el demonio del mediodía. Tal vez un poco los pulques de Apan, pero sólo en caso de que se los estuvieran dando adulterados, pues eran muy aguantadores aquellos camaradas. En sus años postreros, Romero de Terreros, conmovido y arrepentido, comenzó a otorgar piadosos préstamos a intereses chiquititos. Mínimo se ganó una estrellita en la frente o una llavecita de San Pedro...

Si alguien gusta, podríamos, ya de plano, remontarnos a la controversial Malinche, detestada en palabras, pero imitada en actos, y mentar madres a diestra y siniestra; pero no serviría de mucho porque, en la última edición de los libros de texto gratuitos de educación básica, ya no existe el apartado sobre la Conquista y, los niños, "el futuro de la nación", no entenderían de que les hablamos si tocáramos el tema. Malinchismo es otra palabra, más bien un concepto, que ni los diccionarios deben ya contener: no tiene caso.

 

Cierro este apartado con un comentario del historiador Javier García Diego que me heló la sangre. Palabras más, palabras menos... "En una encuesta reciente, en plenos preparativos de los festejos del Bicentenario de la Independencia, 50% de los encuestados no saben de que país nos independizamos, 20% dijo saberlo (pero dio una respuesta equivocada). Sólo el 30% acertó"

Pronóstico: Se estima que, aproximadamente el 70% de los mexicanos, sabrá la parca que van a festejar en Septiembre (8).



§ El doctor García Diego no es afecto a ese tipo de protagonismos capsularlos, es decir, andar buscando quien fue el primero, el último, el mejor, el familiar o el paisano que logró tal cosa cual cosa. Igual con la obsesión por las fechas cronométricas o el color de calzones que llevaba Carlota cuando entró por primera vez al Castillo de Chapultepec.

Tanto en Ciencias como en Humanidades, andar buscando ese tipo de anécdotas prejuiciadas, y por ende superficiales, dan señal de una mente obtusa más cercana al pensamiento mágico-religioso que al lógico-matemático.

Pido una disculpa. Ojalá me sea concedida.

 

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 3 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 4 de Febrero, 2010, 17:57, Categoría: La Armada Invencible

III. Prometeos Maniatados.

Es famosa la leyenda del titán Prometeo, que habiendo ayudado a Zeus a vencer al poderoso Cronos, y pudiendo cómodamente reinar a su lado desde el Monte Olimpo como parte de su corte divina, tuvo compasión por los mortales, por esos "seres efímeros" a quienes Zeus planeaba destruir por completo para crear una nueva raza. Aquel titán rebelde, robó una brizna de fuego, germen de toda ciencia y todo arte, y se la entregó a la humanidad para fomentar su bienestar y su sabiduría. Por tal acto fue severamente castigado, encadenado a una roca en el Cáucaso, en los confines del mundo, y azotado por rugientes tormentas. Algunas versiones dicen que, además, durante el día un buitre le devoraba el hígado una y otra vez.

Prometeo encadenado se llama una tragedia escrita por Esquilo en donde se relata la versión más famosa de ésta formidable leyenda. Existe otra: Prometeo liberado, que no llegó completa hasta nuestros días. Habría sido muy interesante saber exactamente lo que hizo aquel titán al romper sus cadenas, aunque se puede inferir por algunos comentarios del texto primero. Sea como fuere, alguna verdad encierran los mitos y no por nada, en la explanada de la Facultad de Ciencias de la UNAM, hay una escultura de este personaje a quien tanto deberíamos estar agradecidos.

En las leyendas prehispánicas, con su cosmovisión particular, existen también relatos de seres míticos que se sacrificaron por la humanidad; por eso cuando llego a pasar por aquel recinto académico siempre me pregunto: ¿por qué escogieron un héroe extranjero teniendo locales? No lo sé, el caso es que tanto la Universidad Nacional como el Instituto Politécnico son dos excelentes semilleros de investigadores y de posibles científicos. Por así decirlo, existen varios Prometeos potenciales que, no obstante, en lugar de quedarse en su país, tendrán que emigrar al extranjero para obtener un trabajo de su nivel. La otra opción es quedarse para dar clases, manejar un taxi o estudiar más y más maestrías y doctorados, dar conferencias magistrales, publicar alguno que otro libro o artículo en revistas especializadas en coautoría con algún científico de primer mundo. En resumen: encontrarán un trabajo para sobrevivir o se cultivarán y cultivarán a otros, pero sin poder aplicar sus conocimientos ni patentar o perfeccionar ninguno de sus descubrimientos importantes en beneficio de su sociedad de origen y de la humanidad misma.

¿Acaso no es cruel e indignante tal situación? No sólo yo creo que sí, he escuchado infinidad de opiniones de enfado a lo que vulgarmente se denomina "fuga de cerebros". –Aquí tenemos gente muy capaz, pero nadie los apoya—dicen unos. –¡Somos muy chingones!—gritan otros. Pero apenas comienzan los partidos de fútbol, la campana de la iglesia llama a misa o pasa la mosca, el tema cambia por cualquier otro. Enojarse sale sobrando si no se va a hacer nada al respecto.

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¿Por qué no tenemos ciencia en Latinoamérica? 2 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colín - 27 de Enero, 2010, 15:16, Categoría: La Armada Invencible

II. Poderoso caballero es Don Dinero... 

Lo que la mayoría de los latinoamericanos pensamos en primer lugar es que no hay dinero suficiente para ninguna cosa y mucho menos para la ciencia. Este hecho es innegable, no obstante, si nos detenemos únicamente en este punto nada lograríamos, sería como si los mexicanos le echáramos toda la culpa a España de nuestra desgracia por habernos conquistado mientras alegremente arrancábamos corazones ensangrentados para nutrir al Sol.

Como bien dice Cereijido: "Hasta hace seis siglos, los europeos estaban más subdesarrollados que los latinoamericanos de hoy en día". Era "una Europa transitada por turbas mugrientas de leprosos, mendigos y flagelantes que atribuían sus desgracias a los pecados cometidos, y esperaban que Dios los perdonara si maltrataban su cuerpo. La preocupación fundamental era salvarse del infierno. En dicho escenario no tenía mucho sentido usar la razón para estudiar la realidad pues, en primer lugar, no tenían ni la más remota idea de que la realidad se pudiera regir exclusivamente por leyes físicas, sino que daban por sentado que obedece a la voluntad divina y es modificable por milagros cada vez que Dios lo crea necesario. En segundo lugar, si Dios quisiera que alguien conozca las fuerzas que operan los fenómenos naturales, ya se ocuparía de revelárselas. Peor aún: dado que Dios había ocultado esas razones, constituía una transgresión grave querer así y todo averiguarlas".

Los pueblos europeos también fueron pobres y subdesarrollados, fanáticos religiosos e ignorantes. En la Edad Media, la tecnología de punta, aunque en aquellos tiempos fuera más teórica que práctica (como el álgebra), la tenían los asiáticos, particularmente los países regidos por el Islam pues, paradójicamente, eran más tolerantes en cuanto a la adquisición de conocimiento y la separación entre ciencia y religión.

¿Cómo es entonces que los europeos desarrollaron ciencia, teniendo incluso a toda la maquinaria de su Santa Inquisición pisándoles los talones a los pensadores y a los árabes invadiendo sus territorios? Sólo lo pudieron lograr cambiando sus estructuras, modificando su visión del mundo. Eran oscurantistas, pero el Oscurantismo no es ignorancia propiamente dicha, es ocultamiento. Tenían conocimientos, bibliotecas y universidades, pero las mantenían fervorosamente restringidas. Tuvieron que abrir su horizonte mental para sobrevivir y, paulatinamente, implementar su supremacía. En dicho contexto, el factor económico, aún siendo decisivo, pasó de fundamental a secundario.

Luego de una larga crisis interna, y casi mil años de fundamentalismo religioso, a partir del Renacimiento, los países europeos tuvieron que abrir el acervo de sus conocimientos para desarrollar una ciencia ligada a la observación y la experimentación. La Iglesia seguiría promocionando sus milagros y sus revelaciones divinas, pero tuvo que aceptar que dos más dos eran cuatro tanto en cielo como en el infierno. Es decir: dos ángeles más dos ángeles, suman cuatro ángeles; dos demonios más dos demonios, suman cuatro demonios. Todos ellos con sus respectivas alas, claro está. Corregidme si me equivoco con las cuentas...

 

Los europeos, y posteriormente los países norteamericanos y algunos asiáticos, tras una larga historia de búsqueda, incluida en ella las nefastas cacerías de brujas, "aprendieron a aprender", como señala la filósofa mexicana A. R. Pérez-Ransanz. Es ese proceso de aprender a aprender se basa su principal potencia científica. Pero que no nos vengan a vender ningún tipo de democracia cultural y no seamos tan ingenuos para creer en su benevolencia: una vez que hallaron una herramienta útil para ascender en el camino de la ignorancia y la pobreza, la guardaron bajo llave para dominar mejor a sus subordinados. Además, sus políticas económicas son proteccionistas para con ellos mismos y "liberales" hacia los demás: primero se fortalecen y enriquecen, luego comercian ventajosamente. Un ejemplo perfecto nos lo brindan las estrategias de Gran Bretaña: "En 1820, los aranceles británicos a los productos manufacturados llegaban a 45%, muy por encima de los demás países europeos... A partir de 1846, [G. B.] se convirtió al liberalismo, con la derogación de las leyes de Granos que protegían al agro y perjudicaban la industria, y cuando ya era una potencia mundial... Tardó varios años más en llegar a un nivel arancelario bajo, pero además mantuvo a la India como mercado cautivo para sus manufacturas y como proveedor de algodón, es decir, muy lejos de la libertad de comercio... [¿Suena familiar?]...Desde que comenzó a bajar sus aranceles, Gran Bretaña se convirtió en un fervoroso abogado del liberalismo... El economista y periodista alemán Friedrich List, abogado de la industrialización y la unificación alemanas, consideraba que se trataba de una argucia muy común que, cuando alguien ha alcanzado la cumbre de la grandeza, retira la escalera por la que ha subido para privar a los demás de los medios para trepar tras él" (3).

Por algún tiempo, los británicos tuvieron la supremacía económica y científica, pero sus competidores entendieron la lección e invirtieron en lo que el economista noruego Eric Reinert (autor de La globalización de la pobreza. Como se enriquecen los países ricos...y porque los países pobres siguen siendo pobres) señala como "actividades con rendimientos crecientes", es decir, que son más productivas a medida en que se expanden, tienen un mayor impacto sobre el crecimiento, la acumulación de tecnología y el empleo. Las actividades con rendimientos crecientes son las industrias y, dentro de ellas, [especialmente] las de mayor componente tecnológico. Las de rendimientos decrecientes son las basadas en recursos naturales y las industriales intensivas en mano de obra (4). 

Otro punto importante es que, en la actualidad y sin lugar a dudas, todos los países desarrollados consideran la educación en general, y la científica con mayor énfasis, como un "rubro de seguridad nacional". Una buena parte de su Producto Interno Bruto está destinado a eso. En Latinoamérica es tan escaso que no rebasa ni el 1% del PIB. Pero, más que la cantidad de dinero en sí, una vez más la ideología retrógrada es la que da al traste con todo: se considera como un gasto, no como inversión. En México, incluso el Consejo de Ciencia y Tecnología (CONACYT), así lo específica en sus informes estadísticos: Gasto nacional en ciencia y tecnología (5).

Lo que se gasta se va, se pierde. Lo que se invierte puede perderse, pero muy bien puede volver aumentado con creces. Si de todas maneras siempre hemos perdido, ¿no sería más lógico invertir buscando que por lo menos algunas veces saliéramos ganando? Dinero y Capital son parientes, pero para nada son iguales. El puro dinero en sí no es la solución. Inyectar dinero a una cultura que se rige por el pensamiento mágico-religioso y no tiene una formación mínima en ciencia es como darle limosnas a un drogadicto: no se curará, se enfermara más. Otra vez lo repito: tenemos que cambiar de mentalidad para invertir efectivamente lo poco que se tiene disponible. Necesitamos invocar al poderoso pensamiento lógico-matemático, que es la otra cara de la moneda de la grandeza humana.

Llevamos cerca de quinientos años con infinidad de taras intelectuales. Una muy insidiosa es un Dios impuesto. Rezar no nos bastaría. Los que nos lo impusieron, y todos sus secuaces, en ese sentido nos aventajan con muchos siglos de convivencia con una religión fundada por aquel pueblo de supersticiosos y "temerosos pastores de la Edad de Bronce" (6).

Nuestros antiguos acreedores y los que se van sumando, se pueden dar golpes de pecho, desgarrarse las vestiduras, organizan conciertos musicales...a veces sueltan sus dólares, sus euros, sus yenes o sus nuevos pesos, pero jamás su tecnología. Abrir los ojos sería de gran ayuda; pensar también; actuar con conciencia muchísimo más. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y no hay peor tonto que un tonto con iniciativas esquizofrénicas, sea zurdo, derecho o ambidiestro

 

 

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 1 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 14 de Enero, 2010, 12:19, Categoría: La Armada Invencible

¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica?

Por Jesús Leonel Puente Colín

La forma más eficaz de predecir el futuro no consiste en imaginarlo, sino en producirlo.

Marcelino Cereijido

I. El cerebro es primordial.

Uno de los carteles publicitarios más recientes de la compañía Toshiba contiene el siguiente mensaje: "La tecnología puede frenarte o liberarte". En dicho cartel, una mujer que ha adquirido la nueva computadora avanza transfigurada hacia una luz intensa; mientras tanto, dos hombres que aún no adquieren tal producto no pueden avanzar por más esfuerzos que hacen.

Es verdad que el ritmo de la tecnología marca el latido de la vida en estos días, pero no son únicamente las máquinas las que provocan esta dinámica: se necesita un cerebro humano para crearlas y para hacerlas funcionar. Por más esfuerzos fraudulentos que hayan hecho los genetistas y los inventores de los test mentales y las pruebas de inteligencia—en su mayoría individuos con enfoques imperialistas—, se ha demostrado que ninguna raza ni pueblo es superior o inferior a otro si recibe la educación, los instrumentos o el ambiente adecuado. ¿Por qué entonces no existe ciencia propia en Latinoamérica (y en todos los países subdesarrollados o "en vías de desarrollo", que para el caso es lo mismo)?

Hace algunos años, el doctor Marcelino Cereijido opinó públicamente: "En Latinoamérica ya tenemos investigación, el próximo paso sería desarrollar la ciencia" (1). Esa declaración puso el dedo en la llaga de una de las razones más profundas del atraso de nuestras sociedades, desde Tijuana hasta la Patagonia.

La gran mayoría de las invenciones científicas y tecnológicas provienen de algún país del primer mundo y, para poder utilizarlas, hay que pagar la patente, los costos de producción y las fluctuaciones del mercado. ¿No sería más inteligente hacer todos los esfuerzos posibles para producirlas en vez de importarlas? La respuesta es afirmativa y obvia, pero existen varios puntos importantes que se deben analizar para poder visualizar un panorama que se aproxime a la situación real en la que nos encontramos.

Eso sí, hay que dejar claro algo antes de empezar: los latinoamericanos tenemos un cerebro con las mismas capacidades y potenciales que el de cualquier otro ser humano de cualquier latitud del planeta. Ni más, ni menos. Y esto, aunque parezca broma, es uno de los puntos cruciales. De mucho serviría tener financiamiento, máquinas y laboratorios, pero, si continuamos teniendo una visión oscurantista del mundo, las cosas no mejorarían sustancialmente.

"Los analfabetas del futuro—nos dice Alvin Toffler—no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no sean capaces de aprender, desaprender y, luego, volver a aprender" (2).

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La Plegaria de las Esferas.

Por Agustín Garfias. - 14 de Julio, 2009, 18:18, Categoría: La Armada Invencible

Ardemos por encontrar terreno sólido y un fundamento último para construir los cimientos de un edificio que llegue hasta el firmamento, pero el suelo se resquebraja bajo nuestros pies y la tierra se hunde en los abismos.

Los dos infinitos.

Blaise Pascal.

Un Par. Merma y Entusiasmo. Dos Pares.

Hace algunos meses, con un cubilete que me regaló mi hermano, lancé los dados y salió 9.9.J.Q.K. Anoté en la pared esos signos y me olvidé del asunto. Hace poco menos de un mes, tirando las monedas del I-Ching en la casa de una amiga gitana, hice dos preguntas. Para la primera, la respuesta fue MERMA; para la segunda, ENTUSIASMO. Hoy, después de un día denso, al llegar a casa agité de nuevo el cubilete y los dados marcaron lo siguiente: 9.9.Q.Q.K.

Debajo de la primera serie anoté la segunda (muy parecida, por cierto).

No sé qué signifique exactamente todo esto, creía que eran simples juegos que se juegan por jugar, y ya... Sin embargo, en medio de las dos series resultantes de los dados, me pareció adecuado escribir las palabras latinas Alea iacta est... La suerte está echada...

Vagamente recuerdo lo que significaban tanto la MERMA como el ENTUSIASMO en el libro del I-Ching, mi amiga gitana me lo explicó, pero andaba yo en otro planeta, mi cerebro estaba sumergido en un océano de pensamientos extraños provocados por la fiebre que esa noche me invadió debido al cambio drástico de clima: después de un calor insoportable, llovió a raudales y me mojé hasta el tuétano camino a su casa. Un día de estos conseguiré aquel texto y lo leeré a conciencia.

Sería mejor preguntarle a tal amiga, pero, como buena peregrina, se ha mudado de nuevo y pueden pasar años para que dé señales de vida y vuelva a verla. Además, probablemente está enojada conmigo porque llevaba puesto el anillo de bodas: ya no estoy casado, pero sigo usándolo por pura inercia. ¿Qué iba yo a saber que le gustaba a la gitana desde antes de casarme por primera vez? Nunca, hasta esa noche, me lo había dicho con palabras tan claras. Mi parco y cuadrado entendimiento necesitaba una definición operacional y explícita de sus apetitos carnales.

 

Aquella última noche que la ví, como no paraba de hablar acerca de cuanto extrañaba a mi tercera mujer, de pronto me hizo que callara y me dijo:

- Si tú quieres, puedo traértela, pero el precio será muy alto.

[Respondí:] - Los negocios han estado muy mal, no traigo mucho dine...

[Me interrumpió:] - ¡No seas tonto! Me refiero a otro tipo de precio... ¿Estás dispuesto a pagarlo?

- ¡Sí, claro! ¡Lo que sea!

- ¡Mira nomás! Un verdadero enamorado. ¡Qué diera yo porque alguien me quisiera así! ¿Acaso soy tan fea o tan vieja para no provocar deseos tan intensos en un hombre? ¿Algo tiene de superior la piel blanca de tus adoradas ingratas? [La ironía en su voz era más que evidente].

- ¡No, claro que no...! -dije después de mirarla con detenimiento. [Y lo decía sinceramente. Muy sinceramente].

- Dame ese anillo que traes en la mano. El anillo y un mechón de tus cabellos, ese es el precio. ¡Dámelos y te la traeré al instante!

El anillo sigue inútilmente en mi dedo. La gitana, esa bella morena de corazón indomable, se ha ido. Conozco su nuevo domicilio, podría conseguir su teléfono y llamarla, también podría escribirle una carta o visitarla, pero de nada serviría: en el plano físico me pudo pertenecer desde hace mucho y sin complicación alguna; ahora, por imbécil, somos dos esferas que giran en distintos espacios siderales. Podríamos incluso ser vecinos, o hasta vivir en la misma casa, y eso no cambiaría nada la situación presente.

Cualquier tercia mata dos pares. MERMA y ENTUSIASMO son asuntos evidentemente contradictorios. ¿Qué clase de suerte tan endeble me ha tocado? ¿Qué clase de respuestas tan equidistantes me han sido reveladas?

Hace una década, con una baraja española, mi suerte fue muy otra: tres caballos y dos sotas, es decir: un full. Sabía de la existencia del I-Ching, precisamente ella me había hablado de él desde hacía tiempo, pero nunca me habían dado ganas de preguntarle cosa alguna ni hubiese creído ciertas sus respuestas.

Un par es mejor que nada. Dos pares mejor que uno solo. Pero la tercia más baja vale más que ambos pares. Muy limitada es mi actual suerte.

MERMA y ENTUSIASMO... ¡Qué locura! ¡Verdaderamente qué locura! La primera pregunta fue una vulgaridad, una simpleza pasajera; la segunda era para saber si algún día llegaría a amarme una de las mujeres que más he admirado en mi vida. Ambas preguntas y ambas respuestas ya no tienen el mismo sentido, el eje de mi existencia ha dado un giro radical.

Es casi medianoche y está haciendo mucho frío, debo irme a dormir aunque no tenga sueño, no puedo seguir desvelándome sin sentido como lo he estado haciendo desde hace años. ¡Qué me importa ya si los planetas se salen de sus órbitas o los átomos no son como imaginábamos que eran!

El silencio y la soledad de esta casa son abrumadores, por eso es que, todas las mañanas, antes de salir rumbo al trabajo, tocaré mi vieja guitarra hasta que me sangren los dedos y cantaré, aunque mi canto parezca un graznido de cuervo herido. Quizá, algún día, después de tanto intentarlo, encontraré la manera de componer una canción y el graznido tendrá cierto parecido con la voz humana. Entonces dirigiré las vibraciones hacia las faldas del bosque poniente en las noches de luna, especialmente cuando esté llena.

Si mal no recuerdo, hace algunos años, escribí una especie de poema titulado La Plegaria de las Esferas y metí la hoja en un tubo de ensaye esterilizado, de esos que se usan en los laboratorios para hacer experimentos racionales y replicables. Se lo regalé a la gitana algunos días antes de que cumpliéramos 22. Me temblaba la mano cuando se lo entregué, más por pena que por miedo.

¿Meras coincidencias sin concatenación?: cumplimos años casi el mismo día, escuchamos música muy parecida y, desde distintos enfoques, yo con mis fórmulas analíticas y ella con sus poderes de adivinación, siempre hemos creído que vale la pena luchar por un mundo mejor para todos.

¿Qué decían aquellos irracionales versos? ¿Existirán todavía? No recuerdo casi nada. Siempre que escribía algún poema me sentía avergonzado y lo rompía, lo consideraba tontería, debilidad, tiempo perdido ajeno a la ciencia y a la verdad. Aquellos versos los guardé, no sé por qué. Estaba a punto de arrojarlos al fuego, pero no tenía nada más que darle cuando me la encontré "casualmente" por aquellos tiempos. Me invitó a su fiesta de cumpleaños, pero no asistí porque, según yo, me reclamaban "asuntos importantes".

Siendo sincero, la verdadera razón de no haber ido fue que no sabía bailar. Ahora sé que saber bailar es tanto o más importante que memorizar infinidad de teoremas matemáticos. Sigo sin saber bailar bien, tengo dos pies izquierdos, pero lo intento por las noches antes de acostarme. A veces hasta me relajo y el insomnio se desvanece.

¡Qué locura! ¡Verdaderamente qué locura! Habiendo papel y lápices, teléfonos y computadoras; pudiendo subirse uno a una bicicleta, a un autobús o a un taxi. ¡Tener que recurrir a tan oscuros sortilegios para comunicar los sentimientos más sencillos y básicos! ¡Tener ahora que juntar un ejército completo y acorazado, cuando lo único que necesitaba era ver y no sólo mirar, sentir sin condenar, fluir sin razonar!

En alguna parte, guardo una pequeña réplica de La Victoria Alada; la desempolvaré y la pondré sobre mi escritorio. Tiraré al cesto de la basura todo cuanto esté encima y ni siquiera lo revisaré. ¡Cálculos y más cálculos insensatos! Necias notaciones desquiciadas de mundos fugaces; ambiguas quimeras que jamás han logrado unificar las energías de mi espíritu.

¿Qué demonios andaba buscando en pos de las albinas minifaldas de las caprichosas mariposas descarriadas si tenía enfrente a una reina con sangre iluminada?

Sólo hay una vida y uno elige a cada instante. Hay que elegir bien, pues puede ser muy tarde cuando uno se da cuenta de quiénes son los seres que verdaderamente nos importan y a quienes les importamos. Pensar es bueno, pero sentir lo es mucho más. Ya lo dijo Violeta: "Lo que puede el sentimiento, no lo ha podido el saber".

¡Ay, querida gitana! ¡Qué tarde me doy cuenta de lo que realmente es esencial en la vida! Duros pero merecidos son mis castigos: confusión y hastío.

Morena de mi alma, ni siquiera tengo palabras propias para expresarte lo que siento y se las tengo que robar a don Juan Cervera:

"Sin capa y sin escudo, era tan tuyo".

Agustín Garfias.

13 de Julio de 2009.

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Centro de Desarrollo Humano a través de las Artes.

Por Leonel Puente - 2 de Julio, 2009, 13:29, Categoría: La Armada Invencible

En la Primavera del 2008, un día muy caluroso (no recuerdo bien si era fines de Abril o principios de Mayo), Constantino Pol y Leócrates estuvieron revisando el estilo de un texto hasta el cansancio. No quedaba y no quedaba, pero al fin quedó: así tenía que ser porque, esos papeles con letras, por muy complicados que estuviesen de entenderse y corregirse, no se les iban a escapar a ese par de obsesivos nomás porque sí.

Mientras eso ocurría, por un lado, Marroquín y yo hacíamos la "talacha", el "trabajo sucio". Imprimir, doblar, cortar, armar y engrapar la última de las publicaciones del Proyecto. También, simultáneamente, teclear en la computadora las entrevistas de Juan Cervera, los versos tormentosos de la Srta. Wusterhaus, escanear los extravagantes dibujos de Ruber León y los nuevos de Karin. Ruy Amp amenizaba todo con su guitarra, pues estaba "sacando" las tablaturas del "Romance Anónimo", pero como tiene mucha facilidad para aprender, se lo aprendió en un rato; luego agarró una hoja y un plumón, y en un par de minutos hizo algunos trazos finos y precisos, nos entregó el dibujo y dio por terminadas sus aportaciones de ese día para irse a jugar "tochito" con sus cuates.

Una vez terminada la corrección de estilo de "Las Profecías del Polvo", Constantino y Leócrates se pusieron a criticar la impresión de "Imágenes en la Luna". Que si estaba chueco, que si la imagen de la portada estaba feo, que si mejor no hubiese sido bueno usar papel reciclado para no contaminar el ambiente, que cuanto podríamos ganar si lográramos venderlo, que estábamos muy lentos... No les rebatíamos mucho porque ese día estábamos más atareados de lo normal, sin embargo, para las pulgas de Marroquín, ya se estaban pasando de listos y los mando de paseo. Una vez que se fueron nuestro par de "intelectuales", le dije a Marroquín:

- ¿Podría hacerme un favor muy grande?

- Si se puede, claro, porque no.

Fui por la guitarra que Ruy Amp había dejado botada en la sala y se la puse en las manos.

- Sé que está usted muy cansado y que este par de cabrones lo hicieron enojar, pero por favor, por favor, tóqueme la Zamba de mi Esperanza... la necesito.

Se me quedó mirando fijamente y luego me preguntó:

- ¿A que se refiere exactamente con eso de que la "necesita"?

- Pues a eso, que la necesito... y mucho, pero si no la quiere tocar, otro día será.

La guitarra estaba bien afinada, pero le dio todavía una pasadita a los armónicos. Luego se arrancó. No sé si fue por el cansancio, no sé si fue porque la interpretó algo mejor que otras veces o, simple y sencillamente, porque de verdad necesitaba escuchar esa canción; el caso es se me salieron un par de lágrimas mientras miraba el horizonte por la ventana. Años tenían mis ojos sin derramar nada. Siendo niño, en la escuela militarizada sólo me enseñaron que llorar es de cobardes y que 2 más 2 son 4. Nunca me enseñaron otra cosa más interesante. Todo lo demás, lo poco que sé de la vida, lo he tenido que aprender por mi cuenta o con la ayuda de alguno que otro maestro o maestra de los que no están cercenados por la ortodoxia.

Aquella noche no dormimos hasta que acabamos las impresiones. Serían las 4 o 5 de la madrugada cuando paramos de trabajar. Un último café y un último cigarro. Entonces Marroquín me dijo:

- Oiga, mi amigo, no es que me quiera meter en lo que no me importa, pero ¿qué diablos piensa usted hacer con su vida? Participa usted en muchas cosas con entusiasmo, pero no veo que tenga una línea precisa, un proyecto personal de vida.

- Pues no sé...

- ¿Cómo qué no sabe? No me venga con chingaderas. Casi cuarenta años, dos divorcios, una carrera sin terminar... y no es que le falte capacidad, pero es usted muy desidioso. ¿A poco no se le ocurre algo que hacer con su vida? Piénselo bien porque el Proyecto Cultural puede llegar a ser remunerativo, pero se puede también uno morir sin un peso en la bolsa. El próximo año ya no lo van a contratar en la mayoría de las empresas; después del cuarentón ya somos inservibles, inexplotables en el mal sentido de la palabra.

No le contesté nada, estaba más que agotado y los ojos me ardían por tanta letra transcribida del papel a la computadora. Fui por las cobijas que me fueron asignadas para los días en que me tuviera que quedar en la chobo-cueva, pero no me acosté en la sala, sino en el suelo para aliviar el dolor de espalda (en la mayoría de camas y salas no quepo, y esa incomodidad no me deja dormir bien, traigo un insomnio de años).

- ¿Se está rajando, mi estimado?

- Por hoy, que ya es mañana, sí.

- ¿Pues cómo ve que no? Venga para acá. Lo voy a poner a hacer un ejercicio que le va a ser muy útil.

Por poco le aviento un zapato en la cara de lo alterado que me sentía y por lo absurdo que me parecía a esas horas andar haciendo todavía un "ejercicio" del tipo que fuese; pero terminé obedeciendo. Me paré de malas y fui hasta la mesa de trabajo de nuevo. Otro cigarrito, otro cafecito para despertar estando despierto más de la cuenta.

Marroquín me dio una hoja y me dijo:

- Escriba lo qué le gustaría hacer con su vida de aquí en adelante. Olvidese de lo pasado. Pregúntese, ¿qué pienso hacer con mi vida, de aquí en adelante? Y luego escribalo en esa hoja, ese es todo el ejercicio, no está tan difícil.

- ¿Es en serio? ¿Nomás para eso me levantó?

- Sí, es en serio, muy en serio. ¡Hágalo! No lo piense tanto. ¡Hágalo! Es bueno pensar, pero muchas veces es más importante hacer. ¡Hacer! ¡Hacer! ¡Hacer!

No sabía que poner en la hoja, y no por el famoso "bloqueó" ante la hoja en blanco que a todo escritor le llega a paralizar. Si me hubiese puesto a escribir un cuento, la cosa hubiese sido más fácil, pero se trataba de algo muy distinto.

Después de unos minutos puse lo siguiente:

- Soy un buen escritor de cuentos, especializado en Terapia Narrativa y publico regularmente en periódicos y revistas.

- Sé tocar la guitarra y compongo canciones que me dan satisfacción y gusto.

- Dirijo un Centro de Desarrollo Humano a través de las Artes que me hace sentir realizado y útil a la sociedad.

Pensé en borrar lo segundo, lo de tocar la guitarra y componer canciones me pareció totalmente fuera de posibilidad. Pero así lo dejé y le entregué la hoja.

- ¿Eso es todo? ¿No se le ocurre nada más? ¿No pensó en alguna fémina? ¿O qué, ya se va a volver "puñal"?

- ¿Qué pasó con ese respeto?... No, puñal no... Sí pensé en una mujer, en una compañera... sería maravilloso, pero está cabrón encontrar una que no sea volátil o celosa. A mí me tocan así, o demasiado independientes o que no me dejan respirar, nunca he encontrado una en el punto medio y no sé si la voy a encontrar. Mejor solo que andar persiguiendo quimeras o que me persigan a mí.

- ¿Le "tocan" así, o usted se las busca así?

- ¿Ya me puedo ir a dormir?

- Pues sí, si así lo quiere, pero pienso que no estaría nada, pero nada mal que incluyera a una fémina en su plan. ¿Quién quita y sí encuentra a una que al menos se parezca a lo que busca?

Agarré de nuevo la hoja y escribí lo siguiente:

- Comparto con mi compañera una vida plena. Somos vitales, activos y emprendedores.

Y ya encarrerado también agregué:

- Crezco permanentemente como individuo, llevo una vida sana, soy apto y siempre realizo lo que me propongo.

Le entregué la hoja a Marroquín y me dispuse a dormir. ¡Ahora sí ya era más que justo y necesario!

- Una última cosa, mi estimado León.

- ¡Ay no! ¡Con todo respeto, ya no me chingue más por hoy!

- Léalo en voz alta.

- ¡Qué! ¡Qué lo lea! ¡Para qué!

- ¡Léalo!

Lo leí, y, al terminar, Marroquín me miró fijamente y me dijo:

- Lo crea o no, así será.

No sonrió con su clásica ironía. No dijo más... hasta hace unos días en que me entregó esa hoja de la cual ya no me acordaba siquiera.

- Ha llegado el momento: al cachorro de León le tiene que crecer la melena.

Temblé al mirar sus ojos. No me había dado cuenta que su pelo ya es absolutamente blanco y su andar cansado. Todavía no me siento completamente preparado, ni siquiera soy la sombra de lo que él fuera a mi edad; pero ya se fue Catani; Don Juan, aunque está muy sano, ya se acerca a los ochenta; nuestro as, anda en el tochito; nuestras estrellitas, chateando; y, Marroquín, mi querido Maestro, ha peleado en más de mil batallas sin rendirse, pero el Tiempo no perdona a nadie. A nadie.

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LA RESILIENCIA

Por Leonel Puente - 1 de Junio, 2009, 11:16, Categoría: La Armada Invencible

        Para Martha Rogel.

"Cuando hayamos aliviado lo mejor posible las servidumbres inútiles y evitado las desgracias innecesarias, siempre tendremos, para mantener tensas las virtudes heroicas del hombre, la larga serie de males verdaderos, la muerte, la vejez, las enfermedades incurables, el amor no correspondido, la amistad rechazada o vendida, la mediocridad de una vida menos vasta que nuestros proyectos y más opaca que nuestros ensueños –todas las desdichas causadas por la naturaleza divina de las cosas".

Marguerite Yourcenar.

Memorias de Adriano.

La palabra resiliencia proviene del latín, del verbo resilio que significa rebotar, repercutir, saltar hacia atrás.

En el lenguaje de la ingeniería, la resiliencia consiste en la cualidad de un material para recuperar su forma original después de haber sufrido una deformación a causa de una fuerte presión. En cuanto a cualidades meramente físicas, se define como la resistencia al choque (en kilogramos por centímetro cuadrado).

Éste concepto, aplicado a los seres humanos, se refiere a la posibilidad de que ciertos individuos logren sobreponerse a las circunstancias adversas de su existencia, continúen viviendo de manera positiva e, incluso, salgan fortalecidos de tales crisis. Las circunstancias adversas varían de magnitud y también varía la forma en que cada individuo concibe la situación problemática a la que se enfrenta. Para hablar de resiliencia no basta con evaluar la resistencia –pues entonces se confundiría con invulnerabilidad-, también es necesario que exista la capacidad de reconstrucción y la posibilidad de proyectarse hacia el futuro.

Existen individuos que salen adelante a pesar de haber experimentado situaciones muy complicadas, como violencia intrafamiliar, pobreza extrema, discapacidad, abuso sexual, discriminación racial, guerra, orfandad, y un largo etcétera de problemas sociales, familiares o biológicos. Hay otros que no logran recuperarse y son absorbidos, dañados o destruidos por las circunstancias negativas.

¿Cuál es la clave para que unos lo logren y otros no?...

La pregunta es muy complicada como para ser respondida desde un punto de vista meramente físico: ni los metales más resistentes son invulnerables, mucho menos las personas de carne y hueso. Una lata de aluminio aplastada se puede reciclar y, a través de cierto proceso, recuperar su forma original; pero es obvio que a un ser humano no se le puede aplicar sin más tal procedimiento.

Para lograr que alguien supere una crisis hacen falta varios factores, entre los más importantes están los vínculos constructivos que logre establecer con las personas que le rodean: un padre, una madre, un hermano, un tío, un amigo, un maestro o un guía espiritual, que funja como "tutor de resiliencia"* brindándole apoyo, confianza u orientación. También es esencial que se ponga en marcha un proyecto de vida realista, es decir, planes a futuro realizables según las capacidades personales dejando a un lado los sueños impracticables (de hecho, un proyecto de vida es un sueño en marcha, un plan puesto en acción que no se queda en la pura mente y la elucubración de ideas).

Obtener un empleo, aprender un oficio, tener acceso a una escuela, asistir a eventos culturales o practicar algún deporte resultan de mucha ayuda. Muchos que han sido catalogados como niños o adolescentes problema, cuando encuentran algún tipo de apoyo y se les canaliza hacia una actividad en donde se pueden desempeñar con eficacia, después se convierten en elementos valiosos para la sociedad. En algunas casos afortunados, ocurre que ciertas personas, que han sufrido profundamente, se reestablecen con los mínimos cuidados físicos o hasta con una simple palabra de aliento.

La resiliencia no es una facultad innata: es fruto de un esfuerzo constante. El temperamento, la inteligencia, el carisma y hasta el sentido del humor, son características que pueden influir benéficamente durante el proceso para contrarrestar las circunstancias adversas, pero incluso la persona más fuerte tiene sus límites, y, por el lado contrario, quienes son considerados como débiles o como casos perdidos, en ciertos momentos decisivos son capaces de reaccionar de forma sorprendente. Es por lo anterior, que se debe tener cuidado cuando se asocia la resiliencia con el concepto de invulnerabilidad, pues entonces ya estaría determinado de antemano que algunos puedan luchar contra la adversidad y otros definitivamente no. Y si ya de por sí no existen muchos apoyos por parte de los funcionarios que se encuentran a cargo de las instituciones públicas, menos se interesarían en intervenir de alguna manera; dirían: ¿Para qué si se las pueden arreglar bien completamente solos?

Otro punto que se debe considerar, es que la resiliencia no se da de un momento para otro ni en la mayoría de los casos: hay retrocesos o altibajos y nunca se encuentran soluciones definitivas al estilo de los cuentos de hadas, no obstante, casi siempre es posible identificar, dentro de cada persona, uno o varios recursos  que se pueden movilizar o canalizar.

Dentro de la literatura clásica existen numerosos ejemplos de resiliencia, uno de los más famosos es el cuento de Hans Christian Andersen "El Patito Feo", que contiene muchos aspectos prototípicos con respecto a este tema; de hecho, en dicho relato el autor revela en forma metafórica las duras circunstancias de su propia existencia y, a través de esa labor artística, logra reconciliarse consigo mismo y fortalecer su autoestima.

Jean Valjean, el protagonista de Los Miserables de Víctor Hugo, por robarse un pan un día en que ya no soportaba el hambre, es condenado de por vida a trabajos forzados; tras 20 años de encierro y maltratos, reducido a la condición de un animal, logra escaparse y sus primeras acciones resultan reprobables, pues roba y hiere a un sacerdote que le había dado posada; poco después es capturado por la policía, pero el sacerdote lo salva diciendo que él mismo le había regalado los candelabros de plata que traía cuando fue detenido; Valjean recapacita, reorienta su existencia, y mediante un trabajo honesto se convierte en un ciudadano respetable.

También tenemos ejemplos en los best sellers y en algunas películas.

Henri Charriere, alias Papillon, relata con lujo de detalles los 17 años de brutal encarcelamiento que purgó en distintos penales de la Guayana Francesa**; tras varias fugas fallidas, logra escapar definitivamente y reintegrarse a la sociedad, sin embargo, en este caso, el relato no es nada metafórico, es literalmente autobiográfico: Papillon es el apodo real de un hombre real que además sí era un maleante y no solo robaba por hambre; él mismo es el autor del libro homónimo en donde relata sus amargas experiencias.

Los Olvidados de Luis Buñuel tiene dos finales, uno extremadamente trágico en donde Pedro, el niño-adolescente que tiene la posibilidad de readaptarse no lo logra y es asesinado por el Jaibo; pero hay otro, en donde dicho protagonista retorna maltrecho pero con el dinero que se le había confiado. Fue elegida la versión más impactante para la comercialización de ésta película y hasta muchos años después fue dada a conocer la otra culminación, pero, en ambos casos, la historia muestra lo difícil que es zafarse de un entorno nefasto. Hay ocasiones en que aun queriendo salir, aun deseando romper con una dinámica social morbosa, con una fatalidad biológica o mental, las oportunidades de lograrlo se reducen cada vez más.

En lo referente a la investigación científica acerca de éste tema, existen varios estudios serios y su número va en aumento. Con sus respectivos matices, casi todos coinciden en los siguientes puntos:

1. Ante una situación problemática, un individuo puede ser destruido.

2. El individuo resiste, sobrevive; pero a un alto costo y es dañado, a veces irreversiblemente y con la posibilidad siempre latente de repetir o agravar los esquemas negativos.

3. El individuo confronta la situación y se recupera hasta cierto punto. La vida sigue su curso, pero no hay una modificación significativa ni del individuo ni de su entorno.

4. El individuo resilia, es decir: resiste, se reconstruye y elige un proyecto de vida. Sin embargo, en este punto se abre una marcada disyuntiva, pues, sin una dimensión ética, cualquier superviviente es resiliente aunque perjudique a los demás.

5. Ante una situación problemática, puede ocurrir que un individuo se desarrollare normalmente.

Los seres humanos somos posiblemente los organismos más extraños sobre el planeta: lo que para unos significa factor de riesgo, para otros es factor de protección; lo que a unos daña, a otros los hace más fuertes. Las diferencias individuales abarcan rangos muy amplios, pero esto no justifica ningún tipo de abuso, sería como decir que, para que un individuo se sublime, hay que enfermarlo primero y lo más severamente posible.

Una buena cantidad de médicos, psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, filósofos e incluso religiosos (no fanáticos), han cambiado su manera de intervenir en la problemática social y, en vez de tratar con "casos clínicos", con "enfermitos", "locos", "pobrecitos", o alguno de tantos otros calificativos inútiles que no solucionan los problemas, han retomado la dimensión ética y humanística de su labor; sin embargo, el camino es largo y mientras las instituciones públicas y las instancias gubernamentales no tomen cartas en el asunto, salvo algunos ejemplos honrosos y varios casos excepcionales, las sociedades de todo el mundo continuarán descomponiéndose. Los superhéroes que cuidan a los desamparados y los ángeles milagrosos son mucho menos comunes de lo que pudiésemos llegar a creer. La realidad es que, en la existencia cotidiana, debemos arreglárnosla nosotros mismos como podamos y, a menudo, tenemos que hacer elecciones importantes sin muchos recursos para elegir tal o cual camino. Una buena orientación o una mano amiga nunca están de más.

En los países de primer mundo, hay varios centros de asistencia pública y privada que han asimilado el enfoque de la resiliencia, pero aún no tiene el impacto deseado; en los países de escasos recursos, la resiliencia aún está lejos de ser tomada en cuenta y mucho menos de ser aplicada de forma generalizada para beneficio de la sociedad.

En México existen algunas organizaciones no gubernamentales (ONG), algunos albergues y asociaciones civiles, como los Centros de Integración Juvenil, que trabajan con grupos vulnerables y en sus programas aplican los conocimientos surgidos de las investigaciones sobre la resiliencia.

El concepto de resiliencia es un enfoque nuevo aplicado a la compleja convivencia humana. Una de sus más valiosas aportaciones es que se centra en los potenciales de las personas en lugar de encasillarlas o estigmatizarlas; de esta manera, aún en los peores casos, se busca la manera de ayudarles a que le encuentren un sentido a su existencia, cosa nada fácil y que además se complica con personas o grupos sumamente desfavorecidos o discriminados.

De nada sirve designar a un discapacitado como "persona con capacidades especiales", a un anciano como "adulto en plenitud", a un paria como "indigente", o a un indígena como "minoría étnica"; eso no les resuelve la vida, lo que les hace falta es aceptación, reconocimiento y asistencia verdadera y constante por parte de la sociedad a la que pertenecen. Los conceptos elegantes o abstractos, incluyendo este de la resiliencia, muchas veces solo sirven para que los medios masivos de comunicación aumenten su vocabulario o para que los políticos ganen adeptos y votos en sus campañas. Conceptos como "guerra de baja intensidad" no evita muertes; el "crecimiento cero" de los economistas, además de ser una discordancia gramatical, no subsana el hambre. Los conceptos sin la acción se convierten en palabras vacías.



* "Tutor de resiliencia" es un término acuñado por el etólogo Boris Cyrulnik.

** La Guayana Francesa se ubica en Sudamérica, al este de Venezuela.

Bibliografía

1. La resiliencia: resistir y rehacerse. Michel Manciaux (compilador). Edit. Gedisa.

2. El murmullo de los fantasmas. Boris Cyrulnik. Edit. Gedisa.

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Lucifer

Por Alejandro Augusto Enciso Sandoval - 11 de Febrero, 2009, 13:16, Categoría: La Armada Invencible

La simple mención de su nombre parece evocar el olor del azufre. Se le imagina como el ángel más bello de la creación y también como el causante del mayor drama cósmico jamás ocurrido. Cuenta la leyenda que, seducido por su propio orgullo, arrastró a una gran parte de los ángeles que adoraban a Dios, provocando una rebelión cuyas consecuencias últimas son la existencia del dolor, la maldad y la muerte en el mundo. Lucifer es considerado desde entonces como el ideólogo del mal, el instigador del lado oscuro del hombre, el tentador primero. Pero su historia está llena de contradicciones, y una de ellas es la ausencia de una verdadera historia.
Porque, un acontecimiento de tal magnitud, de tamaña trascendencia para el ser humano, no podía pasar inadvertido para los autores de la Biblia. En sus páginas deberíamos encontrar un relato pormenorizado del suceso y de cuáles fueron sus causas. Pero no es así. De hecho, el nombre de Lucifer ya no aparece en ninguna Biblia moderna, aunque sí estuvo presente en las antiguas. Fue borrado de la historia, pero no de la leyenda. En realidad, todo el mito moderno de Lucifer parte de un equívoco, de un simple error de traducción.
"Lucifer" es una palabra latina que significa "portador de la luz". Fue empleada por San Jerónimo en la elaboración de la Vulgata —la versión en latín de la Biblia— para traducir el término hebreo Helel (literalmente «resplandeciente») de un texto de lsaías. Fue una elección meditada, que buscaba conciliar los distintos sentidos que —según algunos— el texto hebreo parecía contener. Y es que, ya en aquella época, algunos "Padres de la Iglesia" habían creído encontrar en aquellas palabras ¡la descripción de la caída de Satanás!
Hasta aquel entonces Lucifer —también conocido como Heósforo— era tan sólo un dios menor de la mitología grecorromana, un hijo de la diosa Aurora que nada tenía que ver con las tradiciones judías o cristianas. Su condición de descendiente de los dioses influyó en la elección que realizó San Jerónimo. Pero, ¿qué decía en realidad el texto de Isaías? El profeta recogía la siguiente sátira, compuesta por Yahvé evocando la derrota de su enemigo, el rey de Babilonia: «¿Cómo has caído del cielo, astro rutilante, hijo de la aurora, y has sido arrojado a la tierra, tú que vencías a las naciones? Tú dijiste en tu corazón: "El cielo escalaré, por encima de las estrellas de El elevaré mi trono y me sentaré en la montaña del encuentro, en los confines del Safón; escalaré las alturas de las nubes, me igualaré a Elyón (el Altísimo)". Por el contrario, al sol has sido precipitado, al hondón de la fosa» (Is. 14, 12-11).

La Vulgata empleó la palabra Lucifer en la traducción de la primera frase:
«¿Quomodo cecidisti de coelo, Lucifer qui mane oriebaris?...» Las sucesivas versiones a las lenguas vernáculas conservarían sin traducir esa palabra latina: «¿Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la Aurora?...» Desde entonces, Lucifer fue considerado un nombre propio. Había nacido la leyenda del ángel rebelde, el mito grecorromano resurgía, la leyenda pagana se cristianizaba y el origen del mal en el mundo había sido, por fin, hallado. Se había creado un nuevo nombre y un nuevo personaje.

El mito sobreviviría luego al paso de las edades y muchas leyendas medievales se nutrirían de estas ancestrales raíces, creando relatos de gran belleza y simbolismo, pero Isaías -su autor primigenio- sabía muy poco de mitología clásica. Sus fuentes pertenecían a un ámbito cultural muy diferente y el fondo de sus palabras reflejaba un drama que nada tenía que ver con batallas cósmicas entre ángeles, pero sí de luchas entre dioses. O al menos entre hijos de los dioses...

La Biblia encierra muchas sorpresas. Su estudio detallado revela circunstancias que chocan frontalmente con los dogmas establecidos con el paso de los siglos. Una de ellas se refiere a las creencias originales del pueblo judío. En un principio, aunque pocos lo sepan, Israel aceptaba la existencia de otros dioses, pero sometidos a la autoridad de Yahvé. Esa concepción coincidía, a grandes rasgos, con la que tenían los cananeos, el pueblo que habitaba gran parte de las tierras que luego serían conquistadas por lsrael La principal diferencia entre ambos consistía en que, para los primeros, ese dios principal era Yahvé, mientras que, para los segundos, era Baal.

Pero Baal no era sino el hijo de otro dios llamado El, a quien sustituyó en el trono. Curiosamente, Yahvé manifiesta en la Escritura numerosas veces, su odio visceral hacia Baal, pero nunca hacia su progenitor. Sorprende que un dios celoso como era Yahvé permitiera después a los judíos utilizar esa misma palabra, «El», para designar a su persona, tal y como podemos observar en numerosos pasajes de la Biblia.

¿Por qué esa excepción con un dios de sus enemigos los cananeos? ¿Acaso se trataba de un dios diferente? Esas contradicciones han llevado a algunos exégetas a insinuar que ese dios El de los cananeos y su homónimo hebreo —también conocido como Yahvé— podrían ser en realidad el mismo dios. Hay un texto clave en el capítulo 14 del Génesis que parece confirmar tal hipótesis. Allí encontramos a dos personajes, uno judío —Abraham— y otro cananeo —Melquisedec—, que se saludan mutuamente invocando ambos al mismo dios: El-Elyón, nombre compuesto con el del dios cananeo y el superlativo «Elyón» (el Altísimo). El que tanto Melquisedec como Abraham utilizasen en su saludo el mismo nombre, no deja opción a ninguna otra explicación: ambos adoraban al mismo dios. Yahvé no era sino el nombre con el que los judíos conocerían al antiguo dios de las cananeos, y a partir de ese momento el título de «el Altísimo», utilizado hasta entonces sólo por los cananeos, pasaría también a ser empleado por los israelitas para referirse a su dios.

Y si ambos dioses eran en realidad el mismo, las «leyendas» de los textos cananeos pueden también aplicarse a Yahvé. Así, por ejemplo, se dice que de los amores de ese dios con distintas mujeres nacieron varios hijos. Uno de ellos, llamado Sahar (aurora) tiene una relación directa con la historia de nuestro personaje, pues en el texto de Isaías Lucifer es llamado Helel ben Sahar por el propio Yahvé, es decir «Lucero hijo de la Aurora». Y aquí nos encontramos con la paradoja de que —en base a ese título, y según la mitología cananea— Lucifer podría ser descendiente directo, aunque no reconocido, de Yahvé.

Antes de rechazar de plano tan heterodoxa idea deberíamos regresar al texto de Isaías. Allí comprobaremos cómo Lucifer pretendió «escalar el cielo y colocar su trono por encima de las estrellas de El». Se dice que en la Biblia, las estrellas simbolizan los miembros de la corte de Yahvé. Pero el texto menciona algo más: Lucifer ambicionaba «sentarse en la Montaña del Encuentro, en los confines del Safón». «Safón», en hebreo, significa «norte», pero para los cananeos, el Safón era precisamente la montaña donde moraba la divinidad. No lejos de ahí se encontraba «la Montaña del Encuentro», lugar donde los dioses tenían sus asambleas. La idea es casi universal: los griegos hablaban del monte Olimpo, en cuyo pico más alto vivía Zeus, y en su morada convocaba las reuniones con otros dioses; los hindúes mencionan el monte Meru, en cuya cumbre se hallaría la ciudad dorada de Brahma, punto de encuentro de dioses. Tales ideas, lejos de ser ajenas al pensamiento hebreo, se encuentran ratificadas en multitud de puntos de la Escritura, supervivientes a posteriores «retoques» más acordes con la ortodoxia monoteísta de los últimos siglos del judaísmo. Pero, ¿qué ocurría en la privacidad de las reuniones de Yahvé con los otros dioses?

Aunque el Libro de los Salmos es bien conocido, casi nunca se repara en el revelador contenido del número 82. Allí se habla de un Yahvé orgulloso, que ostenta de nuevo la jefatura entre los dioses, dispuesto a poner las cosas en su sitio. Dice así el texto:

«Elohim se yergue en la asamblea de El, en medio de los dioses juzga: ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y guardaréis consideración a los malvados? Haced justicia al humilde y al huérfano, vindicad al infeliz y al pobre. Rescatad al humilde y al indigente,- de manos de malvados liberadle... Yo me dije: ¡Dioses sois, e hijos de Elyón todos vosotros, sin embargo, moriréis como hombres, y como cualquiera de los príncipes, caeréis».

¡Dioses sois, e hijos, de Elyón! El texto no deja lugar a dudas: los dioses juzgados, aquéllos a quien Yahvé había confiado distintas funciones, son sus propios hijos y el texto pertenece a la Biblia. Ahora bien, ¿qué funciones realizaban estos hijos de Elyón? La respuesta nos la da el Deuteronomio:
«Cuando Elyón repartió las naciones, cuando distribuyó a los hijos de Adán, fijó las fronteras de los pueblos según el número de los Sene'El [los hijos del dios El], mas la porción de Yahvé fue su pueblo» (Deut. 32, 8-9).

Es decir, cuando Yahvé comenzó tener descendencia, dividió su reino entre sus hijos, reservado para sí una parte del territorio: el que primero ocuparían los cananeos y luego Israel. Tal pudo ser el origen de muchas monarquías de aquella zona. Pero con el tiempo esos reyes dejaron de ser leales y cuestionaron la supremacía de Yahvé. Incluso su propio hijo Baal llegaría a arrebatarle el trono. Esa fue la razón por la que Yahvé planeó la invasión del territorio cananeo por el pueblo de Abraham: necesitaba que un nuevo pueblo fiel ocupase su antiguo territorio, le rindiera culto y le erigiera de nuevo en dios del lugar. Con ello recuperaría además del trono en aquella zona, el título que había perdido de «Dios de los dioses» (Jos. 22, 22). En cuanto a esos otros dioses, Yahvé no dudó ni por un momento en acabar con ellos cuando lo creyó necesario. Eso sí, les dedicó bellas palabras que recordaran su antigua magnificencia. Así, por ejemplo, ocurrió con el rey de Tiro:

«Tú eras sello de perfección —evocaba Yahvé— lleno de sabiduría y de acabada belleza; en el Edén, jardín de Elohim, habitabas. Tú eras un querubín consagrado como protector. Yo te había establecido; estabas en la Santa Montaña de Elohim... hasta que se descubrió en ti la iniquidad. Se enegrió tu corazón por tu belleza, echaste a perder tu sabiduría por tu esplendor. Por tierra te he derribado... te he arrojado de la Montaña de Elohim, y te he destruido, ¡oh, querubín protector!» (Ez. 28).

El rey de una nación vecina ¿invitado al jardín de Elohim? ¡Naturalmente! Tal era la prerrogativa de los dioses-reyes. Y entre ellos no podía faltar el faraón de Egipto, «creme. de la creme», quien —según Yahvé— destacaba sobre todos los demás como el más grande y hermoso cedro de su jardín: «Ningún árbol, en el jardín de Elohim, le igualaba en belleza». Pero, víctima plecisamente de su propio orgullo, se hizo merecedor del castigo divino: «Por haber exagerado su talla, levantando su copa hasta las nubes, y haberse engreído su corazón de su altura —continuaba Yahvé—, yo le he entregado en manos del conductor de las naciones, para que le trate conforme a su maldad; ¡le he desechado!» (Ez. 31).

Vistas así las cosas, no es de extrañar que cayera también Lucifer, el rey de Babilonia. Pero aquí hay algo que no encaja: ¿por qué no era admitido en la asamblea de los dioses?, ¿acaso era diferente de los demás? Parece ser que sí. La mayoría de las dinastías reales de la antigüedad proclamaban ser descendientes de los dioses procedentes de los cielos. Así lo afirmaban, por ejemplo, los primeros faraones, los reyes babilónicos o los emperadores chinos. Pero no así los reyes asirios. Y ese parece ser el caso de Lucifer. Cuando Isaías escribió su poema, Babilonia se encontraba precisamente gobernada por reyes asirios. Y éstos, a diferencia de sus predecesores babilónicos, nunca pretendieron que su estirpe fuera de origen divino.

Sin embargo, tras la muerte de Salmanasar le sucede un rey de oscuros orígenes llamado Sargón II. No era hijo de su predecesor. Presumía de un linaje mucho más noble. Se jactaba de contar entre sus antepasados con 350 reyes, entre los que incluía al asirio Elu-bani (? - 69l a.C.), hijo del mítico rey conquistador Adasi. Con este abolengo no es de extrañar que reclamase el mismo trato que recibían los otros reyes-dioses, pero sus exigencias nunca fueron aceptadas. Tal vez por eso juró odio eterno a Yahvé y apoyado por la fuerza de «sus señores los grandes dioses» —reza un texto desenterrado en Nínive— Sargón II arrasó la ciudad de Samaría, venciendo así a Yahvé y a los dioses que le apoyaban. Todo el reino del norte (las diez tribus de Israel) cayó bajo su dominio. Y si el Reino del sur (Judá) sobrevivió otros cien años más fue gracias a una misteriosa pero oportuna intervención del Ángel de Yahvé, que logró exterminar en una sola noche a 185.000 asirios (2 R. 19, 35). La acción, sin embargo, llegó demasiado tarde para los 27.290 habitantes de Samaría que, junto con el resto de los israelitas capturados ya habían sido desterrados y dispersados entre otros pueblos. Estas fueron las famosas tribus perdidas de Israel.

En cuanto a Sargón II, sufrió —¡cómo no!— la muerte que se merecía. Nada mencionan las crónicas asirias, salvo que «no fue enterrado en su casa». Pero el dato indica una muerte poco heroica en batalla, hecho que encajaría perfectamente con la descripción de la Biblia: «Todos los reyes de las naciones reposan con honor, cada uno en su morada -precisaba Yahvé al final de su sátira, pero tú eres arrojado lejos de tu sepulcro, como un vástago despreciable, como un cadáver pisoteado» (ls. 14, 18-19).

Ese fue, con toda probabilidad, el fin de Lucifer, el rey despechado que conquistó todo en su vida menos el título de Hijo del Cielo. Sólo tuvo la gloria de arrebatar a Yahvé uno de sus reinos y poder demostrar así ante todos la vulnerabilidad del «dios de los dioses». Pero, ¿quién era ese tal Yahvé cuyo poder fue puesto en entredicho por un simple mortal?

Se trataba de un «dios de raza», ligado a un territorio y a un pueblo. Uno de los muchos que «controlaban», para bien o para mal, el destino de los países. Ostentaba el cargo de «dios supremo» en las asambleas que los dioses realizaban periódicamente para tratar asuntos de estado. Y su estatus fue cuestionado. Primero fue su propio hijo 8aal quien le usurpó el trono. Y luego sería el rey dé Babilonia quien pretendería desplazarle de su lugar. He ahí el Lucifer histórico, aquél a quien el tiempo y la leyenda transformarían en el «ángel que quiso ser Dios». Pero ni Yahvé ni «sus hijos» eran realmente dioses.

De entrada, la más que confusa historia de Sargón sólo parece cobrar sentido a la luz de la antigua creencia sumeria se gún la cual ciertas «personalidades» sobrevivían a la muerte física y era posible identificarlas después de que habían tomado un nuevo cuerpo recuperando entonces la misma posición social que tenían anteriormente. Según la teoría que podría derivarse de esto, los dioses caídos del cielo que dominaron la tierra en un pasado remoto —y que la tradición judeo-cristiana recuerda como Nefilim, Hijos de Dios o Ángeles Caídos— no sólo tuvieron descendientes sino que probablemente acabaron reencarnándose en esta estirpe celeste, dotada de cualidades especiales, y establecieron las monarquías hereditarias de origen divino como una forma de perpetuar su poder terrestre. [Para más detalles sobre este mito, referirse al Libro de Enoc].

Algunas escuelas esotéricas difieren de esta visión refiriéndose a los espíritus Luciferinos como ángeles que se rebelaron contra el dios creador de nuestro sistema solar o de nuestro zona del Universo, siendo precipitados por ello a un nivel inferior, en el que "trajeron la luz" al hombre, enseñándole al hombre cómo podía dejar de ser un esclavo de los dioses y convirtiéndose en su propio dueño y señor. Dichos seres incorpóreos representados en diversas tradiciones como serpientes, hicieron esto con el propósito de utilizar el cerebro del hombre para adquirir conocimiento, despertando en él individualidad y la conciencia, pero arrojándole al tiempo en brazos del sufrimiento y la enfermedad.

Para las más diversas elucidaciones metafisicas y esotéricas, el nombre de Lucifer personifica una poderosa realidad invisible que trasciende su estricto significado etimológico y encarna el espíritu de rebelión. Otras corrientes van más allá, afirmando que estos seres estaban dotados —por lo menos temporalmente— de cuerpo físico, capaces al mismo tiempo de actuar en otros plano más sutiles actualmente vetados al hombre. A esto último le agregan que desde la famosa expulsión del Paraíso, el acceso a tales planos está limitado tan sólo a unos pocos seres llamados «iniciados», y que el día en que la raza humana tenga plena conciencia de esos planos, el poder de los «dioses» sobre nosotros habrá terminado. Una idea bastante intrigante, aunque no deja de ser un mito.

Hay que tener en cuenta que a lo que me refiero en este texto, no es una realidad como tal, no existieron reyes divinos, ni seres serpientes; considero que la relación entre la metáfora de Lucifer como un rey asirio es lo que dio pauta al mito, justo como 666 no es más que el nombre de Nerón encriptado. En la mente antigua judaica existió un odio por haber sido esclavos de un pueblo extranjero, o varios, que además les prestó sustratos míticos con los cuales elaborar un corpus de ideas para sus propios mitos por el contacto con nuevas religiones. Así, de Dios se puede identificar más de dos versiones en la misma biblia dependiendo de la etapa histórica en qué fue escrito el pasaje, por ello se puede encontrar un dios amigable que un día visita a Abraham en persona y en otro un dios rabioso que no permite que lo vea Moisés en lo alto de la montaña. Pero eso es parte de otro ensayo.

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