PODER

Por Leonel Puente - 5 de Febrero, 2018, 8:48, Categoría: La Zona Azul

Los cómics nunca fueron lo mío. Sí leía los cuentos de Kalimán, algunos de Disney, algunos de Archie o de Supermán, pero, desde niño, lo mío lo mío fueron siempre los libros. Y sí, ya sé que jamás me titulé y que soy muy inútil para los asuntos de la vida cotidiana, en muchos sentidos un "loser", pero algo de cientos de libros leídos debió quedar impregnado en mis neuronas y no me he podido quitar la idea de publicar, algún día, uno que yo mismo haya escrito...

Han publicado mis cuentos en alguno que otro fanzine, en alguna revista o gaceta. También he hecho algunos artículos interesantes sobre psicología o reseñas de libros, pero jamás he recibido un solo centavo como pago. Algunos trabajos me han costado hasta un mes de lectura y de investigación para no despotricar tonterías sobre el tema...

Conocí ayer a una dibujante de manga y me dijo que podría "adaptar" uno de mis cuentos para hacer un comic. De entrada, la idea ni me llamó la atención, incluso no ví más que el lado negativo y costoso del asunto pero, ya con calma, pensando en que solo algunos cuantos amigos y familiares saben que escribo con cierto grado de creatividad, ¿por qué no hacer un tiraje de 100 ejemplares y venderlos entre ellos?

Ahorita no tengo dinero disponible y aún continúa mi deuda con el banco, pero 5 mil pesos podría ahorrarlos en algunas semanas de trabajo concentrado. ¿Y por qué no hacer una "venta de garage", como hace la gente fresa de la Condesa o los pequeñoburgueses autocomplacientes de la Escandón? ¿Yo para que quiero ya tanta cháchara en mi casa? Solo es basura cara que a mí ya no me sirve y que a alguien le podría servir para algo. Cuadros empolvados, mesas desarmables, instrumentos que ya no tocaré más (seguro que no nací para músico o ya pasó mi tiempo), ropa que nunca utilizo...

Incluso los libros que había guardado para mí. ¿Si hoy me muriera qué pasaría con esos materiales que atesoro y, que no obstante, nomás se están llenando de polvo? ¿Las películas y los CD´s los compraría alguien?

Aún si me quedara sin un solo libro existen las bibliotecas públicas.

¿25 camisas para qué? ¿10 pantalones para qué? ¿12 chamarras para qué? ¿40 playeras para qué? Y no importa que me hayan costado varios miles, con juntar, al menos, la mitad de lo que me costaría el comic, ya vería como acompletar el costo de los 100 ejemplares.

He apoyado, colaborado o compartido los planes de varios amigos, de muy buena voluntad, pero ¿hasta cuándo me podré poner de mi propia parte? No es que sea individualista en extremo, más ya he tratado muchas veces de trabajar en proyectos conjuntos y solo he gastado mi tiempo, mi dinero y mi esfuerzo sin muchos resultados.

La basura cara, los objetos que nomás compré por comprar y que no utilizo, se están empolvando sin sentido y hoy, más que nunca, podrían servirme para algo a mí y a alguien más.

Querer es poder, dice un dicho que cualqiera ha escuchado o pronunciado. ¿Para qué seguir en la sombra? Y si ya, de plano, para escritor no sirvo, me iré como voluntario a alfabetizar adultos o a reforestar bosques los fines de semana. Hasta cierto punto comparto el punto de que mucha de la verdadera literatura, la más terrible y sincera, se encuentra en esos miles (¿o millones?) de diarios íntimos, cuadernos de notas y textos jamás publicados en ninguna parte ni con fines comerciales, pero también hay muchísimo de mediocridad en no querer atreverse a que el mundo juzgue si existe talento o no en las páginas redactadas.

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Por Leonel Puente - 4 de Febrero, 2018, 5:43, Categoría: La Zona Azul

Decía el más grande poeta mexicano: "Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores". Y así era hasta antes de haber dejado el alcohol hace tres años. Ahora, aunque sigo admirando a José Alfredro Jiménez, he tratado de ya no tropezarme con las mismas piedras de siempre, cosa que es casi imposible, dada mi oceánica necedad.

Voy al club de ajedrez con frecuencia casi religiosa, pero no es tanto para jugar ni ver jugar ni aprender más de lo que ya no aprenderé. Simplemente es que, ahí dentro, no se puede ni tomar ni fumar. Y si de algo anduve escapando durante lustros fue del tabaco y del alcohol.

Los mejores partidos son aquellos que juego con algún maleta igual que yo. Ahí sí me concentro. Con alguien que de verdad sabe jugar no tengo nada que hacer, con algún novato no tengo mucho que darle a no sea que servirle de compañero de entrenamiento mientras adquiere mayores habilidades.

No es bueno etiquetar a las personas, pero ahí abundan los chimpancés bipolares, los orangutanes obsesivos, los macacos neuróticos, los mandriles sociópatas y toda una gama de primates desquiciados. Primates con cromosomas XX casi no hay y, las que asisten, no están menos locas. Y casi ninguna juega bien, pero yo las evito por sistema porque también, otro asunto del que comencé a escapar hace algunos años, fue de esos organismos con cabellos demasiado peinados, ideas incomprensibles y hormonas variables.

Mis congéneres con cromosomas XY a veces son insufribles, pero los puedo entender un poco mejor y a varios hasta los puedo escuchar durante un buen rato o me escuchan sin asombrarse demasiado, platique lo que platique. Para mí (y también creo que para varios otros), las partidas de ajedrez solo son un pretexto. Además, por el precio de un café, a veces acompañado de una rebanada de pastel o alguna ensalada acompañada de una limonada, puedo pasarme horas y horas dentro de esa cápsula de seguridad. ¿Cuánto me gasté en psicólogos y psiquiatras nomás para que me escucharan o medicaran? Y peor aún: ¿cuántos malditos médicos me tomaron la presión, la temperatura, me trataron de localizar en el cuerpo el origen de mis dolores y me dieron millones de diagnósticos "tentativos"? Por lo menos, los psicólogos y los psiquiatras me escuchaban con mayor atención y quizá, hasta con cierto interés.

Por el momento, hay algo que no dejaré de hacer por las mañanas: tomarme mi vaso de agua en ayunas. Como soy sumamente ideático y obsesivo, veré qué sucede en un año de realizar esta primera acción al amanecer. 

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LA FORMA ES FONDO

Por Leonel Puente - 3 de Febrero, 2018, 7:39, Categoría: La Zona Azul

Por regla general, pienso que la superficie de las cosas es banal, efímera e intrascendente.

Por regla general, pienso que el trasfondo de las cosas es muy profundo, duradero y eterno.

También he tenido periodos en los que nada parece tener sentido y pienso que todo en conjunto, excepto el aire que respiro, no vale la pena.

¿Por qué no pensar desde ahora que sí, que todo tiene un sentido, primero y último? Y entonces, desde la más mínima acción, pensamiento o sentimiento; desde la forma más simple hasta la más compleja, estar atento a lo que la vida me tiene preparado.

Miro ese cuadro que me regaló Ezra cuando cumplí 40 años. Un cuadro enigmático, onírico, extraño, casi esquizofrénico... Lo pintó sin estar alcoholizado (excepcional en él) y me lo entregó con mucho afecto. La figura central es un hombre con los ojos cerrados y la mano derecha levantada con la palma abierta; parece que medita o que manda una señal. De ese mismo lado del óleo hay un caballo rojo, encima de un pequeño planeta azul, suspendido en el espacio.

¿Sobre qué medita ese personaje? ¿Cuál es la señal?

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El barandal de la escalela

Por Leonel Puente - 2 de Febrero, 2018, 9:22, Categoría: La Zona Azul

Anoche llegué a casa todavía con la inconformidad de no haberme ganado aquella tableta en la rifa del bruch para empleados. Me dije muchas veces que no tenía remedio mortificarme por algo que ya no tenía solución, pero la idea fija no dejaba de girar dentro de mi cráneo. Me quedé dormido en un sillón, sin darme cuenta de que la ventana se había quedado abierta y en la madrugada me despertó el frío. El aire estaba helado y me comenzó a doler terriblemente la cabeza. Intenté meditar un rato y el dolor se redujo, pero no logro concentrarme durante mucho tiempo y me tuve que meter 2 aspirinas de las fuertes y recostarme un rato.

Sólo pude dormirme una hora más y a las 6am me levanté, convertido en un guiñapo humano, como cuando abusaba del alcohol o del tabaco y las mañanas eran un verdadero infierno. Volví a tratar de concentrarme en la meditación y luego encendí la computadora. No sé como, pero "por casualidad", buscando un dato, el servidor me llevó a un blog llamado Acuarela de palabras en donde había un artículo sobre el ajedrez titulado Juego genial (1). El artículo habla sobre una pieza, un Gato, que alguna vez, hace mucho tiempo, se colocaba entre el Alfil y la Reina, cosa que no sabía ni comprendo cómo podría ser, pues entonces el tablero tendría que ser más grande, con más escaques. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue que la ilustración era, nada más ni nada menos, que el dibujo de Ruy Amp titulado Línea de Ajedrez (2).

¡Pinche escuincle de 15 años en aquel entonces! Nomás agarró una hoja vulgar de papel bond tamaño carta, una pluma desechable y, de un solo trazo, en menos de lo que canta un gallo ronco, ahí estaban las 6 figuras legendarias del juego más complejo y metafórico del que yo tengo conocimiento. Ya después le adornó su coronita a la Reina, pero en un instante y con los recursos más básico, ya tenía un dibujo que nunca ha dejado de gustarme desde entonces. ¡Cómo es que los individuos que tienen cierto genio, don o habilidad especial, ni cuenta se dan! Al camarada este, lo que ya le urgía era irse a jugar "tochito" con sus pubertos valedores.

¿De verdad alguna vez tuvo un Gato el ajedrez?

No lo sé. Lo que sí sé es que, al querer bajar al primer piso de la casa, me resbalé y, de no ser porque mi nombre significa Cachorro de León y que aún me quedan algunos reflejos, me alcancé a detener de la pared porque si no, como nunca se ha puesto el barandal a esos escalones, me podría haber lastimado mucho. Hace un par de meses, la suegra de mi hermano se cayó y se fracturó en varias partes un brazo. Fue un dineral lo que le cobraron en el hospital y sigue en rehabilitación. La escalera de su casa tampoco tenía barandal, más por diseño de la casa que por falta de recursos o desidia para ponerle un útil barandal.

Pues bien, ¡manos a la obra! Si el Destino anda últimamente dándome señales, pues voy a tratar de descifrarlas. Los casi nulos ahorros que tengo, los utilizaré para contratar a un herrero que haga un barandal. Algún Poder Superior a mi entendimiento, me cuidó durante años y todavía esta mañana lo hizo, pero no debe seguir esa peligrosa escalera sin un resguardo.

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(1) https://acuarela.wordpress.com/2010/04/14/juego-genial/

(2) http://chobojos.zoomblog.com/archivo/2006/08/28/

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LA FORMA ES FONDO

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¡Enfócate!

Por Leonel Puente - 1 de Febrero, 2018, 18:02, Categoría: La Zona Azul

El plan era muy simple:

1.- Levantarme y tomar un vaso de agua simple en ayunas.

2.- Empacar los libros que tenía que envíar por mensajería express.

3.- Desayunar bien.

4.- Meter 40 libros en dos bolsas de mandado e irme rumbo al Tianguis Sobre Ruedas de los jueves de la Unidad Habitacional IMSS Santa Fé.

5.- Pasar a la papelería de Samara para ver si vendíó algún libro y/o cambiarle unos 4 o 5.

6.- "Tender" los libros en el pedazo de puesto que me otorgó el camarada Gabriel.

7.- Atender a los posibles clientes de 9.30 am hasta las 15.30 horas.

8.- Almorzar algo sano, alrededor del mediodía, hasta donde sea posible "comer sano" en la calle.

9.- Regresar a la casa a comer a las 16 horas.

10.-Revisar mi e-shop por si se había vendido algún otro libro en internet o publicar algunos cuantos libros más en la cuenta.

11.- Ir con Paulina para imprimir las etiquetas de envío.

12.- Ir a dejar los paquetes al correo express (6pm).

13.- Ir a jugar ajedrez con los cuates.

14.- Regresar a casa antes de las 23 horas y, si se pudiera antes, para no desvelarme.

15.- No tomar Coca-Cola en todo el día por ningún motivo.

16.- Ir a la cama antes de la medianoche (nada de andar facebookeando a costa del bendito sueño y ni del necesario descanso).

Obviamente, hay varios pasos intermedios que no especifíco porque, de 16 puntos, pasaría a 37 o más de 50; sin embargo, es obvio que en algún momento debo bañarme o ir a orinar o subirme a un camión o a un taxi o mentarle su madre al salvaje imperialismo yanqui y sus ventajosas políticas neoliberales.

El asunto es que, a un chimpancé bipolar, como yo, no se le puede--ni debe--disciplinar al extremo ni dejarle un rango amplio de flexibilidad, porque si no todo se vuelve un caos.

A mediodía, todo estuvo apunto de irse al desastre: me acordé que iba a tener efecto la Comida Anual de Mayita. Ahí trabajo desde hace casi once años, aunque ya solo voy los sábados desde hace dos, por un problema grave de insomnio que se recrudeció hace tres. Me encanta trabajar en las bodas elegantes, pero ya no debo desvelarme seguido.

En este año no iba a haber comida sino "bruch", almuerzo, y más sencillo y rápido de lo normal porque allá por septiembre hubo un corto circuito en las nuevas instalacíones y se dañó una parte del edificio donde están las oficinas. Se gastaron una buena lana en la reparación y, no obstante, no suspendieron este evento para los empleados.

Mi amigo Gabriel me vio inquieto y me preguntó porqué. Le dije que "me latía" que me podía sacar algo en la rifa de regalos que nos dan. -"Pues ve, yo aquí te cuido los libros, nomás no te tardes más de las 4 (pm)". -"¿Neta?. -"Pues sí, ¿cuál es el problema?, corre, ya no la pienses".

Y sí, me encaminé rumbo al Casino del Bosque, PERO se me ocurrió pasar al cibercafé de Paulina a imprimir las etiquetas de la mensajería express y luego fui a mi casa por los libros. Los puntos 11 y 12, preprogramados para la tarde, los podría adelantar ya que cerca del Casino hay una sucursal de mensajería. "¿Por qué no aprovechar mejor el tiempo?"

Al llegar al Casino, desdes la entrada se oían los gritos de exclamación de mis compañeros de trabajo y me apuré a llegar hasta el salón de eventos. -"¿Dónde andabas, cabrón, me dice uno de mis mejores amigos de ahí? Hace como 10 minutos te ganaste una tablet,  pero como no estabas, la volvieron a rifar". Y ya nada podía hacer, así es la regla: si no va uno a la fiesta de la empresa, a menos que se encuentre uno en servicio, el premio se vuelve a sortear entre los presentes.

Hace unos años, no le quitaba la vista a una de las bicicletas, en otra ocasión, me hubiera gustado la pantalla de TV. Pero no me las saqué. En esta ocasión, la verdad es que sí necesitaba esa tableta para traer un dispositivo móvil en donde contestar preguntas de mi e-shop en cualquier lugar. Ya estaba yo pensando en ahorrar para una porque mi celular es muy arcaico y no sirve para la aplicación de la plataforma de ventas.

Me dieron como 20 mil zapes y me dijeron como 37 mil 348 veces "¡Como eres güey!". Yo me dije a mi mismo otras 17 veces lo mismo, lo cual suman 37 mil 365 veces de como soy güey.

¡Por no enfocarme otra vez, otra vez los resultados no fueron buenos! ¿A qué encimar cosas? O de plano no va uno a donde no había planeado ir o se agarra uno un taxi y se dirije directo a su destino.

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El barandal de la escalera.

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¿Sigues escribiendo?

Por Leonel Puente - 31 de Enero, 2018, 8:08, Categoría: La Zona Azul

¿Cuántos escritores famosos afirmaron que, aunque no tuviesen lectores o nadie entendiera sus libros, seguirián escribiendo porque para ellos era una necesidad el hecho de escribir?

De pronto me encuentro amigos o familiares que no veía hace tiempo y casi todos me preguntan sobre el asunto de las revistas, de los blogs, de la titulación...

- ¿Sigues escribiendo?- me preguntan.

La última vez estuve a punto de contestar: - ¿Y para qué, si nadie lee lo que escribo? Todos están demasiado ocupados en sus asuntos. ¿Para qué seguir escribiendo si nunca he ganado un centavo por mis cuentos, los artículos o reseñas que escribo?

Hace unos días se me ocurrió leer un artículo en la revista Chilango y tenía faltas de ortografía garrafales y me pregunté: ¿a poco no podría trabajar en algo así y hacerlo mejor? El problema, como diría Bukovski, es que siempre hay alguien controlando las oportunidades. ¿En qué periódico, revista o editorial, ofrecen trabajo a locos desconocidos que escriben sobre asuntos intrascendentes? Y que paguen bien, además.

Durante casi tres años dejé de tener contacto con casi todos mis amigos y con mi familia eran mínimos los encuentros. En casi todos lados hay alcohol y las casas de amigos y familiares no son la excepción. Actualmente ya no tengo la obsesión de beber, pero, como cuando dejé de fumar hace 5 años, me tuve que aislar un tiempo para no recaer, cosa que es muy fácil cuando lleva uno poco tiempo luchando contra una adicción.

El tabaco ya no lo extraño, pero el alcohol sí. De hecho, físicamente resultó mucho más difícil dejar la nicotina, tuve que ir a 5 clínicas y, al final, con un tratamiento combinado de terapia, medicamentos (ansiolíticos) y fuerza de voluntad lo logré.

El alcohol fue otro asunto, físicamente fue menos terrible la abstinencia, sin embargo, "psicológicamente" e, incluso, moral y hasta espiritualmente, aún sigue siendo un problema grave. Hace poco, en una reunión de viejos amigos, con la charla amena y un whisky de excelente marca, se me comenzó a hacer agua la boca y me tuve que retirar temprano.

Cuando dejé el tabaco, anduve muy aceleradísimo, neurótico hasta el extremo y llegué un día hasta a medirme a golpes con un compañero de trabajo en una ocasión en que ni él ni yo tuvimos un gramo de prudencia. Casi no dormía, apenas 2 o 3 horas y a veces nada. De lo neurótico estuve a punto de cruzar la línea de lo psicótico. Me tuvieron que dar un tratamiento de somníferos para poder conciliar el sueño. Besé la cajita de los tafiles después de la primer noche que logré ligar 7 horas de descanso.

Cuando dejé el alcohol, sucedió lo contrario, me asaltó la depresión y hubo días enteros en que no quise salir de casa. Algunos días ni siquiera me quería levantar de la cama para realizar la más simple actividad. La pura terapia no funcionó por mucho tiempo, tuve que recurrir de nuevo a la ayuda de la química y la psiquiatría. Esta vez los antidepresivos. Y tomaba muchísima coca-cola y café. Siempre he sido de "buen comer" y mi organismo tiene buen metabolismo, pero me puse a comer de forma compulsiva. Afortunadamente solamente subí un poco de peso, pero he visto a otras personas, en especial a mujeres, que en un año se desfiguran totalmente por ese desorden alimentario.

Y pues bien, escribo entonces para mí mismo y no debo estar enojado ni con mis amigos ni con mis familiares de que no lean mis textos aunque siempre me pregunten, supongo que "por educación": ¿sigues escribiendo?

Al menos le servirá de calentamiento a mis dedos para comenzar a trabajar en la computadora, cada mañana.

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¡Enfócate!

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Un mes sin Coca-Cola

Por Leonel Puente - 30 de Enero, 2018, 12:08, Categoría: La Zona Azul

Hace 5 años dejé de fumar.

Hace 3 años dejé de tomar.

Hace 6 meses dejé de utilizar antidepresivos.

Hace un mes dejé de beber Coca-Cola.

¿Y todo eso qué, en qué cambia el mundo con eso?

De lunes a viernes me dedico a vender y comprar libros usados; ya solamente los sábados trabajo como mesero en banquetes elegantes, en mayor parte bodas de la alta sociedad. Muchos años me dediqué a trabajar en restaurantes, luego me pasé a los banquetes y desde hace dos años, combino dos actividades: la venta de libros y las bodas de fin de semana.

En muchas ocasiones, en un solo día como mesero, gano más que toda una semana vendiendo libros, ¿tendrá algo que ver el hecho de que México es un país tercermundista (o, como ahora se dice: "en vías de desarrollo")?

Ayer, en todo el día no vendí un solo libro y me quedé pensando: ¿Ya será tiempo de comprar un galón de gasolina para rociárselo a los anaqueles y arrojarles un cerillo? Ganas no me faltaban, pero decidí "cerrar mi changarro" e irme al cine. Fui a ver la tan aclamada La forma del agua, nóminada a 17 mil Óscares y sumamente recomendada por muchos medios. La verdad, no entendí un carajo. Me divertí un rato y dejé de pensar en el galón de gasolina y el cerillo, pero nada de maravillarme ni salir extasiado, como en aquellos tiempos de mi adolescencia en que el cine era como un universo paralelo al cual podía acudir para enriquecer mi realidad...

Está muy bien divertirse, distraerse, disfrutar de un rato ameno; pero yo necesitaba algo más allá de eso. Salí a la avenida Reforma y me puse a leer en una banca. Hacía mucho frío, más de lo soportable con un solo suéter, pero el final del libro de Heidemarie Schweirmer, Mi vida sin dinero, me hizo olvidar el clima, la mala suerte, la película poco sorprendente y los 48 años que tengo, sin haber todavía hecho nada trascendental.

El Ángel de la Independencia, que no es Ángel sino una Victoria Alada, brillaba imponente y después de finalizar el libro me quedé ahí, cerca de 10 minutos mirándolo...mirándola. La diosa Nike. ¿De verdad se podría vivir sin dinero, especialmente en un mundo capitalista o, peor, tercermundista (con lo peor del dinero sin muchos de sus beneficios)? La señora Schweimer lleva más de veinte años viviendo del trueque, y no es porque sea indigente o algo por el estilo, tiene licenciatura en Pedagogía, otra en Sociológía y en Psicología. A veces da terapia por un boleto de teatro; en otras ocasiones lava trastes a cambio de una comida; fundo un Centro llamado Da y Toma en donde se pueden intercambiar productos o servicios, según las capacidades y necesidades de cada quien...

Y, casi al final, habla de Dios en una carta con un ministro evangelista. ¿Quién más que un gran Poder Superior, si no, para cuidar a una mujer que, a los 52 años, desde 1996, decidió no utilizar dinero para relacionarse con el mundo circundante?

Tengo 48 años y no he realizado aún nada reelevante para el género humano. ¿Me moriré igual que mueren la inmensa mayoría de los más de 7 mil millones de seres humanos que actualmente habitan el Planeta Tierra?

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Eso dice el libro de biología desde la primaria. Los organismos vivos, realmente vivos, deberían, además, trascender de alguna manera.

He dejado de ingerir algunas cosas que dañaban mi organismo; ahora, también, al amanecer me tomaré un vaso de agua simple, veremos qué ocurre...

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El peso de los años

Por Leonel Puente - 26 de Abril, 2017, 1:02, Categoría: La Zona Azul

Hace 7 años, todo iba viento en popa. Aparentemente...

¿Cómo íbamos a saber que ya no quedaba mucho tiempo para continuar con este gran proyecto? Cuando cruzamos el millón de visitas, nos pusimos muy contentos y nos comenzamos a emocionar. ¿Acaso estaba próximo a realizarse nuestro sueño dorado de poder vivir de nuestro trabajo?

Así como a un futbolista que le pagan por jugar, así como un conferencista que se sostiene simplemente hablando o, caso casi milagroso, un poeta que puede vivir, en vida, de su poesía; así, nosotros, trabajábamos con la intención de que llegase un golpe de suprema suerte o una idea viable para transformar nuestras publicaciones de papel en pan. Y de vez en cuando, en queso y vino.

Pero, entonces, mi padre enfermó y ya no pude seguir colaborando con la constancia adecuada. Y, luego, al final de ese fatídico 2011, el Maese Marroquín también cayó en cama y con él, la columna vertebral, el corazón y el cerebro de los Chobojos.

Cervera no dejaba de enviar escritos y el Maese intentó instruirme sobre el posible curso del mundo virtual que había creado y las posibles vías de hacerlo concreto en el mundo físico. Pero de computación yo no sabía más que casi nada. Y la verdad es que, sin él al frente, nadie, ni su hijo ni este ahijado suyo le dimos continuidad al plan general.

Y luego, Cervera se regresa a Lora del Río, después de 42 años en México. Extraño muchísimo esos lunes de café con su plática sabia. Primero solo hablábamos de nuestro amigo común, luego comenzamos a conocernos un poco entre nosotros y, los últimos días que estuvo en esta ciudad, iba casi a diario a su departamento en la colonia San Rafael a verlo un rato. ¿Lo volveré a ver en esta vida? Ya tiene 84 años y España no está en otro planeta, pero no sé si el tiempo y mi escasos recursos me alcancen para poderlo ir a visitar. No creo que él quiera o pueda volver por acá, aunque sé que le tiene mucho cariño a México pues, desde 1968 hasta el 2014, fue su hogar fraterno.

Yo también peleé en mil batallas, y en todas fui derrotado, por truhanes y canallas, pues solamente fui un simple soldado. Sin embargo, tú, mi querido Juan, profeta del polvo, redactaste cientos de entrevistas, miles de poemas y casi cien libros llevaste a la imprenta. Yo jamás he publicado un libro ni sé si lo haré algún día. Un simple diploma de la UNAM, de hace más de veinte años, por un cuento apasionado, no hace ni la menor sombra a tu prolífica obra.

Pero volvamos a los Chobojos, al Mundo Cultural Chobojos, No sé qué pasa con las estadísticas, por ejemplo: desde hace tres años, se registran las visitas cada mes, pero luego desaparecen. Y no son pocas. ¿Qué sucedió? Antes de eso, combinando todos los blogs, superábamos las 100 mil visitas mensuales y, de pronto, ya no se quedaban registradas.

Y luego las imágenes. Todas las imágenes solamente duran un rato y luego queda un recuadro vacío. Los textos no se borran, pero ya no puedo poner nuevos artículos gráficos ni ilustrar los artículos.

Y, de pronto, nunca falta quien me diga ¿y qué pasó con los Chobojos? ¿Siguen o ya desaparecieron? Siento pena, siento verguenza y, a veces, como hoy, pasada la media noche, creo sentir el espíritu de mi Maestro rondando por mi casa, mirándome con aquella mirada inquisidora a la que no le hacían falta palabras.

¿Qué más queda de todo aquél brillante plan?

Hoy no podré dormir en paz con el espíritu del Master rondando mi casa y, el peso de mis 47 años, aunque me sienta de 30 y tantos, han caído sobre mis espaldas de un solo jalón. Tenía, hasta hace un rato, cuarenta canas; ahorita, ya tengo cuatrocientas, en menos de una hora.

¿Era mucho pedir "nuestro pan y nuestro arte" para no tener que emplearnos en cualquier cosa?

Tengo que ir a ver a Ruy Amp, quizá él puedo decirme qué podríamos hacer o, al menos, podríamos compartir un café mientras jugamos una partida de ajedrez junto a las cenizas de aquel loco, padre suyo y padrino mío.

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