La Armada Invencible
Artículos de divulgación científica y humanística.

Nací

Por Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda - 19 de Abril, 2013, 4:50, Categoría: La Armada Invencible

Nací lleno de vida.

Nací lleno de amor.

Nací lleno de luz

y, entre unos y otros,

me llenaron de muerte,

me llenaron de ira,

me llenaron de sombras

y heme aquí todavía, y pese a todo,

creyendo en la poesía,

creyendo en la  belleza

y, al margen de las casas de bolsa

y de los  bancos,

dándole  vuelo al aire de una  vieja,

y a la vez siempre niña,

canción, una canción

donde cabe la vida a plena vida;

donde cabe el amor y la luz cabe

y no hay el menor sitio para el odio.

^^^^^^^

*JUAN CERVERA SANCHIS JIMÉNEZ Y RUEDA

AUTOBÚS RUMBO AL ZÓCALO

TRANSITANDO POR LA AVENIDA

DE  REFORMA A LA ALTURA DEL DIARIO

EXCELSIOR.

18 ABRIL 2013. CIUDAD DE  MÉXICO

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 8 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 8 de Marzo, 2010, 22:20, Categoría: La Armada Invencible

VIII. Epílogo

Soy mestizo. Mi alma es una amalgama, más de cobre que de plata u oro. Mi sangre es roja y, que yo sepa, pocos o ninguno de mis antepasados o ancestros son de sangre azul. No debiera, pero no quiero quedarme con las ganas de transcribir un fragmento de una prosa poética que nadie me obligó a memorizar (17):

ÉRAMOS REYES Y NOS VOLVIERON ESCLAVOS.

ËRAMOS HIJOS DEL SOL Y NOS CONSOLARON CON MEDALLAS DE LATA.

ÉRAMOS POETAS Y NOS PUSIERON A RECITAR ORACIONES PORDIOSERAS.

ÉRAMOS FELICES Y NOS CIVILIZARON.

¿QUIÉN REFRESCARÁ LA MEMORIA DE LA TRIBU?

¿QUIÉN REVIVIRÁ NUESTROS DIOSES?

QUE LA SALVAJE ESPERANZA SIEMPRE SEA TUYA, QUERIDA ALMA INAMANSABLE.

Bibliografía.

(1) Marcelino Cereijido, ¿Por qué no tenemos ciencia?, Edit. Siglo XXI, México, D.F., 1997. Primera edición.

(2) Alvin Toffler, El Shock Futuro, Coedición Plaza & Janés, Barcelona, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1972. Edición especial.

(3) Julio Sevares, Mentiras "científicas" del poder. Demoliendo mitos de la ortodoxia económica, Le Monde Diplomatique, Edición México, E.U. y Centroamérica, No. 15, Noviembre de 2009.

(4) Julio Sevares, op. cit.

(5) CONACYT. Indicadores de actividades científicas y tecnológicas, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, 2006. Edición de bolsillo.

(6) Marcelino Cereijido, op. cit.

(7) Doris M. Ladd, Génesis y desarrollo de una huelga. La lucha de los mineros mexicanos de la plata en Real del Monte, 1766-1775, Editorial Patria (bajo el sello de Alianza Editorial), 1992, México, D.F. Primera edición en español.

(8) Programa radiofónico (Sábado 19 de diciembre de 2009): Conversaciones sobre Historia (con el doctor Javier García Diego). IMER (Instituto Mexicano de la Radio), Radio Ciudadana, 660 A. M. Todos los Sábados de 9 a 10 de la mañana.

(9) http://chobojos.zoomblog.com

(10) Serge Halimi, ¿Se puede reformar Estados Unidos? La ilusión de un presidente todopoderoso, Le Monde Diplomatique, Edición México, E.U. y Centroamérica, Num. 17, Enero 2010.

(11) Alberto Clemente de la Torre, Física cuántica para filo-sófos, Edit. Fondo de Cultura Económica de Argentina, 1994, Buenos Aires, Argentina. Primera reimpresión.

(12) René Drucker Colín (La ciencia, una actividad relegada). 1984-2004. La Jornada, el rostro de un país, La Jornada, México, D.F. Septiembre 2004. Edición única.

(13) Galileo Galilei (Conversaciones acerca de una nueva ciencia). Las entrañas de la materia. Antología de relatos científicos. Edit. Alfaguara, 1999, México, D.F. Primera reimpresión

(14) Carl Djerassi, El gambito de Bourbaki, Edit. Fondo de Cultura Económica, 1996, México D.F. Primera edición en español.

(15) Academia de Historia del Plantel Oriente del Colegio de Ciencias y Humanidades De Espartaco al Ché y de Nerón a Nixon. Lecturas de historia universal, Edit. Pueblo Nuevo, 1984, México, D.F. 14ª reimpresión.

(16) Fedro Carlos Guillén, Crónica alfabética del nuevo milenio, Edit. Paidós. 2003, México, D.F. Primera edición.

(17) Gonzalo Arango. Fuego en el altar, Edit. Plaza & Janés, Esplugas de Llobregat, Barcelona, España, 1974. Primera edición.

Santa Fé. Distrito Federal. México. Entre fines de Septiembre 2009 y principios de Enero 2010.

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 7 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 8 de Marzo, 2010, 22:13, Categoría: La Armada Invencible

VII. Egos superlativos: científicos locos, científicos cuerdos; investigadores trasvesti, investigadores heroicos.

Los científicos son humanos, con todo lo positivo y negativo que esa condición implica. No son dioses ni santos, aunque alguien así llegara a creerlo o ellos mismos a promover un culto irracional a la Razón. No todos los científicos están bien de la cabeza. No todos los doctores son eruditos. No todos los maestros son venerables. Lo mismo para los de nivel licenciatura y a todos los estudiantes en curso. Muchos se merecerían la hoguera, pero no por herejes sino por negligentes, inconscientes o corruptos. También por vanidosos. Pocos pueden salir ilesos después de tocar el fuego del conocimiento.

Ahora bien, en las latitudes norte, los científicos también tienen problemas: no tanto de dinero, no tanto de oportunidades, no tanto de necesidades básicas. Sus problemas son de "segundo piso".

  • La edad. Los jóvenes son los que llenan los laboratorios, a los viejos se les dan cargos importantísimos y eméritos, pero de índole administrativa o académica: los erradican de la práctica en cuanto pueden hacerlo. A veces hasta el Nobel sirve para acallar o maniatar a quienes no nacieron en cuna reluciente. Con el millón de dólares se hacen de la vista gorda y se dedican a recorrer el mundo, sin generar más conocimiento mientras explotan su invento "estrella".

  • La discriminación racial, de género o de preferencia sexual, para otorgar o no los subsidios o capitales de inversión.

  • La obsesión por el reconocimiento personal. Y no por cualquiera, sino de sus pares dentro del cuerpo colegiado de la comunidad científica.

  • El prestigio mundial.

  • Los premios, tanto por el dinero como por fama.

  • La tentadora posibilidad de enriquecimiento súbito al aliarse a empresas poco escrupulosas pero con altas ventas.

  • Uno que otro, con remordimientos de conciencia. Igual da si de tipo moral, religioso o metafísico.

Carl Djerassi, multigalardonado por n cantidad de institutos y con once honoris causa, famoso en particular por haber sintetizado el primer anticonceptivo oral, conoce como pocos toda ésta problemática; en especial, la encarnizada lucha por el reconocimiento personal que, en ciertos casos, llega a ser enfermizo entre los integrantes de la comunidad científica. "Es en el acto de la creación donde los egos humanos encuentran su razón de ser, a eso difícilmente se renuncia"— (14) medita a través de uno de los personajes de una de sus tres novelas (este prócer del control natal, aparte tiene dotes literarios nada despreciables).

Si los legendarios alquimistas—Fulcanelli el último de monta en esa lista de hermetistas—pregonaban el silencio y el secreto, pareciera ser que ahora hubiese una epidemia de protagonismo radicalizado. Eso puede resultar muy peligroso y contraproducente dado que, descubrir primero, perfeccionar más rápido, publicar, patentar, y, comercializar lo antes posible, se vuelve una contienda sin tregua. Aún quienes no persiguen la fortuna, compiten para obtener la fama. Obvio que muchos anhelan ambas.

Publicar o perecer. Patentar o ser borrado de los almanaques mundiales. Difundir globalmente el nombre propio para no ser marginado del reconocimiento de alguna institución de alto calibre o del mismísimo Nobel. Aplicar la línea tecnológica aunque su confiabilidad sea limítrofe entre lo saludable y lo dañino, entre lo rigurosamente significativo y los pasajeros fuegos artificiales. Los más de los casos: dinero, dinero, dinero, dinero, dinero... ¿Y la raza humana? ¿Y el planeta?

A través de los siglos, siempre hubo quien, honesta o prejuiciosamente, interpuso objeciones a la aplicación indiscriminada de la ciencia, pero los potenciales hecatombes planetarias que surgieron en el siglo XX rebasaron todo cálculo. Einstein escribió una carta donde renunciaba a ser parte de la raza humana después de ver el poder destructivo desatado por la energía nuclear. Linus Pauling, en 1967 escribió un mensaje a la comunidad científica acerca de la responsabilidad inherente y la conciencia social que todos debían asumir: "NOSOTROS LOS CIENTÍFICOS, nos damos cuenta cada vez más que nuestra responsabilidad en los asuntos del mundo es abrumadora. La época es agitada y no podemos permanecer en nuestro laboratorios, dedicados a nuestras investigaciones, sin atender a la agitación ruidosa en la calle" (15). Entre otras cosas hablaba sobre el enorme monto destinado al armamento, que en aquel 1967, estimaba que ascendía a la mitad de los ingresos de la población subdesarrollada del mundo (no tengo a la mano el dato de la proporción actual, pero, opinando a priori, es muy probable que haya aumentado). También advertía sobre varias substancias nocivas, siendo el C 14 uno de los más insidiosos, pues liberado en el ambiente tarda siglos en degradarse (por eso sirve mucho a los paleontólogos, geólogos, historiadores forenses, y etcétera, para calcular edades y antigüedades). Muy recomendable leer dicho documento de 4 cuartillas, pues la jerga ecologista contemporánea no es muy distinta y, hasta donde sé, Pauling no se proclamó Padre del Ambientalismo o algo así. Algunos científicos del primer mundo no son tan inmorales. Un ínfimo grupo; garbanzos de a libra.

¿Y acá, en la América de abajo, tan abrumadoramente católica, cómo andamos?

Tenemos a Ernesto Sábato, en Argentina, nonagenario, casi ciego, y fuera de su país más recordado por sus novelas que por su trayectoria en Física; valeroso, tomó partido por su pueblo en los 70´ s (cosa que no tiene porque reprochársele a Jorge Luis Borges por no haber bajado de su castillo de cristal literario, aunque ya no me extasían sus cuentos como cuando era adolescente).

También está el médico (y si no me equivoco también biólogo) Marcelino Cereijido, que, aunque argentino, radica en México y continúa dignamente trabajando. Precisamente por su libro, ¿Por qué no tenemos ciencia?, me regresaron las ganas de querer saber las causas de tal rezago aunque mi área es de humanidades.

El biólogo, Fedro Carlos Guillén, máxima autoridad nacional en lo que respecta al cambio de conchas de los cangrejos ermitaños, quien a su pesar tuvo que dejar la investigación. Desde 1992 tira una buena línea en su columna semanal en la sección cultural de El Financiero (que rarísima vez compro). Me conformo con releer uno de sus libros, serio y riguroso cuando es necesario, pero muy divertido a pesar del título tan solemne (16): "Las políticas científicas actuales han convertido a nuestros investigadores en un gremio desarrapado. Por un lado se advierte un creciente perfil empresarial que orienta a los que hacen ciencia por los caminos del mercado. Cada vez hay más empresas reclutadoras de investigadores de excelencia, y es creciente el desagüe intelectual de los que piensan, en busca de mejores salarios, que la academia simplemente no les puede dar mientras que en países como México las políticas científicas tengan la misma prioridad que la enseñanza del latín". Entre líneas, y entre venenosas y brillantes ironías, su pluma destila coraje y amargura.

Personalmente conozco a varios investigadores que no son tan famosos y los veo abrumados de trabajo, sin tiempo para muchas cosas y ganando menos que un taquero. Otros dando clases básicas, que es como poner un Ferrari dentro de un parque de diversiones para que admiren su explendida carrocería mientras su motor le pide carreteras largas y despejadas. Otros ya "se cotizan", como se dice tanto en el caló de las cantinas de mala muerte como en mercadotecnia; para  encontrar a dichos bichos, es necesario contratar a un investigador privado o corromper a su secretaria para que te "agende" entre sus entrevistas con el Presidente de la República y El Papa. Y uno nada más pretende compartir un café y un par cigarros mientras platica sobre la infinita nada...

En un trabajo próximo, tengo el propósito de armar una serie de entrevistas con científicos o investigadores en ejercicio. Me parece que sería muy interesante. Podrían cortarme algunos de ellos la lengua o hasta la cabeza por meterme en un habitat que no me es propio, pero, ¡que caray!, cuando se les da la gana a los de Ciencias, opinan sin más sobre temas de Humanidades creyendo que es "cosa pa´niños" (como si los niños fuesen idiotas). Algunos creen que en psicología todo se limita a Freud o a Pavlov. Otros, que recitando "Ser o no ser, he ahí el dilema", ya definieron a Shakespeare. Y los peores, que son aquellos que consideran que los filósofos, en vez de filosofar, mejor deberían estar analizando con C 14 el papiro inexistente donde Sócrates nunca escribió "sólo sé que no sé nada".    

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en latinoamerica? 6 de 9

Por Leonel Puente - 28 de Febrero, 2010, 21:38, Categoría: La Armada Invencible

VI. IN VITRO

Adentrándome en terreno escabroso, a riesgo de quedarme corto con mi fragmentaria visión, señalaré algunas características de la disciplina científica, del quehacer científico y de los contextos donde operan. Habrá que darles lectura sin detenerse más de la cuenta en definiciones o exquisiteces lingüísticas, pero sí en los contenidos conceptuales. En este apartado, sin ironizar, se abre (me gustaría abrir) un debate de cierto nivel y a ras de tierra.

·         Existe ciencia básica y ciencia aplicada. Los descubrimientos científicos, de cualquier área de estudio, no necesariamente tienen una aplicación inmediata.

·         El financiamiento, empezando por los países desarrollados, se inclina primordialmente hacia los descubrimientos que sí pueden aplicarse y generar riqueza a corto plazo.

·         Los beneficios a la humanidad, o asuntos como el cuidado del medio ambiente, están supeditados a las políticas económicas, no a la ética.

·         La actividad científica, debiendo ser parsimoniosa en sus procesos internos y prudente con sus resultados; es más que nunca una carrera desaforada inmersa en una dinámica productiva y utilitaria.

·         Dentro de la comunidad científica, existen científicos propiamente dichos e investigadores. Un científico también puede ser investigador, si así lo decide, pues tiene un rango de elección más amplio; pero un investigador puede encontrar mayores trabas económicas, administrativas o políticas, para poder fungir como científico de facto, no de nombre, o, en el peor de los escenarios, su formación meramente técnica lo imposibilita para ser tal: su posición será de subordinado (aunque no su naturaleza).

·         Los países de primer mundo poseen estructuras científico-técnico-productivas. Tales estructuras permiten incorporar a sus egresados al campo laboral, ya sea estatal o privado. Los subdesarrollados no las tienen.

·         Para regular razonablemente la generación teórica, el desarrollo creativo y la divulgación responsable de los descubrimientos científicos; es necesario establecer políticas acordes, legislar democráticamente y no implantar modelos administrativos anacrónicos y ortodoxos. De otra manera, es la inmisericorde ley de la selva la que reina. De hecho así es.

·         Los institutos científicos, las universidades, y todos los niveles de los sistemas educativos son importantes, imprescindibles; pero, desvinculados del poder, son como islas sin puentes ni naves que las conecten con tierra firme, con la sociedad a que pertenecen. Divididos o amontonados se deterioran. Colaborando se fortalecen.

·         Las disciplinas científicas y las humanísticas, no necesaria ni convenientemente tiene porqué regirse por la misma metodología. Unas y otras surgen de un tronco común, que es la búsqueda y el afinamiento del conocimiento; enfocadas multidisciplinariamente en la actualidad, pueden nutrirse y converger de forma fructífera aunque sigan senderos paralelos. Subordinada una a otra, se tergiversan ambas.

·         La ciencia es un sistema abierto. Sus principios y leyes no son, o no debieran ser, fundamentalistas, sino racionales por definición.

·         La ciencia se autoanaliza y corrige. Cruzando crisis evoluciona.

·         La ciencia es un sistema complejo, que no complicado si se tiene una buena formación y se realizan los esfuerzos necesarios. Simplificarla en exceso es corromperla; es ciencia recreativa, ni siquiera informativa.

"No se puede justificar la ciencia, porque esta no surge de un acto volitivo en el que se decide crearla, sino que aparece como la manifestación social ineludible de una característica individual del ser humano. Es evidentemente cierto que la ciencia puede ser desarrollada con mayor o menor intensidad mediante la asignación de recursos a la educación e investigación, pero su creación o destrucción requeriría la creación o destrucción de la curiosidad y del pensamiento mismo. El ser humano no tiene la libertad de no pensar, cosa necesaria para que la ciencia no exista. Por esto los múltiples intentos autoritarios de oponerse a la ciencia cuando ésta contradecía al dogma, han fracasado en su meta principal de aniquilar el conocimiento, aunque sí han producido graves daños frenando su desarrollo"  (11)

"La creación del conocimiento, que es lo que hace el científico, es lo que le da a los países la capacidad y la fuente de bienestar económico y social, pero para ello no sólamente se requiere financiamiento creciente y constante; también se precisa una evaluación con datos ciertos, el establecimiento de objetivos y metas bajo un pacto social y estrategias de planeación y organización para alcanzar las metas. El poder legislativo debería de crear impuestos especiales destinados específicamente a incrementar la inversión en ciencia. Se debería crear la figura de profesor-investigador nacional, con un tabulador igualmente nacional para promover la movilidad institucional. Se debería planear el apoyo de áreas estratégicas que lograran fortalecer algunas áreas de la ciencia que pudieran lograr impulsar desarrollos puntuales y, finalmente, se debería de analizar, desarrollar e impulsar la comercialización de nuevas tecnologías nacionales con el sector empresarial  mexicano. Si se lograsen algunas de estas metas, la ciencia seguramente lograría transformar al país" (12).

"Esto, y otras cosas que vale la pena saberse, voy a demostrarlo. Mentes más agudas que la mía penetrarán en regiones más lejanas" (13).

Mentiría si dijera que tengo alguna solución infalible, sin embargo, antes de quemar mis libros para entrar decididamente en el inmenso ciberespacio, quiero sacudir mi memoria, despojada ya de muchos recuerdos y neuronas, pero que de repente funciona cual debiera de hacer de manera habitual y por sistema.

El enemigo más terrible no está en el exterior, se encuentra instalado en el "corazón" mismo del cerebro. Quizás, cerca de la región del tálamo, que es un centro de integración entre las regiones más básicas e instintuales y la corteza cerebral; en donde se realizan las funciones superiores, las más propiamente ligadas a la tan mentada superioridad humana dentro del reino de la naturaleza..

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¿Por qué no tenemos ciencia propía en Latinoamérica? 5 de 9

Por Leonel Puente - 15 de Febrero, 2010, 20:29, Categoría: La Armada Invencible

V. Socios del Centro, Socios del Sur; Vecinos del Norte.

Otro tantos tratados abusivos han sido pactados en toda Latinoamérica, ejemplos sobran y quizás hasta Wikipedia se saturaría si se propusiera antologarlas siquiera. Muchas de esas tranZacciones· limitan, si no prohiben, la producción de ciencia y tecnología a los “socios” del Centro y del Sur. Si acaso se fomenta o promueve alguna patente local, es sólo en aquellas áreas que les conviene a los “vecinos del Norte” para poder sacar su carga o su basura industrial, incluida la nuclear, o para obtener mano de obra barata (léase paupérrima). Digno de lástima es quien considere que los enclaves extranjeros generan riqueza al país anfitrión. Consuelo de tontos pensar que algunos “no estamos tan mal como en otras partes”.

Un póker de infamias, por el momento:

  • La que enajenó el Canal de Panamá y que apenas al empezar el siglo XXI llegó a término.
  • Las posmodernas y elegantes negociaciones brasileñas con la empresa Monsanto para meterle mano a las entrañas del Amazonas, la mayor reserva de biodiversidad del planeta.
  • La que provocó que los mejores plátanos de Honduras, su principal fuente de riqueza, a estupendos precios ya estén apartados aún antes de ser plantados (adivinen para quien).
  • La matanza de indígenas en las carreteras de Bagua, al norte de Perú, quienes cerraban la llamada “Curva del Diablo” defendiendo la parte del Amazonas que les toca.

No estaría nada mal ir armando un “Catálogo de Agravios” (9), pero no limitado a quejas, sino en donde también pudiesen surgir algunas alternativas y propuestas viables. Esperar los próximos milagros o que sean revelados los nuevos designios divinos, es una postura demasiado temeraria porque, aunque existen izquierdas latinoamericanas que hacen algunos esfuerzos para afianzar pactos mínimamente justos, está latente el afán depredador y “el desencanto se instala. Antes de que pase mucho tiempo, el adversario detestado vuelve al poder. Su paso por la oposición no lo hace más amable” (10).



· La Z es voluntaria. En la gloriosa Secundaria Pública #10, Leopoldo Ayala, que el año pasado cumplió 75 años de existencia, me informaron con suficiencia en la materia de Español. No tuve la misma suerte en otra muy importante. Desgraciadamente, un día, por una broma pesada que alguien fraguó al maestro de Matemáticas, y como nadie delató al gracioso, tan enojado estaba que nos castigó no enseñándonos los logaritmos. Por más que le rogamos para que nos impartiera ese tema, después lo tuvimos que mal-aprender solos y llegamos temblando al examen final. Mi primer 7 data de aquellas fechas y, cosa rara, me enorgullece más recordar esa calificación que varios de mis 10. Fue un castigo ejemplar, pues era un excelente maestro y tales conocimientos son escenciales para cualquier cultura académica decente, y, en un mundo tan tecnocratizado, oro puro. Sin logaritmos matemáticos o sin las transformadas de Fourier, las computadoras nomás nos sirven para poco más que chatear. Una vez más, dos maestros de CCH de la tan vilipendiada UNAM vinieron en mi auxilio: uno de Física (a quien alguna virgen mortal acoja amorosamente en su seno); y otro, que ni siquiera era mi maestro oficial ni yo alumno suyo inscrito en la materia de Cálculo Diferencial (elegí Estadística con un nefasto profesor, que también los hay en la Máxima Casa de Estudios, y por poco no llego a la licenciatura), dio un curso extra-semestral, sin paga y por amor al arte; perdón: a la ciencia. Algo entendí, pero el hoyo negro en mi corteza cerebral ya estaba hecho y no pudo él hacer todo lo que tan plausiblemente hubiese querido por mí. De ahí la vieja máxima: “Maestro no es el que sabe, sino el que enseña”. Si existen los dioses, a este último individuo mencionado, que no le nieguen el paso.

 

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 4 de 9

Por Leonel Puente - 8 de Febrero, 2010, 15:03, Categoría: La Armada Invencible

IV. Clío mutilada.

¿A quién le importa verdaderamente por qué no tenemos ciencia en Latinoamérica? A los gobiernos parece que no. Y no es cosa nueva. Haciendo un poco de Historia (palabra de mal gusto y que la Real Academia de la Lengua debiera erradicar), nos topamos de frente con el Tratado de Libre Comercio, firmado con E.U. y Canadá; sumamente lesivo a México y cuyos efectos devastadores no paran; existen no obstante, quienes todavía creen que es positivo y que Carlos Salinas de Gortari es un genio.

Otra joya es el oscuro Tratado de Bucarelli, firmado en 1923 por Álvaro Obregón para que los gringos lo ayudaran a legitimaran su gobierno en la inestable época posrevolucionaria. Dado que el gobierno estadounidense estaba ávido de una indemnización, alegando los daños que la revuelta mexicana le había ocasionado, dicho tratado contiene cláusulas en las que se otorgan varias concesiones. La más dañina a mi parecer, es la que obstaculizaba todo tipo de desarrollo industrial, marítimo, aéreo o bélico (supongo que este último para que ningún forajido del tipo Pancho Villa volviera a cruzar sus fronteras). Wikipedia, cuyos parámetros se rigen por la popularidad de los temas, no le concede ni una página entera a esta información y los datos que ofrece no son tan fiables; en cambió sí brinda copiosos detalles sobre Bart Simpson.

 

Podríamos seguirle rascando hasta encontrarnos al famoso "Quince Uñas", Santa Ana, para los cuates; o con "Su Alteza Serenísima", Iturbide. Podríamos irnos con el fundador del Monte de Piedad, Pedro Romero de Terreros, que, mientras explotaba a placer las abundantes minas de la Veta Vizcaína de las tierras hidalguenses, provocó allá entre los años de 1766 y 1775, lo que

podría considerarse como la primera huelga§ en territorios de La Nueva España. "La verdad es que hay un puente que conecta los músculos con la moralidad y no es subintelectual en modo alguno. Se llama aprendizaje. Los trabajadores no necesitaban un maestro, una naturaleza viciosa o innata o instintos de libertad profundamente reprimidos para llevar a cabo su huelga. Aprendieron de la experiencia, aprendieron de un medio social instructivo" (7). Y tómese muy en cuenta que en tales tiempos no existían los sindicatos y Marx todavía no nacía; tampoco el pueblo ruso influyó en modo alguno ni el demonio del mediodía. Tal vez un poco los pulques de Apan, pero sólo en caso de que se los estuvieran dando adulterados, pues eran muy aguantadores aquellos camaradas. En sus años postreros, Romero de Terreros, conmovido y arrepentido, comenzó a otorgar piadosos préstamos a intereses chiquititos. Mínimo se ganó una estrellita en la frente o una llavecita de San Pedro...

Si alguien gusta, podríamos, ya de plano, remontarnos a la controversial Malinche, detestada en palabras, pero imitada en actos, y mentar madres a diestra y siniestra; pero no serviría de mucho porque, en la última edición de los libros de texto gratuitos de educación básica, ya no existe el apartado sobre la Conquista y, los niños, "el futuro de la nación", no entenderían de que les hablamos si tocáramos el tema. Malinchismo es otra palabra, más bien un concepto, que ni los diccionarios deben ya contener: no tiene caso.

 

Cierro este apartado con un comentario del historiador Javier García Diego que me heló la sangre. Palabras más, palabras menos... "En una encuesta reciente, en plenos preparativos de los festejos del Bicentenario de la Independencia, 50% de los encuestados no saben de que país nos independizamos, 20% dijo saberlo (pero dio una respuesta equivocada). Sólo el 30% acertó"

Pronóstico: Se estima que, aproximadamente el 70% de los mexicanos, sabrá la parca que van a festejar en Septiembre (8).



§ El doctor García Diego no es afecto a ese tipo de protagonismos capsularlos, es decir, andar buscando quien fue el primero, el último, el mejor, el familiar o el paisano que logró tal cosa cual cosa. Igual con la obsesión por las fechas cronométricas o el color de calzones que llevaba Carlota cuando entró por primera vez al Castillo de Chapultepec.

Tanto en Ciencias como en Humanidades, andar buscando ese tipo de anécdotas prejuiciadas, y por ende superficiales, dan señal de una mente obtusa más cercana al pensamiento mágico-religioso que al lógico-matemático.

Pido una disculpa. Ojalá me sea concedida.

 

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¿Por qué no tenemos ciencia propia en Latinoamérica? 3 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colin - 4 de Febrero, 2010, 17:57, Categoría: La Armada Invencible

III. Prometeos Maniatados.

Es famosa la leyenda del titán Prometeo, que habiendo ayudado a Zeus a vencer al poderoso Cronos, y pudiendo cómodamente reinar a su lado desde el Monte Olimpo como parte de su corte divina, tuvo compasión por los mortales, por esos "seres efímeros" a quienes Zeus planeaba destruir por completo para crear una nueva raza. Aquel titán rebelde, robó una brizna de fuego, germen de toda ciencia y todo arte, y se la entregó a la humanidad para fomentar su bienestar y su sabiduría. Por tal acto fue severamente castigado, encadenado a una roca en el Cáucaso, en los confines del mundo, y azotado por rugientes tormentas. Algunas versiones dicen que, además, durante el día un buitre le devoraba el hígado una y otra vez.

Prometeo encadenado se llama una tragedia escrita por Esquilo en donde se relata la versión más famosa de ésta formidable leyenda. Existe otra: Prometeo liberado, que no llegó completa hasta nuestros días. Habría sido muy interesante saber exactamente lo que hizo aquel titán al romper sus cadenas, aunque se puede inferir por algunos comentarios del texto primero. Sea como fuere, alguna verdad encierran los mitos y no por nada, en la explanada de la Facultad de Ciencias de la UNAM, hay una escultura de este personaje a quien tanto deberíamos estar agradecidos.

En las leyendas prehispánicas, con su cosmovisión particular, existen también relatos de seres míticos que se sacrificaron por la humanidad; por eso cuando llego a pasar por aquel recinto académico siempre me pregunto: ¿por qué escogieron un héroe extranjero teniendo locales? No lo sé, el caso es que tanto la Universidad Nacional como el Instituto Politécnico son dos excelentes semilleros de investigadores y de posibles científicos. Por así decirlo, existen varios Prometeos potenciales que, no obstante, en lugar de quedarse en su país, tendrán que emigrar al extranjero para obtener un trabajo de su nivel. La otra opción es quedarse para dar clases, manejar un taxi o estudiar más y más maestrías y doctorados, dar conferencias magistrales, publicar alguno que otro libro o artículo en revistas especializadas en coautoría con algún científico de primer mundo. En resumen: encontrarán un trabajo para sobrevivir o se cultivarán y cultivarán a otros, pero sin poder aplicar sus conocimientos ni patentar o perfeccionar ninguno de sus descubrimientos importantes en beneficio de su sociedad de origen y de la humanidad misma.

¿Acaso no es cruel e indignante tal situación? No sólo yo creo que sí, he escuchado infinidad de opiniones de enfado a lo que vulgarmente se denomina "fuga de cerebros". –Aquí tenemos gente muy capaz, pero nadie los apoya—dicen unos. –¡Somos muy chingones!—gritan otros. Pero apenas comienzan los partidos de fútbol, la campana de la iglesia llama a misa o pasa la mosca, el tema cambia por cualquier otro. Enojarse sale sobrando si no se va a hacer nada al respecto.

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¿Por qué no tenemos ciencia en Latinoamérica? 2 de 9

Por Jesús Leonel Puente Colín - 27 de Enero, 2010, 15:16, Categoría: La Armada Invencible

II. Poderoso caballero es Don Dinero... 

Lo que la mayoría de los latinoamericanos pensamos en primer lugar es que no hay dinero suficiente para ninguna cosa y mucho menos para la ciencia. Este hecho es innegable, no obstante, si nos detenemos únicamente en este punto nada lograríamos, sería como si los mexicanos le echáramos toda la culpa a España de nuestra desgracia por habernos conquistado mientras alegremente arrancábamos corazones ensangrentados para nutrir al Sol.

Como bien dice Cereijido: "Hasta hace seis siglos, los europeos estaban más subdesarrollados que los latinoamericanos de hoy en día". Era "una Europa transitada por turbas mugrientas de leprosos, mendigos y flagelantes que atribuían sus desgracias a los pecados cometidos, y esperaban que Dios los perdonara si maltrataban su cuerpo. La preocupación fundamental era salvarse del infierno. En dicho escenario no tenía mucho sentido usar la razón para estudiar la realidad pues, en primer lugar, no tenían ni la más remota idea de que la realidad se pudiera regir exclusivamente por leyes físicas, sino que daban por sentado que obedece a la voluntad divina y es modificable por milagros cada vez que Dios lo crea necesario. En segundo lugar, si Dios quisiera que alguien conozca las fuerzas que operan los fenómenos naturales, ya se ocuparía de revelárselas. Peor aún: dado que Dios había ocultado esas razones, constituía una transgresión grave querer así y todo averiguarlas".

Los pueblos europeos también fueron pobres y subdesarrollados, fanáticos religiosos e ignorantes. En la Edad Media, la tecnología de punta, aunque en aquellos tiempos fuera más teórica que práctica (como el álgebra), la tenían los asiáticos, particularmente los países regidos por el Islam pues, paradójicamente, eran más tolerantes en cuanto a la adquisición de conocimiento y la separación entre ciencia y religión.

¿Cómo es entonces que los europeos desarrollaron ciencia, teniendo incluso a toda la maquinaria de su Santa Inquisición pisándoles los talones a los pensadores y a los árabes invadiendo sus territorios? Sólo lo pudieron lograr cambiando sus estructuras, modificando su visión del mundo. Eran oscurantistas, pero el Oscurantismo no es ignorancia propiamente dicha, es ocultamiento. Tenían conocimientos, bibliotecas y universidades, pero las mantenían fervorosamente restringidas. Tuvieron que abrir su horizonte mental para sobrevivir y, paulatinamente, implementar su supremacía. En dicho contexto, el factor económico, aún siendo decisivo, pasó de fundamental a secundario.

Luego de una larga crisis interna, y casi mil años de fundamentalismo religioso, a partir del Renacimiento, los países europeos tuvieron que abrir el acervo de sus conocimientos para desarrollar una ciencia ligada a la observación y la experimentación. La Iglesia seguiría promocionando sus milagros y sus revelaciones divinas, pero tuvo que aceptar que dos más dos eran cuatro tanto en cielo como en el infierno. Es decir: dos ángeles más dos ángeles, suman cuatro ángeles; dos demonios más dos demonios, suman cuatro demonios. Todos ellos con sus respectivas alas, claro está. Corregidme si me equivoco con las cuentas...

 

Los europeos, y posteriormente los países norteamericanos y algunos asiáticos, tras una larga historia de búsqueda, incluida en ella las nefastas cacerías de brujas, "aprendieron a aprender", como señala la filósofa mexicana A. R. Pérez-Ransanz. Es ese proceso de aprender a aprender se basa su principal potencia científica. Pero que no nos vengan a vender ningún tipo de democracia cultural y no seamos tan ingenuos para creer en su benevolencia: una vez que hallaron una herramienta útil para ascender en el camino de la ignorancia y la pobreza, la guardaron bajo llave para dominar mejor a sus subordinados. Además, sus políticas económicas son proteccionistas para con ellos mismos y "liberales" hacia los demás: primero se fortalecen y enriquecen, luego comercian ventajosamente. Un ejemplo perfecto nos lo brindan las estrategias de Gran Bretaña: "En 1820, los aranceles británicos a los productos manufacturados llegaban a 45%, muy por encima de los demás países europeos... A partir de 1846, [G. B.] se convirtió al liberalismo, con la derogación de las leyes de Granos que protegían al agro y perjudicaban la industria, y cuando ya era una potencia mundial... Tardó varios años más en llegar a un nivel arancelario bajo, pero además mantuvo a la India como mercado cautivo para sus manufacturas y como proveedor de algodón, es decir, muy lejos de la libertad de comercio... [¿Suena familiar?]...Desde que comenzó a bajar sus aranceles, Gran Bretaña se convirtió en un fervoroso abogado del liberalismo... El economista y periodista alemán Friedrich List, abogado de la industrialización y la unificación alemanas, consideraba que se trataba de una argucia muy común que, cuando alguien ha alcanzado la cumbre de la grandeza, retira la escalera por la que ha subido para privar a los demás de los medios para trepar tras él" (3).

Por algún tiempo, los británicos tuvieron la supremacía económica y científica, pero sus competidores entendieron la lección e invirtieron en lo que el economista noruego Eric Reinert (autor de La globalización de la pobreza. Como se enriquecen los países ricos...y porque los países pobres siguen siendo pobres) señala como "actividades con rendimientos crecientes", es decir, que son más productivas a medida en que se expanden, tienen un mayor impacto sobre el crecimiento, la acumulación de tecnología y el empleo. Las actividades con rendimientos crecientes son las industrias y, dentro de ellas, [especialmente] las de mayor componente tecnológico. Las de rendimientos decrecientes son las basadas en recursos naturales y las industriales intensivas en mano de obra (4). 

Otro punto importante es que, en la actualidad y sin lugar a dudas, todos los países desarrollados consideran la educación en general, y la científica con mayor énfasis, como un "rubro de seguridad nacional". Una buena parte de su Producto Interno Bruto está destinado a eso. En Latinoamérica es tan escaso que no rebasa ni el 1% del PIB. Pero, más que la cantidad de dinero en sí, una vez más la ideología retrógrada es la que da al traste con todo: se considera como un gasto, no como inversión. En México, incluso el Consejo de Ciencia y Tecnología (CONACYT), así lo específica en sus informes estadísticos: Gasto nacional en ciencia y tecnología (5).

Lo que se gasta se va, se pierde. Lo que se invierte puede perderse, pero muy bien puede volver aumentado con creces. Si de todas maneras siempre hemos perdido, ¿no sería más lógico invertir buscando que por lo menos algunas veces saliéramos ganando? Dinero y Capital son parientes, pero para nada son iguales. El puro dinero en sí no es la solución. Inyectar dinero a una cultura que se rige por el pensamiento mágico-religioso y no tiene una formación mínima en ciencia es como darle limosnas a un drogadicto: no se curará, se enfermara más. Otra vez lo repito: tenemos que cambiar de mentalidad para invertir efectivamente lo poco que se tiene disponible. Necesitamos invocar al poderoso pensamiento lógico-matemático, que es la otra cara de la moneda de la grandeza humana.

Llevamos cerca de quinientos años con infinidad de taras intelectuales. Una muy insidiosa es un Dios impuesto. Rezar no nos bastaría. Los que nos lo impusieron, y todos sus secuaces, en ese sentido nos aventajan con muchos siglos de convivencia con una religión fundada por aquel pueblo de supersticiosos y "temerosos pastores de la Edad de Bronce" (6).

Nuestros antiguos acreedores y los que se van sumando, se pueden dar golpes de pecho, desgarrarse las vestiduras, organizan conciertos musicales...a veces sueltan sus dólares, sus euros, sus yenes o sus nuevos pesos, pero jamás su tecnología. Abrir los ojos sería de gran ayuda; pensar también; actuar con conciencia muchísimo más. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y no hay peor tonto que un tonto con iniciativas esquizofrénicas, sea zurdo, derecho o ambidiestro

 

 

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