TITÁNICA Y EFÍMERA
TEATRO.

Reconciliación. Tolerancia. Reincidencia y regeneración.

Por Leonel Puente Colin - 19 de Junio, 2015, 6:51, Categoría: TITÁNICA Y EFÍMERA

 

"...no hemos llegado hasta donde estamos hoy gracias a quienes fijan políticas, sino gracias al hambre de riesgos y errores de cierta clase de personas a las que debemos alentar, proteger y respetar." Ántifragil. Nassim Nicholas Taleb.

*

Nada tan huidizo como el tiempo, especialmente en estos acelerados y posmodernos días. Si el siglo XX fue el siglo de las maravillas (especialmente las tecnológicas), este siglo XXI pinta para ser el siglo de la saturación total (y nos reconciliaremos con nosotros mismos como humanidad o ya no quedará planeta en el cual habitar). La factura de los últimos 150 años de existencia del homo sapiens (en sus versiones XX, XY o la 2.0*) difícilmente podrá ser saldada sin un ecuménico golpe de perspicacia y algún "inmenso poema de amor" que alguien sea capaz de escribir (los milagros están muy escasos).

Hace dos años no me perdí casi ninguna de las obras del XXI Festival Nacional e Internacional de Teatro Universitario de la UNAM. Este año no fui a ninguna función del Festival XXII por diversas razones de fuerza mayor y menor; sin embargo, ahora que regreso a los teatros de la UNAM, me encuentro con la maravillosa sorpresa de el Aula del espectador (completamente gratuita). Este proyecto, por el momento, incluye cuatro obras que hay que ver para luego asistir a una clase magistral con especialistas de teatro, los dramaturgos, los directores y los actores. ¿Cuánto habría que pagar por una sesión así? Ni quiero imaginármelo, pero entonces no comprendo porque no se llena la sala Carlos Chávez los martes.

Había ya empezado a pasar en limpio algunos apuntes que había realizado, pero perdí tanto los apuntes borroneados como su versión corregida y estuve a punto de abortar la misión de reseñar mis impresiones sobre las obras que entraron en este programa formativo... Pero no quiero volver a planear sin concretar y, en esta madrugada desquiciante, después de haberme visto reflejado literalmente en el escenario en la última de las cuatro obras (Reincidentes), insomne  y sacudido, me dispongo a tratar de atrapar mi recuerdos y plasmarlos sobre un papel y luego sobre una pantalla de ordenador.

Y no es que en las otras obras no me haya reflejado de alguna manera, las cuatro estuvieron de primer nivel. La primera, El primer encuentro me dejó una gran lección sobre la amistad, que trasciende los deseos de venganza, y una frase dicha por Henrick (Sergio Kleiner) al final de la obra, que difícilmente se puede olvidar "Un beso es la respuesta a una pregunta que no puede ser formulada con palabras." El martes de la sesión para su análisis, entre varias anécdotas y frases ingeniosas del director Raúl Quintanilla, me quedó muy grabado el hecho de que en esa puesta en escena hubo una mujer que, a sus 83 años, relizó su debut en un escenario...¿por qué no habría yo de hacer, a mis 45, ciertas cosas que siempre he querido? También recuerdo un esquema que Luis Conde dibujó en un pizarrón: un punto, que luego se vuelve una espiral ascendente, en donde ese punto es el cuerpo del actor y la espiral denota el desarrollo del acontecimiento teatral en donde quedan incluídos el texto y su contexto, el trabajo actoral, la escenografía (que en este caso aludía al vacío), la iluminación y todo lo demás.

En la segunda obra de esta serie, Melville en Mazatlán...

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MONSTRUOS

Por Jesús Leonel Puente Colín de Anda y Álvarez. - 22 de Mayo, 2015, 5:06, Categoría: TITÁNICA Y EFÍMERA

Para Rodrigo Marroquín Posada, cada vez menos hijo de mi Master y más mi gran amigo.

Asistí al primer encuentro del proyecto EL AULA DEL ESPECTADOR de la UNAM y quedé maravillado con el resultado.

Algunas veces he escrito reseñas de libros, de películas o de algún evento cultural de diversa índole; sin embargo, con el teatro nunca me aventuré a reseñar --¡mucho menos o criticar!-- porque más que los libros, el cine, u otra actividad artística; para mí, desde niño, el teatro (especialmente el bien hecho), tiene mucho de misterio, tiene algo de sagrado, mucha magia e infinidad de mounstruos...¡Sí, mounstruos! Así llamó Sergio Jiménez a los actores (a los buenos actores) en el prólogo que escribió para el libro Teoría y praxis del teatro en México.

Copio aquí literalmente la cita (citar, como bien se sabe, es la manera más elegante de plagiar, pues muchos solo se roban las ideas de otros y a veces hasta las patentan):

"Los actores sudan, se desgarran las vestiduras y las gargantas. Lloran. Durante 25 siglos ¡cuántas lágrimas se han derramado sobre este misterio! Los MONSTRUOS* pierden su propio rostro, modifican sus hábitos; aprenden cómo se fuma pipa y se adiestran en diversos métodos para asesinar. Practican esgrima y entrenan su voz. Estudian para comprender los estados de la santidad o las alternativas de la sexualidad. Y los monstruos sufren. ¡Ah, cómo sufren!"

Y así pues, siguiendo el texto de Jiménez, uno cae en la cuenta de que, en las puestas en escena realmente valiosas, sublimes, los monstruos se despersonalizan y más que representaciones realizan encarnaciones (un mal actor nomás sale a ganarse los aplausos, equívoco alimento que puede empacharlo o envenenarlo si es falso, burocrático, obligado o acrítico).

Me atrevo ahora, con mucho temor, a escribir sobre el teatro; no como un estudioso, porque disto mucho de ser un experto en nada y menos en teatro, pero, precisamente, llegué a El aula del espectador gracias a que soy un miembro de la comunidad Entusiastas del teatro y hasta tengo mi número, el 238. De vista conozco a algunos asiduos al teatro, también ubico a Enrique Singer, director universitario de todo este asunto de los Hamlets y de las Antígonas, de los Faustos y de los Godots, de las Medeas y de los Don Juanes... No sé qué clase de persona será en realidad, pero nomás por ser quien dirige esta especie de religión pagana, TITÁNICA Y EFÍMERA a la vez, le tengo un cierto aprecio y mucho respeto.

El primer encuentro del Aula del espectador se realizó el martes 19 de mayo de 2015 en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario, locación que de suyo también tiene una belleza, una magia y un misterio muy especiales para mí, desde niño (y ya ven lo que dijo Freud acerca de que la infancia es Destino).

Este primer encuentro versó, paradójicamente, acerca de la obra El último encuentro, de Christopher Hampton. Basada en una novela de Sándor Márai. Adaptación y dirección de Raúl Quintanilla. El dramatis personae Sergio Klainer (Henrik), Javier Díaz Duenas (Konrad) y Martha Matiella (Nini, quien a sus 83 años realizó su debut, cosa que requiere un grandísimo valor).

La sesión constó de tres partes:

1. Anécdota de la obra por parte del coordinador, Luis Conde

2. Charla con el actor principal, Sergio Klainer, y el director de la obra, Raúl Quintanilla.

3. Retroalimentación con el público.

Muchas ganas de participar tuve yo, pero afortunadamente me contuve porque casi estoy seguro que hubiese dicho alguna barbaridad por lo contento y emocionado que estaba.

Y bueno, ahorita ya es de madrugada y mi cerebro no da para más...

En unos días continúo con este texto y, espero, con varios más...

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